CABEZA DE TURCO

No te comas los mocos

Cuando yo era chico mi madre me decía "no te comas los mocos". No sé cuándo empezó esa adicción que tuve, muchos años atrás, pero se me pasó. En realidad, no me los comía, me gustaba rascarlos.

WASHINGTON ABDALA

A otros les pasaba que se drogaban, otros se emborrachaban, otros les daba por la noche, bueh, a mí me dio por comerme los mocos (tampoco pongan cara de algo tan tremendo.) De gurí hablo, onda preadolescente, nomás. Una chanchada, ya lo sé, pero me pasaba ¿para qué voy a mentir? Ya fue.

No sé qué le vería a los mocos. Gusto rico no tienen, pero era lo que se me metió en la cabeza. Ya se sabe que el preadolescente es un ser experimental que anda por la vida al borde del suicidio, el homicidio o el acto más piadoso. A mí me dio por el asunto de los mocos. Un asco —ahora que lo pienso bien— pero salí para ese lado y estaba todo el día con el dedito en la nariz, rascando como quien busca petróleo y esperando que nacieran esas protuberancias inmundas para tener micro municiones. Me fascinaba andar por la vida tirando mocos a diestra y siniestra (mejor eso que andar metiendo bombas).

Tenía fijación con los mocos (por favor que mi terapeuta no lea esto) y hacía —con ellos— maldades en los cines. La verdad, agarraba algunos mocos "duritos" y con el pulgar ayudado por el índice se lo ventaba a alguien al que le apuntaba a la nuca para ser más preciso. El moquito duro, chico, sólido, pétreo es una especie de mini asteroide, que si es correctamente propulsado, llega a destino describiendo una especie de curva de rotación galáctica que solo los grandes tiradores de mocos planetarios conocemos a la perfección. La curva que describe —un buen moco— apuntado a la nuca de un inocente es solo comparable a la que describía el Apolo 11 orbitando la Luna. Se requería mucho conocimiento de física para saber que el peso ultra liviano del moco exigía una propulsión dirigida con perfección milimétrica a la que no le podía sobrar fuerza, ni tener demasiada; cualquier error eliminaba la chance de acierto en el blanco. ¡Ah! No era boludez la cosa (cualquier tarado no sabía tirar mocos).

No pocas veces advertí gente que se tocaba la cabeza con la mano como sintiendo que un tábano se les metía por allí. Era mi moco asesino que había llegado a destino. ¡Ahhh! ¡Qué placer! Yo ponía cara de póquer. Toda una proeza que me hacía sentir ingeniero de la NASA y un goce extremo. En el viejo cine Censa supe perfeccionar la técnica porque era tan grande el lugar que o aprendías a hacerlo, o vivirías la frustración eterna de ser un tirador de mocos chambón.

Me van a perdonar, pero el moco propulsado, no es cualquier moco, es un moco consistente, seco, tiene que tener un cierto volumen mínimo y un peso requerido. No anda este asunto si el moco no supera el milímetro y medio. Hay, además, que hacerlo "bolita" para que pierda su forma natural y se transforme en un proyectil que rompa el aire de manera lógica (alguna jerarca del gobierno los hace bolita muy lindos.)

Como toda adicción, el asunto me fue ganando y todos sabían de mis atributos. Esa vanidad me llevó por el camino previsible: me quise superar y pasé al maní con chocolate tirado con una hondita en medio de los cines. Aquello fue el acabóse. Solo quería ir a las matinée de tres películas dominicales del Casablanca para tirar maní a quien fuera. Con el tiempo —los que tuvieron hondas saben de que hablo— le pegás a lo que sea, en movimiento, parado o a como de lugar. Apuntaba y le metía un maní a quien fuera. Esto molestaba, obvio, pero yo me escondía en la oscuridad del cine y podía tirar desde más de diez metros. Y acertaba siempre.

Todo terminó alguna tarde de invierno en que nos echaron a mí y toda mi barra del cine por estar en esas "revoluciones". Fuimos "proscriptos" por el dueño del cine que no nos dejó entrar nunca más a esa sala. Si fuera hoy le armaba una manifestación en la puerta y le ocupaba el cine.

En el fondo, pienso que mi carrera delictiva terminó allí y no hubo que lamentar nada más. De los mocos a los maní con chocolate. Por suerte todo quedó por esa. Me salió regalada.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)