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Sueños olímpicos

En un mes 12 deportistas uruguayos tendrán en Rio de Janeiro 2016 su primera experiencia en unos Juegos: es la culminación de historias de anhelos, talentos, sacrificios y amor a la competencia.

El remero Jhonatan Esquivel (Foto: Francisco Flores)
El remero Jhonatan Esquivel (Foto: Francisco Flores)
Dolores Moreira competirá en vela (categoría láser) (Foto: Francisco Flores)
Dolores Moreira competirá en vela (categoría láser) (Foto: Francisco Flores)
El nadador Martín Melconian. (Foto: AFP)
El nadador Martín Melconian. (Foto: AFP)
Aguelmis Rojas (al centro) competirá en maratón.
Aguelmis Rojas (al centro) competirá en maratón.
El tenista Pablo Cuevas (Foto: EFE)
El tenista Pablo Cuevas (Foto: EFE)
Emiliano Lasa (salto largo). (Foto: EFE)
Emiliano Lasa (salto largo). (Foto: EFE)
Mariana Foglia y Pablo Defazio competirán en Nacra17.
Mariana Foglia y Pablo Defazio competirán en Nacra17.

LUIS PRATS

Más rápido, más alto, más fuerte, dice un lema olímpico. Más esfuerzo, más ganas, más dedicación, agregarán los atletas que buscan la gloria de participar en unos Juegos. Eso exige recorrer pistas y calles, saltar, navegar, superar obstáculos y rivales. Vivir para el deporte, entrenar con obsesión, tratar de llegar al límite y más allá.

"Soy olímpico", pueden proclamar hoy 17 atletas uruguayos. De ellos, hay 12 que lo serán por primera vez cuando se encienda la antorcha de Rio de Janeiro 2016. A ellos se sumará un cubano que estrenará la camiseta celeste en este tipo de competencias. Y estarán, claro, los que ya compitieron alguna vez en los Juegos: Andrés Silva, Déborah Rodríguez, Alejandro Foglia e Inés Remersaro.

En 1924, por primera vez una delegación nacional participó en unos juegos olímpicos. La Selección de fútbol, más un pequeño grupo de boxeadores y esgrimistas, se presentaron en París. La historia es conocida: los futbolistas celestes cumplieron una larga travesía en barco, después jugaron prácticamente por la comida y la estadía en varias ciudades españolas y llegaron sin fanfarria a la capital del mundo por entonces. Se trajeron la medalla de oro y otorgaron una resonancia legendaria, casi épica, a la condición de olímpicos.

Noventa y dos años más tarde, sus sucesores uruguayos en varios deportes comparten aquella vocación de sacrificio, también pueden resultar casi anónimos ante el gran estadio, pero han globalizado su forma de prepararse.

Así, los regatistas Dolores Moreira, Pablo Defazio y Mariana Foglia están entrenando y compitiendo en Brasil. Emiliano Lasa hace tiempo que vive y ensaya salto alto en San Pablo. Nicolás y Martín Cuestas, los mellizos maratonistas, viajaron en las últimas horas a Cuenca (Ecuador) para entrenar en la altura. El nadador Martín Melconian está en España, el remero Jhonatan Esquivel en México y el judoca Pablo Aprahamian practica en España pero compite por toda Europa. Pablo Cuevas está ahora en Europa, en el circuito profesional del tenis. La clasificada más reciente, Sofia Enocsson Rito, nació en Suecia de padre uruguayo y allá hizo toda su carrera en levantamiento de pesas. Solo Néstor Nielsen completa en Montevideo sus preparativos en equitación, aunque ha participado junto a su caballo en numerosas pruebas por el mundo, mientras que otro maratonista, Aguelmis Rojas, entrena en Maldonado.

Desde cada punto del mapa donde los llevó el deporte, la mayoría de los nuevos olímpicos uruguayos contó para la revista Domingo sus expectativas, su trabajo, su historia.

Aquellos barquitos.

Dolores Moreira nació el 16 de febrero de 1999 en Montevideo, pero siempre vivió en Paysandú. Desde su casa veía pasar los barcos por el río Uruguay y le dijo a sus padres que quería navegar. Fue el inicio de una carrera que le dio la medalla de plata en la categoría láser de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y ahora la lleva a Rio.

"Yo tenía nueve años, pero ellos estaban tranquilos porque mis primos también lo practicaban e incluso mi padre hizo windsurf durante un tiempo. Así fue que empecé en la escuela de vela del Yacht Club Paysandú", recuerda. Su profesor fue Carlos Piediferri, toda una institución. "Es un genio y siempre me ayudó en todo. Gracias a él estoy acá", asegura. Hoy su entrenador es Luis Chaparro.

