ENSEÑANZA

Señores maestros

En una carrera en la que la mayoría es mujer en Uruguay, ellos eligieron salir del estereotipo.

Daniel Pintos y su fe en que la docencia puede lograr cambios.
Jaime Zapata en el Colegio Paulo Freire. Foto: Darwin Borrelli
Lo importante es que el educador esté comprometido con su labor, dice Ferando Curbelo. Foto: Darwin Borrelli
La experiencia de los maestros en el Interior es distinta. 

"Cuando eras niño, ¿qué soñabas ser de grande?". Esa fue la pregunta de Domingo y 10 hombres respondieron variado: dijeron que en aquellos años querían llegar a ser bomberos, policías, choferes de ómnibus, mecánicos, cocineros, profesores de gimnasia o futbolistas. La misma consulta se le hizo a 10 mujeres: algunas contestaron que querían ser cantantes, veterinarias, una actriz y otra bailarina. Pero la mitad coincidió en algo: en que cuando crecieran querían ser maestras. Y aunque los sueños que tengamos de pequeños muchas veces quedan por el camino, al escuchar las respuestas de estas personas surge la pregunta de por qué con todos los cambios que hubo en la sociedad, y más en los últimos años, todavía nos cuesta pensar en ser o tener un maestro varón en un salón de clases.

Según el último Censo Nacional Docente que la Anep realizó en 2007, nueve de cada 10 docentes de Primaria son mujeres. Y si hablamos de Montevideo hay aún menos hombres: solamente un maestro de cada 20 docentes es varón.

Según Héctor Florit, maestro y actualmente consejero de Educación Inicial y Primaria, esto se puede deber, en primer lugar, a que en el interior del país hay menos ofertas educativas terciarias. En segundo lugar, puede ser también "por las condiciones de ruralidad que hay en el inicio de la carrera".

Florit es maestro, se define como un "enamorado" de su profesión, pero confiesa que en el momento en que eligió qué estudiar, lo hizo con algunas inseguridades: "En mi familia no hay maestros ni docentes", dice. La carrera de magisterio "fue una opción por descarte, no tenía una vocación clara, pero sí una vocación vinculada a lo social y surgió como alternativa esta carrera".

Recuerda que entró con dudas y terminó convencido y entusiasmado. Asegura que es importante la presencia de los maestros varones en las aulas porque es positivo que haya "modelos identificatorios masculinos y femeninos" para los más chicos.

Según el informe que acompaña los datos del censo realizado por Anep, "la descripción de las características sociodemográficas de los docentes parte de una premisa bastante uniforme para la gran mayoría de los países del mundo: la profesión docente se encuentra altamente feminizada". El fenómeno es analizado desde varias ópticas.

Hay quienes centran la explicación en aspectos vinculados a la existencia de vocaciones diferenciales entre géneros. Pero otros asocian la situación con un indicador de desvalorización social del oficio, en la medida en que en sociedades en las que existe un "dominio masculino" las posiciones estratégicas en la escala social o con mayor valoración social son ocupadas por los hombres.

Asimismo, señala el informe, las raíces históricas de la construcción de la educación han resaltado aspectos de la institución escolar como la "segunda familia", que vinculan al centro educativo como un continuo en el proceso de socialización y cuidado.

A esto también se podría agregar el tema del salario: aún sobrevive la idea de la familia tradicional donde el hombre es quién realiza el aporte económico principal y la mujer el secundario.

"Los resultados del censo confirman la estructura predominantemente feminizada que caracteriza a la gran mayoría de los sistemas educativos del mundo y que el caso uruguayo ha mostrado desde sus orígenes", señala el documento.

Lograr cambios

Daniel Pintos tiene 39 años, es maestro de 5° año en el colegio Paulo Freire y de 6° año en la Escuela Nº 277. Además, es ayudante de arquitecto, por eso en un principio había pensando estudiar profesorado de Dibujo. Pero luego se decidió por Magisterio.

"La docencia es un medio por el cual se pueden lograr cambios. Lo vocacional, enseñar, tuvo un gran peso al momento de la elección. Con el paso del tiempo confirmo mi opción", dice.

Y a pesar de que es una carrera en la que la mayoría son mujeres, sostiene que "no hay obstáculos, todo lo contrario. No me afecta ni personalmente ni profesionalmente, puede ser que en algunas instancias esté bueno tener compañeros del mismo sexo. En muchas ocasiones el maestro varón es como el malo, al que los niños deben temer, y te ubican en un lugar un poco incómodo. No sucede siempre, pero en contactos con otros compañeros varones esa posición se nos plantea así".

Daniel cree que "debería haber más presencia masculina en formación docente", pero opina que "no hay diferencias" a la hora de enseñar: "La preparación es la misma, creo que el contraste está en la percepción de los padres. Al ver a un maestro varón, se percibe la imagen masculina con mayor autoridad".

Fernando Curbelo tiene 43 años y hoy es otro de los que se para, con su túnica blanca, todos los días frente a los niños para enseñar. En su caso, ser docente tampoco fue una de esas elecciones que se hacen desde la infancia. "Nunca pensé en ser maestro. Hice la carrera porque me gusta trabajar con niños", confiesa.

