JAVIER DE HAEDO

Otro año de un difícil pronóstico

Si bien, como siempre ocurre, hay un "escenario básico" en el cual se proyecta que todo habrá de transcurrir sin sobresaltos, 2017 puede traernos sorpresas desde el frente externo, tanto a nivel global como con nuestros vecinos.

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Bancos ponen la lupa en los nuevos clientes por razones de estrategia de negocio. Foto: Shutterstock

Las proyecciones del FMI publicadas en enero, así como los resultados de las encuestas de expectativas que relevan los bancos centrales de Argentina (mensualmente) y Brasil (semanalmente), auguran un año tranquilo. Sin embargo, el propio Fondo realiza en su informe un balance de riesgos que se inclina hacia abajo, especialmente en el mediano plazo. Y en el caso de nuestros vecinos, las proyecciones reflejan el escenario más probable, pero eso no le asigna un 100% de probabilidad de ocurrencia, ni mucho menos.

El mundo.

El Fondo espera que la economía global crezca este año 3,4%, 0,3 puntos más que en 2016 pero no más que los máximos de los últimos cinco años. Se destacan las tasas esperadas para EE.UU. (2,3%), China (6,5%), India (7,2%) y el Área Euro (1,6%). También espera que el volumen del comercio mundial crezca 3,8%, el doble que en 2016 pero, de nuevo, no más que en el mejor de los últimos cinco años. Aguarda que el petróleo promedie US$ 51,2 en el año y que las materias primas no petroleras crezcan solo 2,1%. Finalmente espera que la inflación se acelere en las economías avanzadas, de 0,7% en 2016 a 1,7% este año y que la tasa de interés en dólares suba significativamente (de 1% a 1,7% en el caso de la Libor a seis meses).

Destaco un pasaje del informe del FMI: "Los sucesos políticos recientes ponen de relieve la erosión del consenso en torno a los beneficios de la integración económica transfronteriza. La posibilidad de que los desequilibrios mundiales se ahonden y de que se combinen con fuertes movimientos del tipo de cambio (que podrían ser causados por giros radicales en las políticas) podría intensificar más las presiones proteccionistas. El aumento de las restricciones al comercio mundial y a la migración dañaría la productividad y los ingresos, y golpearía inmediatamente el ánimo de los mercados".

En el caso de EE.UU., que terminó creciendo poco en 2016, existe la posibilidad de que el nuevo gobierno genere un impulso fiscal, lo que puede dar lugar a un aumento más acelerado de las tasas. En Europa hay riesgos de otros "exits" y en China siempre pende la espada de Damocles del endeudamiento extraordinario.

Argentina.

Para el caso de nuestros vecinos, lo que es relevante es su comportamiento esperado en materia de cantidades y de precios, es decir su crecimiento económico y su inflación en dólares. En el caso argentino se cuenta con el Relevamiento de las Expectativas del Mercado publicado por el BCRA a comienzos de enero. Se espera un crecimiento del 3,0%, una inflación de 21% (frente a una meta de entre 12% y 17%) y un dólar en AR$ 18,50 al cierre del año, lo que daría lugar a una inflación en dólares de 3,9%. Es decir, una Argentina que saldría de la recesión y que se encarecería en dólares todavía más.

En octubre, como cada dos años, hay elecciones, en este caso legislativas. Y, como siempre ocurre, la cuestión es "llegar", lo que implica incurrir en los menores costos políticos (el menor ajuste). Es decir, la idea es llegar a octubre pateando una vez más la pelota para adelante, evitando ajustar, como hizo Cristina y como ha hecho hasta ahora Macri. En principio, se llegará a octubre sobre la base de un fenomenal endeudamiento que ya se ha estado asumiendo y, consiguientemente, con más atraso cambiario. La duda es si después de octubre se ajustará o, como siempre hay un octubre por delante, se intentará seguir evitando el ajuste. Porque es claro que Macri fue elegido para gobernar en 2016-2019 pero él está ocupado en gobernar en 2020-2023.

Brasil.

Acá contamos con el relevamiento semanal Focus de expectativas del mercado que releva el BCB, correspondiente al último viernes de enero. Para este año se espera que el PIB crezca 0,5%, que la inflación se ubique en 4,7% (dentro del rango de 3% a 6%) y que el dólar cierre el año en BR$ 3,40, lo que daría lugar a una inflación en dólares casi nula (0,2%). Tendríamos entonces a un Brasil que comenzaría a salir de una extensa recesión con un crecimiento muy modesto y que se mantendría en los niveles actuales de precios en términos de dólares.

En este caso, los riesgos vienen desde la política y son ciertos. El panorama no está tan complicado como hace un año, con Dilma en la cuerda floja, pero ya se habla de la posibilidad de la caída del presidente Temer. Si ese riesgo creciera, posiblemente Brasil ingresaría en una nueva fase de volatilidad, con el tipo de cambio en su epicentro: cabe recordar que la crisis política llevó al dólar a tocar los BR$ 4,17 en 2016 y que su superación lo desplomó a BR$ 3,12.

En definitiva, tenemos por delante un 2017 en principio tranquilo, pero que puede traer sobresaltos importantes (a nivel global, en Brasil, en Argentina después de octubre), lo que hace, una vez más, que haya que tomar con pinzas los pronósticos conocidos hasta ahora, no atarse a ellos y, mejor, seguir su evolución a lo largo del año.

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