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El vintage tiene su rey

Keni Valenti es uno de los mayores coleccionistas de diseños legendarios de grandes creadores: tiene más de 20.000 prendas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Empezó su colección después de una desilusión comercial. Foto: Google

Es pequeño. Un espacio rectangular de no más de seis por cuatro metros, sin ventanas, piso de cemento y todo el interior pintado de verde esmeralda. El lugar —un antiguo local comercial en el corazón de Wynwood, un barrio al Norte del centro de Miami, que se ha transformado en el punto neurálgico de la escena artística— parece cualquier cosa menos un museo. A su alrededor abundan las construcciones que parecen fábricas abandonadas y no hay grandes letreros que lo anuncien al público. Su fachada tampoco ayuda; es una muralla pintada de rojo con pequeñas figuras amorfas en blanco y negro, un portón metálico y un grafiti de Amy Winehouse en todo su esplendor —peinado alto, tatuajes en el hombro, mirada desafiante— en un costado.

Keni Valenti, un hombre bronceado, con lentes oscuros y completamente vestido de negro espera en la entrada. Su mano apunta una leyenda que apenas se distingue entre el caos pictórico y que dice "Museum of Fashion". Con el sol del mediodía en caída vertical sobre su cara y sonrisa de satisfacción anuncia: "Aquí está el museo de la moda de Miami. Mi museo".

Valenti entra al museo y frente a él aparece una veintena de maniquíes también pintados de verde esmeralda, al igual que las tarimas, el piso y unas mesas que están en las esquinas. Los maniquíes llevan vestidos de los comienzos de Emmanuel Ungaro y Hubert de Givenchy. Es el último día de la muestra Monsieur et Monsieur: una conversación con dos caballeros franceses, que revisa los diseños de alta costura que en los 70 crearon estos dos diseñadores que entonces seguían la tendencia de recuperar el estilo de los años 20.

Keni Valenti tiene 57 años y lleva más de tres décadas reuniendo prendas que salieron de las casas de costura más legendarias, que iniciaron una tendencia o que alguna vez llevaron —solo en ocasiones especiales, claro está— celebridades, aristócratas o personajes de la realeza. Es uno de los coleccionistas de vintage —diseños y vestidos con firma de diseñador, fecha de creación exacta y pasado digno de destacar— más influyentes del negocio de la moda internacional.

Valenti fue uno de los pioneros de esta corriente que comenzó a mediados de los 90 y que ahora es un sello de estilo del que se vanaglorian y alimentan los seguidores de la moda. Su archivo, más de seis bodegas repartidas en distintos lugares de Miami, donde guarda más de veinte mil prendas, ha sido destacado por New York Magazine, W y Vogue. El New York Times lo bautizó "El gran coleccionista de la moda".

"No me gusta que me llamen coleccionista. Yo no guardo ropa por capricho o porque me parece bonita o glamorosa. Mi relación con la ropa es mucho más profunda. Me gusta decir que soy una especie de historiador de la moda, alguien que reúne diseños que muestran cómo la costura ha evolucionado en el tiempo".

Valenti detiene la conversación y repentinamente aclara. Dice que no todos los diseños, por antiguos que sean, pueden denominarse verdadero vintage. "Para invertir en la moda siempre se debe comenzar con algo que ha sido simbólico, que fue creado para una colección que provocó interés o polémica, que apareció en la prensa, que lo haya llevado una celebridad, porque automáticamente eso da una fecha y una procedencia. Por ejemplo, una de mis piezas más apreciadas es un diseño de la colección inspirada en los ballet rusos, que Saint Laurent diseñó en 1976".

Su colección de ropa es constantemente revisada para buscar inspiración por los equipos creativos de marcas como Gucci, Vuitton, Calvin Klein o Prada; por fotógrafos de moda como Terry Richarson y Steven Meisel, y estilistas como Patricia Field (la responsable del vestuario de la serie Sex & the city) o Arianne Phillips (creadora de varios looks de Madonna. Alexander McQueen fue uno de sus amigos más cercanos. Tom Ford reconoció en varias oportunidades que gran parte de las colecciones que desarrolló para Gucci fueron inspiradas por diseños de Halston y de otros diseñadores de los 70 que le recolectó Keni Valenti. Además, numerosas celebridades recurren a él para conseguir vestidos de creadores de la antigua alta costura para llevar en las alfombras rojas o galas como la del MET en Nueva York. Su favorita es Kate Moss, quien le ha pedido diseños clásicos de Halston o Dior, y a cambio también le entrega algunos vestidos de su guardarropa para que los integre a su colección.

