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El tango ya no espera

Cada vez más jóvenes se adentran en el género con una actitud desprejuiciada y con avidez por aprender sus particularidades.

Orquesta Típica Bien De Abajo Foto: Camera Head
Guitarras De Bareto. Foto: Fernanda López Lema
El dúo Hermanos Hernández. Foto: Lucía Surroca.
Javier Toledo y parte de Malbaraje. Foto: Gonzalo Nogueira.
La pianista Mayra Hernández. Foto: Francisco Flores.

Durante añares se escuchó y repitió la muletilla "El tango te espera", que muchos atribuyen a Aníbal Troilo. Otros dicen que fue Osvaldo Pugliese el que la acuñó. La frase se usaba para decirle a los imberbes que el tango —casi que por un determinismo histórico— iba a llegar a conquistarlos.

Algunos incluso le agregaron a la frase la edad exacta en la que el "purrete" iba a llegar al encuentro con el género musical rioplatense: los 40 años. Con cuatro décadas vividas se iba, finalmente, a poder apreciar las múltiples capas de significado y sensibilidad del tango. Al menos ese era el "razonamiento".

Es probable que hubiese algo de verdad en esa postura. Traspasadas algunas etapas y experiencias, solo los más consecuentes —o tercos— siguen defendiendo a capa y espada únicamente la música que tocaban o escuchaban en su juventud.

Pero la paciencia del género, en algún momento, se agotó. El tango dejó de esperar por la llegada de los jóvenes, y salió a buscarlos. Los encontró en distintos lugares de Uruguay: en la Escuela Universitaria de Música, en las milongas donde se baila y se aprende a bailar, en las bandas de rock, en las murgas. Y también se diseminó por Internet para llegar a oídos menos añosos. Ahí, y en otros lugares, el tango encontró a pianistas, bandoneonistas, guitarristas y otros interesados en meterse en las coordenadas de esa música que, como dijo uno de los consultados para esta nota, es un "universo inagotable".

Felipe Giordano, 28 años, se siente parte de una generación más abierta que las que lo anteceden. Toca en el cuarteto Guitarras de Bareto, que hace poco sacó su primer y autotitulado disco y lo presentó en la Sala Hugo Balzo. "Antes decías tango y te decían que era para viejos. Pero ya pasamos a esa generación. Por ahí, la generación que decía eso era la de mi padre. Me parece que nosotros ya estamos del otro lado. Miramos para atrás y vemos que hay una cantidad de música que no podés descartar así, como si nada".

Para él, el gusto por el tango le nació en una milonga. "Cuando era más joven —a los 21, 22 años más o menos—, pasaba mucho tiempo en una milonga de mi primo, durante el verano en Maldonado. Ahí desfilaban muchos guitarristas y otros músicos de tango. De ahí, y de juntarme con mis amigos y con mis compañeros de Guitarras de Bareto e ir descubriendo con ellos, viene el gusto", comenta.

Andrés Bedó, además de tener una extensa trayectoria como músico, es docente en la Escuela Universitaria de Música desde hace una década. De acuerdo a su punto de vista, hay un sostenido interés de gente joven por el tango. "No lo veo tanto como una moda. Una moda puede desmoronarse, y no veo que eso ocurra. Lo que me parece es que hay un interés por todo el tango, no por un estilo o corriente, o por algún músico en particular. Hay avidez por el género en sí".

Durante años el tango estuvo enfrentado al rock. Con una actitud contestataria y contracultural, el rock había seducido a la juventud. Bedó, con 57 años, recuerda esas épocas. "El tango les hacía acordar a los jóvenes a sus padres, con ese sonido rancio. Y se producía una reacción. Pero eso ya no ocurre más. Ya no veo eso en los veinteañeros".

Es más: hoy varios de los músicos jóvenes consultados dejaron los pruritos respecto a géneros musicales que antes eran antagonistas. El bandoneonista Sergio Astengo, 36 años y de la Orquesta Típica Randolfo, señala los casos de Guzmán Mendaro y Nicolás Ibarburu, dos guitarristas que luego de tocar rock durante años empezaron a incursionar en el tango con Julio Cobelli como mentor.

Leandro Fernández, 26 años y pianista de la Orquesta Típica Bien De Abajo, por su lado, arrancó en el rock y en la murga, pero se pasó al tango. "Ahora se está moviendo la cosa. Yo empecé a tocar tango hace unos tres años, y este año me sumé a la Bien De Abajo", cuenta.

La Orquesta Típica Bien De Abajo  es una iniciativa del bandoneonista Néstor Vaz, un emprendimiento algo quijotesco del veterano músico. La orquesta carece de apoyos privados o públicos, y depende del trabajo y el tiempo de sus integrantes. Seguramente porque se necesita mucha energía para llevar el proyecto adelante, la mayoría de los 17 músicos que la integran son veinteañeros.

