Julio Preve Folle

Apuesta a la sensatez

He señalado muchas veces que una cosa es disponer de un sistema de reglas de política agrícola claras y estables —aunque sean malas— y otra muy distinta es gobernar al golpe del balde, con mecanismos sin denominador común, sin un norte claro, con sensación de improvisación.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Aguerre: gestionar la sequía con profesionalidad.

En este sentido, ha mediado un abismo entre la conducción de la política agrícola del Movimiento de Participación Popular (MPP), y la que se recogió a partir del ministro actual.

Comparaciones.

En efecto, en tanto en aquel primer quinquenio de gobierno de izquierda no hay una línea de política nueva y distinguible, más allá de la zarabanda verbal sobre la agricultura familiar, en esta conducción sí la hay; se pueden reconocer líneas sobre las cuales discutir y, mucho más importante quizás, hay decisiones de administración que notoriamente el binomio José Mujica-Ernesto Agazzi no podía ejecutar por falta de conocimiento, que en esta conducción sí se puede esperar que sucedan.

La sequía actual por ejemplo, aún muy dura, permite recordar otra de aquel entonces, cuando el ministerio de la época reaccionó tardíamente, en tanto el secretario de la presidencia criticaba a los productores por su imprevisión, y llegaban raciones en ayuda, tarde y mal, por no entender cómo funcionan los diferentes estamentos de la producción que aquella terna parecía conocer poco.

Es más. El propio Mujica señalaba al dejar el ministerio que no había podido hacer nada. Y tenía razón.

Ministros de antes.

No me olvido por ejemplo de toda aquella comunicación en torno al curiosamente llamado "gas oil productivo", que terminó en el combustible más caro de la región. O del denominado "Asado del Pepe", aquella genial creación de marketing político, alejada de toda referencia a la producción de carne vacuna que lo sustentó el tiempito que duró.

Y qué decir de la prohibición —no ya de importar— sino hasta de investigar en transgénicos, mientras el ministerio se ponía a estudiar lo que el mundo ya había resuelto, y que años más tarde también debió reconocer, so pena de quedarnos atrás.

Tampoco se puede olvidar la eliminación selectiva de beneficios a la forestación, contraria al destino celulósico de las plantaciones.

O cuando se suspendieron transitoriamente los lanzamientos en la lechería, o cuando se crearon detracciones a la exportación de leche disfrazadas de aporte a un fondo (aquel decreto 130/2008), o se amenazó con implementarlas a la ganadería.

También me acuerdo del sueño de reabrir el Frigorífico Nacional, o cuando Mujica puso un valor en la cotización del dólar por debajo de la cual renunciaría… Fueron los años en que se mandó un senador a Venezuela a vender, o cuando se definió un productor familiar para ser objeto de ayudas, a propietarios de nada menos que hasta 500 hectáreas siempre que se viva a menos de 50 km. del predio.

O cuando se eliminaron las sociedades anónimas para luego autorizarlas caso a caso; o amenazas de terminar con las personas de derecho público no estatal para luego agregar varias al elenco. Ninguno de estos elementos sueltos de política agrícola podría esperarse de la conducción actual.

Es verdad que este Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca se ha mantenido ausente de los temas quizás más relevantes del agro. Por ejemplo la política tributaria que, volviendo a cargar sobre la tierra, no suscitó oposición del citado ministerio; o la política azucarera de encierro casi total, notoriamente fuera del MGAP; o la de agrocombustibles, con un nuevo monopolio del Estado a través de ALUR, sin comentarios de la mencionada secretaría de Estado. O el encierro total en la granja.

Pero también es verdad que las políticas de suelos, o de trazabilidad, las dos muy conocidas banderas del ministerio, tienen consistencia entre objetivos e instrumentos por ahora, y son coherentes con un modo de ver el campo y el papel del gobierno.

Diferente y mejor

Ya se sabe de mi oposición total, no necesariamente a sus objetivos aunque enfáticamente a su condición obligatoria, intervencionista, de gran deterioro institucional por la confusión de roles de Estado y particulares. Pero responde a un modo de pensar que puede ser anticipado, lo cual no resulta poca cosa.

De hecho, con este modo de razonar y la eficacia para poner en funcionamiento lo que piensa, puede esperarse que el MGAP probablemente, para resolver problemas de contaminación del agua, piense más en los efluentes que en la propiedad privada, y así tolere que se obligue a los ribereños a dejar de hacer cosas sin la contrapartida legítima a la que tienen derecho; pero pondrá en práctica lo que dice.

También es digna de oposición, pero desde ya sabemos que el MGAP no dirá nada, la creación del impuesto de primaria; no hará nada con el azúcar y no tocará los contubernios no arancelarios de la granja. Pero por otro lado tampoco imagino al actual ministro aceptando más toqueteos que los actuales en los mercados de granos o de la carne.

Se dirá que es poco y lo es, pero en comparación con lo que le precedió o lo que podría haber sucedido es bastante y fundamentalmente es previsible, que eso sí vale.

También es algo importante saber que aquellos temas gravitantes en los que el MGAP no entró quedarán como están; porque repito, es mejor la certeza en lo malo que la incertidumbre.

Y con este ministerio podrá no estarse de acuerdo, podrá uno saber que no pasará nada en temas que a muchos nos gustaría que fueran de otra manera; pero no puede ocurrir nada demasiado inesperado, y si hay que gestionar algún operativo, por ejemplo derivado de la sequía, podemos esperar que se lo haga con rigurosidad y profesionalidad.

La seca.

Esto último me vino a la cabeza por contraste cuando, sin demasiados pronósticos de lluvia me puse a escribir sobre esta flagelo sobre el que poco o nada se puede hacer, pero sobre el que cualquier medida de comprensión debe reposar en el conocimiento y en la experiencia, para conocer los alcances de un sacrificio como los hay pocos, que solo los que hemos vivido en el campo como es el caso del ministro Tabaré Aguerre, hemos sabido padecer.

Y me vinieron a la memoria recuerdos de aquella otra sequía que al principio motivó desconocimientos oficiales, y que en medio de la mayor necesidad de extracción, el gobierno amenazó con restringir exportaciones de carne quitando devoluciones de impuestos, aplicando detracciones o aun prohibiendo exportar.

Reafirmo que nada de esto puede esperarse con la conducción actual y no es poco. Y desde ya que si se determinan acciones de ayudas lideradas por el ministerio estoy seguro que no van a llegar ni tarde ni mal; al contrario.

En definitiva, el momento difícil que se viene derivado de la actual sequía, con repercusiones que persistirán mucho tiempo después de que empiece a llover, exigen respuestas sensatas, rápidas y eficaces, y en este caso nos encontramos con un ministerio que está preparado para darlas. No es poco.

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