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Viajeros: pasaporte sin límites

Anécdotas, misterios y enseñanzas de varios uruguayos que andan por el mundo.

Nicolás y Germán Kronfeld llevan más de dos años viajando; están por empezar su segunda vuelta por Asia.
Nicolás y Germán Kronfeld llevan más de dos años viajando; están por empezar su segunda vuelta por Asia.
En su libro "Diccionario del viajero" Mauricio Bergstein rinde una suerte de homenaje a todas sus travesías.
En su libro "Diccionario del viajero" Mauricio Bergstein rinde una suerte de homenaje a todas sus travesías.
Ana Carolina Squitin está recorriendo el mundo con la meta de concientizar a la población sobre los peligros del cáncer de mama.
Ana Carolina Squitin está recorriendo el mundo con la meta de concientizar a la población sobre los peligros del cáncer de mama.
Guillermo Urrutia y Catherina Romanelli viajan por el mundo en su casa rodante junto a sus dos hijos, Unay y Mitaí.
Guillermo Urrutia y Catherina Romanelli viajan por el mundo en su casa rodante junto a sus dos hijos, Unay y Mitaí.

DANIELA BLUTH

A miles de kilómetros del país de origen, sin itinerario preestablecido ni fecha de retorno, el tradicional concepto de viajar cambia. Deja de ser turismo para volverse vivencia. Es un aprendizaje que supera el de cualquier aula. Es la posibilidad de encontrar aquello que falta o ir rumbo a la felicidad más absoluta. Para unos resulta una revelación, para otros la confirmación de que todos los hombres del mundo hacen lo mismo pero de manera distinta. Es moverse, buscar, abrir la cabeza. Es disfrutar el día a día y sentir que con cada amanecer algo bueno está por venir. Es vivir la singularidad de cada momento. Apostar a ser coherente. Conocer mejor el mundo. Y en el recorrido conocerse a uno mismo.

Así, palabras más palabras menos, cinco viajeros uruguayos responden a la pregunta de "¿qué significa viajar?". Cuentan con decenas de sellos en su pasaporte y muchas más anécdotas vividas. Mientras algunos todavía están en plena ruta, otros transitan una pausa al tiempo que ya planifican el próximo destino. Para ellos viajar es mucho más que hacer un hueco en la agenda. Es una forma de vivir y ser feliz.

Sueño en construcción.

Los hermanos Nicolás (28) y Germán (29) Kronfeld responden al teléfono desde Tokio, donde están hace 40 días. Hay doce horas de diferencia con Uruguay pero ningún signo de cansancio. Tras dos años y cuatro meses de viaje el entusiasmo se mantiene intacto. "¿Si estamos cansados? No, la verdad que no. Nuestro viaje es diferente a sumar módulos a distintos destinos. No viajamos por el mundo sino que estamos viviendo en el mundo", explica Nicolás. De esa manera, no solo conocen en profundidad cada lugar sino que no generan el cansancio de levantarse a las siete de la mañana o la presión de perder un día por lluvia. En la capital nipona, además, están trabajando para seguir financiando la travesía.

El sueño de recorrer el mundo siempre había estado ahí, pero parecía difícil de concretar. No era "fácilmente compatible" con terminar una carrera, mejorar el sueldo o mudarse de la casa paterna. "Muchos sueños van al mismo tiempo que otros, pero éste es más difícil. No sabíamos cómo ni cuándo lo íbamos a concretar". Hasta que llegó el día "en que algunas cosas se alinearon", más de forma mental que real. "No nos fuimos sin renunciar a nada. Dejamos familia, amigos, carrera… pero sentimos que estaba pasando el último tren y si no nos íbamos lo que se venía en nuestras vidas era atarse cada vez más".

La primera escala fue Australia, a la que llegaron con una visa de working holiday y la idea de ahorrar para pagar su vuelta al mundo. De ahí partieron a Nueva Zelanda, China, Tailandia, Vietnam, Camboya e India. Después, con la llegada de amigos y familiares uruguayos, la ruta se desordenó un poco. Visitaron Israel y algunos países de Europa oriental. Llegaron a Rusia —a la que piensan volver para el Mundial en 2018— y a bordo del tren Transiberiano viajaron hasta Mongolia y luego a Japón. Mientras recargan las agotadas arcas, planifican una "segunda vuelta" por Asia para conocer Corea, Filipinas, Indonesia, Laos, Sri Lanka y Nepal. Eso por ahora, pero sus planes nunca son definitivos.

