Francisco Rosende – Desde Santiago de Chile

¿Se abandona la retroexcavadora?

E pasado 11 de mayo, la Presidente Michelle Bachelet llevó a cabo el ajuste ministerial más profundo ocurrido en Chile en casi 25 años, al remover simultáneamente al Ministro del Interior (Jefe del equipo político) y al Ministro de Hacienda (Jefe del equipo económico), además de otros ministros del área política.

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Rodrigo Valdés: nuevo ministro de Economía de Chile

El mensaje parecía claro, se trataba de recuperar la confianza de la opinión pública tras un año donde la combinación de una profunda agenda de reformas —políticas y económicas— junto con la aparición de episodios de financiamiento ilegal de la política, habían afectado seriamente el apoyo al gobierno.

Moderación.

El nuevo Ministro del Interior, Jorge Burgos, tiene una vasta experiencia política, tanto en el Parlamento como en puestos de gobierno. Por su lado, el nuevo Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, goza de un amplio prestigio por su destacada trayectoria académica y profesional. Anteriormente se desempeñó en el Banco Central de Chile, en el Ministerio de Hacienda, el Fondo Monetario Internacional y también en la banca privada.

Estos ministros reemplazaron a dos personas estrechamente cercanas a la Presidente, las que tuvieron un papel protagónico en el diseño del programa presidencial de gobierno y posteriormente, en la ejecución de las reformas implementadas el año pasado. De alguna forma los ministros salientes eran vistos como los principales impulsores de la "teoría de la retroexcavadora", que buscaba remover los cimientos de la institucionalidad política y económica prevaleciente en el país en las últimas décadas. Por ello, su reemplazo por dos personas de perfil moderado y más técnico, parecía reflejar el retorno a una estrategia política basada en los grandes acuerdos políticos más que en el "uso de la retroexcavadora". Por otro lado, un Ministro de Hacienda más técnico podría devolver la discusión económica al ámbito de la Economía, algo que parece obvio en principio, pero que en América Latina suele no ocurrir. De hecho, una de las bases del éxito del proceso de reformas iniciado en Chile a mediados de los años setenta es precisamente esa. Para los problemas económicos, una perspectiva económica.

Mal paso.

Un ejemplo elocuente del descuido de las consideraciones económicas fue la reforma tributaria aprobada en los primeros meses del actual gobierno. La mayoría que tiene la coalición gobernante en ambas cámaras del Congreso permitió una rápida elevación de la carga tributaria —en alrededor de tres puntos del PIB en régimen— sin una mayor consideración por los efectos de los cambios en las tasas y régimen tributario sobre los niveles de ahorro e inversión, que fueron rápidamente desestimados por el entonces Ministro de Hacienda. La brusca caída que ha experimentado la Formación Bruta de Capital, en el contexto de un drástico deterioro de las expectativas económicas del sector privado, hacían altamente recomendable el cambio en la conducción económica, aunque la experiencia indicara era poco probable. Realizado el ajuste en el equipo ministerial debían verse los cambios, siendo esperable una suerte de regreso a lo que ha sido la normalidad en las últimas décadas, en términos de la gestión de las políticas públicas y muy especialmente, de la conducción económica.

A las pocas horas de asumir, el Ministro de Hacienda realizó algunas precisiones que esbozaron un cambio de enfoque en la conducción económica. Por un lado advirtió que la recuperación de la actividad económica no podía sustentarse en la expansión del gasto fiscal, variable que este año crecerá cerca de un 9% en tanto que el PIB lo hará en menos de 3%. Para el mencionado ministro, el crecimiento del gasto fiscal debería alinearse con la estimación del crecimiento de largo plazo de la economía, de acuerdo con la regla del balance estructural que él mismo contribuyó a formular. Por otro lado, la política económica debía cooperar en la recuperación de la inversión y el emprendimiento, para recuperar tasas de crecimiento más acordes con el potencial de la economía. Más aún si se pretendía elevar dicha tasa, la que de acuerdo a estimaciones privadas parecía estar instalada en torno a 4%.

Escollos.

Este objetivo de reanimar la actividad económica ha llevado al Ministro de Hacienda a trabajar intensamente en la identificación de aquellos proyectos —legislativos y regulatorios— más urgentes e importantes para revitalizar la agenda de inversiones del sector privado. Sin embargo, su estrategia —correctamente enfocada, a mi juicio— deberá enfrentar dos grandes escollos para conquistar la aprobación del sector privado y revertir así el actual clima de expectativas. Por un lado está el desafío de enmendar una reforma laboral impulsada por el gobierno, con el decidido apoyo de la Central Única de Trabajadores (CUT). Por el otro está la necesidad de corregir una reforma tributaria tan confusa como negativa al crecimiento.

En lo que se refiere a la reforma laboral, actualmente en trámite parlamentario, se plantea un importante riesgo de rigidizar el funcionamiento del mercado laboral y elevar el nivel de conflictividad en las negociaciones entre sindicatos y empresas. En efecto, la CUT ha impulsado con fuerza una reforma que promueve la sindicalización e impide el reemplazo de trabajadores en huelga, al tiempo que busca establecer las negociaciones laborales a nivel de ramas productivas más que a nivel de la empresa. Además, ha planteado que el nivel del salario real prevaleciente al inicio de una negociación salarial debe ser el "piso" de ésta.

Es importante advertir que la CUT se ha caracterizado históricamente por impulsar las reformas más radicales de la legislación laboral, fortaleciendo el poder de los sindicatos y debilitando el de las empresas. En estos planteamientos subyace un relativamente bajo grado de adhesión de estos grandes sindicatos entre los trabajadores, al tiempo que se soslaya el hecho de que en Chile cerca del 70% del empleo lo entregan las empresas medianas y pequeñas, las que difícilmente podrían resistir procesos de negociación sin reemplazo o incluso, negociaciones por ramas de actividad, con empresas de realidades muy diferentes.

Poco tiempo le queda al ministro de Hacienda para persuadir a los parlamentarios de la coalición gobernante acerca de los costos de aprobar una reforma laboral como la que se encuentra en trámite parlamentario. Si bien la historia reciente de diversas economías que siguieron caminos similares a los que se proponen en la mencionada reforma es tan elocuente como dramática, el ministro tendrá que trabajar mucho para poner las consideraciones económicas de vuelta en la discusión de los proyectos con efecto económico.

Por otro lado está la reforma tributaria. Como se indicó sus debilidades y costos son cada vez más evidentes para los analistas y empresarios. El proceso de "reforma a la reforma" parece estar tomando más fuerza, tras 6 trimestres de caída en la Formación Bruta de Capital con respecto a igual período del año anterior. Postergar esta inevitable tarea —lo que conlleva reconocer los errores cometidos, algo implícito en el reciente ajuste de gabinete— parece imprescindible. Mientras antes mejor.

Por ahora el Banco Central advierte en su reciente Informe de Política Monetaria con respecto a los perjuicios del clima de expectativas prevaleciente en la economía chilena; la mayoría de los analistas proyectan otro año con un crecimiento del PIB bajo el 3%; mientras que la tasa de aprobación de la Presidente alcanzó nuevos mínimos a comienzos de junio, al situarse en un 29%.

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