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Por qué visitar Praia Do Forte con los más chicos

A 57 kilómetros al Norte de Salvador de Bahía este pueblo se ha consolidado como destino turístico sin perder la armonía con el entorno y desarrollar opciones que atraen a toda la familia.

Praia do Forte fue convertida en un santuario para las tortugas.
Praia do Forte fue convertida en un santuario para las tortugas.

Gracias a las tortugas marinas, Praia do Forte pasó de ser una simple caleta de pescadores a uno de los principales ejemplos de turismo ecológico de Brasil. Un destino que, pese al crecimiento de los últimos años, ha sabido mantenerse en armonía con el entorno y desarrollar una oferta ideal para quienes viajan con niños. ¿Por qué ir a esta playa ubicada a una hora de Salvador de Bahía? Aquí, cinco respuestas.

Por las tortugas.

El dato no es menor: en Praia do Forte, 57 kilómetros al Norte de Salvador de Bahía, se encuentra el mayor punto de desove de las tortugas marinas en Brasil. Por lo mismo, es un lugar de alto valor ecológico, que han sabido cuidar: es difícil encontrar otras playas en Brasil (y en el mundo) que, después de crecer explosivamente, hayan podido mantener una forma de construcción relativamente ordenada y poco invasiva.

Hasta los años 70, la presencia de las tortugas marinas estaba tan extendida que la gente de la zona solía incluirlas en su dieta. En 1985, Klaus Peters construyó el primer gran hotel de la zona en su hacienda, el Ecoresort Praia do Forte (hoy llamado Tivoli Ecoresort). Entonces empezó definitivamente el auge del turismo.

La gente dejó de comerse a las tortugas. Y en el lugar abrió la sede principal del Projeto Tamar, uno de los más importantes organismos conservacionistas de Brasil, dedicado a la protección de tortugas marinas y otras especies en peligro. Todo esto hizo que Praia do Forte creciera, pero en forma bastante controlada: por ley, no se puede construir pegado al mar, para que no haya luces en la playa (y con eso, las tortugas no se desorienten y puedan desovar tranquilas). Y el pueblo, si bien duplica sus habitantes en verano —de 4.000 8.000 personas—, luce bastante armonioso, con sus casas de baja altura metidas entre los árboles.

El Projeto Tamar es hoy la gran atracción turística de Praia do Forte. Aquí se puede aprender todo sobre las tortugas marinas, verlas nadando pequeñitas en sus piscinas (además de apreciar otras especies como rayas y peces) e incluso observarlas mientras desovan y nacen las crías, siempre en compañía de biólogos.

La temporada de desove va de setiembre a marzo. Un lugar perfecto para visitar con niños, donde además suele haber shows de música en vivo y diversas actividades artísticas y educativas. Más información, Tamar.org.br

Por las ballenas.

La historia es similar; el animal, diferente. En esta parte de la costa de Brasil, se encuentra una de las principales áreas de reproducción de la ballena jorobada. Una zona que a partir de 1986, cuando se prohibió la caza de ballenas, se ha ido repoblando. Por lo mismo, en 1988 se fundó aquí el Projeto Baleia Jubarte, otro importante organismo conservacionista brasileño que inició sus estudios sistemáticos de esta especie en 2001, precisamente desde Praia do Forte (BaleiaJubarte.org.br).

Según los registros, después de alimentarse en las islas Georgias del Sur, en la Antártida, entre julio y noviembre estas ballenas "brasileñas" regresan gorditas a reproducirse apasionadamente en las cálidas aguas del Atlántico. Si uno anda por aquí en esas fechas, puede ver a esta especie en vivo y en directo.

El turismo de avistamiento de ballenas es otra de las actividades que impulsó el desarrollo de Praia do Forte, aunque siempre depende de las condiciones climáticas para navegar: esta zona es bastante ventosa. Por lo general, los paseos comienzan a las 9 de la mañana. Primero, el grupo hace una visita al Instituto Baleia Jubarte, museo que cuenta toda la historia de esta especie, tiene un gran esqueleto en la entrada e incluso unas sorprendentes reproducciones en tamaño real de ballenas jorobadas en el jardín. Los niños sin duda se sorprenderán.