Reconocen que no es fácil viajar tanto y seguir sorprendiéndose con los datos que aparecen en las guías de viaje. "Es difícil llegar a un puente y quedar boquiabiertos", ríen. Sin embargo, se siguen asombrando con las historias de la gente. "En India fuimos al Taj Mahal, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, pero también conocimos a un taxista que al final del día nos dijo que si bien trabajaba con turistas sintió que con nosotros tuvo un trato diferente y nos invitó a cenar a su casa. Ir a la casa de un indio auténtico fue más significativo que visitar el Taj Mahal. Conocer a la persona, lo picante de la comida, cómo su hija y su mujer estuvieron toda la noche en la cocina porque la sociedad lo indica así, cómo el alcohol entra en las casas escondido porque está mal visto por los vecinos… Todo eso es más fuerte, más intenso, nos enriquece mucho más que un templo o un museo. Ahí está lo mejor del viaje".

En este camino crearon A la vuelta, un blog y página en Facebook para compartir sus experiencias con amigos y familiares. Los posts tuvieron tanto éxito que hoy apuestan a aprovechar ese capital para financiar los próximos destinos. "La idea es salir a buscar marcas que quieran apoyarnos. Llegamos a alrededor de 60 mil personas que nos leen, nos escuchan y nos siguen en las redes. Queremos hacerlas viajar con nosotros", dice Germán.

El regreso todavía está lejano. "Un año y medio", dicen cada vez que alguien les pregunta, sabiendo que a esta altura es un cliché. Sin embargo, siguen eligiendo Uruguay como el lugar para vivir. "Hicimos esto porque nos hace felices, si mañana sentimos que ya no funciona, vamos a comprar el pasaje y a volver a casa". A la vuelta, ya tienen planes: una gira por los 19 departamentos.

—¿Cuál es la mayor enseñanza?

—Perseguir tus sueños, hacerte cargo de tus deseos y hacer lo que te hace feliz. Hemos conocido muchos viajeros y algunos se colocan en un pedestal, se creen superiores, nosotros no nos creemos unos fenómenos. Simplemente entendimos por dónde va nuestra felicidad y hemos ido hasta ahí.

El granito de arena.

Durante diez años Ana Carolina Squitín (34) recorrió el mundo como azafata. Hasta que un día un "vuelo complicado" entre Montevideo y Porto Alegre hizo que su vida tal cual la conocía quedara patas para arriba. El avión estuvo a punto de estrellarse y Ana Carolina dijo no va más. "En ese momento sentí que nada de lo que pudiera alcanzar materialmente me iba a hacer feliz. Fue como volver a armar mi estructura… o más bien a desestructurarme un poco", dice desde México, el destino número 16 del proyecto que llamó Se hace camino al andar y comenzó en setiembre de 2013.

De niña fantaseaba con conocer África. Como adulta, subió la apuesta y se planteó recorrer el mundo por tierra. Compró una camioneta Renault Traffic de 1996 y con 300 mil kilómetros —era para lo que le alcanzaba el dinero, admite— y la convirtió en su casa y base de operaciones. Pero el simple hecho de viajar no parecía suficiente. "Soy una convencida de que si en la vida no dejás algo como que no estás completa. Así se me ocurrió armar un recorrido para concientizar sobre el cáncer de mama, presente en todo el mundo, y del que todavía falta tomar conciencia". Con el color rosa como bandera y aprovechando su formación como licenciada en Educación Física, en cada destino organiza clases de gimnasia aeróbica o caminatas con el fin de convocar gente y concientizar sobre la importancias de la detección precoz. En estos 812 días de viaje recorrió Uruguay, buena parte de América del Sur y casi toda Centroamérica. Y descubrió una nueva pasión: los volcanes; si están en actividad, aún mejor.

