Comportamiento

¿Está bien tocar bebés extraños?

Niños sonrientes en plazas, parques y otros sitios públicos se hacen “irresistibles” para personas que quieren acariciarlos. Cada vez más los padres tratan de evitarlo.

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Recomiendan tener especial cuidado hasta los tres meses.

La situación es más o menos así: madre caminando por la calle y arrastrando un cochecito con un bebe adentro. Mientras espera que cambie el semáforo para cruzar, una persona desconocida se acerca y le sonríe al bebé. El bebé le devuelve la sonrisa, lo que genera que el desconocido se acerque más y quiera tocarlo. La madre adivina la intención y lo frena: "Por favor, no".

La cruzada de las madres para evitar que los extraños toquen a sus hijos no es nueva. Desde siempre se habla de la importancia de preservar a los bebés (sobre todo a los menores de un año) de las caricias indiscretas de personas que no forman parte directa de su entorno. Pero hoy, cuando los virus y bacterias invaden desde las publicidades, disparando todo tipo de fantasías, la amenaza parece más real. Y —contradicción mediante— los pedidos de las madres para evitar contactos físicos de extraños con sus hijos se viralizan.

Un caso reciente es el de Ana Hanssen, periodista y bloguera de BabyCenter en español. En ese sitio que se convirtió casi en consulta obligada de las madres 2.0, Ana mostró su posición: "Por favor, no les pidan besos a mis hijos", fue el título que despertó todo tipo de comentarios, a favor y en contra. Ahí cuenta que a raíz de que su hija de 3 años se negó a besar a una extraña que le pidió un beso, ella debió intervenir. "A mí me pareció muy bien. Y le dije que está en su derecho de no besar a cualquier adulto que se lo pida, y mucho menos si es un extraño. Yo no quiero que mi hija dé besos a extraños. ¿A cambio de qué?", se pregunta Hanssen. Y, casi sin proponérselo, abrió el debate: ¿está bien que desconocidos toquen y besen a niños pequeños? Y en todo caso, ¿se debe pedir permiso antes de intentar ese contacto?

Para la licenciada Ileana Berman, especialista en crianza, al primero que hay que tener en cuenta es al niño. "Cuando es bebé y no puede decidir si quiere o no besar a alguien o tener un contacto con esa persona, los padres tienen que decidir por él, y lo harán en función de sus percepciones o creencias —dice—. Y cuando ya tiene edad de decir si quiere o no darle un beso a alguien, hay que respetarlo. Ningún niño tiene que ser obligado a saludar a alguien con un beso. Eso sería violentarlo. Está bien que elija y los adultos no pueden ponerse a la par y ofenderse por eso".

El espacio propio corporal es una de las primeras nociones de subjetividad que adquieren los niños cuando se diferencian de su madre. "Está bueno esto de no invadir espacios; con los chicos no puede haber una invasión de espacios propios, que sepan que ese es su cuerpo. Por eso está bien que los padres intervengan cuando el niño se siente incómodo ante un extraño. A veces no tienen las herramientas para decir no quiero que alguien me bese, pero es muy obvia su incomodidad, y entonces es necesaria la intervención de los padres, que deben aprender a decir no sin miedo a quedar mal".

La bloguera Ana Hanssen asegura que el respeto por la propia corporalidad es una de las razones por las que rechaza a los extraños: "Me caen mal los adultos que creen que tienen algún poder sobre el cuerpo de otro ser humano, y mucho más, si se trata de un niño —plantea—. Entiendo que la gente muchas veces lo hace sin pensar que ofende a alguien, pero a mí como mamá me resulta una falta de respeto cuando un extraño toca a mis hijos. Ellos son dueños de su cuerpo y de sus sentimientos. Son los que deben decidir cómo demostrar su afecto. Porque para ellos un beso es una demostración de afecto real. A diferencia de los adultos que lo hacen por cortesía, para los niños un beso es algo íntimo e importante".

Ángeles López es mamá de Pedro, que tiene un año y diez meses. En la plaza, mientras juegan, explica que son varias las veces que un extraño se acerca con la intención de demostrarle afecto a su hijo, sobre todo la gente más grande. Y que aunque la situación no le gusta demasiado, le cuesta plantarse y decir que no. "Prefiero irme, seguir mi camino. Pero ante la insistencia les digo que por favor no lo toquen, que a él no le gusta", cuenta.

Vanesa Carnero, en cambio, se reconoce más relajada con el tema. Mamá de Francesca, de un año y dos meses, dice que no le molestan las muestras espontáneas de afecto de desconocidos, aunque, por supuesto, con los cuidados del caso. "Me guío por la actitud con la que se acercan. En general lo tomo con naturalidad, tal vez porque yo hago o hacía lo mismo con otros bebes —dice—. Con el embarazo me pasaba que la gente quería tocarme la panza y me pedía permiso. Y a mí me parecía raro." Sin embargo, reconoce que varias de sus amigas con hijos son más celosas del contacto con extraños. "Lo hacen sobre todo por temor al contagio de enfermedades. Las entiendo y las respeto, pero tarde o temprano van a empezar a interactuar con otros chicos. No se los puede tener en una burbuja", reflexiona Vanesa. 

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