COMPORTAMIENTO

El ritual más deseado

La noche de bodas aún genera expectativa en lo sexual, pero la combinación de cansancio y alcohol suele postergar el encuentro.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Aún persiste la exigencia por "cumplir", sobre todo entre los hombres, dicen los expertos.

DANIELA BLUTH

Ni bien llegamos a la habitación nos sacamos los zapatos y comimos un pedazo de torta. Después prendimos el jacuzzi y, contrariamente a todos los pronósticos, supimos cumplir", recuerda Alejandro (42) sobre cómo terminó la noche de su casamiento, hace ya diez años. "Mi noche de bodas no existió. Cuando llegamos al hotel ya era de día. Y encima llegamos con montón de amigos, por lo que nos quedamos brindando y riéndonos hasta las 10 de la mañana", cuenta Juana (40) con sonrisa pícara. Es que le faltaba el remate: "Me gusta ir contra la corriente, ¡en vez de noche de bodas tuve mañana de bodas!". Soledad (41) no tiene los mejores recuerdos de aquella noche. Cuando volvió con Pedro a la habitación en la que se había vestido y peinado... se la habían dado a otra pareja de recién casados. "Así que tuve que entrar a sacar mis cosas e instalarme en otro lado. Encima la otra chica me cuestionó porque mi vestido estaba todo embarrado". De sexo, mejor ni hablar.

Haya sido un éxito rotundo o un soberano fiasco, es difícil que alguien no recuerde cómo fue su noche de bodas. En tiempos en que la institución casamiento está en franca picada y que la mayoría de quienes deciden pasar por el Registro Civil tuvieron relaciones sexuales antes que libreta, ese momento de intimidad aún genera expectativa entre los uruguayos. "Hoy existe en la noche de bodas una festividad, un ritual vinculado a lo sexual, donde se espera sellar el tan esperado día con un encuentro íntimo especial", dice el médico y sexólogo Santiago Cedrés, presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología.

Con una concepción distinta a la que tuvo en sus orígenes (ver recuadro), el ritual de la noche de bodas se mantiene como una "tradición" en sus formas y su correlato emocional, opina el psiquiatra y sexólogo argentino Walter Ghedin. Así lo vivió Patricia (35), quien aun sabiendo que era "un mito" —"así me lo demostraban las experiencias de la mayoría de mis amigas", cuenta— tenía la "ilusión" de un momento especial y supo prepararse para la ocasión. "Ahora, de la imaginación a la realidad...".

Sin desmerecer costumbres como comprar lencería de lujo o asegurarse el champagne para el brindis, Ghedin percibe aires de mayor libertad que antaño. "Las parejas hoy en día pueden decidir qué hacer en ese momento, si hacer el amor o disponerse a descansar después de la larga y estresante jornada". El caso de Patricia parece de manual. Ella llegó al hotel con dolor de pies y un flamante marido transpirado. Entre el cansancio físico y emocional, no recordó que la modista había cosido el vestido para que no se aflojara el broche de la espalda. Recién después de pedir una tijera en la recepción, la pareja pudo disponerse a disfrutar del jacuzzi. "A la hora de llegar a la cama el cansancio nos estaba venciendo, por lo que decidimos que íbamos a disfrutar nuestra noche de bodas después de descansar un rato".

Mandato.

Aunque todo parece indicar que en el mundo de hoy el foco está puesto más que nada en la fiesta de casamiento y en el viaje de luna de miel (otra institución cuestionada), los expertos coinciden en que la exigencia por "cumplir" persiste, sobre todo entre los hombres. "Son ellos quienes muchas veces vienen al consultorio buscando alguna pastilla, o algún consejo para no fallar", señala Cedrés.

Cuando ese es el motivo de consulta, agrega el sexólogo, la prevalencia va muy a favor del género masculino. "Si bien la importancia de la noche de bodas es más una preocupación de las mujeres, quienes están más preocupados en relación al rendimiento son, en general, los varones".