Salvo las actividades previamente coordinadas, no hay nada que la ate. "Trato de ser libre y en cada lugar me quedo el tiempo que tengo ganas". El dinero no es una preocupación. "Siempre llega", dice con convicción. Incluso cuando su motorhome la deja a pie, ella se da maña para solucionarlo. "Cuando salí de Uruguay me explicaron dónde iba el agua y el aceite y así arranqué. Hoy hago todo sola. Al menos una vez al mes se rompe, ya tiene unos 360 mil kilómetros, pero me bajé unos tutoriales de Internet y así me arreglo".

El hecho de ser mujer y viajera solitaria llama la atención. "Sobre todo en los países de Centroamérica. Les sorprende que no tenga marido, que no tenga hijos, pero la gente también me ayuda más. Creo que es una ventaja, lógicamente tengo que tener más cuidados que si fuera hombre, pero también tengo más gente a mi favor".

—¿Qué buscás al viajar?

—Dicen que todos los que viajamos estamos buscando algo. Cuando salí tenía ganas de conocer el exterior, pero con el tiempo me di cuenta de que me buscaba a mí misma, era un viaje hacia mi interior, a encontrar la felicidad en cada cosa. Y hoy siento cada día que soy completamente feliz.

De aquí y de allá.

Cuando tenía siete años los padres de Mauricio Bergstein (54) emprendieron un viaje hacia Europa que lo marcó para siempre. Compraron un auto en Estocolmo y lo vendieron, tres meses después, en Atenas. Presa del pánico de que nunca más fuesen a volver, les escribió una "cartita demoledora" que entregó en el aeropuerto: "Queridos papá y mamá: Ustedes se van pero aquí se quedan Miriam, Mauricio y Jonás… No lo olviden". Cuenta que hubo conversaciones tensas, pero el viaje se hizo igual. Regresaron una tarde de setiembre. Y Mauricio se volvió el escucha en primera fila de las historias más increíbles que jamás había sentido. "Ese viaje fue una experiencia fantástica para mis padres y para nosotros. Fue darnos cuenta de que hay un aquí y un allá. Y en el allá está el lugar de la revelación".

Su primer gran viaje fue a los 17, en 1979. Salió de Uruguay como estudiante de intercambio con destino Nueva Inglaterra, un universo en inglés, con abundante nieve y un padre "adoptivo" que había peleado en la Segunda Guerra Mundial. Vivió allí seis meses y se quedó con ganas de más. De regreso a Uruguay estudió Ciencias Económicas y Psicología, dos carreras que, alternada y aleatoriamente, sigue ejerciendo. Una oportunidad de trabajo lo llevó a Inglaterra. Fue por cinco meses y se quedó tres años.

Desde allí voló a África, donde cruzó el desierto del Sahara durante tres meses y medio. "Iba en un camión que llevaba encomiendas, aldeanos y también turistas". Un día, en una escala entre Mali y Mauritania para recargar el tanque de agua, fue protagonista de una de las experiencias más insólitas de su vida. En una aldea de barro, un diálogo incomprensible en una lengua tribal con traducción al francés terminó con el ofrecimiento de que se casara con "una hija" de la tribu. Con una mezcla de entusiasmo y miedo, dudó hasta que el guía le hizo ver que la posibilidad de un casamiento era una locura. "Que yo decidiera, de esa manera tan terrible, el destino de esta chiquilina, que tenía 16 años, era delirante". Finalmente, el jefe retiro la oferta. A cambio, le pidió a Mauricio que le cambiara su short de jean por una túnica tribal.

En cada viaje tomó apuntes que luego usó para sus libros. El más reciente, Diccionario del viajero, es una suerte de homenaje a cada una de esas travesías. Aunque el destino lo llevó a repetir lugares, es partidario de no volver. De hecho, una de las "entradas" del trabajo es "nunca vuelvas" y cuenta lo que le ocurrió en Praia da Pipa, que conoció por recomendación de unos amigos brasileños y a la que volvió 15 años después, con su esposa y su hijo mayor. "Cuando llegué no quedaba nada de Pipa, no la reconocí, buscaba el lugar donde me había quedado y nadie sabía nada… ¡Pipa se había convertido en un resort! Empezás a buscar a la persona que fuiste en aquel momento y nunca la vas a encontrar".

