PRÁCTICAS REVANCHISTAS Y TÁCTICAS INTIMIDATORIAS FORMAN PARTE DEL MENÚ

Amenazas de la nueva agenda comercial de Estados Unidos

Vino viejo en botellas nuevas. Esa es la definición en que coinciden el Secretario General Adjunto y el Director de Comercio Internacional de la Unctad en Ginebra, Joakim Reiter y Guillermo Valles, cuando se refieren a la estrategia comercial que promete el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

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Joakim Reiter (izq) y Guilerrmo Valles (der). Foto: El País

Ambos funcionarios alertan sobre una actitud que consideran "revanchista" y riesgosa para todo el sistema económico-comercial mundial, pero no ven probable que instale una "guerra comercial total". A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo describiría la actual política comercial del presidente Donald Trump?

Joakim Reiter— El discurso inaugural tuvo un sello claro: el renacimiento del nacionalismo económico estadounidense. Y hay una frase de su discurso que resume bien esta postura: "Debemos proteger nuestras fronteras de los saqueos por parte de otros países que fabrican nuestros productos, roban nuestras empresas y destruyen nuestros trabajos". Cree que el sistema económico global está deliberadamente manipulado en contra de Estados Unidos, y quiere cambiarlo fundamentalmente. Pero sería simplista describir esta posición como proteccionista. Más bien, la llamaría revanchista.

—¿Qué implica, en términos prácticos, esta política que califica de revanchista?

J.R. — Durante su campaña, hizo muchas declaraciones radicales sobre el comercio. Y en sus primeros días como presidente ha tomado medidas que han capturado la atención pública: como el retiro de Estados Unidos del Acuerdo TransPacífico o su insistencia en renegociar el Tlcan. Sin embargo, una guerra comercial total, con aranceles amplios y significativos, es un escenario extremo. De hecho, improbable. Una guerra comercial de este tipo afectaría los intereses estadounidenses, incluso de las empresas y los trabajadores que el presidente Trump afirma proteger.

—¿Cuál sería un escenario realista entonces?

J.R. — El uso de una batería de diversos instrumentos. El primero son los remedios comerciales para protegerse del comercio que EE.UU. califique de desleal, por ejemplo, los derechos antidumping, los derechos compensatorios o las salvaguardias.

Guillermo Valles —El problema no es sólo el incremento de tarifas en productos específicos. Estos instrumentos también pueden ser fácilmente usados por políticos que atribuyen la falta de competitividad de su industria al comportamiento anticompetitivo de otros países. Y en esto, desafortunadamente, la administración de EE.UU. tiene poderes extensos y cierto margen de maniobra. Quizás, el problema más grave, es el efecto dominó. Que otras naciones adopten medidas similares para evitar que sus mercados reciban el comercio que no pudo entrar a EE.UU.

J.R. —Creo que deberíamos estar preparados a que Estados Unidos use estas medidas mucho más que en el pasado, con consecuentes severos efectos dominó. Después de todo, muchos países en desarrollo ahora son expertos en el uso —y abuso— de estos instrumentos de defensa comercial.

El segundo instrumento es el comercio administrado. Implica llegar a acuerdos directamente con las empresas extrajeras, por ejemplo para reducir las exportaciones a Estados Unidos o limitar sus cuotas de mercado, con la amenaza de que de lo contrario EE.UU. impondría barreras arancelarias.

G.V. —Esto no es nuevo. Cuando vivía en Japón en los años ochenta, Estados Unidos buscaba este tipo de acuerdos con fabricantes extranjeros de automóviles, microchips, acero, madera, máquinas y herramientas.

J.R. —Trump quizás desempolve esas herramientas y refine su uso, tanto para impedir que las compañías estadounidenses trasladen la producción al extranjero, con "restricciones voluntarias a la externalización", como para inducir inversiones en EE.UU. de empresas extranjeras con "requisito de localización voluntarios".

—¿Pero también se está viendo su interés en negociaciones bilaterales?

G.V. —Así es, ya se han realizado diversos anuncios y es marcada su preferencia por acuerdos bilaterales. Pero también ha resentido de proyectos plurilaterales como el acuerdo Transpacífico o el Transatlántico con la Unión Europea como un todo. De hecho, ha propuesto al Reino Unido negociar por separado. Esto tiene un impacto importante, para la Unión Europea y para los países en desarrollo, que se verán más expuestos a la asimetría de poder propia de una negociación bilateral.

J.R. —Además es probable que la administración de Trump vaya a negociaciones bilaterales con los países que se siente "agraviado" o abusado por la apertura comercial estadounidense. Y para el nuevo presidente, la prueba del agravio es un déficit comercial. Lo que podemos esperar son más iniciativas de este tipo, como parte de las negociaciones bilaterales, ciertamente orientadas a China, pero no exclusivamente. América Latina también puede estar bajo fuego, y México es un claro ejemplo.

G.V. —Parte, parecería, de la errada visión de que las importaciones son malas y que no aportan competitividad a la economía americana. No he visto ninguna referencia a las cadenas globales de valor y cómo la fragmentación de la producción y la participación americana en dichas cadenas ha sido tremendamente exitosa y beneficiosa.

