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San Pablo: la ciudad del eterno vértigo

En momentos social y políticamente tensos, una vuelta diferente a la megaciudad brasileña en constante transformación. Y con un alcalde al que señalan como “el Trump brasileño” y presidenciable.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La emblemática Avenida Paulista, nervio de la gran metrópolis brasileña.

Nadie puede conocer realmente una ciudad con 22 millones de habitantes. Una de esas ciudades que son un país adentro de otro. Una Ciudad Alfa, según la clasificación de la socióloga Saskia Sassen para aquellas urbes cosmopolitas con una intensa cultura autóctona y una proyección directa y tangible a escala global. Como Londres, Nueva York, París y Tokio. Destino de negocios más que de placer, centro de tensiones políticas a la par que la capital, Brasilia, con una escena gastronómica y nocturna inabarcable y un tránsito imposible, sin remedio.

El extranjero que cree conocer San Pablo probablemente haya visitado una mínima porción de ciudad. Y lo que visitó, cuando vuelve lo encuentra cambiado. Los barrios se transforman aceleradamente. Los negocios abren y cierran, las modas pasan, la gentrificación llega, como en toda Ciudad Alfa.

Denis Chamas considera que conoce bien San Pablo. Paulista de origen libanés, ejecutivo de marketing para una multinacional y DJ, prepara una lista con los diez lugares que no me puedo perder en la ciudad. Aunque estuve una docena de veces en San Pablo, no me suena ni uno. En el ranking figuran un restaurante en un container en Vila Madalena y la hamburguesería con onda del guitarrista de la legendaria banda hardcore Ratos de Porão. Empezamos la primera noche por el bar Mandibula. "Templo hispter", lo bautizó el diario Folha de São Paulo.

Un bar especial.

Bruno Bocchese conoce tan bien su San Pablo que empieza a aburrirse. Creativo publicitario, renuncia a una agencia para cumplir el sueño de abrir un bar. Transita y registra todo el proceso en episodios vía redes sociales, desde la idea inicial hasta la búsqueda de la locación. Se genera tanta expectativa que la noche de la apertura, en 2015, el bar ya es un suceso. "Y ahora el alcalde lo quiere clausurar", protesta Chamas.

Mandíbula ocupa un local escondido en el tercer piso de la galería comercial Metropole, en pleno Centro, hasta 2015 solo visitada por sus descoloridas agencias de turismo y de cambio. Pero el bar dio vuelta el paisaje. Ahora los pasillos grises son transitados por la crema del modernismo indie y en los viejos locales empezaron a abrir tiendas de diseño y disquerías con vinilos. Como Setzer, donde se consiguen discos de Elvis Costello y The Smiths, además del librito infantil de Keith Richards traducido al portugués.

"No teníamos concepto. Como publicista, ya estaba cansado de pensar siempre en conceptos", dice Bruno en su barra, donde cada noche de la semana convoca una fiesta distinta, una banda en vivo o una sesión de karaoke alternativo.

De aprendiz a presidenciable.

João Doria Junior conoce San Pablo y sabe cómo seducirla. En octubre del año pasado ganó las elecciones para la alcaldía con el 53,4 por ciento de los votos. Señalarlo como "el Trump brasileño" ya es un lugar común. Hay más de una coincidencia fuerte: empresario exitoso, con avión y helicóptero propios, de personalidad colorida, fue el conductor de la versión brasileña de El aprendiz, el mismo reality que hizo Trump, en el que su gag era despedir a los concursantes-aspirantes a hombres de negocios.

El otro lugar común, cada vez con más fundamento, es señalar al prefeito como "presidenciable", particularmente a partir de los escándalos políticos de las últimas horas y los recelos que genera en algunos el posible regreso de Lula a la arena. Un sector importante de la poderosa iglesia evangelista brasileña le dio su apoyo. .

