FEDERICO VEIROJ

"Ver películas es como un aprendizaje emocional"

Conocido también como “Cote”, es director de títulos como La vida útil y El apóstata. Acá, habla sobre el desafío de hacer cine y lograr una conexión con los espectadores.

Federico Veiroj
Foto: Marcelo Bonjour

Cuando Domingo llega puntualmente a la confitería elegida por el entrevistado, Federico Veiroj ya está ahí desde hace un rato. Ocupó un lugar, desplegó su laptop y está hablando por teléfono. Al director, guionista y productor de cine le gusta ser puntual —"Soy la persona más puntual que conozco", dirá luego durante la charla— y hace tiempo que dejó de enojarse cuando la persona con quien quedó en encontrarse llega tarde, algo que ocurre bastante a menudo. Es más: llega antes a propósito, para tener tiempo de esperar y, mientras espera, dedicarse a sus cosas. "Me acostumbré a esperar tanto que ahora me gusta".

Veiroj es conocido por amigos y colaboradores como "Cote" y el primer pantallazo de su personalidad en el cine no fue atrás, sino adelante de la cámara. Fue en la película 25 Watts (2001, Juan Pablo Rebella-Pablo Stoll) que él, interpretando a un muchacho algo lelo llamado Gerardito, llamó la atención.

Pero eso fue algo circunstancial, dice. Porque Veiroj tuvo claro desde muy joven que quería estar atrás de la cámara, dirigiendo. Cuando era adolescente, se empezó a dar cuenta de que la "culpa" de que él sintiera todo lo que sentía cuando veía una película, era del director. "La culpa era de Buñuel, Antonioni, Kurosawa..." enumera y se acuerda cuando más o menos a los 14 años de edad empezó a pensar dirigir cine: "Veía muchas películas, a veces una por día. Sentado en la sala de cine, a menudo solo, me daba cuenta de que el director era el encargado de yo me emocionara o me viera reflejado en determinadas cosas. Y me pareció algo muy tentador tener la posibilidad de generar en otros lo que el cine generaba en mí".

Pero cuando Veiroj terminó el liceo era bastante extravagante decir "quiero ser director de cine". Además, en esa época —principio de la década de 1990— no había una escuela de cine como hay hoy. Veiroj se matriculó en la carrera de comunicación social en la Universidad Católica. Era lo más cercano que había encontrado para poder empezar a dar pasos hacia el ansiado primer día de rodaje como director. Ahí, en los pasillos de esa universidad, en tareas y ejercicios grupales, conoció a los directores de 25 Watts y a otros cómplices suyos, como Arauco Hernández, director de fotografía de más de diez distintos largometrajes nacionales y que debutó como director de cine con Los enemigos del dolor (2014).

Cuando egresó de la Universidad Católica no se puso a hacer su primera película. Una relación romántica, más las ganas de conocer una realidad distinta a la uruguaya se unieron y se fue a España, donde vivió seis años. "Siempre tuve ganas de vivir fuera de Montevideo", comenta, pero esas ganas no parecen estar vinculadas a una actitud quejosa o crítica hacia la ciudad. Más bien, parecían responder a curiosidades, ganas de explorar y conocer otros lugares.

Él dice que esos seis años no cambiaron sustancialmente su mirada sobre su propio país y cultura. "Lo que sí me pasó fue que en España me percaté de que somos herederos de una burocracia mental que tiene que ver con la Península Ibérica, tanto en el buen como en el mal sentido de la palabra. Pero eso le puede pasar también a un argentino respecto a su herencia o su ascendencia italiana, creo. Me parece que entendí más el costado español de Uruguay".

Una vez regresado, empezó a trabajar para concretar su meta. Primero presentó Bregman, el siguiente (2004), un cortometraje sobre un adolescente que se prepara para su bar mitzvah que le reportó dos premios internacionales: uno en el Festival de Valencia y otro en de Gijón.

Ese personaje, Rafael Bregman, siguió de largo y se metió en el primer largometraje de Veiroj, Acné (2008 ), título adolescente si los hay aunque la película tuviera un tono más sosegado y maduro que los arrebatos y los vaivenes típicos de esa edad. Y otra vez ganó varios premios en festivales de cine internacionales.

Con su primer y premiado largometraje, Veiroj ya era director de cine. Pero no sintió que había llegado a ningún lugar en particular. "No, la verdad que no. No me levanto de mañana pensando ahora soy director de cine. No tengo una tarjeta de presentación que diga eso. Es que para mí lo de ser director de cine es algo vinculado a lo emocional, a una conexión de ese tipo. Era una posibilidad entre muchas lograr eso: emocionar a alguien, y que alguien le gustara lo que yo hiciera. Que eso que hago genere la misma sensación que se producía en mí cuando veía una película. Para mí, es una necesidad ver películas, y me parece que hay que proteger esa necesidad. Ver películas es aprender, pero es un aprendizaje emocional. Es una conexión, sea con una un film de género, un western, lo que sea. No por un tema de llorar, sino que uno pueda ver algo que a uno lo pueda trastocar o maravillarlo, aunque sean los efectos especiales, da igual". Dice que sigue conectado con eso, que necesita seguir sintiendo cosas como cuando veía películas solo en un cine, por más que él ahora esté atrás de un monitor.

