Viajes

El viaje en tren más legendario

El Transiberiano ha fascinado a viajeros desde su inauguración, en 1904. Pasado y presente de un recorridocolmado de épica.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Hoy una ruta de Moscú a Beijing de 21 días con comodidades cuesta US$ 24 mil.

"El Expreso Transiberiano es como un crucero a través de un paisaje oceánico", escribió Paul Theroux en The Great Railway Bazaar (1975), uno de los tantos libros que tienen a este mítico viaje en tren —soñado por muchos, realizado por pocos— como gran escenario de fondo.

A lo largo de su vida, Theroux confesaría ser un fanático de esta travesía, al punto que la realizó varias veces. Lo mismo le ocurrió a otros viajeros, escritores y poetas —como Pablo Neruda, Ryszard Kapuscinski o Guy Goffette—, quienes alguna vez se inspiraron en esta histórica línea ferroviaria que, desde el 21 de julio de 1904, une Moscú con Vladivostok, en un viaje de siete días y 9.288 kilómetros que conecta la Rusia europea con las provincias del Lejano Oriente ruso, Mongolia y China.

Considerado el viaje en tren más largo del mundo, el Transiberiano en rigor tiene tres variantes. Una es el itinerario clásico, el original, que va desde la capital de Rusia hasta Vladivostok, ya en el mar de Japón. La segunda es el llamado Transmanchuriano, que conecta Moscú con Beijing en seis días, y que por lo mismo es la más popular entre los turistas, pues pasa por la Gran Muralla. Y la tercera es el Transmongoliano, que conduce a Beijing en cinco días, pero descendiendo por un camino distinto, que cruza el desierto del Gobi y se entromete en los remotos parajes de Ulan Bator, la capital de Mongolia.

Y en los próximos años incluso podría existir una alternativa más. Se trata del proyecto de un nuevo riel de alta velocidad que uniría Moscú y Beijing en solo 48 horas (en lugar de seis días), y que ya fue anunciado por algunos medios de prensa.

Una nueva variante de un viaje legendario que sigue siendo la vía de comunicación más importante de Rusia y que está en la misma línea de las rutas más emblemáticas en tren del mundo, como el Blue Train de Sudáfrica o el Orient-Express entre Londres y Viena.

Viaje inspirador.

Julio Verne es uno de los autores que comúnmente se asocian a la creación del mito del Transiberiano, en especial por su obra Miguel Strogoff, de 1876. Si bien no escribió precisamente sobre el tren —el ferrocarril aún no estaba listo: las obras comenzaron recién en 1891—, los viajes y aventuras de su protagonista fueron la carta de presentación que puso a Siberia en el mapa literario, al menos para el mundo occidental.

El Transiberiano original fue construido entre 1891 y 1904. La idea era unir Moscú con Siberia y otros destinos aislados, que conformaban el "Lejano Oeste" de los rusos. La vía fue armándose simultáneamente desde los dos extremos, y en la obra participaron más de 100 mil trabajadores. Una vez concluida, la ruta se encaramaba a través de 400 puentes, 87 poblados y 16 grandes ríos. Antes de que existiese el Transiberiano, una carta de Moscú a Siberia demoraba tres meses en ser entregada. Con el tren, quince días.

Este ferrocarril significó, además, que muchos poblados a lo largo de la línea del tren comenzaran a desarrollarse. Hoy, algunos de ellos se han convertido en las urbes más modernas de Rusia, como Kazan, ubicada en plena zona petrolera.

Previo a la Revolución Rusa de 1917, el Transiberiano tenía coches con camas, restaurantes, biblioteca y hasta compartimentos con sauna y baño turco, signos de lujo que desaparecieron tras la irrupción bolchevique. Desde entonces el tren pasó a ser solo un medio de transporte estatal para llegar a la remota Siberia, donde las temperaturas pueden alcanzar -40°C.

Pero aunque perdió comodidades, su importancia para Rusia siempre fue vital: durante la Segunda Guerra Mundial, jugó un importante rol en el suministro de las fuerzas que luchaban en Europa, al igual que para la guerra con Japón.

Pascual Ibáñez es un chileno que viajó durante la época soviética. "En esos años el tren no tenía duchas adentro y los vagones eran simples, con cuatro literas disponibles en cada compartimento", recuerda. "La comida era sencilla, con huevos al desayuno y otras preparaciones más locales. Además, el tiempo para descender en algunas ciudades era limitado".

La épica de un tren.

Tras el fin de la Unión Soviética en 1989, la ruta del Transiberiano se abrió a la posibilidad de tener trenes privados, para no ser solo una línea ocupada por rusos en sus traslados locales. El actor más importante fue la empresa británica GW Travel (hoy Golden Eagle Luxuty Trains), quien acordó con las autoridades rusas la puesta en marcha de un tren de lujo para la ruta clásica y la Transmanchuriana. Su iniciativa se concretó en 2007. En el caso de la ruta que va de Moscú a Beijing, se trata de un exclusivo viaje de 21 días con todas las comodidades y que cuesta 24 mil dólares por persona. El Golden Eagle tiene cabinas con dos camas, armario, televisión, DVD, calefacción y baño con ducha. Los comedores incluyen arpista y pianista, y las excursiones permiten visitar con mucho más holgura ciudades como Irkutsk y el lago Baikal.

Los viajeros conocen lugares únicos, como el cruce de los montes Urales o la vista hacia el lago Baikal, en Siberia, considerado el más profundo del mundo: alcanza los 1.680 metros. "Imagina que hacer este viaje es como atravesar un tercio del diámetro del mundo", dice Ibáñez. Pero las experiencias hacen que la extensión del viaje —el Transiberiano atraviesa ocho husos horarios distintos— pase prácticamente inadvertida. * El Mercurio

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