Con creciente desequilibrio del comercio crecen las voces de escepticismo

África recibe los embates del presente chino

Años de acelerado crecimiento de la economía a lo largo de África subsahariana alimentaron esperanzas de una próspera era nueva. Para muchos, el continente más pobre del mundo finalmente estaba emergiendo, con economías que no eran ya dependientes de la voluble demanda mundial de los recursos primarios.

Pero, a medida que la economía de China se va desacelerando y lo que en otra época parecía un hambre insaciable de productos de África va menguando, muchas economías africanas están cayendo rápidamente.

Desde el comienzo de este año, la perspectiva a lo largo del continente se ha tornado más oscura, particularmente en sus dos mayores economías, Nigeria y Sudáfrica. Sus divisas cayeron a niveles históricos este mes a medida que China, el mayor socio comercial de África, anunció que las importaciones de ese origen se habían desplomado casi 40% en 2015.

En meses recientes, el Fondo Monetario Internacional ha reducido marcadamente sus proyecciones para el continente. Agencias de índices crediticios han degradado o reducido su perspectiva sobre exportadores de materias primas como Angola, Ghana, Mozambique y Zambia, que fueron los predilectos de inversionistas internacionales hasta hace poco más de un año.

Muchos economistas prevén que Sudáfrica, la economía más avanzada y diversificada del continente, caiga en recesión este año. Como el mayor exportador africano de mineral de hierro para China, Sudáfrica sufre a causa de una baja en la minería, así como en otros sectores como la manufactura y agricultura. Como las divisas de muchas naciones exportadoras de materia prima y mercancías, el rand sudafricano ha declinado marcadamente en los últimos meses debido a políticas deficientes en el gobierno.

El débil rand hará que resulte más doloroso para Sudáfrica, que está pasando por la peor sequía en una generación y suele ser un exportador de productos agrícolas.

Precios mayores en alimentos pudieran presentar un desafío para el gobierno del presidente de la nación, Jacob Zuma, quien enfrenta una creciente ira popular a causa del aumento en la disparidad de los ingresos y cuyo partido, el Congreso Nacional Africano, se prevé enfrente serios desafíos en las elecciones municipales de este año.

Nigeria, la mayor economía de África y productor de petróleo, se tambalea por la caída en los precios del crudo y, al mismo tiempo, el presidente Muhammadu Buhari intenta lidiar con Boko Haram, el grupo extremista islámico que ha aterrorizado a la nación. Con el petróleo representando 80% de los ingresos gubernamentales, el gobierno pudiera también carecer de los recursos para sofocar la agitación potencial en el delta del Níger, la fuente del petróleo del país.

La divisa nigeriana, la naira, colapsó hasta niveles históricamente bajos este mes luego que el banco central aplicara restricciones sobre la venta de dólares estadounidenses a fin de proteger sus reservas de divisa exterior, cada vez menores. La divisa cayó a cerca de 300 nairas contra el dólar en el mercado negro de Nigeria, respecto de alrededor de 240 a comienzos del mes pasado.

El debilitamiento de divisas dificultará que Nigeria —así como muchos otros gobierno africanos— paguen a China préstamos empleados para construir grandes proyectos de infraestructura. La caída de la naira y la desaceleración de China también están reverberando a lo largo de negocios privados, tanto grandes como pequeños.

Sin embargo, algunos expertos también ven puntos brillantes en el mapa. Si bien exportadores que antes solían volar alto, como Angola y Zambia, han recibido el mayor impacto de la desaceleración china, otros países están mostrando mayor resistencia y adaptabilidad.

Países del oriente africano, como Kenia y Etiopía, han sido obligados a diversificar sus economías en parte debido a su escasez de productos, y probablemente sigan gozando de crecimiento robusto.

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