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Un viaje por lo menos conocido de la Patagonia

Árida y solitaria, la región andina del Norte de Santa Cruz es uno de los grandes paraísos naturales de Argentina. Un nuevo circuito, compartido con Chile, permite explorarla en pocos días.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La Cueva de las Manos es un buen lugar para ver pintura ruprestre

El chofer del auto apenas tuvo tiempo de parar sobre el camino de ripio. ¡Un puma! El animal ya había saltado hacia el monte al borde del camino. Al reparo de la vegetación, sin embargo, se tomó el tiempo de mirar a los intrusos que interrumpieron su plan de caza. Luego de comprobar que no se trataba de depredadores y que nadie vendría a pelearle el rebaño de guanacos cercano, se alejó tranquilamente, lo suficiente como para dejarse sacar unas fotos.

La escena parece improbable, pero es íntegramente de primera mano. Le puede pasar a cualquiera que se anime a recorrer las inmensas soledades del noroeste de la provincia de Santa Cruz. Lejos de El Calafate (unos 700 kilómetros), el turismo masivo nunca llegó a Los Antiguos, Perito Moreno y menos aún a Lago Posadas.

La ruta 40 apenas roza esta comarca: "Si los viajeros no paran a recorrer esta región es más que nada por falta de información", dice Guido Vittone, coordinador de la Fundación Flora y Fauna para el Parque Nacional Patagonia. Este porteño se instaló hace varias décadas a orillas del lago Buenos Aires y se convirtió en uno de los mejores conocedores y promotores de la región. Es uno de quienes prepararon el nuevo circuito que puso en pie y difunde su fundación, junto con el Conservation Land Trust (CLT) del fallecido ambientalista Douglas Tompkins. Hace meses que recorre la zona y la plasma sobre el mapa que se entrega desde hace algunas semanas a los viajeros de paso. Esta ruta se puede considerar como la novedad turística en el Sur.

Modelo de preservación.

Flora y Fauna y el CLT son dos organismos similares. De hecho el primero fue inspirado por el segundo. Aplican el modelo de Tompkins: comprar tierras en forma privada para devolverlas a su estado natural y entregarlas luego en condiciones para que sean erigidas como Parques Nacionales. De esta forma se creó el año último el parque más joven del país, Iberá, en Corrientes; y el Patagonia en 2015. Vittone agrega que además de crear parques, la idea es fomentar el turismo bajo un modelo de preservación.

Flora y Fauna adquirió varias estancias en aquella remota región. La primera fue la 9 de Julio. Hoy es el Parque Nacional Patagonia, cuyo objetivo consiste en tratar de salvar el macá tobiano, un ave acuática endémica y a punto de desaparecer. La fundación también es dueña de La Ascensión, a orillas del lago Buenos Aires y de Los Toldos, donde se encuentra el sitio arqueológico de la Cueva de las Manos. "La meta es seguir comprando tierras para agrandar a futuro el parque existente. Del otro lado de la frontera, el CLT compró lo que era la mayor estancia del Sur chileno en el Valle Chacabuco. Se prevé que junto a otras dos reservas naturales ya existentes pase a formar el Parque Nacional Patagonia de ese país en 2020. Así, cuando los dos parques se unan en la frontera, tendremos el primer espacio natural protegido binacional".

La meseta del macá tobiano.

La gira empieza en La Ascensión, que Flora y Fauna califica como portal. Estos llamados portales son las bases turísticas que preparan para impulsar el turismo en torno a sus proyectos de conservacionismo.

Antes de subirse al auto se recorre la infraestructura de La Ascensión, como su galpón de esquila y su escuelita rural; y se caminan senderos por el monte estepario o la playa del lago Buenos Aires. La fauna todavía no regresó masivamente como ocurrió en el Valle Chacabuco en Chile, pero Vittone explica que lo primero que hacen es sacar las cercas en los campos, así vuelven los grandes animales como los guanacos y los choiques, y con ellos sus predadores. De esa forma se vuelve a formar la cadena natural original. También cuenta que el lago Buenos Aires es compartido con Chile. Es el más grande de la Patagonia pero la mayor parte de su superficie está bajo la custodia de la bandera de la estrella.

