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Su Señoría las redes sociales

Al impulso de su repercusión Facebook y Twitter se convirtieron en implacables “tribunales populares”, pero también en plataformas que crean referentes.

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Las redes sociales obran como tribunales populares que juzgan rápido.

El economista Juan Dubra, asesor del senador Luis Lacalle Pou, no tiene cuentas en Twitter y Facebook. Las cerró luego de que una observación suya en una entrevista periodística terminara siendo blanco de un alud de ataques en las redes. "Hay una idea de que Uruguay no existía antes de 2004 y eso es mentira: estaba muy bien antes de 2004. Uruguay no creció por lo que hizo el Frente Amplio. Las inversiones gigantescas se hicieron posibles por cosas que se hicieron antes", dijo entonces al portal argentino de noticias Infobae.

Y eso bastó para que se desatara un verdadero pandemonium a través de las redes. Malherido por la seguidilla de agravios Dubra tomó la decisión de desaparecer de ese mundo virtual luego de que los insultos llegaran a alcanzar, incluso, a sus familiares. Hoy, transcurridos más de dos años del episodio, no quiere volver a hablar del asunto. "Después que pasó todo esto decidí cerrar mis cuentas en Twitter y en Facebook. Y la verdad, me di cuenta de que era una pérdida de tiempo enorme, me sentí mucho más aliviado", dijo a Domingo, luego de excusarse de referirse al tema.

Este caso es tan solo uno de los tantos que han tenido a las redes sociales como escenario. Muchos fueron ampliamente difundidos y otros tantos quedaron reducidos al círculo de contactos, cuando no se trata de figuras públicas. Lo cierto es que las redes se han convertido en muchos casos en una suerte de tribunales populares donde se juzga, se sentencia y se ejecuta en forma sumaria sin que medie un instante de reflexión.

Uno de estos casos fue el que tuvo al bar Coffee Shop ubicado en Pocitos como protagonista. La frase "no se permiten ni perros ni mexicanos" en la pizarra del local encendió la indignación del decano de Ciencias Económicas, Rodrigo Arim, quien tuiteó la foto de la mencionada pizarra con el comentario: "No es USA, es Pocitos. Propietario norteamericano. Discriminación pura".

Una polémica en torno al racismo atribuido al propietario del local se disparó en las redes y recogió adhesiones de varios dirigentes oficialistas. En ese nivel de intercambios se llegaron a esgrimir amenazas de sanción y acciones legales.

Otros episodios originados en las redes terminaron, incluso, en la órbita judicial. Fueron los casos de un supuesto intento de secuestro en el barrio Reus, o el de un hombre que fue víctima de robo y atrapó al ladrón para propinarle un castigo, ambos hechos registrados en videos.

La lista es larga y minuto a minuto continúa sumando ejemplos.

La plaza pública.

"Las redes sociales se han convertido en las nuevas plazas públicas donde parece estar permitido opinar, encarnizarse y burlarse de cualquiera, pasando del estatus de broma hasta llegar a un auténtico linchamiento digital", dice Laura Corvalán, licenciada en Comunicación y experta en nuevas tecnologías y redes sociales.

La especialista ve este comportamiento particularmente en Twitter, aunque también se reproduce en otras redes. "Todas las redes sociales hoy, se han transformado en un tribunal popular que no se caracteriza precisamente por su benevolencia", señala Corvalán.

"Sólo hace falta una chispa para que Twitter arda con la velocidad del viento: miles de usuarios opinan fervorosamente a favor o en contra de lo que sea el tema del momento funcionando como Tribunal Inquisidor que, antorcha en mano, pueden construir o destruir en solo un rato", indica y recuerda el mencionado caso de Coffee Shop.

En opinión de la especialista la personalidad de Internet ha cambiado y lo que ha surgido es "el efecto de desinhibición online", como lo llaman los psicólogos. Ello también ha tenido su lado positivo. Muchos han encontrado un espacio para opinar, reflexionar o cuestionar algún aspecto de la actualidad.

Algunos episodios tuvieron una resonancia internacional muy marcada, sobre todo por los involucrados. "En julio del año pasado, los trolls (usuarios que se dedican a provocar) furiosos por la nueva versión de Los Cazafantasmas acecharon a la comediante afroamericana Leslie Jones tan violentamente en Twitter con amenazas sexistas y racistas que Jones decidió abandonar Twitter por un tiempo", recuerda Corvalán.

Una de las claves del fenómeno es la velocidad con que se propagan los dichos a través de cualquiera de las redes. En este aspecto reparó la psicóloga Mónica Lladó, de la cátedra de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Udelar.

"La palabra, como la pólvora, es una herramienta muy vieja de los juegos de poder, el asunto hoy es que se combinan con velocidad y la velocidad es buena para pocas cosas, sin embargo ahora es la reina de la eficiencia", opina Lladó.

Esa "articulación del espacio-tiempo" que se da en el mundo digital conlleva algunos peligros, según la académica. "La desesperación por lo nuevo, lo distinto, por instalar la sospecha, la crítica que me permita imponer mi idea, se alía con estos medios rápidos que hacen mucho ruido, y definitivamente pocas nueces", dice.