Ligado al desempeño sexual, "rendir" y "cumplir" son los verbos que más frecuentemente aparecen en la consulta. Los pedidos de ayuda son moneda corriente, sobre todo contemplando la posibilidad de que el cansancio combinado con la ingesta de alcohol de la fiesta baje el rendimiento, señala Cedrés. En estos casos, dice, lo indicado es favorecer el placer sobre el rendimiento. "Es precisamente cuando la sexualidad se tiñe con exigencias cuando surgen los inconvenientes", opina. Una de las últimas consultas que recibió fue de un joven que, ante su inminente noche de bodas, estaba preocupado por su funcionamiento eréctil. "Sentía la necesidad de marcar la diferencia con las anteriores relaciones sexuales y temor de no estar a la altura de las expectativas de su novia", cuenta.

En su consultorio, Ghedin también ha sido testigo de más de una catarsis, quizás hoy material de charla entre amigos en un boliche. "En los hombres suele aparecer en referencia a la ansiedad o el cansancio que les jugó en contra, provocando pérdida de la erección, y en las mujeres el recuerdo se da por falta de deseo o de orgasmo".

La "idealización" de ese momento, dice Ghedin, tampoco es buena compañera. "Algunas personas esperan que suceda algo especial, sobre todo aquellas parejas que ya conviven. Y, sin embargo, nada nuevo pasa, es más de lo mismo, solo cambió la circunstancia y el espacio, pero nada del contenido vincular", dice. Esta situación, opina el experto, no solo frustra sino que pasa a ser recordada como una oportunidad para cambiar que no fue aprovechada. "Y en algunos casos marca el devenir de la pareja".

Al respecto, no hay soluciones mágicas ni recetas con éxito asegurado. "Cuando me piden consejos para esa noche, les propongo ideas nuevas, juegos y trucos para el día siguiente, pero especialmente para la luna de miel, que fue pensada para eso. Ahí es donde les recomiendo que pongan inventiva y las ganas", dijo a La Nación Paola Kullock, especialista en juegos eróticos y directora de PK Escuela de Sexo.

En esa misma línea, la recomendación de Cedrés es no tener grandes expectativas. Y si el encuentro no sale como fue imaginado o planeado, siempre darle una segunda oportunidad. "Luego de una noche de nervios, excesos y demás, es lógico que la pareja llegue a la noche de bodas queriendo sacarse la ropa sólo para dormir".

¿Un antes y después en la pareja?

A contracorriente de todos los pronósticos, también puede ocurrir que la noche de bodas sea un momento feliz, de intensidad y frenesí. Sin embargo, para el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin la alegría dura poco. "En aquellas parejas que llevan un tiempo de estar juntos y ven decrecer el deseo y los momentos de intimidad, la representación del amor y del sexo espontáneo suele ubicarse en esa etapa hasta la inflexión del casamiento, como si esa instancia legal o religiosa marcara un antes y un después".

Noche con larga historia.

La noche de bodas nació en la Edad Media y por siglos “representó la consumación del amor romántico impuesta como ritual”, recuerda el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin. En aquella época, la idea del amor estaba muy influida por la Iglesia, que en el siglo XII otorgó a los siervos el derecho de casarse -antes solo podían hacerlo los nobles- y terminar así con el “derecho de pernada”, es decir, la atribución del señor feudal de desflorar a la novia la noche de bodas. “La concepción del amor romántico impregnó por siglos la vida amorosa y, a pesar de los profundos cambios de la modernidad, sigue ejerciendo su influencia. Los discursos basados en el amor eterno, la monogamia, la subestimación del erotismo y el sexo por sobre el compromiso amoroso, siguen siendo moneda corriente”.

Una ayuda para rendir más.

La noche de bodas no es la excepción a una tendencia cada vez más visible: consumir medicación para rendir más a nivel sexual. “Esta idea está bastante aceptada y generalizada, sobre todo en las personas que consideran que ‘deben’ cumplir, anteponiendo el rendimiento al placer o confundiéndolo”, señala el presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología, Santiago Cedrés. Para esa ocasión especial, “muchos se automedican” con fármacos que favorecen la erección o el retraso eyaculatorio.

Según Cedrés, las personalidades que buscan y priorizan el rendimiento están más propensas a generar futuras disfunciones sexuales. “Uno de los factores que las favorecen es lo que en sexología llamamos ‘el rol de espectador’, estrechamente vinculado con la necesidad de rendir”, advierte.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)