En las escuelas en que ha dado clases, generalmente sus colegas han sido mujeres, pero dice que eso es algo que "no afecta en absoluto" su manera de trabajar: "A lo sumo hay uno o dos compañeros varones, como máximo".

Fernando opina que es "indiferente" el hecho de "que haya más hombres o no" como docentes, y sostiene que lo importante es que se realice el trabajo "con amor y dedicación".

Cuando era niño asistió a una escuela rural. "Tuve un maestro varón en tercer y cuarto año de primaria", recuerda.

Hoy da clases en la Escuela de Educación Especial N° 207 y hace suplencias en las escuelas N° 7 y N° 38 de Montevideo. Está convencido de que "las diferencias no las marca el género a la hora de enseñar, sino las estrategias y la personalidad".

Y aunque opina que "los equilibrios de diferentes sexos favorecen los ambientes laborales", para Fernando "lo más importante es que el educador sea una persona comprometida con su labor, que ame lo que haga".

El compromiso por parte de un docente es una de las cosas que queda grabada por siempre en los alumnos. Eso pasó con Rosalía, que hoy tiene 24 años y pasó su infancia en Melo, departamento de Cerro Largo. Si le preguntan a qué maestro recuerda con más cariño no titubea: a Jorge. Lo tuvo como docente cuando estaba en 4° año y tiene grabado el primer día de clases como si fuera ayer: apenas se sentaron todos los niños, sacaron sus cuadernos y Jorge los sorprendió con un montón de preguntas para comprobar si sabían o no ciertas cosas, que al haber pasado tres años en la escuela se suponía debían tener claras. La mayoría de las respuestas no fueron correctas y así comenzó un año al que Rosalía define como el que más aprendió.

Jorge era exigente, pero el respeto que imponía no generaba una barrera entre él y los niños. Muy al contrario: todos lo adoraban. Esto, a diferencia de algunas madres, que sobre todo al principio de año no estaban conformes con que fuera un hombre que estuviera frente a la clase. En este caso se sumaba que era homosexual, lo que también causaba cierto rechazo.

"No sé si me marcó por el hecho de que fuera varón, pero ese año aprendí un montón y creo que fue por su forma de ser. Era súper aplicado y cumplía siempre", señala Rosalía.

Desafío

Tal vez a Federico Sequeira también alguien llegue a recordarlo así, con el cariño de Rosalía a Jorge. Hoy está cursando segundo año de la carrera Maestro en Primera Infancia: "Este año por temas laborales y principalmente de tiempo deje la práctica, así que en 2018 tengo que hacer la de segundo. Estoy, teóricamente a tres años de recibirme de maestro, aunque al culminar segundo se obtiene un título intermedio de Asistente Técnico en Primera Infancia", dice.

Siempre le gustó "el área de la educación", cuenta. "Cursé el IPA (Instituto de Profesores Artigas) y en el año 2012 primer año de Magisterio. Luego no seguí principalmente por trabajo, ya que se complica las prácticas a contra turno, te lleva todo el día. Y ahora estoy entusiasmado con esta carrera".

"Quiero ser maestro por todo el desafió que implica enfrentarse a los niños, poder colaborar en sus aprendizajes y desarrollar al máximo sus competencias, lo cual demanda una formación continua, capacidad de adaptación tanto a la institución, al contexto, al equipo de trabajo, etcétera. Me gusta el rol que cumplen los maestros y maestras", sostiene, convencido de la carrera que eligió.

Si bien en los pasillos se cruza con otros compañeros y, según le dicen los profesores cada vez hay más varones estudiando, en su clase es el único, una realidad que quisiera cambie. "Me gustaría que más varones estudien y tengan en cuenta esta carrera como opción, ya que como en toda profesión la diversidad enriquece. Lo mismo pienso de las carreras que son mayoría hombres", opina.

De chico nunca tuvo un maestro varón, y está seguro de que entre los docentes hay diferencias a la hora de enseñar, pero no debido al género sino a que cada persona es distinta.

Ya con años de experiencia, Álvaro Bentancourt, de Tacuarembó y hoy docente de 5° año en el colegio Crandon, nota que al ejercer "al maestro varón lo respetan mucho más que a la maestra mujer. Pero creo que eso es una construcción social que va mas allá de la escuela", opina.

En su caso, eligió ser maestro porque es una profesión muy noble. "No paga en lo económico pero sí paga en retribuciones. Si uno toma este trabajo con responsabilidad la gente lo reconoce, lo ve, lo aprecia y lo valora de una manera especial. El llegarle a los niños y por lo tanto llegarle a todas las familias tiene una riqueza, uno cosecha una riqueza personal", dice.

Si bien siempre fue minoría —cuando estudiaba eran grupos de 100 alumnos que tenían 96 mujeres— nunca sufrió discriminación.

"Es una carrera que si uno la hace por vocación la disfruta. Hoy en día hay muchos jóvenes que la toman como una carrera segura porque hay trabajo y porque cada vez hay menos maestros. Ahí me parece que el fracaso es cuestión de tiempo nada más", concluye.