Dolores también le debe mucho a Alejandro Jano Foglia. "Después de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fue a dar una charla a Paysandú con su experiencia y pensé: Esto es lo que quiero hacer, llegar a unos juegos olímpicos".

Lo que más le gusta de la vela es que se trata de un deporte que requiere físico pero también mucha cabeza. "Te tenés que anticipar a la naturaleza y contemplar muchas cosas para armar tu regata. Y llegar antes que todos", enfatiza.

Los Panamericanos de Toronto, además de la medalla, le dieron la clasificación a Rio, ya que fue la mejor sudamericana en la prueba. "No bien terminó la regata estaba medio en shock, no podía asimilarlo, no sabía qué decir. Fue tremenda alegría, un orgullo haber logrado esa plaza en vela para Uruguay", cuenta.

Habitualmente entrena en Montevideo y Punta del Este, pero para prepararse mejor se fue a las costas cariocas. "Me quedan varios entrenamientos en Rio y un campeonato en julio con todas las chicas que van a estar en los Juegos. El plan que hicimos con el entrenador fue muy bueno y nos ayudó muchísimo", asegura.

El programa diario implica tres horas en el agua, otra hora de armado y desarmado del barco y tres más en el gimnasio, sin contar las charlas teóricas que también insumen tiempo. Ahora entrena con su barco, pero la organización de los Juegos le dará el 27 de julio el que usará en la competencia olímpica. "Todos iguales, para que nadie tenga ventajas, lo que está bueno", comenta.

En cuanto a sus expectativas, es clara: "Vengo principalmente a ganar experiencia y aprender todo lo que pueda. Son mis primeros juegos y estoy para aprender, no para aspirar a una medalla o un top diez mundial. Y quiero prepararme para los siguientes Juegos".

Números y judo.

Pablo Aprahamian (Montevideo, 13 de setiembre de 1985) es contador público y magister en finanzas. La mayor parte de su tiempo lo dedicó a su profesión. Pero hace un mes los números quedaron de lado ante una llave de judo: será el representante uruguayo en este deporte en los Juegos Olímpicos. Se instaló en Valencia durante la última etapa de su preparación y respondió a la entrevista a punto de abordar un avión que lo llevaría a un torneo en Budapest.

Pablo practicaba varios deportes en el club Náutico. "Un par de amigos habían arrancado con el judo y decían que estaba bueno, había terrible grupo y me sumé. ¿Qué me gusta de mi deporte? Todo, me fue conquistando de niño", dice.

Sin embargo, su pasaje para los Juegos tuvo un sabor agridulce. "Después del Panamericano en Cuba, a principios de mayo, se definió que el clasificado iba a estar entre mi hermano Mikael y yo. Y poco después se definió matemáticamente. Sentí mucha felicidad y realización pero mezclados con amargura, porque se estaba cumpliendo mi sueño, pero el de mi hermano se desvanecía", recuerda Pablo.

Conoce el lugar de competencia en Rio apenas por fotos, pero eso le alcanza: "Me gustó mucho. Solo ver los aros olímpicos en el tatami emociona", dice. Es realista sobre sus posibilidades: "Somos 30 atletas en la categoría y si vemos el ranking de clasificación soy el tercero empezando de abajo. Todas las luchas van a ser hipercomplicadas para mí. En judo hay eliminación directa, perdés y quedás afuera. Vamos a ir por el primer combate y meternos entre los 16, y una vez ahí vamos por el segundo combate", adelanta.

Cuba y Uruguay.

El caso del maratonista Aguelmis Rojas es particular: no solo nació en Cuba (La Habana, 28 de marzo 1978), sino que ya estuvo en unos Juegos (Atenas 2004), aunque estos serán los primeros en representación de Uruguay.

Además, originalmente era ciclista, pero la falta de incentivos para competir lo condujo al atletismo cuando tenía 15 años. "Mi hermana corría y a través de ella me entusiasmé con el deporte. Me vieron condiciones y emprendí el camino", recuerda.

Está en Uruguay desde enero de 2009 y tiene la ciudadanía desde hace tres años y medio. Además, está casado con una uruguaya. "Me vine porque quería seguir mi carrera deportiva y tener más roce internacional, por razones económicas también", explica. Lo que no cambió desde aquel comienzo, en el municipio habanero de Cotorro, hasta su presente en el Campus de Maldonado, es el entrenador, Rafael Díaz, quien tomó con él la decisión de desertar de Cuba.

"La experiencia olímpica es muy linda. Para mí es lo más grande que le puede pasar a un atleta, ir a los Juegos Olímpicos, más allá de los resultados. Es como un campeonato del mundo para un futbolista. Lo más lindo es siempre la inauguración: el desfile, el encendido de la antorcha. Uno disfruta ese momento", asegura. "Vengo todo bien con la preparación. Ya empezamos a trabajar específicamente sobre los 42 kilómetros. Muy contentos, sin percances", indica Rojas.

