Cabeza de Turco I washington abdala

¿Sapiens asesinos?

Somos la única especie capaz de "inventar" relatos, verbalizarlos de manera flexible, compartirlos a escala masiva, creerlos y generar acciones a través de los mismos. Eso es lo que nos diferencia a lo largo de la historia con el resto de los animales.

Por esto hacemos lo bueno y lo malo en el planeta. Esta es la tesis central del libro de Yuval Noah Hariri, Sapiens, de animales a dioses que lo recomiendo fervientemente.

Claro, el libro está escrito en clave de superación al resto de los animales que habitan el planeta (es tan obvio esto que nos comemos a buena parte de ellos). Es que nos diferenciamos de los simios porque a partir de nuestros relatos imaginarios hacemos nacer redes de cooperación a escala gigantesca: imperios, naciones, iglesias, tribus, organismos supranacionales, Internet, multinacionales globales, todo sale de nuestras mentes. Y todo eso porque, además, los "sapiens" somos la única especie que fabulamos historias y nos creemos los cuentos que inventamos. Los animales saben que un león hambriento es una amenaza y por ello huyen. Es instinto o inteligencia, poco importa, pero se escapan sin fabular nada, son lógicos. Nosotros, ante una amenaza, la investigamos, la conocemos, la cuestionamos, montamos un relato y terminamos creando historias casi de rango mitológico con lo que interpretamos de la misma. O sea, somos el animal que sabe más y desde esa condición "ficcionamos" historias que nos movilizan. Palabra más, palabra menos esto es lo central del pensamiento de Hariri.

Hacía tiempo que un libro no me tenía adicto y gozado. En general en este panorama de desolación intelectual, de idiotas que repiten lugares comunes, de supuestos periodistas que relatan lo que quieren ver, de superpoblación de charlas de TED todas parecidas, o de reinados de inventores de apps para cualquier imbecilidad —y son considerados "genios"— que aparezca este individuo y mueva el avispero me llena de emoción. Y es judío el autor, con lo cual, decirle al "pueblo elegido": ojo chicos que ese es otro relato más de los tantos que abundan por allí, ¡guauu! no es para cualquiera (como tantos otros mitos con los que nos movemos en la Tierra, como "la nación libre y soberana" o "el espíritu del pueblo"; mitos harto discutibles todos).

En Ciencia Política nos cansamos de enseñar el poder del mito en la política. Usamos a George Sorel como autor referencial. Hariri nos viene a decir que los mitos son el motor más poderoso de la humanidad. Igual que en política pero aún más intensos. Y es cierto que es así, más aún en estos tiempos en los que nos intimidan unos pocos miles de asesinos que creen en una visión criminal para golpear a la civilización occidental, mientras varios miles de millones en el planeta (la inmensa mayoría) creemos en mitos colaborativos y solidarios. Hablo de religiones, de organizaciones no gubernamentales y de gobiernos bien inspirados (aunque en algunos de estos ámbitos, es cierto, hay ratas inmundas) pero la mayoría de estos actores, junto a la gente, cantan La Marsellesa o lloran los 250.000 sirios muertos. Esa es la victoria del mito del bien sobre el del mal.

El libro de Hariri cayó en mis manos en estos días luego de los atentados de París y de Mali. Nunca mejor recibido. Me sucede que quiero creer en ese "poder mítico", por eso soy un lector idiota que voy entregado de pies y manos ante quien venga a contarme que hay esperanzas en el destino humano. En el fondo, Hariri es un buchón desafiante porque nos advierte que "somos poderosos pero tenemos poca idea de que hacer con tanto poder". Einstein, Szilard y Oppenheimer sabían de esto cuando dialogaban sobre la bomba atómica. Quiero creer que al final las ideas sensatas ganarán, o sea el mito bueno, por calificarlo a mi modo. Si creyera en otra cosa, la vida no tendría sentido. Es cierto, somos dioses con tanto poder que poseemos hasta la capacidad de "autodestrucción" a nuestro alcance. Ojalá nunca gane ese mito. Simplemente ojalá, pero para eso hay que educar en tolerancia, algo que no siempre va con la mente del "sapiens".

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