NOMBRES

Robert De Niro: aquel actor

Devenido hoy en empresario de mucho éxito, sus protagónicos más notorios quedaron atrás.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Desde hace 40 es considerado uno de los mejores actores del mundo (Foto: Reuters)

Siempre fue un enigma. Robert De Niro (72), uno de los mejores actores que jamás dio el cine, es también uno de los más reacios a abrir su intimidad. De muy distante trato con la prensa, es famoso por la parquedad ante los periodistas. Alguna sonrisa, una respuesta justa y evasiva, escasísimo movimiento corporal y nada más. El escriba que espere una elocuencia y una expresividad digna de alguien capaz de protagonizar una escena como la del bate en Los intocables (1987), en la piel de un inolvidable Al Capone, quedará desilusionado. "Uno extraña los viejos tiempos, pero ya pasaron", le dijo a La Nación Revista en agosto de 2015, cuando se estaba por estrenar Pasante de moda, una comedia ligera que no será un mojón en su filmografía. Se podría pensar que hablaba de Hollywood, pero en realidad se refería a su querida Nueva York, donde nació el 17 de agosto de 1943.

Es que los buenos tiempos merecen añorarse. Al menos los suyos. Es que su último actuación, una comedia burdísima y espantosamente traducida como Mi abuelo es un peligro, hace pensar dónde quedó aquel genio que hizo del trastornado Travis Bickle (Taxi driver, 1976), del boxeador Jake La Motta (Toro salvaje, 1980) o del surgiente mafioso Vito Corleone (El Padrino II, 1974), personajes míticos del cine. Por falta de plata y oportunidades seguro que no es. De Niro es multimillonario: su fortuna está calculada en 200 millones de dólares. Como hombre de negocios también ha demostrado una gran habilidad. Es propietario de unos 30 restaurantes, incluyendo los célebres Locanda Verde y Tribeca Grill, ambos de Manhattan, y una buena parte de Nobu, la cadena de restaurantes japoneses más importante del mundo. Mientras la semana pasada visitó Cuba, interesándose en su arte y su gastronomía (según se comenta, no solo como un mero turista), se asegura que proyecta construir un hotel de lujo en Londres.

La plata no es la causa, entonces. Pero quien supo hacer cualquier tipo de sacrificios para preparar sus personajes —literalmente, se transformaba en ellos: fue taxista nocturno cuatro meses en Nueva York para Taxi driver, aprendió a tocar el saxo para New York, New York (1977), le pagó miles de dólares a un dentista para arruinarse los dientes como el convicto Max Cady para Cabo de Miedo (1991) y luego arreglarlos nuevamente, engordó 27 kilos para ser Capone en Los intocables, aprendió a escribir con las dos manos para hacer de personajes diestros o zurdos— decidió que ya era suficiente. Quizá lo más recordado de los últimos tiempos sea el iracundo Jack Byrnes, suegro de Ben Stiller en la saga La familia de mi novia. Quizá quiso dedicarse a la comedia, para sacarse de encima los (escasísimos) cuestionamientos de quienes le decían que solo podía hacer papeles conflictuados, de italoamericanos estereotipados o de gangster. Quizá solo se cansó y, ya ingresado en la tercera edad, se dedica a vivir con comodidad los años dorados.

Como sea, como él mismo dice, se extrañan los viejos tiempos.

Artista.

De Niro nació y creció en el Village neoyorquino. Muchos ven en su entorno familiar la clave tanto de su interés por el arte como su inestabilidad emocional. Mujeriego empedernido, su currículum incluye romances con Bette Midler, Whitney Houston, Uma Thurman y Naomi Campbell. Se casó dos veces; la última con una azafata negra, Grace Hightower, diez años menor y socia en sus proyectos, quien pese a numerosas turbulencias es su esposa desde 1997. Tiene cinco hijos propios con tres mujeres distintas, más otra adoptiva.

Mucho antes que eso, fue hijo único de un matrimonio que duró muy poco compuesto por Robert de Niro Sr. y Virgina Holton, quienes se conocieron asistiendo a clases de pintura en Massachusetts. Su padre, artista plástico, era gay. Su hijo lo homenajeó en un documental estrenado en 2014. "Mi padre y yo nunca hablamos de su homosexualidad. Él la vivió de forma muy conflictiva y con sufrimiento. Mi madre alguna vez hacía alguna alusión, pero solo con los años supe cómo fueron realmente las cosas", dijo en Italia durante su estreno. Y su madre, pintora y poeta, era bisexual, de acuerdo a la biografía no autorizada De Niro: una vida, del actor y realizador Shawn Lewy, publicada en 2014. Con ella se crió en Little Italy, Manhattan, y era testigo de sus muchas y no duraderas relaciones.

