Mejores señales desde Argentina y un posible giro en Brasil

2015 fue un año "bisagra" con giro en el manejo fiscal

Según el economista Aldo Lema, la necesidad de corregir los déficit acumulados hizo imposible en el primer año de gobierno desplegar medidas contracíclicas, en un año de cuasi estanflación, agravado por un gran deterioro en el mercado laboral. A continuación, un resumen de la entrevista.

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Economista Aldo Lema. Foto: El País

—¿Cómo definiría el primer año de gobierno desde el punto de vista económico?

—Bisagra y complejo, como era previsible. Se consolidó el deterioro del entorno extra regional por los problemas de China, el desplome de los precios de productos básicos y el mayor fortalecimiento global del dólar. Y se profundizó el cuadro de estanflación que sufren Argentina y Brasil. Uruguay siguió algo desacoplado de la región, pero menos, porque el resto mundo ya no ayudó. Fue imposible desplegar políticas contracíclicas por la necesidad de corregir los desequilibrios acumulados. Algunos se acotaron como el déficit fiscal, en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, o la competitividad. Pero la inflación se aceleró. En síntesis, Uruguay tuvo un año de cuasi estanflación, agravado por un gran deterioro en el mercado laboral.

—¿Cuáles son s su juicio las principales virtudes y defectos de las políticas llevadas adelante en el período?

—Debe destacarse los intentos de una mayor inserción externa, una mayor diferenciación (positiva) de Uruguay y de cierta corrección de los principales desequilibrios que se habían acumulado. Hubo claramente un punto de inflexión en estas materias respecto al gobierno anterior. Sin embargo, mucho de ello se hizo asumiendo que el peor entorno externo es un fenómeno transitorio. Hoy la evidencia apunta a que será más permanente. Y aún en la duda, dada la gran incertidumbre global, era y es aconsejable pecar o equivocarse por pesimista. Por otro lado, la consolidación fiscal, clave para recuperar competitividad y favorecer una reactivación a la larga, no se está buscando de la manera más eficiente. Que el ajuste descanse en las tarifas públicas, termina comprometiendo la competitividad

—¿Los cambios de estrategia que destaca, llegan "a tiempo"?

—Nunca es tarde para enfrentar temas que son prioritarios para seguir creciendo. Sin finanzas públicas sostenibles, ni alta inserción externa, no hay forma de que Uruguay se diferencie positivamente en la región, ni siga creciendo. Por supuesto que tiene costos hacerlo con rezago, no haberlos abordados más decididamente en los años previos. El alto déficit gubernamental impide recurrir a la política fiscal para compensar el ciclo adverso. En definitiva, hoy se paga con mayor desaceleración, con un sacrificio en actividad.

Pero los costos de no hacer los ajustes, de postergarlos, serían mucho mayores.

—Daría la sensación que la inflación dejó de ser la principal preocupación del equipo económico, optando por darle más libertad al dólar buscando una mayor competitividad. ¿Comparte ese juicio?

—Creo que la percepción de los agentes, e implícita en el mercado, es que la inflación hace ya un tiempo dejó de ser la principal preocupación. Lleva muchos años desviada del rango meta. Perdió completamente el rol de (pseudo) ancla que suele tener en regímenes de metas. La percepción última es de menos confianza y credibilidad en el 8-9%, que era vista como "zona de confort". Esto refuerza los problemas. Primero, porque intensifica la indexación. Segundo, porque a la larga o a la corta, aumenta el sacrificio en actividad que necesitará para reencauzar la inflación. Y por último, porque acota y retrasa las ganancias de competitividad. Si Uruguay hubiera llegado al cambio de ciclo con inflación baja y creíble, las políticas monetaria y cambiaria tendrían hoy gran potencia.

—¿De qué forma el gobierno puede contener la evolución de los precios al consumo con las herramientas que cuenta?

—Uruguay no tiene menos herramientas que otros países para combatir la inflación. Y hay muchos países que incluso en este contexto adverso la tienen controlada. Más bien el problema ha estado en el error conceptual sobre el nivel de inflación óptima para Uruguay y sobre todo en el uso de los instrumentos. En los 80 se consideraba que estaba en 50-80%, ahora en 5%-10%. Yo soy optimista, porque las cosas tardan en Uruguay, pero llegan. Ya se internalizarán las bondades de una mayor estabilidad de precios. Y en cuanto a las herramientas, Uruguay ha experimentado con distintos regímenes (bandas, tasa de interés, agregados monetarios, etc.), pero sin un manejo consistente. Hoy el riesgo es que la inflación se acelere más antes que sea necesario un plan integral para reencauzarla.

