Domingo

Soñar, saltar, vivir

Michael Edwards es Eddie "The Eagle", un personaje que podría ser ficción pero es real. Una biopic cuenta su historia de perseverancia.

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Tuvo fama y fortuna, pero también cayó en bancarrota.

Es poca la gente que se destaca en la vida por hacer mal algo. Bueno, Michael Edwards es uno de ellos. Hace casi 30 años se forjó un nombre en todo el mundo por su pobre desempeño esquiando y saltando en los Juegos Olímpicos de Calgary (Canadá). Pero Edwards también tenía un mérito que ayudó a que su nombre se hiciera famoso: además de ser el primer atleta británico en participar en unos juegos de invierno en la categoría de salto de esquí, tenía más ganas que la mayoría de sus contrincantes.

Con escaso talento y perseverancia de sobra, se hizo un lugar en la competencia. No aspiraba a una medalla de oro ni de plata, ni siquiera a un bronce. La única esperanza que conocía, bromea aprovechando la coincidencia idiomática (en inglés esperanza se dice "hope"), era al artista Bob Hope. "Cuando empecé a competir, tenía tan poco dinero que usaba el casco atado con una piola", recuerda. "En uno de los saltos la piola se rompió y el casco llegó más lejos que yo. Podría haber sido el primer esquiador de salto derrotado por su propio equipo", bromeó en una entrevista con la revista Smithsonian, sentado en el living de su casa en Inglaterra.

Su carrera sobre la nieve no llegó muy lejos, pero Eddie "The Eagle" ("El Águila"), apodo con el que se hizo conocido, generó un personaje entre simpático y patético que, con los años, se abrió camino en disciplinas como la música, el marketing o incluso el coaching. Ahora le tocó el cine, porque hace un par de años el director Dexter Fletcher, junto con los guionistas Sean Macaulay y Simon Kelton, decidieron llevar su historia a la pantalla grande. Bajo el título Volando alto, la biopic que actualmente está en cartel en Montevideo cuenta su historia de esfuerzo y perseverancia, con Taron Egerton como "El Águila" y Hugh Jackman en el rol de Bronson Peary, un saltador de esquí retirado que logra convertir los sueños de Eddie en realidad. Más que una película sobre deporte, Jackman definió al film como la historia de "un chico que tiene una meta en su cabeza y que no va a parar hasta que la consiga".

Volar y caer

. Eddie "The Eagle" perfectamente podría ser un personaje de ficción. Pero es real. Aún hoy, a los 52 años, él mismo se sigue riendo de su historia. De sus derrotas y de sus conquistas. De todo lo que hizo después y de todo lo que le quedó en el tintero. De sus millones de libras y de sus repentinas bancarrotas. Y aunque sus pies saltarines ya están fuera de competencia, su cabeza sigue pensando e imaginando nuevos desafíos. Dice que quiere pasar a otra etapa de su vida, pero sin renunciar a ser Eddie "The Eagle", claro.

Michael creció en una familia de clase media de Cheltenham, una ciudad balneario sobre el Oeste británico. Su madre trabajaba en una fábrica de puertas de aluminio y su padre — al igual que su abuelo y su bisabuelo— era yesero. La primera vez que Eddie se subió a un par de esquíes fue durante un viaje escolar a Italia. Tenía solo 13 años. Cuatro años después estaba compitiendo con el equipo nacional. Con dificultades para pagar los tickets de elevación, se terminó cambiando para el salto en esquí, una versión más barata del deporte. Durante el verano de 1986 decidió hacer una pausa en el legado de la yesería y probar su suerte contra los mejores saltadores del mundo. Faltaban solo 18 meses para los Juegos Olímpicos.

Eddie no tenía dinero, no tenía entrenador, no tenía traje y no tenía equipo. El hecho de que Inglaterra nunca hubiera competido en este deporte, definitivamente, no ayudaba. Pero a Eddie le sobraba determinación. Llegó a dormir en el auto de su madre, a comer de la basura y a acampar en el predio de un hospital psiquiátrico. Desde sacar nieve a lavar pisos, estaba dispuesto a todo para saltar a más. Con el tiempo mejoró sus marcas e incluso superó el récord no oficial de los 70 metros en su país.

Para cuando llegó a Calgary, ya era conocido como el saltador que hacía que lo suyo se viera difícil. "Otros volaban. Solo The Eagle podía saltar una montaña y caer como un loro muerto", escribió la revista Smithsonian. Pero a él solo le importaba competir. "Los americanos son muy del ganar, ganar, ganar. En Inglaterra no nos importa ganar. Si lo lográs es genial, pero valoramos a los que no. Los fracasados son los que nunca se mueven de la silla. Cualquiera con iniciativa ya es un éxito", justifica.

Después de Calgary 88 no le fue tan mal. Salió en The Tonight Show, en el pueblo hubo un desfile para festejar su no-triunfo y logró un sponsoreo con la aerolínea Eagle. Hubo camisetas, gorros, tazas, llaveros y pins con su nombre. Participó en todo tipo de eventos bizarros y poco vinculados al esquí, como la inauguración de un shopping, el jurado de un concurso de belleza y la promoción turística de su pueblo disfrazado de pollo —porque no consiguieron disfraz de águila—. También tuvo su momento de rock star; primero con el tema Fly Eddie Fly, que celebraba sus logros olímpicos, y después con My Name is Eagle, compuesto en idioma finlandés por un cantante de protesta conocido como Irwin Goodman. Con esa canción Eddie lideró los rankings en Finlandia y salió de gira. Años después, llegó la bancarrota por mala administración y evasión impositiva.

Experto en caer y volver a levantarse, hoy vive en la tranquilidad de South Cotswolds, a apenas 20 kilómetros de su Cheltenham natal. Con la fama, llegaron muchas mujeres; su último matrimonio, con Samantha (ver recuadro), duró 13 años. También llegaron varias operaciones. "Tiene más cirugías plásticas que un criminal de guerra nazi", describió el Daily Mail. Aunque la última vez que compitió fue en la Copa del Mundo en 1989, Eddie llevó una antorcha en el desfile preolímpico de Vancouver, en 2010. Depués, se lo vio en un reality televisivo y en un torneo de deportes acuáticos para celebridades, que ganó. "Al final, algo en lo que soy bueno", festeja. Y vuelve a reír.

Una biopic de risa y aventuras

Basada en hechos reales, en Volando alto la moraleja es explícita: lo importante no es ganar, sino competir. Con Taron Egerton (Kingsman: El servicio secreto) como protagonista, narra las peripecias de Eddie "El Águila" desde su niñez hasta que llegó a los Juegos Olímpicos de 1988 para competir en un deporte que nadie más practicaba en Inglaterra: el salto de esquí. Por su papel, Egerton estuvo nominado a los premios BAFTA.

MATRIMONIOS Y ALGO MÁS...

Hubo un tiempo en que Eddie "El Águila" viajaba en jet privado y tenía un cachet "artístico" que superaba los diez mil dólares la hora. También hubo años de ridículo y bancarrota. Entre medio, las mujeres todavía lo veían como un buen candidato. Hoy, dice la prensa local, solo le piden una selfie. Con su última esposa, Samantha, tiene dos hijas, Ottilie y Honey, y estuvo casado 13 años.

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