Las consecuencias de estas manifestaciones pueden dar lugar a daños severos de reputaciones personales, carreras profesionales o políticas. O sea, peligros reales. "La tensión entre la autorregulación y la formación de un gobierno virtual tal vez sea una discusión a dar. Creamos una comunidad virtual que requiere ser pensada porque nos construye veloces, accesibles-inaccesibles, y muchísimas cosas más, todo con muy poco esfuerzo", reflexiona la psicóloga social.

Plataforma.

Un principio de inmediatez sumado a la velocidad gobierna las redes. Sobre este punto llama la atención el psicólogo especializado en redes sociales Roberto Balaguer. En su opinión, estos medios operan también como plataformas para crear personajes que consiguen miles de seguidores. "Hay una cosa interesante que está pasando en Internet y es que cualquiera puede tener voz. Pero eso no es del todo veraz. Para llegar a tener una voz en las redes sociales hay que lograr determinada voz para ser escuchado, es difícil de explicar pero sucede de esa forma. Digamos que tiene que ser una voz reconocible en el mundo de Internet. Y sobre todo esto ocurre con los personajes, no con quienes tienen sus cuentas con nombres reales", explica Balaguer.

"El uso de seudónimo libera de muchas ataduras que nos permiten expresarnos libremente. Pero de todos modos eso no es suficiente, de hecho la mayoría no lo logra, sólo algunos son quienes terminan siendo escuchados y reconocidos", observa.

Balaguer agrega que en muchas ocasiones las discusiones más ricas se dan precisamente a partir de los mensajes de estos personajes ficticios. "Muchos de los análisis más agudos sobre la realidad se dan desde personajes y no desde personas reales", sostiene.

En su opinión, esto puede deberse a un nivel muy bajo de debate e intercambio intelectual. Ello hace inconducentes las discusiones cuando se dan entre usuarios con sus nombres reales. "En ese contexto de nivel alto de intolerancia suele pasar que uno busca más confirmar sus ideas previamente concebidas, que salir de su zona de confort para reconsiderar una idea y cambiar de opinión", dice.

De hecho, el reflejo más desarrollado en el mundo digital parece ser el de saltar para señalar los errores de los demás. "Parece ser que hay una lógica de señalarle el error al otro, como si de esa forma se ganara un puntaje en el mundo digital", señala Balaguer.

Estas operaciones, que el especialista designa como "escraches digitales", tienen una repercusión inmediata y enorme. Un ejemplo de ello es lo ocurrido con el relator y periodista deportivo Rodrigo Romano. Cuando un quebranto de salud lo apartó de su labor comenzaron a correr rumores de un alejamiento de Romano por discrepancias con la directiva de Tenfield. Tales cuestiones fueron oportunamente desmentidas por el propio interesado y la empresa. Pero las heridas fueron profundas. Sobre todo porque el "escrache digital" ocurrió con el telón de fondo del diferendo que mantienen los jugadores profesionales con la empresa por los derechos de imagen.

"Aprendí a no leer nada, a no darle bola a lo que sale en las redes", dijo Romano a Domingo.

"Twitter lo dejé hace mucho tiempo, si entrás a mi cuenta y te fijás en lo último que subí fue en noviembre del año pasado, antes del partido Uruguay-Chile. Y ya no volví a subir más nada", agrega el comunicador.

Aunque mantiene su cuenta de Facebook, la red social que utiliza con más frecuencia es Instagram.

En términos generales, aunque el valor de las redes sociales es incuestionable, distintas mediciones han detectado una presencia cada vez mayor del odio. En tal sentido, Corvalán recordó un estudio realizado en Chile. "El año pasado Chile hizo una Radiografía del odio en Twitter 2016 registrando 1.638.777 tuits con insultos en solo dos meses, demostrando que existe un grupo activo y permanente de personas que atacan a todo y a todos, todo el año sin descanso", apuntó.

Los llamados trolls tienen una forma larvaria aún en los medios uruguayos, a diferencia de lo que ocurre en Argentina donde están organizados e incluso "venden" sus servicios al mejor postor. La política y la farándula son los escenarios preferidos de estos verdaderos ejércitos de "odiadores" profesionales.

"El asunto ha pasado por todo el espectro: en el 2006 la revista Time hizo personaje del año a los internautas, una década después —el pasado agosto— dedicó la portada a preguntarse si estamos perdiendo Internet por la cultura del odio", recuerda Corvalán.

Las tensiones entre estos dos polos que dominan las redes son constantes. Inquisidores urgentes o influencers (referentes), una oscilación que aparece como una lucha moderna entre el bien y el mal en el espacio digital.

Algunas claves de la vida en redes.

El universo de Twitter parece ser el medio más fértil para el surgimiento de haters (odiadores) y trolls (provocadores).