La expectativa es tratar de mejorar su marca anterior de la maratón. "Llegué en lugar 47 y ahora quiero estar entre los 20 primeros", señala.

Jinete siempre.

Néstor Nielsen (Montevideo, 13 de noviembre de 1972) viene de una familia de jinetes: sus padres y sus hermanos practicaban equitación y él vivió desde muy chico entre caballos. Además, es profesor de su especialidad. Para redondear la presentación de un jinete a tiempo completo, alcanza con decir que su actual conductor es su padre, que también se llama Néstor.

Claro que en Rio tendrá un socio muy especial, que explica en buena medida su éxito: su caballo Prince Royal Z de La Luz. Se llamaba Royal Prince Z cuando lo compró en un remate en Buenos Aires en sociedad con Raúl Calvelo, cuyo haras se llama La Luz. De allí su nombre tan extenso. "El caballo es muy bueno, sabía que podía ganar con él. Hizo un campañón en Buenos Aires. La Federación Ecuestre me había dicho que me fuera preparando para clasificar y lo logré en los torneos Sol de Mayo en Argentina y luego en Toronto", dice.

Nielsen tiene su esperanza para los Juegos: "Buscamos una medalla. Si el caballo sigue en estas condiciones, con buena salud, creo que vamos a tener suerte en poder pellizcar algo", afirma.

"En julio vamos a prepararnos fuerte porque el caballo se va en avión el día 31 para Rio. Va con mi veterinario y mi cuidador y yo estaré allá el 2 de agosto. Descansará un poco, el veterinario comprobará si todo está bien y el 3 ya estaré caminando con él", asegura. El entrenamiento se divide en una hora de ejercicios aeróbicos por la mañana y una hora y media de saltos por la tarde. Todo para una competencia en la cual deberá superar 16 obstáculos en dos minutos.

Inspiración por TV.

Por televisión llegaban los Juegos de Sydney 2000 y el niño Emiliano Lasa (Montevideo, 25 de enero de 1990) se pegaba a la pantalla. Su padre le propuso entonces que practicara atletismo. Y le gustó. "Empecé en la escuelita de la Pista oficial haciendo salto, velocidad, alto, triple, posta, relevos, de todo. A los 16 años comencé a especializarme, con el salto triple y desde los 20, 21 con el salto largo", cuenta.

Después fichó por Defensor Sporting y se recibió de profesor de educación física, pero desde hace dos años y medio vive y entrena en San Pablo. Lo hace con el profesor Nélio Moura, bicampeón olímpico, que entre otros también lleva al panameño Irving Saladino, medalla de oro en salto largo en Beijing 2008. En marzo pasado, Emiliano cumplió su sueño (y el de su padre) al conquistar su plaza en Rio 2016 durante un torneo paulista. Su objetivo es, primero, meterse entre los 12 mejores y pasar a la final. Su récord es 8,16.

"Conozco el estadio olímpico, participé en la prueba test que fue el Iberoamericano y por suerte pude ganar. La pista es la mejor en la que he competido", cuenta Lasa. "Los Juegos van a ser únicos. Serán los primeros en América del Sur. Y eso estará muy bueno para los sudamericanos porque nos vamos a sentir locatarios. Será una gran experiencia", asegura.

Matrimonio olímpico.

Pablo Defazio (Montevideo, 15 de mayo de 1981) y Mariana Foglia (28 de junio de 1982, también en la capital) navegan desde muy niños, llevados por el viento de la tradición familiar. Se conocieron de adolescentes y tiempo después se casaron. Tienen una hija de siete años, que ya navegó con ellos. Ella es hermana de Alejandro, que en Río cumplirá su cuarta cita olímpica.

Alguna vez compitieron juntos en snipe, pero desde 2012 formaron dupla en la clase Nacra 17, en la cual lograron su clasificación para los Juegos de Rio. "Fue un sentimiento bastante único y muy interno. Siempre me imaginé cómo sería clasificar y me lo imaginaba cómo una alegría casi explotando de felicidad. La manifestación de esta alegría fue real pero no hacia afuera sino hacia adentro. En ese segundo se me pasó la película de tres años de trabajo para llegar al objetivo. Lo disfrutamos con Pablo como algo íntimo. En ese momento nos abrazábamos y nos decíamos casi en silencio: Lo hicimos", relata ella.

Él asegura que la presencia de parejas no es lo habitual en su deporte: "Si bien nos hemos encontrado con otras parejas durante la campaña olímpica, han sido solo dos o tres. En los Juegos seremos la única pareja", indica.