Vaz sostiene que el objetivo de la orquesta es "pasarle a los muchachos los códigos interpretativos de algunas de las grandes orquestas. He conseguido arreglos originales de agrupaciones tradicionales como las de Troilo, Horacio Salgán, Pugliese, Piazzolla, Raúl Garello... En la Bien de Abajo estudiamos y tocamos esos arreglos, como forma de conocer las raíces".

Otros, como el pianista Javier Toledo, (29 años) llegaron al tango por caminos propios, sin formar parte de orquestas o por contexto familiar. De formación clásica, Toledo descubrió al género cuando era adolescente, a través de la música de Piazzolla. Pero al principio solo lo escuchaba. Cuando su profesora de piano de entonces, Élida Giancarelli, le recomendó ir a un taller de tango, fue y quedó prendado. "Siento que desde hace varios años hubo un resurgimiento y redescubrimiento de esta música por parte de los jóvenes. La sentimos como algo propio, que nos identifica. Y veo que están latentes las ganas de aprender, rescatar y seguir desarrollando el género". Toledo hace poco regresó de Bélgica donde hizo una maestría, y está formando una nueva agrupación, Malbaraje, para seguir cultivando y enriqueciendo su pasión.

Tanto él como los otros músicos presentes en esta nota tienen conciencia sobre el legado y la historia del tango. No aparece —en sus declaraciones— una voluntad radicalmente rupturista con lo hecho en el pasado.

Aún así, Toledo es consciente de los cuestionamientos al tango: "Hay que asumir y poner en contexto ciertas características del tango tradicional: es machista, homófobo, conservador. Pero no hay que olvidar de dónde viene, y que tiene una historia que comienza al fin del siglo XIX. Obviamente, fue reflejando las creencias y costumbres de su tiempo. Por eso me sorprende que haya gente —quizás un poco ingenua— que se sorprende por alguna letra. Es como si fueras amante de la ópera y te horrorices con el racismo y machismo de varios personajes".

Pero también están las ganas de dejar una huella propia en el género. Eso se percibe con mayor claridad entre aquellos músicos que, sin llegar a ser veteranos, rondan los 35 años y ya tienen cierto camino recorrido. Como el Cuarteto Ricacosa, que arrancó en 2006, el cantante y autor Tabaré Leyton (36 años) o La Mufa, que está por cumplir 15 años de historia. Esas agrupaciones pertenecen a un estrato intermedio. Ya tienen cierto recorrido hecho, por más que aún disten de ser "venerables", esa categoría que casi siempre denota más de 60 años de edad.

Martín Pugín (40 años), es bandoneonista de La Mufa y opina que "hay barreras que son de mentira, y me parece que lo que le hace mal al tango es considerarlo incambiable, inamovible. Hace 14 años que estamos tocando y muchas veces viene gente y nos dice Qué bárbaro. A mí el tango no me gusta, pero lo que tocan ustedes me encanta".

Para él, la tecnología también contribuyó a acercar a gente joven al tango. "Sin duda. YouTube ha sido muy importante. Cuando yo empecé, era mucho más difícil conseguir partituras, por ejemplo. Iba hasta Buenos Aires, a revolver entre disquerías y archivos. Dependías de la buena voluntad de algunos que tenían documentos valiosos encanutados. Incluso podían llegar a venderte una fotocopia de una partitura original. Eso, con Internet, se terminó".

Más allá de factores externos como la tecnología, o naturales como el paso del tiempo, hay también razones culturales para la conexión entre sensibilidades juveniles y un género que es bastante más antiguo que el rock y todas sus derivaciones.

Astengo, hablando de sí mismo y de otros jóvenes que conviven en la carpa tanguera uruguaya, dice que "todos" empiezan por el rock. "¿Pero por qué en un momento lo largamos y agarramos para el tango? Porque es algo que habla en tu propio idioma, se entiende sin necesidad de decodificar. No hay que enchufar nada, es todo inalámbrico", comenta entre risas, y añade que sigue habiendo múltiples puertas de acceso al tango: "Por el baile, por una orquesta en particular, por un músico... Si no es por una cosa es por otra. Y luego, cuando te metés, te das cuenta que es un universo que no termina nunca".

Superados los prejuicios, agotados los enfrentamientos entre géneros musicales e incorporados los saberes tecnológicos para acceder al tango, ¿hay algo que impida que más jóvenes se acerquen al género? "Creo que es fundamental una buena formación instrumental y preparación musical previa", sostiene Toledo y todos los músicos consultados coinciden. La exigencia para entrar al género es un poco mayor.

Pero hay matices. La también pianista Mayra Hernández afirma que no hay que ser un "supermúsico" para empezar, y Giordano aporta que si bien hay que pasar por un proceso de aprendizaje e incorporación de ciertos códigos, "en realidad no es un material armónico y melódico complicado. No tiene tantas tensiones como en el jazz". Todos están de acuerdo, igual, en que una vez superada esa etapa inicial, el tango no te suelta más.

Cuerdas que son influencia.

