JAVIER DE HAEDO

"Que 20 años no es nada..." (I)

El evento en el cual celebramos los veinte años de este suplemento, me permitió evadirme de la coyuntura a la que suelo dedicar esta página cada dos lunes y hacer un alto en el camino, mirar hacia atrás y hacia adelante.

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Calendario. Foto: Pixabay

Y más allá de que hace dos lunes se presentó aquí una reseña de lo expresado entonces, quiero volver sobre ello, hoy y dentro de dos semanas, para compartir las reflexiones expresadas en el evento, ahora con mis lectores habituales.

Hace 20 años.

En 1996 se votaba la reforma de la seguridad social, que introducía las AFAP. Fue el broche de oro de una serie de reformas importantes: la ley de puertos, la desmonopolización de los seguros y de los créditos hipotecarios, entre otras. Transcurrían los primeros años del Mercosur y ya se habían dado los primeros retrocesos, con tendencias al cierre, contra la esencia de su creación. Se venía de un período de fuerte crecimiento económico y recuperación social tras el retorno a la Democracia. Se estaba encaminado el final de cuatro décadas de inflación crónica (lo que ocurrió en 1998) tras la aplicación del único plan de estabilización que resultó exitoso desde que surgió en los cincuenta.

Estas dos décadas.

Precisamente la inflación de un dígito se convirtió en política de país en estos veinte años, a pesar de haber traspasado la línea del 10% en dos oportunidades, una de ellas en este año. El crecimiento económico resultó mediocre: 2,7% anual, apenas superior al 2,4% de los veinte anteriores y ambos muy superiores al 1,2% de los veinte finalizados en 1976, cuando el ministro Végh Villegas inauguraba políticas pro crecimiento que resultaron en la duplicación de la tasa a la que crecemos. Estos veinte años incluyen la mayor crisis de la historia, cuando se perdió un quinto del PIB en cuatro años y medio, y una de las etapas de mayor crecimiento: en los 10 años a 2013 se creció al 5,6% anual, igual que en los diez años a 1953, que incluyen la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea.

Aquella crisis, cuya salida fue muy bien diseñada, nos dejó lecciones, algunas aprendidas y asumidas y otras no. Entre las primeras destaco la regulación y supervisión del sistema financiero y la gestión de la deuda pública. Pero también hay lecciones que seguimos sin aprender: el manejo fiscal y el de los shocks regionales. En el caso fiscal, mantenemos nuestra propia "regla" que tiene tres componentes: prohibido tener superávit fiscal (excepción en 1992), hay carnavales electorales (excepción en 2004) y se es pro cíclico en el auge y en el receso. En cuanto al manejo de los shocks regionales, no hemos terminado de asumirnos como provincia de nuestros vecinos (desde el punto de vista macroeconómico) y por lo tanto no actuamos en consecuencia, dejándonos estar cuando ellos procesan cambios abruptos.

También se destaca, en los últimos veinte años, el acceso del FA al gobierno. Tras una transición bien realizada, el Frente mantuvo mucho de lo que recibió o incluso lo profundizó, aún en contra del discurso tradicional que se mantuvo hasta unos pocos meses antes de la elección: la política macro, el tratamiento de la inversión privada y extranjera, la relación con los organismos internacionales y la consideración de la deuda pública y el rating crediticio. Por otra parte, mantuvo reformas previas, realizadas por los partidos fundacionales, que fueron referidas anteriormente, aun cuando en algunos casos se había opuesto en su momento (notoriamente el caso de la reforma previsional, como recordara recientemente el presidente Vázquez).

Pero el FA también introdujo reformas y cambios, en casos paradigmáticos como el sistema tributario y el sistema nacional de salud, más allá que sea opinable la magnitud de esos cambios. Puso énfasis en la equidad y actuó en consecuencia, deliberadamente, con políticas sociales focalizadas (a veces sin plantearse contrapartidas de los beneficiarios) y una política salarial diseñada con el propósito de subir especialmente los salarios más bajos. También hubo un cambio en política internacional, contrario a nuestras tradiciones, poniéndose el acento en la afinidad de ideas más que en los intereses comerciales. Y el Mercosur siguió la misma lógica, desvirtuándose y volviéndose un contrapeso en vez de un vehículo para nuestra prosperidad.

El día de hoy.

Así llegamos a 2016, en transición hacia una nueva normalidad, tras un ciclo de commodities apreciadas. En un mundo con nuevos paradigmas que han llegado para quedarse, en materia de transparencia fiscal y financiera, al cual razonablemente hemos adherido. También estamos en un proceso de cambios en el vecindario, donde recientemente surgieron nuevos gobiernos con enfoques diferentes a los de sus predecesores. Esto puede propiciar un Mercosur más idóneo como instrumento de inserción en un mundo en el que ahora el comercio se negocia más entre bloques y no tanto en forma bilateral entre países. También llegamos a una situación crítica en materia de desigualdad, en un país en el que conviven dos sociedades, a pesar de haber transcurrido por un período de crecimiento extraordinario y con un gobierno con el foco puesto precisamente en la equidad.

Aquí retomaremos las reflexiones dentro de 14 días.

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