Nombres del Domingo

Ronda, chica dura de vencer

Tan hermosa como robusta, la estadounidense Ronda Rousey brilla en las artes marciales mixtas mientras busca conquistar Hollywood.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Como judoca Ronda Rousey logró un bronce en los Juegos Olímpicos de 2008.

DANIELA BLUTH

Cuenta que su pasión por las artes marciales nació de una rutina familiar y cotidiana, cada vez que su madre, excampeona mundial de judo, la despertaba saltando sobre su espalda con la arenga de "siempre-estar-alerta". Antes de abrir los ojos, la pequeña Ronda Rousey (28) tenía que defenderse y quitarse —literalmente— el gran peso que cargaba sobre sus hombros. Si lograba deshacerse de su progenitora con una palanca de brazo —sí, esa misma que hoy es su distintiva arma letal— la alegría y las recompensas de mamá AnnMaria eran superlativas. Sino, a la mañana siguiente habría que volver a intentarlo.

Así, esta niña entre tímida y conflictiva que primero eligió la natación como deporte a practicar, se fue convenciendo de que, quizá, el judo era un mejor aliado para la vida. Años de entrenamiento duro y —una vez más— la insistencia de su madre, la convirtieron en 2004, con apenas 17 años, en la judoca más joven en competir en los Juegos Olímpicos (Atenas). Cuatro años después, en Beijing, ganó la medalla de bronce, batiendo un récord aún más importante: ser la primera mujer en ganar un galardón desde que el judo fue incluido en los JJOO.

Lejos de entusiasmarla, los premios en contante y sonante y los apretones de mano de personajes ilustres la terminaron decepcionando. Se abandonó. Dejó de pelear. Y empezó a vivir como tantos otros jóvenes de su edad. Trabajaba en un bar, entrenaba en el gimnasio, fumaba marihuana y, muchas noches, dormía en la (in)comodidad de su Honda. También tuvo varios novios a quienes, en un gesto de desaprobación, su madre indistintamente llamaba Bob. En ese contexto decidió darle una oportunidad a las artes marciales mixtas (MMA, por su sigla en inglés). Y no se arrepiente. Allí consiguió otro mojón inédito: ser la primera luchadora en la liga de la UFC (Ultimate Fighting Championship). "En este momento soy la chica más mala del planeta", dice. "Y no importa qué me pase en el futuro, eso ya lo tengo. De lo contrario, estoy de nuevo en 2008, soy una perdedora, una moza borracha que fuma mentolados. Y nadie quiere fumar mentolados. Son desagradables".

Su forma directa de decir las cosas —a veces un tanto ruda o soez— ya es una de sus características. Pero nada de eso opaca su desempeño en el ring, donde ha ganado las últimas doce peleas en las que ha participado, dejando a sus oponentes en el suelo llorando de dolor. Si bien todavía hay quienes critican su intromisión en un mundo hasta hace poco exclusivamente masculino, Ronda tiene más fans que detractores.

Altos y bajos

Sin embargo, su vida no siempre estuvo llena de alegrías y éxitos. Tal vez por ello, aunque muchos la ven como una ganadora nata a ella le cuesta sentirse así. "Me gusta citar al Señor de los anillos. Mi lista de aliados se achica. Mi lista de enemigos se alarga", ha dicho más de una vez. Eso, en parte, se debe a la mala relación que tiene con algunas de sus rivales, sobre todo con Miesha Tate. En los últimos meses, cuando mucha tinta se ha dedicado a escribir sobre Rousey —quien, de hecho, ya tiene su propia autobiografía My Fight/Your Fight—, ya hay algunas hipótesis sobre el por qué de ese carácter hosco y agresivo.

Hasta los seis años nadie supo a ciencia cierta si Ronda podría pronunciar una frase coherente. Es que la niña había nacido con una vuelta del cordón umbilical alrededor del cuello, y su peculiar forma de hablar podía ser signo de daño cerebral. Sus padres, Ron, un ejecutivo de la industria espacial, y AnnMaria, una psicóloga educacional, decidieron mudarse de California a Dakota del Norte para estar cerca de los médicos de la Minot State University, que trabajaron sobre sus cuerdas vocales. No fue fácil, pero lo lograron. "Soy una tonta", solía decir Ronda cuando se comparaba con sus hermanas, Maria y Jennifer. Una vez que el escollo estuvo solucionado, en el liceo, la chica demostró ser inteligente, sobre todo en áreas no verbales, como ciencias, matemáticas y arte.

Cuando empezaba a remontar, el suicidio de su padre le volvió a mostrar que la vida era dura. Pasó su adolescencia —de nuevo en California— dentro de un gimnasio. Nunca fue a una fiesta o un baile; tampoco tuvo una cita. A los 16 tenía tanto músculo que sus compañeros la llamaban "Salvaje" o Miss Man. La humillación era tan grande que Ronda empezó a usar buzos de manga larga todo el año. "Había 30 grados afuera y no me los sacaba", recuerda. "No dejaba que nadie viera mis brazos". Incluso hoy, dicen los entendidos, es notorio que mientras que la mayoría de los luchadores luce sus músculos antes y después de cada pelea, ella casi nunca lo hace, dejando sus brazos a los lados o escondiéndolos detrás de la espalda.

Desde 2010, tras dejar el judo, entrena artes marciales mixtas en el Glendale Fighting Club bajo las órdenes de Edmond Tarverdyan, un armenio con buen trato y campeón de Muay Thai, boxeo tailandés. Las paredes del gimnasio están tapizadas con posters de sus peleas. Cada vez que levanta la quijada, se ve, allí, triunfante. Las palabras de Tarverdyan también ayudan a reforzar esa autoestima, otrora castigada. Él dice que "ganar es un hábito" y que "no hay rivales fáciles hasta que lo vences". Ella le cree.

Mientras su nombre lidera los rankings de las MMA, Ronda ya está pensando en el siguiente paso: Hollywood. "Rousey llega al cine en un buen momento. Sus sueños de actriz coinciden con la búsqueda de relevos en el campo de las chicas duras", escribió de ella El País de Madrid. Con Angelina Jolie (Tomb Rider) dedicada a la familia y Milla Jovovich (Resident Evil) rozando los 40, no tiene grandes contrincantes. En apenas dos años ya cuenta con tres películas en su haber: Los mercenarios 3, Rápidos y Furiosos 7 y Entourage. Al igual que dentro del ring, Rousey tiene una meta clara: tener su propia saga. Eso sí, quizá demore un poco más que los 34 segundos que le llevó derrotar a su última rival.

Una docena de peleas y sigue invicta.

En su última pelea, el sábado 1° en Rio de Janeiro, a Ronda Rousey le bastaron 34 segundos para noquear a la brasileña Bethe Correia. Así, sumó una nueva victoria y se confirmó como la principal luchadora y atracción —tanto en hombres como en damas— del UFC (Ultimate Fighting Championship). Aunque su sello son las llaves de brazo, esta vez la estadounidense consiguió el triunfo a puro golpe de puño.

También da batalla en Hollywood.

La irrupción de Ronda Rousey en Hollywood no es tan alocada. Existen varios antecedentes de luchadores que cambiaron el ring por el set de filmación con éxito. Uno de los más conocidos es Dwayne Johnson, conocido como The Rock, con quien comparte cartel en Rápidos y Furiosos 7. La diferencia es que todos los ejemplos son hombres. Ella, en tanto, no se achica y sueña con tener una saga propia.

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