Conocido por su revista Caviar Lifestyle y sus libros de autoayuda para imponerse en el ecosistema capitalista, Doria arrancó la gestión con una serie de puestas en escena extravagantes y polémicas. Salió con una escoba (y un equipo de filmación) para barrer las calles y se puso un mameluco municipal naranja para limpiar los grafiti bajo un puente del centro. San Pablo es una de las Ciudades Alfa donde el grafiti se consagra claramente como expresión artística, pero Doria parece decidido a combatirlo en todas sus formas, inmune a la creciente indignación de los defensores del arte urbano.

A Doria no le gusta Mandibula. Hace pocas semanas, mandó a 200 efectivos a clausurar todos los bares desde la plaza Roosevelt hasta la galería Metropole. La excusa fue el límite legal de ruido, pero el operativo fue más que nada intimidatorio, opinan desde el emprendimento.

Virada cultural.

Bruno Lancellotti conoce la música de San Pablo. Productor de conciertos, cerraba los últimos detalles para la Virada Cultural, el gran evento anual en el que la música y otros espectáculos toman por 24 horas las calles paulistas, que se celebró el fin de semana pasado. "La idea es que la cultura se apropie del espacio público", cuenta Bruno. Estamos en Casa Do Porco (puesto número cuatro en la lista de imperdibles), un restaurante paulista donde es difícil conseguir mesa. Está en el Centro, muy cerca del bar Mandíbula y también del Copan, el edificio-ícono diseñado por Oscar Niemeyer, con su característica planta en forma de onda, la construcción residencial más grande de América latina. Tiene 1160 departamentos, 70 tiendas y un templo evangélico en la planta baja.

La carta de Casa Do Porco está armada exclusivamente con cerdo, desde sushi hasta ramen porcinos, entre churrasco y chicharrones. Incluso la cerveza tiene un cerdito en la etiqueta (es cerveza IPA: "Increiveis Porcos Alegres").

Hasta no hace mucho, más que de restaurantes de moda el Centro era un polo de actividades ilegales nada recomendable después de las 18. Pero las cosas cambian muy seguido en San Pablo.

Giovano Manetti conoce el gusto de los paulistas. Está al mando de la cocina y el fogón de Cozinha 212, puesto número seis en la lista de DJ Denis, infaltable entre las recomendaciones de muchos otros expertos. Con su carta de carne a la parrilla y mariscos (y un notable pulpo) es la nueva estrella del circuito gastronómico de la Rua dos Pinheiros, donde se puede cenar por unos 900 pesos uruguayos. Aunque Manetti y todos sus entrenadísimos compañeros de la cocina y del salón parezcan los integrantes de una banda punk (formada por estudiantes de una escuela de restauración suiza). Tatuajes, piercings, gorras de Black Flag y excelente servicio son tendencia en la escena gastronómica paulista, que hoy parece una anexo del mundillo rockero.

La avenida que no para.

La avenida Paulista es un símbolo de San Pablo. No es tan extensa, recorre 2800 metros, pero desde su trazado hace más de 120 años, se convirtió en un eje fundamental. En la primera mitad del siglo XX, con las mansiones de los barones del café y las burguesía inmigrante enriquecida y los parques de inspiración europea. En las últimas décadas, con los rascacielos que reemplazaron aquellas mansiones en el corazón económico de la ciudad de Brasil y de América Latina. Y recientemente, como escenario de las celebraciones populares y de las protestas más ruidosas, con un punto de inflexión en las marchas multitudinarias por el transporte público del Movimento Passe Livre en 2013. Por los acontecimientos políticos de último momento, es de esperar que la Paulista vuelva a ser sede de protestas en estos días.

Organizada o casual, de festejo o en pie de guerra, con trajes importados o con harapos, siempre hay gente en la ancha avenida. La Paulista es la expresión de una ciudad imparable. Si la Paulista es un símbolo de San Pablo, el Museo de Arte de SAo Palbo (MASP) es un símbolo de la Paulista y la institución insignia de esta ciudad con una vida cultural impresionante. Otros destacados en el circuito son la notable Pinacoteca, los pabellones y sobre todo el auditorio del Parque Ibirapuera (otro Niemeyer auténtico) y el fundamental Museo de la Lengua Portuguesa, en la recuperada Estação Luz. *LA NACIÓN/GDA

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