Comportamiento

La silenciosa guerra de las amigas-enemigas

Primero se necesitan y son cómplices hasta que algo pasa y se vuelven rivales que se agreden de manera solapada, pero muy dañina. Esta es la dinámica de las llamadas “frenemies”; no es nueva y estaría en aumento.

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Compartir todas las intimidades entre sí las vuelve más vulnerables

El 19 de mayo de 1953 a Walter Winchell, un periodista del diario norteamericano The Nevada State Journal, se le ocurrió titular una nota con una ironía: "¿Qué tal si llamamos a los rusos nuestros frenemies?". Sin querer (o queriendo), al fusionar la palabra "friend" (amigo) y "enemy" (enemigo), inventó un acrónimo perfecto para describir la distorsionada relación que se daba entre las dos naciones. Cinco décadas más tarde, varias series femeninas de televisión —Sex and the city, Gossip girl, Desperate housewives, entre otras— reflotaron el término, pero esta vez para describir un fenómeno que, solapadamente, solía darse en las amistades entre mujeres.

Psicólogos e investigadores se interesaron en el tema y buscaron ahondar por qué si las mujeres —niñas, adolescentes, adultas— valoraban tanto la amistad con otra mujer, de un día para otro caían en una relación invisiblemente venenosa y altamente dañina con la misma persona.

Lucinda Rosenfeld fue una de las primeras escritoras norteamericanas en investigar el tema. Tras dos años realizando entrevistas a mujeres que vivían esta dinámica, en 2009 publicó Im so happy for you (Estoy tan feliz por ti). "La dinámica de frenemy o amiga-enemiga entre mujeres es bastante clara", explica desde su estudio en Nueva York. "El punto de partida se da cuando dos mujeres muy amigas y que han alcanzado gran complicidad, comienzan a comparar sus vidas. Al sentirse amenazada, una empieza a hacerle notar cada vez más a la otra sus logros personales o laborales. Entonces, su par inevitablemente se siente maltratada".

Por qué compiten es algo que, según Rosenfeld, varía: hasta los 20 años las rivalidades tienden a girar en torno a la belleza y la atención de los hombres. Luego, los celos pueden gatillarse por el tamaño del anillo de compromiso, los metros cuadrados del departamento, el monto del sueldo o si los hijos quedaron en tal o cual colegio. "Pero como la amistad es tan importante para la identidad de las mujeres, y como las mujeres son tan propensas a sentirse culpables, la que se siente pasada a llevar también siente que es un deber continuar esa amistad", sigue Rosenfeld. "El resultado es que esas dos mujeres se convierten en enemigas, pero sin declararse la guerra porque ocultan lo que les pasa realmente. Son amigas que aparentan sentirse felices de ver a la otra, pero que en realidad se detestan mutuamente y recurren a la agresión pasiva".

En aumento.

Las frenemies, por cierto, no son parte de una nueva tendencia. Pero tanto Rosenfeld como otros especialistas afirman que el fenómeno se ha acrecentado en los últimos 20 años. "Se intensificó con la cultura confesional", dice Rosenfeld. "Las mujeres comenzaron a compartir más información íntima de su vida con sus amigas: su vida sexual, sus anhelos, sus dolores. A eso se sumó que, como el matrimonio y los hijos comenzaron a posponerse hasta después de cumplir treinta, las amigas se volvieron familias de facto. Con Facebook y Twitter las tenemos más encima que nunca. Entonces, las amistades comenzaron a parecerse a las relaciones románticas".

Lo que no advirtieron las mujeres, agrega, es que al compartir más su intimidad, dejaron todos sus flancos al descubierto. "Empezaron a compartir tanta información de sí mismas, que quedaron indefensas. Eso dejó a algunas en un estado de vulnerabilidad y a otras con una herramienta de gran poder para hacer daño, porque saben dónde está el punto débil de cada una".

Es algo con lo que concuerda la especialista Susan Shapiro Barash, profesora de la cátedra de género en el Marymount Manhattan College y columnista frecuente de The Huffington Post y Psychology Today. En 2010 publicó el libro Toxic friends (Amigas tóxicas), para el cual entrevistó a 200 mujeres de distintas edades y estratos sociales. Cuenta que si bien casi todas decían que la amistad con otras mujeres era algo "muy importante en su vida", un 65 por ciento de ellas reconocía que muchas veces se les hacía "difícil" y a veces incluso "devastador" mantener esas amistades. En tanto, un 80 por ciento reconocía tener una relación implícita de competencia con una amiga. Ese aspecto poco transparente es el que Shapiro Barash describe como el factor más venenoso de las frenemies. "A diferencia de una enemiga frontal, una amiga-enemiga es alguien que se preocupa de ti, pero al mismo tiempo te tiene celos. Te idolatra y te desprecia al mismo tiempo. Esa mezcla de mensajes causa una tremenda desconfianza e infelicidad, porque te hace sentir vulnerable", explica.