Hoy, casado y con tres hijos, no ha dejado de viajar. "No creo que importe si vas al desierto del Sahara o a Nueva Orleans. Es una ilusión creer que hay lugares a los que hay que ir y otros a los que no. La felicidad te está esperando en cualquier lado. ¿Cómo saber dónde?". Para eso, hay que dejarse ir.

—¿Qué buscás al viajar?

—La vorágine de la vida, que una cosa te lleve a la otra, no saber qué va a pasar con tu vida el día de mañana… Ese derrotero totalmente inesperado. Y otra cosa, siempre espero el encuentro con algo o con alguien.

Ser coherente.

—¿Para qué te vas?

—Para encontrarme a mí mismo.

—¿Y no te podías encontrar más cerca?

Ese diálogo tuvo lugar, platea familiar mediante, entre Guillermo Urrutia (39) y su madre cuando él, en sus veintipico, le contó que iba a renunciar a su trabajo como productor audiovisual para ir de mochilero por América Latina con su novia, Catherina Romanelli (39). Hubo lágrimas y cuestionamientos. Pero la pareja no dudó ni un minuto de lo correcto de su decisión. "Teníamos la fantasía de conocer Latinoamérica desde la adolescencia. Acá me iba bien, pero tenía la curiosidad de ver si eso era todo en la vida". Hoy, la respuesta es clara: había mucho por recorrer.

Volaron a México y vendieron el pasaje de regreso. No tenían un itinerario previsto ni fecha de retorno; solo sabían que el recorrido sería por tierra. Ella artista plástica y él devenido en fotógrafo, apelaron al arte como medio de subsistencia. "Producíamos cosas para ir vendiendo, algo de joyería, cuadernitos artesanales… Vivíamos muy al día y viajábamos siempre fuera de los grandes circuitos". Cuando geográficamente estaban cerca de Uruguay, la crisis de 2001 los volvió a alejar. Atravesaron Brasil con un bolso con refuerzos de milanesa y llegaron a Venezuela con 40 dólares en el bolsillo. "Ahí nos fue re-bien, la bijou que hicimos se volvió moda y decidimos volver a Uruguay". A esa altura ya había nacido uno de sus grandes proyectos, la agenda La Bufa, el "ancla económica" de cada año.

La vuelta a Uruguay fue transitoria. Compraron un terreno en la playa La Serena, en La Paloma, y construyeron su casa con los árboles que cortaron del predio. Volvieron a partir para dar "varias vueltas más" por Sudamérica, pasaron un verano en España y recorrieron China, Laos, Vietnam y el Tibet. Regresaron al Sur con otro gran proyecto: "Ampliar la familia".

Unay (4) nació en 2011 y las ganas de seguir conociendo el mundo cobraron nuevos bríos. "El entorno nos decía que teníamos que parar, pero el nacimiento nos impulsó a ser más honestos con nosotros mismos. Y donde nos gustamos más es en esa situación: viajando". Decidieron comprar una casa rodante (en México, por un tema de costos) y mostrarle al niño Latinoamérica. En una de sus escalas sobre el océano Pacífico concibieron a Mitaí (1 año y medio), que nació en Uruguay para unirse luego a la travesía familiar. "La vida en una casa rodante está siempre expuesta al afuera, tenemos una casa chiquita pero un jardín enorme", reflexiona Guillermo.

Hace pocas semanas, tras cruzar la Amazonia y recorrer el litoral brasileño, entraron a Uruguay por Paysandú, el pago natal de Guillermo. La idea es recargar energía y presentar dos libros que acaban de editar (ver recuadro). Y ya tienen planes para el dinero que recauden con las ventas: embarcarse en marzo junto a su casa con ruedas en el puerto de Montevideo y cruzar el Atlántico hasta Europa. El regreso, algún día, será por el lado del Pacífico.

—¿Cuál es la mejor enseñanza?

—La mayor enseñanza que nos deja, y que nosotros le estamos dejando a los gurises, es que frente a cualquier obstáculo y sueño tenemos que pensar que si queremos lograrlo lo hacemos. Todo lo podemos hacer, el único límite somos nosotros mismos.