Según la experta Laura Corvalán, ello se debe a algunas claves de esta red. "Mediante el anonimato, ya que no hace falta crear una cuenta con tu nombre y tu foto, puedes ponerte cualquier nombre y cualquier avatar", señala. "Los 140 caracteres, el tener que dar una opinión en escasa cantidad de palabras, hace que no haya chance de adjetivizar o argumentar", agrega. Por último, señala que la comunidad de Twitter está compuesta por gente joven en su mayoría. "Los participantes son esta tropa joven que mandaríamos a la guerra, son sobrevivientes a una red donde crecer en seguidores cuesta, donde ser exitoso cuesta ya que no están nuestros familiares y amigos como en Facebook, por ejemplo". En Uruguay los trolls son aficionados, pero en Argentina se mueven como verdaderos grupos organizados y venden sus servicios, generalmente a sectores políticos.

"Un simple tuiteo es un titular".

El escritor español Arturo Pérez Reverte ha sido un frecuentador asiduo de las redes sociales. A través de ellas ha mantenido apasionadas polémicas. En una reciente visita a Argentina fue consultado por el diario argentino La Nación sobre por qué había cerrado su cuenta en Twitter con el nombre de El Bar de Lola. "Porque me cansé de que un simple tuiteo se convirtiera en titular de prensa todos los lunes. Era ridículo que una cosa dicha en tono relajado se tradujera luego en Pérez Reverte insultó a una feminista. Mis lectores saben quién soy, no se guían por un tuit. Y para el que no entienda, que lea y aprenda. Era fatigoso tener que explicar cosas obvias. Las redes son formidables, pero están llenas de analfabetos, gente con ideología pero sin biblioteca, y pocos jerarquizan. Es el lector el que debe discernir e interpretar. Dan igual valor a una feminista de barricada que a un premio Nobel", dice el autor.

Lema de influencer: "Lo básico es no terminar peléandose".

Belén Marenales es uno de los ejemplos más claros de cómo las redes pueden llevar a una persona al éxito. Bajo la identidad de Belumare en Twitter comenzó a conquistar seguidores en 2009. En poco tiempo terminó teniendo un espacio en televisión, uno en Canal 10 y otro en Pop TV, fue disc-jockey y ahora se destaca como una influencer. "Para mí las redes son como algo que no se puede evitar, evidentemente yo estoy a favor del uso de las redes, todo pasa ahí", dice Belén. "La parte mala, es que hay mucha gente que critica mucho con la libertad que da hacerlo desde atrás de una pantalla. Y se atacan tanto personas públicas como cualquier persona, lo cual está muy mal", agrega. Según su experiencia las redes pueden volverse un verdadero campo minado si se da lugar a los ataques virulentos. "Hay temas sobre los que no se puede opinar porque te atacan enseguida, por ejemplo opinás sobre la marihuana, que es de lo que más se habla ahora, y te cae un montón de gente que está metida en el consumo regulado. Por eso yo los temas sensibles evito tocarlos, para mí es básico no terminar peléandose", afirma Belén. Una salida sabia para no quemarse en incendios digitales.

PIPE STEIN.

Publicidad cambió con redes.

Pipe Stein, uno de los creativos más importantes del país y director de Notable Publicidad, está convencido de que el impacto de las redes sociales cambió para siempre la forma de hacer publicidad. Por eso, en los últimos cinco años Stein viene midiendo y utilizando las redes para su trabajo. Algunas de las campañas que su agencia produjo fueron elegidas como las mejores por la Cámara de Anunciantes. La del hincha uruguayo que no tiene OCA o la del Fantasma del 50 son de las más recordadas. "Las personas actúan en las redes cuando algo no les resultó indiferente, entonces opinan, se ponen de un lado o de otro del asunto. De esa manera pueden ser el soporte de una causa, o la destrucción de la misma con igual facilidad", explica el publicista. Y cita al menos un par de casos de gran repercusión internacional, como lo fueron los del pasajero de United Airlines que fue expulsado a la fuerza de un vuelo, o la campaña de Pepsi —que luego retiró— donde se ve a la modelo Kendall Jenner ofreciendo una lata del refresco a un policía que está controlando una manifestación. La catarata de críticas en un caso u otro fue tan desmedida que ambas compañías tuvieron que salir a pedir disculpas. "Con la mayoría de las campañas publicitarias no pasa absolutamente nada en las redes, la gran mayoría no recibe comentarios ni buenos ni malos. Pero a veces hay temas que despiertan las críticas por alguna razón", dice Stein. "Lo cierto es que las redes terminaron con las unanimidades. Opinar es gratis, no requiere de un pensamiento analítico previo muy elaborado, por eso sale rápido y en forma fulminante. Pero la falta de unanimidades es algo que hay que asumir", señala el creativo. A su juicio ello conduce a una suerte de ecosistema inestable, donde todo permanece sujeto a cambiar cada instante. "De todos modos hay que pensar que por eso es bueno que existan las organizaciones sociales, los partidos políticos, las instituciones, porque sino terminaríamos sacando a un presidente cada diez días", reflexiona. En Notable han tratado de utilizar las redes sociales para defender a sus clientes. "Las marcas que entiendan cómo pararse en este diálogo son las que les va a ir mejor", sostiene.

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