"Yo siempre quise ser actor, desde que tenía diez años. Y a los 16 ya me lo tomé totalmente en serio", le dijo en 2013 al diario ABC, de España. A los diez fue el León Cobarde en una producción escolar de El Mago de Oz; a los 16, comenzó sus estudios actorales en el Stella Adler Studio of Acting y en el archifamoso Actors Studio de Lee Strasberg.

Más allá de sus incursiones en el teatro, la gran fama llegaría con el cine. El público no pudo llegar a notar su debut en la película francesa Trois chambres à Manhattan (Tres habitaciones en Manhattan, de 1965). Es que su minúsculo papel como extra ni siquiera fue mencionado en los créditos. Su debut protagónico fue en Greetings (Saludos, 1968), una comedia que sería dirigida por uno de los grandes aparceros que tuvo en su trayectoria: Brian De Palma. Con otro de ellos, Martin Scorsese, tendría su primera colaboración en 1973, en Calles salvajes. Su personaje, Johnny Boy, logrado de observar y observar durante horas a los transeúntes que deambulaban en las calles de Nueva York, comenzaba a vislumbrar un porvenir. Aquí ya se podía hablar de una joven estrella, alguien a quien los grandes estudios ya comenzaban a observar. Francis Ford Coppola, otro peso pesado, ya había pensado en él para algún papel secundario para su película El padrino, de 1972. Sin embargo, fue viendo Calles salvajes que se convenció de que De Niro era perfecto para encarnar la transformación de Vito Corleone, de inmigrante italiano a capo de la mafia en la que sería la secuela más prestigiosa de la historia del cine.

Por este papel ganaría el primero de sus dos premios Oscar. Muchos se sorprenden lo poco galardonada que ha sido su trayectoria, en relación a la calidad de su cinematografía. Desde El padrino II a hoy, hay una suerte de consenso que entre él y Al Pacino se disputan el título honorífico de mejor actor del cine (no por casualidad, ambos estuvieron en esa misma película aunque sin compartir rodaje, lo que sí hicieron en Heat, de 1995, y Las dos caras de la ley, de 2008, aunque se asegura que volverán a estar en breve en un mismo elenco dirigido por Scorsese).

Paralelamente a volverse una leyenda del cine, De Niro libró dos grandes batallas. Una fue contra la adicción a la cocaína. La muerte de su amigo y compinche de juergas John Belushi, en 1982, ayudó a despabilarlo. La otra fue contra un cáncer de próstata al que superó luego de una cirugía en 2003. Para entonces, ya vivía de rentas: de sus restaurantes y de su fama.

SE QUEDABA CON PROPINAS

Hay quien dice que los últimos proyectos de De Niro, con partenaires taquilleros como Zac Efron o Anne Hathaway, son aceptados únicamente para hacer plata y financiar sus iniciativas empresariales. Es raro de aceptar, ya que si hay algo que al actor le sobra es dinero. Sin embargo, es tan cierta como legendaria la tacañería del protagonista de Despertares, Buenos muchachos (ambas de 1990) y El fanático (1996). En 2009, los mozos de Nobu, cadena de restaurantes japoneses de la cual es accionista, lo demandaron porque les retenía las propinas que le dejaban sus clientes. Un fallo judicial lo obligó a repartir entre sus empleados dos millones y medio de dólares. Y cuando está del otro lado del mostrador, como cliente, es sabido que es poco (o nada) generoso con camareros o choferes. De hecho, de todas las estrellas de Hollywood es uno de los menos queridos por los conductores de limusinas.

CALLES SALVAJES: AQUÍ COMIENZA TODO

Robert De Niro ya había demostrado aptitudes interesantes cuando Martin Scorsese lo convoca para hacer de Johnny Boy en Calles salvajes (1973). Aquí comienza a verse el perfil que lo haría famoso: el de mafioso. Solo que a diferencia de trabajos posteriores, este es un gangster de poca monta, que no hace más que meterse en cuestiones cada vez más espinosas. Francis Ford Coppola le echó el ojo.

TORO SALVAJE: OBSESIÓN POR UN PERSONAJE

Para protagonizar al boxeador Jake La Motta en Toro salvaje (1980), De Niro convivió con su colega Joe Pesci, su hermano en la ficción, aumentó 27 kilos, se entrenó con Angelo Dundee, mánager de Muhammad Alí, peleó como profesional en Brooklyn y recibió golpes reales en las escenas de combate. Él ganó el Oscar a Mejor Actor y la película es la cuarta mejor de la historia según el American Film Institute.

ANALÍZAME: LA ETAPA DE LA COMEDIA

También en el rol de un capo de la mafia, pero uno que sufre ataques de pánico en una notoria clave de comedia, Robert De Niro inauguró en una nueva etapa con Analízame (1999), con Billy Crystal. La película, que tuvo una secuela tres años después, fue recibida entre elogios (De Niro riéndose de sí mismo) y estupor. Pero por más sólida que haya sido su actuación, empalidece ante trabajos anteriores.

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