Aunque el instrumento emblema del tango es el bandoneón, la guitarra tiene un gran predicamento entre los jóvenes tangueros uruguayos del momento, sobre todo por la influencia de dos guitarristas: Eduardo “Toto” Méndez y Julio Cobelli (foto) , ambos acompañantes de Alfredo Zitarrosa durante algunos tramos de la trayectoria del cantor. Tanto Cobelli como Méndez dan clases de guitarra y son varios los músicos de esta movida que los mencionan como referentes y fuente de inspiración para incursionar en el tango y la milonga.

pianista

Cuestiones de género y prejuicios.

Mayra Hernández, 28 años, empezó a tocar piano a los ocho años y llegó al tango a los 18. "Hubo un llamado de la Orquesta Destaoriya para músicos jóvenes que no hubiesen incursionado en el género antes, y entré". Ahora acompaña a la cantante Gabriela Morgare en una propuesta que ella califica como "tango femenino". "En realidad", añade, "no es tan así. Es un tango más dulce, por decirlo de alguna manera. Y esa dulzura viene por varias cosas, como el repertorio, donde elegimos temas que no hablan tanto desde el lugar del macho tanguero, y también por la interpretación, más intimista, más para escuchar. No he sentido, al menos de la gente de mi edad, que alguien se asombre que seamos dos mujeres tocando tango. Para empezar, ya hay muchas cantantes mujeres. Las que tocamos instrumentos somos menos, pero hay cada vez más. Ese prejuicio ya se superó. A mí el tango me habla y me llega, aunque sea una música vieja. En realidad, es una música sin fecha de vencimiento".

teoría

El futuro del tango no va a depender del Río de la Plata

El bandoneonista Néstor Vaz tiene una rica historia en el tango uruguayo, y ha llevado la música a muchas partes del mundo. Vaz afirma que el tango ya se universalizó, y que hoy es un género que puede ser cultivado tanto por un montevideano como por un australiano. "No solo se escucha y baila, sino que también se toca en todo el mundo", dice y agrega que ahí, en esa universalización, está el futuro del tango. "Mi teoría es un poco alocada: esa universalización del tango puede llevar a que los nuevos revolucionarios, los nuevos líderes creativos, no necesariamente tengan que ser del Río de la Plata, pueden ser de otras latitudes, porque hay gente joven en otros lados tocando, investigando, desarrollando". De acuerdo a su manera de ver las cosas, el tango podrá haber nacido en esta zona, pero le puede hablar a cualquiera: "Adiós Nonino no es cantada pero la gente entiende que Piazzolla lo escribió con el sentimiento de la muerte del padre. Eso va a permitir, o tal vez permita, que se empiece a crear un nuevo tango en otras partes del mundo. A mí me parece irreversible, aunque lleve mucho tiempo".

el bandoneón

Fuelles y edades promedio

Aunque es cada vez más frecuente encontrar músicos tangueros no hayan cumplido 30 años, no ocurre lo mismo con los bandoneonistas. "Los fuelles son los que nos suben el promedio de edad", dice Sebastián Duarte (37 años) de la Orquesta Típica Bien De Abajo. Él mismo es bandoneonista: "Empecé a tocar en 2002 hasta 2006. Luego dejé durante diez años, y ahora retomé. Es muy grande el esfuerzo, y si no estás muy motivado y claro en la cabeza, difícilmente llegues a buen puerto. Pero ahora, con este faro que es la orquesta, estoy mucho más motivado".

El director de la orquesta, Néstor Vaz, señala que otro hecho que atenta contra el bandoneón: el campo de acción es menor al de la guitarra. En parte porque la formación cuarteto de guitarras (tres guitarras y un guitarrón) tiene una larga y rica historia en la música popular uruguaya.

Sergio Astengo, bandoneonista de la Orquesta Típica Randolfo, cuenta que además hubo un "corte generacional". "Acá hubo una época en la que el tango desapareció. Mejor dicho: desaparecieron los instrumentistas, porque cantantes nunca dejó de haber. Hoy es muy raro encontrar bandoneonistas de 50 o 60 años. De un tiempo a esta parte empezaron a aparecer más, pero (piensa) durante los 80 y parte de los 90 era muy poca gente la que empezaba a tocar tango. Eso hacía que los que empezamos a tocar más tarde, como yo, no teníamos a quien recurrir. Ahora hay un caldo de cultivo distinto".

Ramiro Hernández (30) es bandoneonista de Los Hermanos Hernández (también forma parte de la Randolfo), y toca su instrumento desde los 23 años. "Es un instrumento medio loco, me parece. Tiene una organización particular y tiene algunos caprichos, como el aire. No me parece que sea difícil. Yo veo a un violinista y pienso que jamás podría tocar ese instrumento, me volvería loco. Tal vez tuve la suerte de que cuando empecé, pude dedicarme mucho, porque no tenía que trabajar tanto como ahora". Es un instrumento relativamente caro, además. "De 1.500 dólares para arriba", dice Hernández y agrega que va por su tercer bandoneón.

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