Lago Buenos Aires es también el nombre de la meseta cuya silueta cierra el horizonte mirando al Sur. Con el mapa que distribuye la fundación, Vittone sigue entusiasmando sus visitantes: "Es el mayor relieve de la región. Es como una inmensa montaña trunca y prácticamente plana. Su altura es de unos mil metros, así que la tenemos presente en el paisaje a lo largo de la mayor parte del recorrido. Allí arriba se encuentran las lagunas en las que nidifica en forma casi exclusiva el macá tobiano". El siguiente portal está en Los Toldos.

La cueva del enigma.

Hay que ir hasta Perito Moreno (el pueblo, no el glaciar) y empalmar con la ruta 40 hacia el Sur. A unos 60 kilómetros, un cartel avisa dónde bifurcar para ir hasta la Hostería Cueva de las Manos. Se trata de un pequeño hotel de campo y aunque la intención no sea pernoctar allí, se puede parar y pedir más precisiones sobre la Tierra de Colores, una especie de Purmamarca del Sur, sólo que totalmente desconocida.

Caminando por encima de ese paisaje marciano, se descubre un cañadón multicolor escondido entre los relieves. Es como si se hubiesen tirado miles de tarros de pintura pastel de colores rosa, naranja y amarillo. Se sigue luego la ruta 40 por un corto tramo hasta un camino de ripio en dirección al sitio de la Cueva de las Manos. Al poco tiempo está el Cañadón Caracoles. Merece ser visto: el río desapareció y ha dejado un rastro salitroso de un blanco cegador bajo el sol, en el fondo de un cañadón.

Finalmente se llega al Portal Río Pinturas, el centro turístico desde donde se accede a las cuevas. Estas —que en realidad son más bien aleros rocosos— se conocen solo con guías, desde pasarelas de madera. En el fondo del cañadón corre el río Pinturas, que crea un oasis verde en medio del desierto.

En cuanto a las pinturas rupestres, son tal y como se las vio tantas veces en fotografías y reproducciones. Pero no por eso dejan de impactar. Además de las manos, hay algunas escenas de caza y motivos abstractos. Cada estilo corresponde a una época. Las más antiguas tendrían hasta 13.000 años, según estudios recientes. Este dato pone en duda la teoría más consensuada sobre la colonización de las Américas por el Estrecho de Bering en la misma época. ¿Cómo podrían estar los primeros americanos recién ingresando por el actual Alaska y dejar sus manos en las rocas del extremo opuesto del continente al mismo tiempo?

De paso por Chile.

La Cueva de las Manos no es el único sitio con petroglifos de la región. Pero ninguno aporta elementos para resolver el enigma. Se llega así a Bajo Caracoles, donde se deja la ruta 40 y su confortable asfalto (a partir de entonces solo habrá caminos de ripio hasta volver a Los Antiguos). Los mapas son benévolos y le dan el rango de pueblo. En realidad se trata de un pequeño conjunto de casas: sin duda hay más guanacos que vecinos.

La meta es Lago Posadas, una localidad que sigue apareciendo en algunos mapas como Hipólito Yrigoyen. Es una metrópolis al lado de Bajo Caracoles: tiene varias manzanas y una plaza central.

La localidad toma su nuevo nombre del lago más cercano, donde están dos de los mayores atractivos del circuito. Por un lado un arco natural de piedra en medio del agua; y por otro una curiosidad geográfica única. El lago está pegado a otro, el Pueyrredón: ambos están separados por una estrechísima y rectilínea franja de tierra. Cada espejo de agua tiene temperaturas y colores distintos: uno es turquesa y el otro más bien azul. Se comunican gracias al que es seguramente uno de los ríos más cortos del mundo: mide apenas unos 200 metros y vuelca las aguas del Posadas en el Pueyrredón (también compartido con Chile).

El camino sigue hasta el futuro Portal Roballos, que recibirá a los visitantes cerca del paso fronterizo del mismo nombre. Ya estamos sobre las tierras que Tompkins compró para formar el futuro PN Patagonia en el país vecino. Los paisajes han cambiado notablemente y la estepa desértica, con sus pequeñas salinas, ha dejado lugar a una vegetación que se fortalece kilómetro tras kilómetro. Pero más que los verdes, lo que llama poderosamente la atención es la enorme cantidad de guanacos. Las manadas se suceden sin tregua. Y por esta razón, es altamente probable avistar pumas a la vera misma de la ruta. 

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