NOMBRES DEL DOMINGO

Yoko, una bruja optimista

La vanguardista artista japonesa vive a la sombra de su fallecido tercer marido, pero una muestra retrospectiva en Buenos Aires recuerda la calidad de su arte y su versatilidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La japonesa ya había tenido toda una vida antes de Lennon. (Foto: AFP)

Si alguien viaja a Buenos Aires antes del 31 de octubre, que sepa que en el Museo de Arte Latinoamericano (Malba) la artista Yoko Ono (83) lleva su primera exposición retrospectiva Dream come true. Nunca estuvo tan cerca esta japonesa (su obra, ella no vino en persona por razones de salud). Vale saberlo para los interesados en conocer su trabajo, vanguardista y conceptual, surgido en el movimiento Fluxus (la anarquía llevada al arte) y con grandes componentes ideológicos en defensa de la paz, la libertad y la diversidad, y en contra del racismo y la homofobia.

O sea, conocerlo si se quieren derribar los prejuicios. Para el mundo del rock, ella fue la bruja señalada por separar a John Lennon del resto de The Beatles, forzando la ruptura de la mayor banda de todos los tiempos. Pese a recibir recientemente la exculpación del mismísimo Paul McCartney, ese estigma no pudo quitárselo más. "Me desprecian, luego existo", es una frase que se le suele atribuir.

Vanguardia.

Yoko Ono nació en Tokio, en un Japón aún imperial, el 18 de febrero de 1933. Su familia era muy tradicional. Su madre, Isoko, tenía antepasados en el clan Yasuda, una arraigada estirpe de samurais. Su padre, Eisuke, había sido pianista, pero al momento de nacer la niña era un importante banquero a un paso de ser trasladado a San Francisco. A los cuatro años comenzaba sus clases de piano.

Aquí vale un paréntesis: a diferencia de Linda Eastman, primera esposa de McCartney, quien la incluyó en su banda post-Beatles como guiño malicioso (¿respuesta?) a su viejo compinche, Yoko sí sabía tocar y no estaba de relleno en la Plastic Ono Band de John, aunque su música fuera tan extraña como su arte. También asistió a colegios muy exclusivos y, al igual que quien sería su futuro marido, soportó los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial; Lennon los de los nazis, ella los de Estados Unidos.

Luego de ser compañera de clases de Akihito, futuro emperador, en el elitista colegio Gakushin, Yoko fue la primer mujer admitida en el programa de filosofía de la Universidad Gakushin (sí, una continuación del anterior), también pensada para la nobleza. Se mudó con su familia a Nueva York en los años 50, pero retornó a Japón en varias ocasiones. A caballo entre ambos países comenzó a surgir la artista.

Su origen aristócrata le permitía tener conexiones y puertas abiertas. Pero de poco le servirían si no tuviera un verdadero talento. Según escribió la reconocida artista experimental y curadora Graciela Taquini para el diario argentino La Nación el pasado 19 de junio, la contundencia conceptual, basada en la conciencia del cuerpo, un aire optimista y la cualidad de lo evanescente caracterizan su obra. Y de alguna forma fue vanguardista en sí misma. "Yoko Ono es una pionera de Neo-Dadá, la vanguardia de los años 60, junto con Georges Maciunas, Nam June Paik o John Cage. Proviene de una profunda formación musical y se adelantó a Maciunas, redactor del Fluxus Manifesto, haciendo reuniones en su departamento con la crème de la crème experimental neoyorkina de ese momento, incluso antes de la consolidación del grupo", indicó.

Es muy difícil explicar su arte en palabras. Usa tanto agua como víctimas de violencia doméstica, incluye textos, sonidos, performances y elementos. En 1964, sentada en el piso, animaba a los asistentes a cortar pedazos de su ropa con una tijera. Dos años después, pedía al público subir a una escalera coronada con una lupa; con esa lupa se podía leer una pequeña inscripción en el techo: "Yes (Sí)". Esa puesta fue la que llamó la atención de John Lennon, en Londres y en 1966. Sí, hace 50 años se conocía una de las parejas más icónicas del siglo XX.

Sus haters —vivitos y goleando desde hace medio siglo— señalan que, por más obras que haya realizado, su verdadera fama la logró por Lennon. "Es una historia famosa, la de que yo no era aceptada por el mundo. Básicamente era porque estaba casada con John y mucha gente pensaba que no debería estarlo", le dijo a El País de Madrid en marzo. De su matrimonio con el exBeatle (que duró hasta que este fue asesinado, en 1980) y de su influencia en él ya se ha escrito mucho. Tanto, que la gente no suele saber que Yoko se había casado dos veces antes y que Sean Lennon, fruto de su unión con el músico, tiene una hermana mayor.

Su primer marido, entre 1956 y 1963, fue el compositor de vanguardia Toshi Ichiyanagi. El matrimonio terminó, en la práctica, mucho antes, con Yoko internada por depresión clínica. Su segundo intento fue con el promotor de arte Anthony Cox. Esta fue una relación turbulenta desde el inicio, pese al nacimiento de Kyoko Chan Cox. Ella fue el centro de una batalla legal que hizo que Yoko no viera a su hija mayor por 23 años. Con John la historia ya es sabida.

"El arte de Yoko Ono no es autobiográfico. Su existencia ha estado impregnada de terribles tragedias que no han afectado su optimismo nato", escribió Taquini. Es que si algo transmite su obra, más allá de la temática y la técnica, es esperanza. Luego de ser vista por décadas como una arpía, de a poco le llega la hora de los reconocimientos. "Creo que la gente ya se ha acostumbrado a mí. Mi trabajo progresa, y creo que ahora tengo una buena relación con la gente", le dijo a El País de Madrid. El tiempo todo lo cura.

AÚN VIVE EN EL DAKOTA

Yoko Ono aún vive en el Edificio Dakota, de Nueva York, en cuya puerta fue asesinado su marido el 8 de diciembre de 1980. "Vivir rodeada de sus memorias es lo más duro. Pero no quiero mudarme porque es donde John y yo estuvimos juntos en los últimos momentos", ha dicho.

SOY UNA BRUJA, ¿Y?

Yes, Im a witch (Sí, soy una bruja), es el título de su álbum recopilatorio de 2007. Si bien jamás tuvo —ni cerca— el éxito que gozó estando al lado de su marido más ilustre, varios músicos contemporáneos han reconocido lo avanzada (e inclasificable) que es su obra.

ESE CUPIDO LLAMADO MCCARTNEY

Si bien Paul McCartney nunca le perdonó a John Lennon que metiera a Yoko Ono en la vida de The Beatles, y a lo largo de cuatro décadas tuvieron una relación tirante que incluso tuvo aristas judiciales, a fines de 2012 se mandó una frase de esas que cambian la perspectiva de la historia: "Ella (por Yoko) ciertamente no rompió el grupo. No creo que pueda culparla de nada", le dijo a la cadena de televisión Al Jazeera. Fue más lejos y dijo que sin ella y su influencia, las canciones más recordadas del exBeatle en los 70, como Imagine, quizá no se hubieran compuesto.

Poco antes, en 2010, también había habido una revelación sorprendente. Según publicó The Times, Paul —posiblemente la última persona en el planeta que la gente imaginaría haciendo de cupido entre John y Yoko— fue fundamental para salvar la pareja, según reconoció la propia artista. Eso fue en 1974, durante el famoso "fin de semana perdido" de Lennon, en el que el exBeatle, separado momentáneamente de su esposa (él en Los Ángeles; ella en Nueva York), se entregó a todo tipo de descontroles. Básicamente, Paul hizo de mensajero entre ambos.

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