Ciencia

¿Por qué no volvimos a la Luna?

Razones presupuestarias, políticas y científicas explican el cambio de prioridades en la carrera espacial y que la apuesta ahora haya sido poder llegar a Plutón.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Desde 1972 el presupuesto de la Nasa solo cayó.

El amante de la astronomía tuvo hace unas semanas momentos de felicidad cuando comenzaron a llegar las fotos de Plutón y su luna Caronte emitidas por el objeto humano New Horizons, que desde entonces acumula información del que solía ser el noveno planeta del sistema solar, y que enviará a estudios centrales en sobrias dosis durante largos meses.

Pero el astrónomo escéptico —o el escéptico que algunos llevan dentro— puede preguntarse para qué ir tan lejos y por qué no se envió gente a la Luna en los últimos 43 años, en los que tanto avanzó la tecnología, a un ritmo al que a veces incluso cuesta acomodar el cuerpo.

Sobre todo, si se tiene en cuenta que la Luna está unas 12.000 veces más cerca que el ahora visitado Plutón (menos de 400.000 kilómetros contra casi 6.000 millones de kilómetros), es nuestra compañía más cercana en el sistema solar e incluso un objeto cultural, visitado por poetas y fábulas. Entonces, ¿por qué no se volvió a ella con nuevas máquinas, mejores que las en cierto modo vetustas herramientas del trienio 1969-1972?

La insidiosa pregunta tiene una serie de respuestas, relacionadas con la política, el presupuesto, el agotamiento científico, y con que no es cierto que no se haya regresado a la Luna. De hecho, China y la India mandaron misiones recientemente (pero, claro, no cuentan aún con el aceitado mecanismo de relaciones públicas de la NASA). Lo que no hubo más fueron misiones tripuladas, lo que es otra cosa.

De todos modos, la primera razón para que no hayan vuelto humanos es el dinero, cuándo no. Si se hacen las cuentas, se ve que el gasto que le insumió a los Estados Unidos el programa Apolo fue descomunal, con cifras justamente astronómicas. Entre 1964 —el año posterior al asesinato del presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy— y 1967, la NASA se llevó entre el 3,5 y el 4,5% del total del presupuesto del gobierno de aquel país. En comparación, desde 1991 nunca superó el 1% y hoy está en 0,5%. Llevar a los astronautas y traerlos de regreso insumió más de un billón de dólares, en valores de la época, sin contar la inflación. En comparación, parecen un vuelto los 700 millones de la expedición a Plutón, encima amortizados en diez años porque la sonda salió de la Tierra en 2006 y, como se dijo, tendrá cuerda.

La referencia a Kennedy no es casual. Todo el programa fue una especie de homenaje al más famoso asesinado en Dallas, quien en un discurso del 25 de mayo de 1961 había pedido al Congreso local un esfuerzo para llevar astronautas a la Luna "antes del final de la década", palabras que tras su muerte fueron resignificadas y en cierto modo honradas.

Claro que también estaba el telón de la Guerra Fría y el enfrentamiento con una Unión Soviética que había hecho los primeros goles en la historia de la investigación espacial con el Sputnik, Laika y Gagarin. Por eso, Estados Unidos decidió ahorros en otras áreas con tal de ir a la Luna. "Está claro que el principal motivo era político; si bien los viajes tuvieron un extraordinario valor científico y tecnológico, lo que querían era ganarle la carrera a la Unión Soviética", dice Guillermo Abramson, físico e investigador argentino. Con él coincide Daniel Golombek, doctorado en astronomía y radicado hace décadas en Estados Unidos, donde trabajó en el telescopio espacial Hubble: "Todo tiene que ver con el presupuesto; poner gente en órbita requiere muchísima más plata porque no querés que pase nada. Si el robot explota es un robot, con seres humanos hay que tener super reforzada la seguridad". Y eso cuesta.

Lo cierto es que en lo que va de Neil Armstrong (el primero) a Eugene Cernan (el onceavo y último ser humano en pisar el satélite natural, en 1972) se agotó una manera de encarar la carrera espacial. Desde entonces, el presupuesto de la NASA sólo cayó. En la última ocasión en que se decidió no volver a la Luna fue en 2010, cuando Obama recortó presupuestos que se pensaban destinados al relanzamiento de la era espacial tripulada con una gesta similar.

Pero Plutón es igual de excitante, y la notable repercusión de New horizons es una muestra de eso. "Plutón era una deuda, el último objeto histórico que quedaba por explorar. Faltaba para cerrar el reconocimiento inicial del sistema solar como familia de cuerpos compleja y variada", agrega Ribas. No será la Luna, pero no está nada mal. 

Tras seis misiones comenzó una especie de agotamiento científico lunar.

Muerta la Unión Soviética se acabó la rabia de ir a la Luna. Pero además de la pelea capitalismo versus comunismo, es cierta la existencia de una especie de agotamiento científico lunar.

Según Mariano Ribas, jefe del área de astronomía del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires, "la Nasa reorientó su exploración al resto del sistema solar. Desde los años setenta la Luna perdió prioridad y pesó más el resto del sistema solar, hasta entonces algo descuidado en las investigaciones".

Como sostiene Ribas, hay que recordar que fueron seis las misiones de la NASA tripuladas a la Luna, no sólo aquella inaugural Apolo XI del 20 de julio de 1969 y la casi trágica del Apolo XIII (¿recuerdan al fatigado Tom Hanks de la película?), sino otras menos problemáticas, que hicieron todo tipo de experimentos y trajeron abundante material.

Como dato curioso: Alan Shepard, de la Apolo XIV, llegó a jugar al golf en el satélite y también hay un video al respecto. Se hizo modestamente famosa su expresión "kilómetros, kilómetros y kilómetros" al describir la trayectoria de una pelotita menos atada a la gravedad que en los campos de golf terrestres.

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