NÉSTOR GANDELMAN

El bajo ahorro de los hogares

La idea de que una sociedad debe generar ahorros es intuitiva. Durante un tiempo, una familia puede desahorrar, endeudándose. Se puede permitir niveles de consumo e inversión (en un auto o empresa familiar) por encima de lo que su nivel de ingresos actuales le permite.

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Hogares uruguayos ahorran poco, pero no menos que el promedio regional. Foto: Shutterstock

Mientras las inversiones sean productivas, la familia prosperará, generará mayores ingresos futuros, pagará sus deudas y podrá mantener un estándar de vida alto. El camino contrario termina en crisis. Por no mencionar dolores propios o cercanos, recordemos lo sucedido en Grecia en los últimos años.

¿Ahorramos lo suficiente como para hacer sustentable nuestro desarrollo? ¿Cuál es el marco adecuado de comparación? En un artículo publicado hace unos meses en la revista Economía de la Latin American and Caribbean Economic Association se analizo el ahorro de los hogares de la región (*).

Explicando diferencias.

Desde un punto de vista descriptivo, la diferencia en la tasa de ahorro de dos países puede deberse a tres razones: diferente conducta de ahorro de la población, diferente distribución demográfica o diferente distribución de ingresos. Estas tres causas nos muestran tres situaciones extremas.

Primero, dos países, a pesar de tener la misma distribución demográfica y de ingresos, pueden tener tasas de ahorro nacional distintas porque su población hace decisiones de consumo-ahorro distintas.

Segundo, es posible que la conducta de la población entre dos países sea igual (los jóvenes del país A ahorran lo mismo que los jóvenes del país B, los adultos de A ahorran lo mismo que los adultos de B, etc.) y las tasas de ahorro nacional sean distintas porque hay más ancianos en un país que en otro.

Tercero, podría ser que el ingreso nacional en el país A está más concentrado en sectores poblacionales que tienden a ahorrar menos que en el país B. A pesar que cada grupo de A tiene la misma tasa de ahorro que su contraparte en B, al hacer la agregación nacional la tasa de ahorro de A resulta menor a B.

En el documento mencionado medimos la importancia de estas tres causas usando datos de encuestas de ingresos y gastos de los hogares de 17 países de América Latina y el Caribe y tomando como economías de referencia Estados Unidos y Corea. No hay un punto de referencia natural para comparar los tamaños relativos de las tasas de ahorro. La elección de estos países se debe a que tienen rasgos culturales distintos y tienen mercados financieros desarrollados donde las restricciones sobre el ahorro y el endeudamiento probablemente sean más bajas que las que pueden existir en América Latina.

Resultados.

En el documento realizo una serie de ejercicios contra-fácticos. Estos consisten en tomar cada país de América Latina, mantener todas sus características incambiadas —salvo una que se fuerza a ser igual a la de la economía de referencia— y calcular cuál sería la tasa de ahorro resultante.

Los ejercicios muestran que las tasas de ahorro de América Latina son realmente bajas, y la causa principal son las diferencias en las conductas de la población y no diferencias demográficas o de distribución del ingreso. En general, si los latinoamericanos nos comportásemos como los hogares de Estados Unidos o Corea, la tasa de ahorro de la región sería el doble.

Considerando Uruguay, si los distintos grupos etarios tuvieran las tasas de ahorro que sus equivalentes en Estados Unidos, la tasa de ahorro global de los hogares pasaría del 16% al 29%. Las otras dos explicaciones son cuantitativamente menos importantes. Si la demografía o distribución de ingresos uruguaya fuera como la de Estados Unidos la tasa de ahorro de los hogares tan sólo subiría o bajaría 1 punto porcentual.

Después que se establece que la razón principal de la baja tasa de ahorro global es la conducta de la población, cabe preguntar, ¿la conducta consumo-ahorro de quién? Para ello consideramos distintos grupos según edades, educación y nivel de ingreso.

Del punto de vista etario, las mayores diferencias se encuentran en los jefes de hogares entre 35-49 años. Del punto de vista de la educación, encontramos que las mayores diferencias se deben al comportamiento de ahorro de los grupos más educados. Los más educados en América Latina ahorran menos que sus contrapartes en Estados Unidos o Corea.

Del punto de vista de los quintiles de ingreso hay dos elementos destacables. Por un lado, los más pobres de Estados Unidos tienen tasas de des-ahorro mucho mayores que en América Latina. Esto es debido a las mayores restricciones crediticias de los pobres de nuestra región. Por otro lado, los más ricos de Estados Unidos y Corea ahorran más que en América Latina.

Los resultados de la descomposición de la educación y la de ingresos, sugieren que las menores tasas de ahorro en América Latina son producidas por el menor ahorro de sus individuos más privilegiados: educados y ricos. Surge un difícil puzle, políticas destinadas a incrementar la tasa de ahorro de los sectores con mayor potencial para hacerlo serían regresivas del punto de vista de ingresos y riquezas, en una región ya caracterizada por disparidades muy grandes.

Salvedad.

Los resultados para Uruguay son muy similares a los del resto de América Latina. Sin embargo, debemos hacer notar que se basan en la última encuesta de ingresos y gastos disponibles, que es del 2004-2005. Recién en el 2018 habrá nuevos datos.

(*) Gandelman(2016)"A Comparison of Saving Rates: Microdata Evidence from Seventeen Latin American and Caribbean Countries", Economía, Vol.16(2), pág.201-258.

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