Un sueño y una batalla en rosa.

En cada destino al que llega, Ana Carolina Squitín estudia y planifica su siguiente escala. Desde su camioneta y con su notebook, estacionada en cualquier rincón tranquilo y seguro del globo, se contacta con instituciones vinculadas a la lucha contra el cáncer de mama, el motor de la vuelta al mundo que llamó Se hace camino al andar. Sin relación directa con la enfermedad ni otro fin que promover su concientización y detección precoz, organiza y dicta clases de gimnasia gratuitas. "Preocupada por la gran amenaza llamada cáncer que sufre la población mundial es que decidí hacer de mi sueño una herramienta más de batalla a esta epidemia", cuenta. Cámara en mano, graba y registra en imágenes cada instancia, que luego procesa en su web y difunde a través de Twitter y Facebook. "He conocido mucha gente sobreviviente que te hace valorar la vida y tomar fuerzas", dice.

Historias que viajan al papel.

Viajar y escribir son dos actividades que parecen ir de la mano. Como forma de compartir experiencias y juntar fondos para seguir su travesía, Guillermo Urrutia y Catherina Romanelli están en Uruguay para presentar el libro de fotografía y arte El Carakol, vamos lento porque vamos lejos y La historia de América según Unay, una fábula infantil creada por su hijo que es el primer título de una colección llamada Mitaí y Unay recorren el mundo.

CLAVES, MISTERIOS Y ENSEÑANZAS DE VIVIR POR EL MUNDO.

El secreto.

"La experiencia fundamental de la vida es cómo vos te relacionás con el otro. Y en los viajes esa experiencia se multiplica. Cuando llegás al desierto de Gobi no tenés historia...Entonces cada lugar te da la oportunidad de vivir una nueva vida, de ser otro. Todo lo que la vida te fue dejando en el tintero acá, allá sí se puede dar. Y tenés esa ilusión". Mauricio Bergstein.

La gente.

"Después de que hemos andado bastante por el mundo los paisajes empiezan a parecerse o a perder interés. Pero la gente no. Hace poco estuvimos en Paraguay, un país que no tiene muchos atractivos turísticos, pero nos enamoramos del lugar y queremos volver. Y eso sucede por la calidad y las historias de la gente". Guillermo Urrutia.

El entusiasmo.

"Viajar es una forma de aprendizaje real que no se puede encontrar en ningún otro lugar. Capaz que también hay días normales, pero levantarse y sentir que algo increíble está por pasar, todos los días de tu vida, nos encanta". Nicolás y Germán Kronfeld.

Los prejuicios. "Al viajar me he vuelto más abierta de mente en cuanto a no criticar y no discriminar, todo eso que hacemos los humanos y trae tantos problemas en el mundo". Ana Carolina Squitín.

TERRORISMO.

Un golpe para el turismo.

Por estos días, el turismo acusa el golpe de los atentados terroristas ocurridos el viernes 13 en París, en los que murieron al menos 129 personas. Mientras algunas fuentes del sector sostienen que el impacto negativo será "pasajero", en estos primeros días en la capital francesa la clientela en restaurantes bajó 50% y la ocupación hotelera 22%. Más allá de estos sectores, la demanda en las aerolíneas también está siendo afectada.

Según la agencia Europa Press, asimismo se verán perjudicados en el corto plazo el turismo de negocios y los parques de ocio. De hecho, Disneyland Paris y el mercado de Navidad en los Campos Elíseos estuvieron cerrados un par de días. En ese contexto, un grupo de comerciantes y dueños de locales gastronómicos comenzó el lunes pasado la campaña Todos al bistró, como una forma de luchar contra el miedo y rendir homenaje a las víctimas.

Según la Organización Mundial de Turismo (OMT), los ataques marcan un precedente en el turismo mundial, igual que ocurrió con los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos. "Es evidente que el turismo es un fenómeno global que involucra el movimiento de miles de personas y por lo tanto no es inmune a este tipo de golpes y es altamente vulnerable", dijo Carlos Vogeler, representante de la OMT.

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