CABEZA DE TURCO i washington abdala

Suárez, Suárez, Suárez

La semana pasada en una clase de facultad le pregunté a mis estudiantes de primer año de abogacía a quiénes consideraban ellos que integraban la "elite" del país. El concepto de "elite" —para un estudiante de ciencia política— viene del "neomaquiavelismo" y desde allí nos llega a nosotros.

Se integra la "elite" del poder, no necesariamente por recursos económicos (aunque si se poseen es probable que se podría estar allí) por autoridad, influencia, posicionamiento y consideración del público o del imaginario colectivo.

Me llamó la atención que el primer ciudadano citado por todos mis estudiantes (más de un centenar de chicos de dieciocho a veinte años) fuera Luis Suárez. El resto todo era discutible para ellos mismos y, así, aparecieron personajes diversos en esa nómina, desde algunos profesionales influyentes hasta empresarios siempre vistos y nombres predecibles. Políticos, solo algunos líderes y el presidente entró tarde en el top ten (y Pepe siempre figuretti aparecía citado, como no), pero no mucho más.

Pero "Suárez" emergió nítido, más claro aún que el Forlán de hace unos años. Yo creo, inclusive que hoy, por algunas razones Suárez llega más profundo al alma uruguaya, se metió en el epicentro de nuestra forma de ser y nos representa a tirios y troyanos. Algo increíble en un país jorobadito, con mucha necedad, con cabezas complicadas y envidiosas.

Me explico, al uruguayo le fascina el relato épico (a todos los humanos). Luis lo tiene: más de abajo no podía surgir, pasó hambre en serio, sufrió, lloró y mordió el polvo (esta vez es metáfora). Verlo hoy llenarse de éxito y de guita es como una revancha con la vida que nos cobramos todos con él. La gente uruguaya ama al "tenaz" porque, en general, la barra aquí flaquea y admira el atributo que no posee.

El uruguayo —duele pero no jodan— no es demasiado esforzado, hay muchos que sí, pero me temo que la flojera oriental, el mate, el tiempo pa todo, la boludez congénita donde nadie llega en hora a ningún lado y donde todo pasa lento, es un dato objetivo que ni me detengo en sus probanzas. La gente, además, admira el "error" porque a su vez lo emparenta con el ídolo dado que todos somos falibles de cometerlo. Somos más el error que el éxito de Luisito. ¿Capisce? O sea, Suárez mordiendo es para ir a surtirlo, pero a su vez no mostró así su rostro humano, demente, innato, casi igual al que podemos tener cualquiera de nosotros con un verdulero que nos afana en la feria y terminamos a los gritos, o cuando en el tránsito terminamos loqueando y gritando algún exabrupto por imbéciles (volvemos a Relatos Salvajes, todos somos el Ingeniero Bombita y Suárez más que nadie. O sea, todos somos Suárez).

Suárez tiene hipnotizado a los uruguayos. Nos tiene hipnotizados. No estoy seguro de que sea consciente de semejante hazaña que ejerce sobre esta nación, pero hace muchos años que nadie tenía tan excitados a los uruguayos. Me van a perdonar el resto de los muchachos de la selección, pero son casi accesorios al lado de Luisito. Sí, todos los periodistas especializados van a decir siempre que son "un equipo" y todos esos lugares comunes que hay que expresar para quedar bien. Que la unidad, que el Maestro es Zeus, que el espíritu de cuerpo y todo, bla, bla y bla. Creo solo un poquitito de todo eso: porque si no estuviera Luisito que está rematadamente loco, que no respeta nada, ni nadie, que ni a Messi considera, que quiere morder el pasto si así se gana y morfarse un juez con un poco de almíbar, nada, pero nada, de nada hablaríamos de Uruguay acá y menos en el mundo. O sea: somos Suárez o no somos nada. Punto. Y no jodamos: sacá a Suárez y mirá lo que sufrimos.

Y, como este es un país avaro en el reconocimiento de sus liderazgos, por eso me encantó que los chicos de facultad me escupieran el nombre de Luisito como el primer uruguayo —sin duda alguna— como el más relevante, el más importante para nosotros y como el primero de una elite nacional, si es que ésta aldea puede darse un lujo así. He dicho. Buenos ravioles. Seguíla rompiendo Luisito, cero bola al rubio teñido.

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