¿Navegar es como llevar una casa? "Tenemos funciones específicas —dice Mariana—. Pablo es el timonel y lleva la dirección del barco. Él es también el táctico. Mi función es la de llevar las velas y de transmitirle toda la información de afuera, como intensidad del viento, dónde veo más viento y cómo van los demás barcos. Con esa información él va tomando decisiones. Tenemos esto bastante estipulado porque nos permite tomar mejores decisiones. En casa también tenemos roles pero podemos intercambiar tareas según las necesidades. En el barco los roles son bastante estructurados y en casa más flexibles".

La aspiración de ambos es quedar entre los 10 primeros y navegar la última regata, la llamada medal race, reservada a esa decena de competidores.

"Uno sueña siempre con este tipo de objetivos o metas, pero verdaderamente siempre lo vi muy lejano", asegura Defazio. "Siempre había puesto lo económico sobre las ganas de hacerlo, sabiendo que requiere una inversión grande realizar los cuatro años del ciclo olímpico. Al final Mariana insistió y por suerte acá estamos".

También una sueco-uruguaya.

El último lugar olímpico para Uruguay, hasta el cierre de esta edición, es el de Sofia Enocsson Rito, clasificada el 24 de junio para las competencias de halterofilia. Se trata además de la mayor sorpresa, porque Sofia, de 30 años, nació y vive en Suecia. Es hija de Julio Rito, un uruguayo exiliado durante la dictadura. "Cuando supe que estaba clasificada para Rio no podía creerlo. ¡Es algo tan grande! Estoy feliz, es increíble", comenta desde su país, vía mail y en inglés. "He estado en Uruguay muchas veces para Navidad y Año Nuevo. Fue muy agradable pasar de los fríos inviernos de Suecia al verano caliente del Uruguay. Disfrutar del sol, de la comida y el ambiente. Es un país fantástico", asegura. Si bien entrena con pesas desde los 18 años, practica levantamiento de pesas desde 2012. "Al instante sentí que era mi deporte. Es una pena no haber descubierto el levantamiento de pesas cuando más chica", afirma. En los Juegos participará en la categoría de hasta 53 kilos. "Mis esperanzas son hacer una buena competencia y poder mejorar mis marcas personales", dice Sofia.

Medallas celestes: 10.

El deporte uruguayo obtuvo diez medallas olímpicas en las veinte ediciones de las que formó parte, desde París 1924 a Londres 2012 (faltó a Moscú 1980 debido al boicot de varias naciones occidentales).

Fueron dos medallas de oro en fútbol (París 1924 y Amsterdam 1928), dos de plata (el remero Eduardo Risso en el single scull de Helsinki 1952 y el ciclista Milton Wynants en la prueba por puntos de Sydney 2000) y seis de bronce: tres en remo, con Guillermo Douglas en el single scull de Los Ángeles 1932, William Jones-Juan Antonio Rodríguez en el double sculls de Londres 1948 y Miguel Seijas-Juan Antonio Rodríguez en el double sculls de 1952; dos en básquetbol, en 1952 y Melbourne 1956, y una del boxeador Washington Rodríguez en el peso gallo de Tokio 1964.

Los Cuestas: el singular caso de los mellizos maratonistas.

Nicolás y Martín Cuestas (Montevideo, 8 diciembre de 1986) nacieron juntos, corren juntos y se clasificaron al mismo tiempo para los Juegos Olímpicos en la Maratón de Buenos Aires: encarnan el curioso caso de dos mellizos en la misma competencia. "Pero ahora aparecieron unas trillizas europeas que irán a Rio", comenta Martín. Existe una diferencia entre ambos: Martín empezó a correr un año antes, en 2002. Los dos se iniciaron en las pruebas de calle de la Agrupación de Atletas del Uruguay, defendiendo al club Cabrera de la Unión. Y se vuelven a igualar en su trabajo: son funcionarios policiales, aunque gozan de una licencia especial para prepararse para los Juegos.

"Somos muy parecidos, cada uno tiene su virtud —dice Nicolás—. Antes, uno le podía ganar al otro, estaba mejor, pero ahora estamos muy, muy parejos, a veces en los entrenamientos o las carreras no hay diferencias". ¿Si corren juntos empatan? "Y, sí… Habría que romperse todo para ganar. Pero eso sirve para exigirnos, porque si uno hace el esfuerzo y ve que al lado tiene a alguien que trata de hacer lo mismo, se esfuerza más", responde.

No tienen referentes en la especialidad. "Tratamos de ser nosotros nuestros propios ídolos, para valorar más lo que se hace. La preparación de la maratón es muy sacrificada", explica Martín.

En Rio, aseguran ambos, esperan "hacer una buena carrera , mejorar nuestra marca y estar lo más adelante posible".

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