Este paseo lo hacen empresas como Portomar, la misma que organiza las otras excursiones clásicas de Praia do Forte, muy familiares, como la bajada en canoa del río Imbassaí o el tour en cuadriciclo por la reserva natural Sapiranga, entre otras (Rua de Aurora 1; Portomar.com.br).

Por el pueblito.

Si bien la playa aquí no es lo más amigable para niños, pues presenta bastante corriente en algunos sectores, de todos modos es posible alejarse de las piscinas de los resorts para bañarse en el siempre tibio Atlántico del nordeste brasileño. Lo mejor es hacerlo cuando baja la marea, en el sector del pueblo hacia la izquierda, que se transforma en una piscina: ahí, el agua no sobrepasa la rodilla. Además, arriendan equipo de esnórquel, para ver pececitos y, con algo de suerte, tortugas marinas nadando por ahí.

El pueblo de Praia do Forte es muy pintoresco: el ícono es su fotogénica iglesia estilo portugués que está a orillas del mar, donde señoras con trajes bahianos se ponen para la foto con turistas. También hay puestos de artesanía, quioscos donde venden agua de coco, bares con mesitas de plástico y botecitos flotando.

El movimiento se concentra a lo largo de la Alameda do Sol, la también pintoresca calle adoquinada repleta de tiendas, mercaditos y restaurantes. El lugar más famoso aquí es el Bar do Souza, que tiene MPB en vivo todos los días y banda para bailar los viernes y sábados. Para almorzar, el dato es Donana, que tiene platos típicos como moqueca de camarón o carne de sol (salada). Y, especialmente si anda con los chicos, hay que pasar por la Sorvetería 60 Sabores, la mejor del pueblo, donde venden helados artesanales.

Por el Pelourinho.

También vale la pena ir a Praia do Forte porque está a solo una hora en auto de Salvador de Bahía. Es decir, se puede visitar casi sin problema por el día, para al menos comenzar a sentir por qué a esta ciudad se le considera "la más africana" fuera de África.

En una tarde, es cierto, no se alcanza a ver mucho, pero sí uno puede visitar, entre otras, joyas arquitectónicas como la Basílica Nossa Senhora da Conceicao da Praia, que data de 1623, una de las antiguas de Salvador, y luego subir por el ascensor Lacerda hacia el famoso Pelourinho. Allí, sin duda, hay que entrar a la Iglesia y Convento de San Francisco, que fue edificado entre 1749 y 1755, y conserva preciosos azulejos portugueses en el claustro y un impresionante altar. Para llevarse un recuerdo, camine hasta la Rua Portas do Carmo, donde está la tienda Pelomanía, que vende productos bien hechos, desde llaveros hasta remeras.

Por los resorts.

Una de las características de esta parte del litoral bahiano es la presencia de complejos hoteleros con piscinas de todo tipo, entretenimientos varios y servicio todo incluido, una variedad de alojamiento que no es tan común por estas latitudes.

Enormes construcciones que, en el caso de Praia do Forte, han sabido fundirse bastante bien con el entorno. Es el caso del Iberostar, el mejor de la zona, que se encuentra en las afueras del pueblo y es un auténtico hit para las vacaciones en familia. La construcción se levantó a 65 metros del mar, lo que asegura que hay un largo trecho de oscuridad para no afectar a las tortugas. De hecho, al anochecer las luces en los jardines apenas iluminan. Además, los nidos de las tortugas, que son marcados por el Projeto Tamar con unos tubos numerados en la arena, se encuentran a unos 10 minutos caminando por la playa desde el hotel.

Una precisión: aquí Iberostar es en rigor dos hoteles cinco estrellas, uno al lado del otro, llamados Iberostar Bahía e Iberostar Praia do Forte. El segundo tiene algunos servicios más exclusivos, como habitaciones más grandes (a partir de 46 metros cuadrados, el otro es desde 36) o room service. Hay otras alternativas de alojamiento en Praia do Forte, como posadas y hostales más sencillos, pero si el plan es ir con niños, un resort de lujo como este resulta, en verdad, imbatible.

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