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Una seductora dama de hierro

A los 49 años, Robin Wright, la actriz que vivió dos décadas a la sombra de Sean Penn, hoy se erige como una de las estrellas de televisión más exitosas e imitadas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
A sus 49 años Robin Wright disfruta del éxito.

Hace un par de semanas, en una conferencia de Women in the World, Robin Wright se topó con la embajadora de Estados Unidos para la ONU, Samantha Power. El encuentro dio de qué hablar porque, en la tercera temporada de House of Cards (sí... se viene un mini spoiler), Wright interpreta a una primera dama obsesionada por tener también ese mismo rol —representante de su país en las Naciones Unidas—, objetivo que consigue gracias a la ayuda de su marido. Por eso, como un guiño, en el encuentro con la embajadora real, la actriz le regaló uno de los vestidos que utilizó rodando la serie, gesto que Power agradeció con risas y un "¡Cuídense, rusos!", que la revela como seguidora de la historia. Y, antes de que ambas discutieran sobre sus intereses en África, agregó: "Creo que sería más efectiva si tuviera todo el guardarropa de Claire Underwood".

A sus 49 años, Robin Wright ha tenido un renacer, y no teme reconocerlo. Ya muy lejos del estrellato juvenil que tuvo por su papel en la serie ochentosa Santa Barbara y más tarde en las películas La princesa prometida o Forrest Gump, y también distanciada de la celebridad heredada de la que supo disponer por ser durante casi dos décadas la pareja de Sean Penn, ahora el éxito es todo suyo. Y en grande.

Desde 2013 es una de las protagonistas de House of Cards, la serie que cargó con la presión de ser la primera original de Netflix y que tuvo su estreno mundial en esa plataforma: streaming en Internet. Este año el servicio lanzó su tercera temporada —con todos los episodios juntos, como es su costumbre— y el programa ya es de culto, con una grey de seguidores que incluye al propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Robin es Claire, la esposa de Frank Underwood —Kevin Spacey en la piel de un congresista que, junto a su mujer, hace cualquier cosa para escalar en la carrera del poder en Washington—, papel que le valió nominaciones a los premios Emmy y un Globo de Oro ya en el haber.

"Me siento como si fuese un renacimiento", le dijo la actriz a The New York Times. "Tengo la edad que tengo, y he estado en el negocio durante mucho tiempo, y no trabajé demasiado porque quería criar a mis hijos. Y no me arrepiento. Pero ahora me estoy embarcando en un capítulo muy diferente".

Como una malvada de rostro angelical y sentimientos contradictorios, su rol, que seduce al espectador tanto como el de Spacey o más, está en buena parte elaborado a partir de lo estético. Su estilo, su ropa y su corte de pelo masculino y femenino a la vez—que muchas quieren imitar, aunque a nadie más que ella le puede quedar bien— la han convertido en un ícono de moda. Ella misma contó que cambió totalmente su manera de vestir cuando se cortó el pelo, y que para lucir los ceñidos tailleurs que utiliza en las grabaciones se pone una faja. "Es una armadura. No sé a quién se le puede ocurrir vestir algo así a diario", confesó. Sin embargo, tal como apreció la propia embajadora Power, sus looks son parte inherente a la psicología del personaje; igual que sus modos suaves, su tono protector y su belleza etérea que de alguna forma remiten a distancia, cálculo y ambición.

"Sin duda es una copia del personaje de Kevin Spacey. Quizás incluso tenga más carácter que él, porque se ve cómo él se preocupa por ella, y con razón. En muchos aspectos es como la versión femenina del personaje que interpretaba Bryan Cranston en Breaking Bad: alguien cargado de secretos y muy consciente de sí mismo. Es la perfecta combinación entre historia, personaje y actor", definió.

Lejos quedan los tiempos del culebrón Santa Barbara, donde conoció a su primer marido, Dane Witherspoon. Wright nació en Texas pero creció en el Sur de California. Su padre era ejecutivo en una farmacéutica y su madre vendedora de cosméticos. La escuela no era lo suyo, aunque ahora lamenta carecer de estudios universitarios. De adolescente probó suerte como modelo y pasó un verano en Japón, donde vivía su hermano mayor, bailarín. Ella tenía 15 años. "Mi hermano vivía allí y se suponía que me cuidaría. Yo era muy joven, y tenía mucho miedo", le comentó la actriz al Daily Telegraph.

Se divorció de Witherspoon en 1988, con apenas 22 años y tras solo dos de matrimonio. Al año siguiente, en el set de El clan de los irlandeses, conoció a Sean Penn. Se casaron en el 96 y fue a partir de entonces que la prensa habla de que tuvo una "semi-retirada" de Hollywood para dedicarse más a su marido y los dos hijos que tuvieron juntos. No dejó el cine del todo, pero sí abandonó el mainstream y el ajetreo de la industria. Se cambió el apellido a Wright-Penn y comenzó a definirse en público como "la mujer de Sean Penn". El famoso era él. Y ella se hacía famosa por declinar papeles golosos. No se arrepiente. "Todo lo que me habría gustado hacer ya lo ha hecho Meryl Streep. La decisión de Sophie, Kramer versus Kramer, Silkwood", dijo hace años.

En el 2010 se separó del actor y se deshizo de su apellido (ahora está comprometida con Ben Foster, de 34 años, ver recuadro). Los hijos habían crecido —hoy tienen 22 y 24 años—, así que todo estaba preparado para el retorno a los focos. En Los hombres que no amaban a las mujeres, basada en la novela de Stieg Larsson, trabajó con el director David Fincher, que la recuperó para House of Cards. Para ella, también era un regreso a las series de televisión. La distancia entre el kitsch ochentero de Santa Barbara y la sofisticación de House of Cards refleja la revolución en la ficción televisiva. "Yo empecé haciendo televisión y no quería volver a aquello. Ni siquiera miro mucho la televisión —le dijo la actriz al Telegraph—. Pero la televisión no es lo que era. La mayoría de las veces el material es mejor que mucho cine". En la piel de un personaje que trasciende la pantalla, ella lo sabe bien.

"Nunca antes fui tan feliz".

Robin Wright parece estar en total plenitud y más segura de sí misma que nunca. "Llevo en esta industria 30 años y estoy cansada de morderme la lengua", le dijo a El País de Madrid. Y lo viene dejando claro. En una reciente entrevista con Vanity Fair, aseguró sin ponerse colorada que jamás disfrutó tanto de su vida sexual como con su actual pareja. "Nunca he sido más feliz en mi vida que ahora. Tal vez no es muy elegante que lo diga, pero nunca me he reído más, leído más o tenido más orgasmos que con Ben". Ben es Ben Foster, un actor de 34 años con quien sale desde 2011, tras dos décadas de relación con el actor Sean Penn. "Él me inspira a ser la mejor. Hay tanto que aprender. Me tomó mucho tiempo crecer. El amor es posible", añadió la actriz. El matrimonio con Penn no habría terminado de la mejor forma teniendo en cuenta que él dijo que nunca se sintió amado y que si se casara con su actual novia, Charlize Theron, sentiría que lo hace por primera vez (en los hechos sería la tercera ya que antes de Wright estuvo casado cinco años con Madonna). Ella, en tanto, ha preferido no hablar mucho de su ex. "Tengo mucho respeto por Sean y nuestros dos extraordinarios hijos como para vender nuestras alegrías y penas pasadas para el consumo del público. Creo que estuvimos juntos no solo para tener a nuestros hijos, sino para aprender a amar... Cómo hacerlo la próxima vez, de la manera correcta".

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