—¿El gobierno debería ajustar a la baja sus estimaciones de crecimiento?

—Sí, sigue siendo aconsejable. Porque 2015 confirmó que las proyecciones implícitas en el Presupuesto eran optimistas, sobre todo las de la primera mitad del quinquenio. Las mejores señales de Argentina y un posible giro en Brasil no descartan que Uruguay termine creciendo cerca de su potencial (3%) hacia el fin del período de gobierno. Pero antes, sobre todo en 2016 y 2017, el crecimiento seguiría decepcionando. Porque la falta de impulso externo e interno se mantienen en el corto plazo. Así que es más probable que el crecimiento siga más cerca de 1% que de las cifras de 2,5-2,8% previstas por el gobierno.

—¿Cómo puede seguir impactando el entorno externo?

—China sigue en una transición compleja. Enfrenta una "trinidad imposible". Es difícil mantener tasas de interés bajas, con mayor movilidad de capitales, sin depreciar el yuan. Por ahora viene dosificando la devaluación con pérdida de reservas. Pero eso no es sostenible si las presiones se intensifican. Dominan aún escenarios negativos para los países emergentes. Si China resiste la devaluación del yuan, probablemente crecerá menos de lo esperado. Si devalúa otro 10% o más, los commodities seguirán presionados a la baja.

Al final todo esto puede profundizar la crisis de Brasil o retrasar una eventual recuperación de Argentina. Es cierto que también posterga las alzas de tasas de interés en Estados Unidos, pero esto no necesariamente revitalizará los flujos de capitales hacia América Latina. Porque seguirían las expectativas de depreciación de las monedas.

—¿En el frente fiscal; el compromiso de bajar 1 punto el déficit en el período es alcanzable?

—Claramente en 2015 hubo un giro en el manejo fiscal luego de varios años de deterioro sistemático. Que el déficit efectivo se haya estabilizado en torno a 3,5% del PIB, representa una caída leve del déficit estructural. Por cierto, que la calidad del ajuste estuvo lejos de ser buena o eficiente. Estuvo concentrado en el ajuste de la inversión pública y el manejo de tarifas públicas. Bajar en un punto porcentual el déficit durante los próximos años no es consistente con estabilizar la deuda pública. Y será muy difícil de lograr en el contexto de bajo crecimiento de este bienio. Lamentablemente la política fiscal seguirá siendo procíclica. Antes lo fue por decisión de política y expectativa de una bonanza permanente. Ahora porque lo impone la realidad de menores ingresos y financiamiento.

—En qué medida, una buena temporada turística, como parece que fue la actual, podrá compensar el deterioro que muestra la actividad manufacturera, el comercio o la construcción?

—En el balance, los datos de los últimos meses han seguido siendo desfavorables, pero no tan catastrofistas como algunas visiones. Influyó el escenario menos negativo de Argentina y las mejores expectativas por los primeros pasos de Macri. También ayudó el menor ajuste del consumo interno. Esto "podó" los escenarios de riesgo más críticos. Pero esto no cambió el escenario central de cuasi estancamiento en estos trimestres. Ni las expectativas de un crecimiento entre 0,5% y 1,5% para 2106.

—Más allá de la coyuntura, los déficit estructurales siguen siendo un lastre para la economía uruguaya, ¿observa algún grado de avance?

—Hay déficit estructurales en múltiples áreas, incluso en aquellas donde hubo avances, en las que son esenciales para el crecimiento. Ningún país pequeño ha logrado el desarrollo sin estabilidad macro, ni gran apertura externa. Por un lado, Uruguay todavía no despeja los riesgos de inestabilidades macro, sobre todo provenientes del recurrente déficit fiscal o la alta inflación. Y aún corrigiendo estos desequilibrios, requiere hacerlo en forma eficiente, con carga tributaria, tarifas y moneda competitivas.

Por otro, está la necesidad imperiosa de una mayor inserción externa, más diversificada, menos dependiente de países inestables. Eso no solo ayuda en lo comercial, sino que también en la coyuntura actual, opera como otro elemento diferenciador positivo. "Dime con quién te asocias y te diré cómo eres" es una máxima que guía los flujos de capitales en este escenario de restricciones y selectividad.

En esos temas básicos hay mucho por hacer. Pero ni hablar que también en infraestructura, reforma del estado, mercados laborales, educación, productividad e innovación.

PERFIL.

Aldo Lema.

Economista, Socio de Vixion Consultores y Director de Sura en Uruguay, Economista Asociado del Grupo Security en Chile. Obtuvo su título en la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.

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