Recién ahora las mujeres estarían tratando de protegerse más de esas relaciones tóxicas. Jan Yager, doctorada en Sociología y autora de Cuando la amistad duele: Cómo lidiar con amigos que te traicionan, te abandonan, o te hieren, indica: "Solo ahora, tras percibir el golpe, las mujeres están haciendo cambios. Las redes sociales las llevaron a compartir pensamientos que deberían mantenerse en el ámbito privado y salieron malheridas. Recién están aprendiendo a no ser tan obvias en sus sentimientos frente a sus amigas, porque entendieron que ese escenario de amistad puede transformarse".

El origen.

Los hombres parecerían ser más impermeables a la dinámica frenemy. Y eso podría estar relacionado con la biología: para las mujeres las amistades son por naturaleza particularmente importantes. Un estudio publicado en 2005 por el Instituto de Salud Infantil de Michigan determinó, con evidencia científica, que la amistad femenina no solo es un apoyo para los momentos difíciles, sino que constituye un factor clave para la salud y la supervivencia de las mujeres. Eso se debería a la oxitocina que las mujeres secretan en mayor cantidad cuando están rodeadas de personas de su mismo sexo, lo que llevaría a una disminución de los niveles de ansiedad y a un aumento de la sensación de relax y de la confianza.

El estudio, sin embargo, también arrojó otro hallazgo que explicaría por qué de amigas pasan a ser frenemies: la existencia del "efecto boomerang de la oxitocina". Si bien esta hormona se amplifica en ambientes de confianza, funciona en sentido contrario cuando el entorno se vuelve amenazante. Y ahí surge entonces la "agresividad pasiva".

Según la psicóloga Irene S. Lavine, profesora de Psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York y autora del libro Best friends forever: surviving a breakup with your best friend (Mejores amigos por siempre: sobrevivir a una ruptura con tu mejor amigo), lo más dañino de este tipo de relaciones, es que juegan con una fibra íntima y, por lo mismo, desorientan a las mujeres al punto de hacerlas caer en una dinámica de inseguridad enfermiza. "Son relaciones muy estresantes, que incluso pueden afectar la salud, porque son muy ambivalentes y se basan en la agresividad pasiva: no atacan directamente, sino que en silencio, denigrando, destruyendo conexiones sociales, burlándose, apartando socialmente bajo una dinámica más sofisticada de la ley del hielo. Es una dinámica muy cínica que demuestra que la violencia psicológica femenina se basa en destruir las relaciones de la otra persona".

Otro problema con la dinámica frenemies es que es difícil ponerle freno. Susan Shapiro Barash explica que generalmente a las mujeres no les gusta la confrontación y que eso les juega en contra también a la hora de tener relaciones más sanas. 

Perder una amiga, peor que separarse.

¿Por qué es difícil cortar con estas dinámicas? La especialista en temas de género Susan Shapiro Barash (foto) dice que las mujeres "no son capaces de enfrentar a una amiga y decirle que la dinámica en la que están cayendo realmente les está haciendo mal porque les da vergüenza decirles que se ven afectadas. Estas relaciones suelen terminar en un distanciamiento lento que se vuelve cada vez más evidente hasta que dejan de hablarse". Pero ese desenlace también suele ser doloroso. "Se apodera de ellas una sensación de fracaso y frustración. Para las mujeres la pérdida de una amiga importante, incluso cuando esta se ha convertido en una amiga-enemiga, puede ser más perturbadora que romper con un novio o divorciarse". Irene S. Levine le da la razón: "Las mujeres hacen amigas sobre la base de que esa amistad será para siempre. Por eso se comparten confidencias y secretos; se vuelven cercanas no solo a esa persona, sino también a su familia. Es duro terminar esa relación, porque no solo se pierde la amistad. Saben que con esa amiga, por más enemigas que sean, se van muchas otras cosas. Buena parte de ellas".

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