El "maestro" Óscar Tabárez.

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El "maestro" Óscar Tabárez

Óscar Washington Tabárez, director técnico de la Selección Uruguaya de Fútbol desde hace más de 10 años, ejerció como maestro en la década de los 80 en las escuelas del Cerro, Paso de la Arena y La Teja, combinando durante varios años su pasión por el fútbol con la docencia.

Recientemente, en una entrevista televisiva dijo que lo de "maestro" es "casi un nombre" o un sobrenombre. "Pero maestro es quien va todos los días a la escuela, el que planifica, el que está con sus alumnos trabajando. En todo caso soy un exmaestro", concluyó.

El orgullo de tener un maestro

Nicole es madre de Lila, una niña que está en 5° año de escuela del colegio Crandon y que es alumna de Álvaro Bentancourt. "Me encantó que este año le tocara un maestro varón", dice, reconociendo que en parte es por novelería, pero también porque resultó ser un muy buen maestro.

Al ser minoría dentro de un colegio en el que la mayoría son maestras mujeres, "nos sentimos con ganas de apoyarlo", agrega.

El hecho de que Álvaro eligiera una carrera reservada históricamente a una mayoría femenina, hace que muchas familias sientan que se trata de una vocación profunda. "Tener un docente con esas características es algo que valoro mucho a nivel educativo. Es como cuando subo a un taxi y la conductora es mujer, salvando las distancias", dice Nicole.

Esta madre opina que cada quien debe seguir su vocación, más allá de ser hombre o mujer, y que enseñar no es un tema de género.

Nicole cuenta que su hija "lo quiere mucho y se siente orgullosa de tenerlo como maestro".

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¿Debería haber más maestros varones en las escuelas?

"Al ver a un maestro varón, se percibe la imagen masculina con mayor autoridad, aunque por supuesto las maestras tienen la misma atribución de autoridad". (Daniel Pintos, maestro en colegio Paulo Freire y en la Escuela Nº 277)

"Creo que me es indiferente el que haya más hombres o no como maestros, lo que considero importante es que el que ejerza la carrera lo haga con amor y dedicación". (Fernando Curbelo, maestro en las escuelas N° 207, N° 7 y N° 38)

La presencia tanto de varones como de mujeres en las aulas "no es algo indiferente", sino que "es importante que existan modelos identificatorios masculinos y femeninos" para los niños. (Héctor Florit, maestro y consejero de Primaria)

"Me gustaría que más varones estudien y tengan en cuenta esta carrera como opción, ya que como en toda profesión la diversidad enriquece". (Federico Sequeira, estudiante de segundo año de Maestro en Primera Infancia)

"Debería haber más maestros porque el hombre tiene una visión diferente a la mujer en todos los aspectos, pero en la educación también se ve reflejada". (Álvaro Bentancourt, maestro de 5° año en el colegio Crandon)

Cuando la capital no era opción

Álvaro Betancourt tiene 38 años y es de Tacuarembó, el departamento que lo encontró cuando en la década de los 90 había terminado sus estudios secundarios. "Tenía 17 años y en Tacuarembó no había muchas opciones para hacer carrera o estudiar otra cosa. O te venías a Montevideo, o hacías algún profesorado que dabas los exámenes libres, o elegías Magisterio. Eran las opciones que había", recuerda.

Con una familia que lo apoyaba en sus decisiones pero que no contaba con los recursos económicos como para mandarlo a estudiar a la capital, Álvaro se chocó con una realidad distinta a la de hoy, en la que no había programas de ayuda, becas para estudiantes o acceso a hogares estudiantiles. Le resultó todo muy inaccesible en ese momento y no pudo irse a estudiar en Montevideo.

Este maestro que un día debió dejar por el camino su sueño de estudiar en la facultad de Economía, eligió entonces la opción que actualmente lo enorgullece. Y no fue simplemente por descarte. Antes de comenzar la carrera había empezado a darse cuenta de algo: "Fuera donde fuera, a una plaza, a un parque, a una canchita, en un ómnibus, los niños siempre se me acercaban, siempre trataban de buscar charlar conmigo, siempre buscaban el contacto, una respuesta, hacerme una pregunta, y yo sentía como cierto magnetismo con los niños en ese aspecto".

Eso fue lo que lo impulsó a hacer Magisterio, aunque también ayudó el hecho de que tanto su madre como su hermana se inclinaran la misma elección. "Desde muy chico estuve mamando esa profesión. Mi tía también es maestra. Provengo de una familia de maestros en la cual no se hablaba de otra cosa que no sea Magisterio en mi casa".

Pero su afinidad con los niños lo terminó de convencer de que debía ser maestro. "Elegí la opción de venir a Montevideo después de recibirme porque viví la experiencia de mi madre, que trabajó en campaña, y es una realidad totalmente distinta: ella podía estar en su casa solamente los fines de semana y había falta de muchas comodidades. Eso me alentó a venir a la capital, donde seguí estudiando y haciendo todos los cursos que pude", cuenta.

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