RAFA VILLANUEVA

"Viajar es lo mejor que le puede pasar a alguien"

De notero de fútbol a cronista popular por el mundo, siempre con una mirada irreverente que también puede dejar espacio a las emociones.

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Rafa Villanueva (Foto: Ariel Colmegna)

LUIS PRATS

Mientras sobre el mediodía montevideano amenazan lluvias, tormentas y ciclones, Rafa Villanueva sigue durmiendo en su apartamento a pasos del puerto del Buceo. No es la resaca de alguna salida, sino el descanso que sigue a sus periplos de cada fin de semana por el interior para su programa Súbete a mi moto. El sábado estuvo en Nico Pérez y el domingo cruzó todo el país para llegar a Nueva Helvecia y grabar la segunda parte. Y regresó a su casa, rendido como de costumbre, al caer la noche.

Detrás de los infaltables anteojos está la cara de sueño y un ligero bronceado que nació durante la cobertura de la Copa América centenario y se mantiene debido a las frecuentes incursiones por campaña.

Este ingenioso cronista de vida y costumbres de tierra adentro y también de tierras extranjeras nació en el Hospital de Clínicas el 9 de diciembre de 1972, a eso de las seis de la tarde. Catorce pisos más abajo, en el Estadio Centenario, se estaba jugando un clásico (terminó 1 a 1 para más datos). "El ginecólogo le dijo a mi madre que yo iba a salir muy futbolero. No le erró, porque mi primer sueño fue ser el número nueve de Peñarol", relata, luego de que la llegada de cronista y fotógrafo cortó su descanso. Sin embargo, abandonó pronto ese proyecto, porque a él le gustaba el fútbol más para divertirse que para competir. Con los años, sin embargo, la pelota le serviría como puerta de entrada a su actual profesión.

Los medios.

Antes hubo una larga búsqueda, que empezó con un trabajo en una ferretería apenas con 15 años y a los 17 yéndose a vivir solo. "Siempre fui muy independiente. Mi viejo no estuvo desde temprano y mi madre trabajaba mucho para mantener la casa. Tenía la libertad de hacer los deberes cuando se me ocurría, pero los hacía, porque fui aplicado y pasaba de año con buenas notas", recuerda. Y siempre fue Rafa, desde la escuela: muy pocos lo llaman Rafael Villanueva.

Su ingreso a los medios resultó accidental, aunque se terminó cumpliendo la profecía del doctor. "Yo era oyente calificado de Fútbol y compañía, un programa que tenían el Profe (Ricardo) Piñeyrúa y Rómulo Martínez Chenlo en Nuevotiempo. Llamaba, opinaba, participaba en los juegos, llevaba discos", cuenta.

Cuando Piñeyrúa se marchó a El Espectador, quedó un espacio para él en Nuevotiempo y Martínez Chenlo lo invitó a ocuparlo. "Pensé: voy a probar un año a ver si resulta. Y resultó", se ríe. Después también él se fue con el Profe a 13 a 0. Su estilo ocurrente y desfachatado pegó muy bien con lo que se buscaba en el programa, siguiendo un estilo que Jorge Piñeyrúa y Gonzalo Delgado ya habían lanzado al aire.

A partir de aquellos programas radiales llegaron otros y después la televisión: Cerrá y vamos, Dale con todo. Hasta que en 2005 se incorporó a Canal 12 con Planta Baja. Luego, hizo especiales sobre el Martín Fierro, el Grammy y otras entregas de premios, así como Miss Universo. Enseguida empezó con Sin atajos, un programa de fiestas populares en América Latina, Estados Unidos y Europa. Y finalmente se subió a la motoneta Jessy... "Por suerte, en el canal nunca paré", asegura.

En el Buceo ya llueve, pero Camden sigue esperando pasear con su dueño. Es un border collie cruza con no se sabe quién, que apareció abandonado y Rafa rescató.

Timidez.

Ya desde la radio fue movilero, todo el día en cada cancha o en la calle, charlando con los futbolistas. Después simplemente cambiaron los entrevistados, en viajes, fiestas o donde fuera. Precisamente, Villanueva parece la persona indicada para enfrentar cualquier persona o situación sin ruborizarse. Sin embargo, no es tan así: "Yo siempre fui un tipo muy tímido y lo sigo siendo. En mis círculos de confianza era el ocurrente, el payaso del grupo, pero afuera no. Uno después va dejando la timidez con la experiencia. La cámara y el micrófono colaboran para romper el hielo. La gente empieza a conocerte y te facilita las cosas", explica.

Hizo también stand up con guiones de Manuela Da Silveira, basado en sus andanzas por el mundo. "Fue una experiencia divertida y muy enriquecedora. Cada tanto nos seguimos presentado con eso en el interior. Me hubiera gustado mucho ser actor y no lo descarto a largo plazo, aunque no sé si será posible. Necesito formarme para actuar", explica.

El intenso trabajo en el canal lo obligó a dejar otras actividades, como la radio. Todos los fines de semana sale con el productor Federico Gutiérrez y un camarógrafo, por lo general Rafa Antonaccio, más el ya famoso scooter en la caja de la camioneta, rumbo al interior.

Cada periplo está cuidadosamente preparado por la producción desde Montevideo, aunque luego las entrevistas parezcan el resultado de encuentros casuales. "Somos como los grupos de cumbia: llegamos, tocamos y nos vamos", relata. Dos o tres veces por año viajan también al exterior y han llegado a utilizar una motoneta alquilada en el lugar. Así recorrió, por ejemplo, Buenos Aires y Río de Janeiro.