A ese auspicioso debut le siguió La vida útil (2010), una película donde verosimilitud y fantasía pura se entremezclan en el cuento de un personaje que se queda sin trabajo luego de décadas de estar encapsulado y protegido por el cine mismo, ya que trabaja en Cinemateca Uruguaya. Personajes reales y ficticios entran y salen del relato confeccionado por Veiroj, que también fue el guionista y productor, como siempre ha ocurrido hasta ahora.

Las historias que Veiroj ha contado en la pantalla hasta ahora han sido escritas por él, porque todas han nacido de necesidades personales. "Escribir, para mí, es empezar a traducir lo que yo imagino ver en una pantalla. ¿Viste eso que uno hacía en la escuela, cuando ponía una moneda abajo de un papel y empezaba a pasar el lápiz e iba surgiendo la imagen de la moneda? Es algo así. Vas marcando y marcando, y de a poquito va a apareciendo algo".

Pero eso va a cambiar luego de Belmonte, su cuarta película, que acaba de terminar de rodar. Ahí se retrata a un artista plástico cuarentón y separado, con una hija pequeña que va a tener una media hermana, lo cual lo enfrenta a algunos dilemas. "Ahora que terminé Belmonte, que espero que se estrene el año que viene, voy a dirigir una película que por primera vez no tendrá un guion mío sino que será la adaptación de un libro llamado Así habló el cambista, de un escritor polaco que vivió en Uruguay y Argentina. Hace como seis años que estoy con ese proyecto junto a Arauco y a otros", cuenta y ahí otra aparece otra de sus facetas como realizador: la constancia.

Porque Veiroj acota que lo que lo motiva es hacer las cosas que le gustan, le lleven el tiempo que le lleven. Aunque eso implique tener que hacer cosas que no le gustan tanto, como asumir el papel de productor de sus propias películas, algo que también siempre ha hecho hasta el momento. "No es lo que más gusta, pero es algo que he tenido que hacer, porque de otra manera las películas no se hubiesen hecho". Como productor, ha tenido que endeudarse para poder dirigir sus películas, y eso hasta ahora no le ha generado conflictos, por más que tenga que mantener una familia con tres hijos.

Con el rodaje de Belmonte fresco en la memoria, Veiroj mira hacia su próxima película y hacia el futuro con ganas. "En el último rodaje se armó un equipo de trabajo muy lindo, donde por primera vez sumamos mucha gente nueva, y joven, al equipo de cuarentones que nos conocemos desde hace años. Y ansío ver las películas que puedan llegar a hacer esos jóvenes. Cuando era adolescente, no tenía mucha gente con quien compartir mi pasión, porque el oficio de director de cine era inexistente. Ahora existe".

La existencia de ese oficio le debe algo a la constancia y el talento de Veiroj, aunque él seguramente nunca lo admitiría.

categorías y críticas

El cine "uruguayo"

Por su estilo, pero tal vez más porque pertenece a una generación que también cuenta entre sus integrantes a gente como Pablo Stoll (Whisky, Tres o Hiroshima), Gonzalo Delgado (Las toninas van al este), Arauco Hernández (Los enemigos del dolor), Daniel Hendler (El candidato) y otros, el nombre de Veiroj a menudo queda asociado al impreciso rótulo "cine uruguayo". "En lo personal, no creo que tenga un estilo uruguayo. Las cosas que se puedan decir de 25 Watts, Whisky u otra película que yo haya hecho... Esas no son películas uruguayas. No tienen nacionalidad. Fueron hechas acá, eso sí. En todo caso la nacionalidad es el cine, y esas películas tienen influencias de todas las épocas. Pero sé que ha pasado. Se habla del bodrio, y el tedio, de la cámara fija. Creo que eso tiene más que ver con el tedio mismo de algunas personas que con las películas en sí". Además, Veiroj no aparenta estar preocupado por lo que se opine de sus películas, aunque la crítica mayoritariamente lo ha elogiado. "No suelo dejarme llevar por lo que digan otros. No estoy muy seguro de lo que hago, siempre tengo dudas, pero voy y hago. No estoy esperando, pendiente de lo que digan los demás, no especialmente".

preferencias

SUS COSAS

Proyecto

Un libro

Así habló el cambista es el titulo del libro que Veiroj adaptará para el cine. El autor, Juan Enrique Gruber, es muy poco conocido. Nació en Varsovia en 1924 y murió en Montevideo en 1981. La novela tiene como protagonista al cambista del título, descrito como un antihéroe.

el apóstata

Su film más exitoso

El apóstata (2015), una coproducción uruguayo-española, narra las viscisitudes de Gonzalo Tamaya (interpretado por Álvaro Ogalla) cuando intenta renunciar a la fe católica. La película ganó el premio de la crítica en el Festival de San Sebastián y está en Netflix: "Ni idea si la ve gente en otros lados, pero solo estar ahí es buenísimo".

lugares

La inspiración

"Las ideas pueden venir de cualquier lado, en cualquier momento", dice Veiroj sobre su proceso creativo. "Me pueden inspirar lugares, o personas. Y no tengo una rutina de escribir. Mientras manejo llevando a los niños voy pensando O mientras me baño o cocino. Últimamente escribo en bares."

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