J.R. —Y ni que decir de los beneficios al consumidor medio americano que dichas importaciones han traído, permitiéndoles acceder a más productos competitivos. Pero además hay que tener claro que los puestos de trabajo que procura proteger, seguramente desaparecerán o ya desaparecieron, por la revolución tecnológica y en especial la automatización.

—¿Esta nueva política no traerá litigios comerciales?

J.R. —La nueva administración puede buscar más agresivamente litigios contra aquellos países que, de acuerdo a EE.UU., estén injustamente limitando el acceso de las exportaciones norteamericanas. El sistema de solución de diferencias de la OMC es el principal vehículo. Pero un fuerte aumento en el número de disputas abrumaría a la OMC, cuyo "tribunal" ya está trabajando al máximo.

G.V. —A esto se añade el riesgo de que EE.UU. inicie disputas que son legalmente insostenibles y, que por tanto, terminaría perdiendo.

J.R. —Mi principal preocupación es que EE.UU. se niegue a respetar las decisiones del tribunal y esto pondría en juego la credibilidad de todo el sistema. ¿Por qué otros países deberían seguir las normas de OMC si EE.UU. no se siente obligado a ello? Y si a esto se añaden los requisitos de "Buy American" en los contratos públicos; las condiciones de etiquetado para crear preferencia por "made in US"; las limitaciones en el comercio de servicios; el ocasional pero severo escrutinio a las grandes inversiones; las dificultades para obtener permisos de trabajo, por nombrar sólo algunos, muy rápido se da uno cuenta que la administración Trump tendrá amplias herramientas para impulsar su agenda revanchista.

—¿Su visión, implica que al menos en los siguientes cuatro años, no se puede esperar ningún progreso en términos del comercio internacional?

G.V. —Lo que vemos hoy no es nada nuevo. Es básicamente vino viejo en botellas nuevas. Los hemos visto antes, especialmente durante los años ochenta, y sabemos lo que significa. Las repercusiones para América Latina y el mundo en general serían significativas. Primero, habremos perdido a uno de los principales promotores del libre comercio y sus actuales reglas. ¡El mismo arquitecto y constructor del sistema, se está volviendo contra él! Y segundo, porque seria difícil ver cómo, en los próximos años, se podrá lograr un progreso serio en OMC o en otros acuerdos comerciales, donde EE.UU. esté involucrado.

J.R. —Es hora de que naciones clave en el comercio mundial asuman una mayor responsabilidad. Ningún país puede llenar solo el vacío. Mientras China trató de mostrar su liderazgo en Davos, Europa y América Latina también deben dar un paso decisivo. Sería eficaz una amplia alianza Norte-Sur entre países que estén dispuestos a defender y promover el comercio mundial y las reglas que lo sustentan.

América Latina tiene que trabajar para reducir el impacto en la región.

—¿Cuáles pueden ser las estrategias para América Latina?

J.R. —Necesitará ahora trabajar con visión y por adelantado —dentro y fuera de la región— para reducir el impacto de las políticas revanchistas y tácticas intimidatorias.

Creo que hay diversas medidas estratégicas que se pueden tomar. Primero, América Latina debe redoblar los esfuerzos para diversificar su comercio e inversión con nuevos mercados. Sigue habiendo mucho potencial sin explotar para una mayor integración regional. Deberá impulsar su versión de lo que África está haciendo con la Zona de Libre Comercio Continental o el RCEP apoyado por China en Asia. Un punto de partida sería la integración entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. Además, debería avanzar en otras negociaciones comerciales con la Unión Europea y países en desarrollo, e incluso iniciativas mundiales, sin Estados Unidos, incluso en la OMC.

G.V. —Mis siete puntos para nuestra región, son específicamente: eliminar o armonizar las medidas no arancelarias, converger a normas de origen que permitan la acumulación de origen de insumos y la creación de cadenas regionales de valor; facilitar el comercio mediante la desburocratización y reducción de costos; mejorar la infraestructura de comunicaciones, transporte y logística; promover a nivel regional la defensa de la competencia y en particular el combate a los carteles; mejorar los sistemas de protección al consumidor; y perfeccionar un sistema regional de solución de diferencias.

J.R. —América Latina debe ver más allá de sus divisiones internas —de las que ciertamente hay muchas— y mantenerse unida frente a los intentos estadounidenses de acuerdos comerciales fragmentados, con empresas o sobre productos, y sus acciones unilaterales, incluyendo la intimidación a países específicos.

Guillermo Valles.

Director de Comercio Internacional de la Unctad. Doctor en diplomacia, fue parte de las negociaciones que llevaron a la creación del Mercosur. Fue Embajador de Uruguay en Japón y ante la ONU y la OMC.

Joakim Reiter.

Secretario General Adjunto de la Unctad. Fue Director General Adjunto del Ministerio de RR.EE. de Suecia. También se desempeñó como Embajador y Representante Permanente de Suecia ante la OMC.

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