Esos bailes.

Claro que no es turismo: "Si nos toca el baile de un raíd hípico, cenamos temprano en el hotel, nos acostamos un rato, nos levantamos dos y media para ir al baile, luego dormimos unas horas más y nos despertamos temprano para ir al raíd, que arranca de mañana. Eso de dormir en tandas es muy cansador. Y dos domingos por mes tenemos esos bailes", cuenta. Lo que sucede es que las actividades tienen públicos diferentes: los que van a bailar, los que asisten solo al raíd y los que del baile se van a la carrera, cansados y alegres. Y ellos los entrevistan a todos.

Ante cada situación que va encontrando en sus coberturas, Rafa no puede quedar en blanco, sino que debe aportar el comentario gracioso y oportuno. "Siempre fui muy ocurrente pero entre el hecho y la ocurrencia pasaba un tiempito. Nunca fui el de hacer el primer chiste en una reunión. Ahora lo tengo más entrenado. Pero hay algo que el público no sabe: este es un trabajo de a tres. Muchos chistes o salidas que la gente ve como mías, son del productor o del camarógrafo", aclara. "Somos un equipo muy bien aceitado".

Más allá de la exigencia, está muy entusiasmado con su trabajo. "Viajar es lo mejor que le puede pasar a alguien en la vida, es algo que te va a acompañar siempre", asegura, aunque aclara que como no tiene hijos, no puede comparar las experiencias. Un ejemplo de esa afición: fue capaz de preparar un programa en Machu Picchu, volver a Montevideo y a los dos días regresar a Perú para ver las mismas cosas pero como turista junto a su pareja.

La repercusión.

¿Y cómo lo reciben los lugareños en el interior? "Lo de la gente no tiene parangón. Eso no tiene precio. Es increíble y cada vez más —enfatiza—. Al principio, era entendible, no nos conocían y veían a tres pibes haciéndose los graciosos... En cuanto decodificaron el espíritu del programa, inmediatamente nos abrieron los brazos y las puertas. Nos sentimos muy queridos en el interior".

El efecto sorpresa de los primeros tiempos ya no corre, por lo cual deben buscarse nuevas salidas inesperadas, aunque los entrevistados también colaboran. Una vez le prepararon empanadas de arena. "Me las dio una niña con una canasta. Parecía Caperucita Roja. Tomé una empanada, la probé y...", recuerda, todavía chasqueado.

Otra vez lo imprevisto vino por el lado emotivo: se le presentó una mujer con un bebé, su nieta, y le dijo les habían puesto Rafaela por él. "Se me llenaron los ojos de lágrimas, no lo podía creer. Vos vas, laburás y no tenés idea de la repercusión que puede tener un programa, hasta dónde entrás en la vida de la gente. Un hombre que había tenido un divorcio bastante complicado, cuyos hijos estaban enojados con él, me comentó que ver con ellos Súbete a mi moto fue la primera instancia de acercamiento. Son cosas que no se te cruzan por la cabeza si no es alguien que viene y te lo comenta", relata.

New York, New York...

Entre trabajo y placer, Rafa Villanueva visitó más de 30 países. Conoce toda América salvo Bolivia y Honduras. Y en algunos sitios estuvo seis o siete veces. También anduvo por varios países europeos y hace poco fue como turista a China. Le resulta difícil elegir los mejores sitios, salvo el primero de su ranking: Nueva York.

"Los gobiernos deberían tener la obligación de pagarle un viaje a cada persona a Nueva York. Seríamos todos mejores personas", afirma.

También confiesa haberse emocionado mucho al ver Machu Picchu y el Partenón. "Sin ninguna explicación, llegué y me puse a llorar. Y fuerte", recuerda.

No le llamó la atención Ciudad de Guatemala, muy pobre y con altos índices de criminalidad, pero asegura que Guatemala es uno de los países más lindos del mundo. "Tiene 18 ecosistemas diferentes", cuenta.

Además, dice que nunca tuvo problemas grandes en sus viajes, salvo algún baile de aviones. "Nunca un terremoto ni un golpe de Estado", comenta, risueño. "Un par de veces nos robaron, pero también te puede pasar acá a tres cuadras" agrega.

Sin embargo, a la hora de elegir, dice que lo mejor de su trabajo fue "conocer todo el Uruguay".

SUS COSAS.

La Jessy.

La motoneta Vespa modelo 52 que lo acompaña en Súbete a mi moto ya es "una compañera más del programa", asegura Rafa. Es propiedad de la productora Contenidos TV. Pero el público la hace un poco suya: es común que la gente se saque fotos con ella.

Los lentes

Los usa desde que tenía dos años, ya que sufre de miopía y astigmatismo, y se han convertido en una de sus marcas de identidad. Le ofrecieron operarse la vista pero no aceptó: sería un cambio de imagen demasiado grande. "Ya son parte de mí. Tengo dos piernas, dos brazos y un par de lentes", lo define Villanueva.

Antonio Pacheco.

El Tony le propuso ser uno de los coconductores de la fiesta de su partido de despedida y Rafa aceptó de inmediato. "Pacheco es el hincha que cumplió su sueño de jugar en Peñarol y ser su capitán. Y por eso me veo reflejado en él", afirma. Además, hay una muy buena relación.

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