Las prendas que conforman el archivo de Valenti tienen los más diversos orígenes. La gran mayoría ha sido recolectada en mercados de las pulgas, otros en subastas y otros tantos han sido regalo de casas de moda."Pero la verdad es que yo solo estoy interesado en diseños de entre los años 20 y finales de la década de los 80. No me interesa nada anterior a los años 20, porque creo que antes la moda no se había desarrollado en términos más artísticos y modernos".

En ese período, asegura, fue cuando realmente hubo creatividad y en los 90 "la moda se transformó en un negocio de perfumes, maquillajes y accesorios. Los vestidos dejaron de importar".

De la década de los 20, Keni Valenti está obsesionado con la figura de las flappers, esas mujeres que se divertían y se habían liberado del corsé. Y de las décadas posteriores, rinde una absoluta pleitesía por los diseñadores legendarios. Los nombra casi en orden enciclopédico: Coco Chanel, Balenciaga, Dior, Charles James, Saint Laurent, Givenchy, Cardin, Courreges, Kenzo, Halston, Bill Blass, Mugler, Montana, Lacroix.

La enumeración se detiene en los años 90. "En las últimas décadas no hay grandes creadores, solo directores artísticos que saben copiar bien y presentar con buena publicidad lo ya hecho. Creo que los últimos diseñadores originales han sido Alexander McQueen y Galliano. Todos los demás revisan archivos. Todos alguna vez han llegado a buscar inspiración en mis archivos".

Keni Valenti habla rápido y muestra recortes de revistas y fotografías de su años como diseñador o de los vestidos de la colección del museo. Hay de todo. Una polaroid en la que aparece con Betsey Johnson. Otra de sus diseños para Fiorucci. Una fotografía al lado de Grace Jones en un desfile de 1985. La portada de James Franco para la revista Candy en la que aparece maquillado como supermodelo y el esmoquin que Saint Laurent diseñó en 1966 y que Valenti le prestó de su colección. También hay una copia de Barbie: la muñeca, un libro ilustrado de la muñeca Barbie modelando prendas en miniatura de la propia colección de Valenti, para representar la evolución de la moda en los últimos 50 años.

Tras su escritorio hay una cortina plateada que refleja el verde de la sala de exposiciones y los colores de los vestidos de los maniquíes. La cortina, al igual que la colección de Valenti, es un artículo con pasado: era parte de un club de nudistas neoyorquino que estaba cerca de su antigua casa. "Me traje a Miami todo mi mundo".

Keni se vino a Miami hace cinco años y empezó a trabajar en su museo. Hasta ahora ha montado más de 20 exposiciones que han abarcado los más diversos aspectos de la moda. Desde un tributo a Yves Saint Laurent o la influencia de la divas hollywoodenses, hasta la historia de los diseñadores más importantes de la escena de Miami en los años 60 o un homenaje a los estilos de Madonna. 

La mejor desilusión.

Para Keni Valenti la moda siempre fue el único camino posible. A los 18 años era habitué de discotecas neoyorquinas como Studio 54 y Mudd. Ahí conoció a Mick Jagger, David Bowie y Betsey Johnson.

Betsey, ex mujer del músico John Cale, integrante de Velvet Underground, era entonces una de las figuras más promisorias de la moda neoyorquina y lo invitó a trabajar con ella uno de sus desfiles. A partir de allí ganó prestigio.

A comienzos de los 80 Valenti, sin estudios formales de moda, se convirtió en uno de los diseñadores más nombrados de la escena alternativa de Manhattan. Abrió su propia boutique: era un espacio que parecía garaje. Sus diseños estaban fuera del canon y seguían las líneas que por imponían los japoneses.

En 1986 Time lo destacó entre los diseñadores más atrevidos de la escena neoyorquina. En mayo de 1987 The New York Times elogió su línea de accesorios.

A finales de los 80 tenía una boutique en el SoHo y lo nombraban entre los diseñadores más creativos de Nueva York. Un conglomerado de moda japonés le ofreció comprar su marca. "Acepté y ese fue mi error", reconoce.

En Japón ganó más dinero del que alguna vez pudo imaginar, pero perdió su marca. Así que se fue a París y empezó a comprar ropa. "Buscaba diseños que me parecían fundamentales para entender la antigua idea de la moda. Así empezó mi colección. Entonces, parecía otra de mis excentricidades. Nadie entendía el verdadero valor de la ropa antigua".

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