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La revancha de lo análogo

En plena era digital hay un auge de vinilos, cámaras instantáneas y los juegos de mesa. ¿Por qué estos productos atraen hoy?

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El consumo de discos de vinilo son una tendencia que crece.

El periodista canadiense David Sax (37) recuerda el momento y lugar exactos en que vio cómo la tecnología cambiaba el comportamiento humano. Ocurrió en Toronto, a mediados del 2007, cuando sus amigos ya usaban los primeros BlackBerry. Un viernes por la noche asistió a una comida, junto a su futura esposa y otras cuatro parejas. "Fue muy raro. Por primera vez en mi vida, todas las personas en esta cena, con la excepción de mi novia y yo, estuvieron mirando el teléfono todo el tiempo", relata. "Fue un cambio de normas sociales tan dramático que pensé: ‘Algo está teniendo un impacto que no es normal’".

En esa misma época, Sax decidió trasladar toda la música de sus discos compactos a iTunes. Sin embargo, apenas tuvo a todos sus artistas favoritos en su computadora, el escritor notó cómo su interés personal por la música bajaba ostensiblemente. Algo muy distinto ocurrió cuando los padres de su compañero de casa le prestaron un viejo tocadiscos y algunos vinilos. "No era la mejor música del mundo: mucho Neil Diamond, Barbra Streisand... Pero creció mi fascinación por escuchar los discos de esta manera", dice. "Era un proceso más rico y elaborado".

En distintas esquinas del mundo y la economía, Sax identificó un relato diferente al que se instaló tras la aparición del iPhone. Contra todo pronóstico, distintos artefactos análogos —definidos por el propio periodista como "todo aquello que no necesita un computador para funcionar"— tenían un renacer en sus ventas. El caso más emblemático es el de los vinilos.

Según datos de la Asociación de la Industria de la Grabación en Estados Unidos, los envíos de elepés en Estados Unidos aumentaron de 990 mil, en el 2007, a más de 12 millones, en el 2015, con tasas de crecimiento superiores al 20% anual.

Cuando empezó a indagar más sobre el tema, Sax vio cómo este fenómeno se repetía en otros sectores amenazados por la tecnología digital. ¿Ejemplos? El incremento de las librerías independientes en Estados Unidos, en plena era de Amazon y Kindle; la aparición de nuevos juegos de mesa y bares de encuentro para sus fanáticos, o el gusto de los más jóvenes por las viejas cámaras instantáneas. Ese es el tema que inspiró La revancha de lo análogo (2016), un libro donde destaca las maneras sorprendentes en que el mundo digital ha dado una nueva vida a las formas análogas. "La gente quiere pagar por una cosa de verdad, que se pueda tocar", dice el autor. "Es un proceso de liberación. Solo después de que la tecnología digital se puede usar de forma fácil y barata, la tecnología análoga puede crecer de una manera nueva".

Una conexión emocional.

En su investigación, Sax descubrió que lo análogo tiene un valor muy alto en los procesos creativos de compañías y organizaciones líderes en tecnología, como Facebook y Google. En el caso de los de Mountain View, por ejemplo, hay un curso que obliga a sus diseñadores de productos a trabajar en papel. "En una primera etapa de diseño, si lo hacen en computador, los resultados son un poco más estandarizados. No tienen el mismo nivel de libertad e imaginación", dice.

¿Por qué estos métodos y productos no computarizados han resurgido con fuerza? Según Sax, la respuesta está en que lo análogo ya no es una necesidad. Con la masificación de la tecnología, la opción digital se convirtió en la más barata y fácil para el común de la gente. "Ese proceso de cambio, inicialmente, bajó el valor de lo análogo, una tecnología menos eficiente, que ocupa un mayor espacio físico y por la que se debe invertir más dinero. Pero con el tiempo, los valores de estas cosas cambiaron", dice el autor. "Estas pueden hacer lo que lo digital no puede: tienen una conexión más emocional y un valor económico más seguro y estructurado".

Lo curioso es que el auge de los tocadiscos, las libretas de notas o los juegos de mesa no fue impulsado por la nostalgia de los baby boomers. En su libro, Sax establece que el segmento principal de consumidores son millennials , los nativos digitales que crecieron con Internet. "En junio fui a la fiesta de Abbey, la hija de una amiga. Ella cumplía nueve años y quería una Fujifilm Instax, una cámara cuyas fotos se revelan instantáneamente", cuenta el autor. "En la vida de ella, la fotografía es solamente en el iPhone y el iPad. Y le preguntamos: ¿por qué quieres esta cámara?. Y ella respondió: Porque la foto aparece frente a tus ojos. ¡Es de verdad, se puede tocar!".

Según el autor, este ejemplo refleja una "verdad universal" de los servicios análogos: al final del día, los seres humanos prefieren aquello que les pueda brindar una experiencia más rica y emocional. "La gente quiere los dos (formatos), no quiere solo una solución. Y eso es diferente a generaciones anteriores", afirma. "Los baby boomers dicen: ¿Por qué escuchas vinilos? No es eficiente. No pueden comprender por qué se vuelve al pasado. Para ellos, la tecnología digital tiene esa magia, pero para nosotros (lo digital) es normal y no tiene nada especial. Queremos un poco más que eso".

El regreso del vinilo.

Francisco Peralta (40, ingeniero comercial) empezó a coleccionar vinilos hace 25 años. En una época dominada por el CD y el casete, Peralta los adquiría en sus distintos viajes por el mundo, y recuerda que, por aquel entonces, la oferta en Chile, donde vive, era "muy limitada". Hoy tiene una colección que asciende a cerca de 1.500 discos, donde predomina su gusto por el rock. "Lo que me atrajo del formato es la calidad del sonido, es más cálido y orgánico", dice. "Y la experiencia de escuchar y poner el disco. Es más material".

Hace 15 años, los melómanos podían contar las tiendas de vinilos en Santiago con los dedos de una mano. Hoy, el número supera las 30. El aumento del interés por estas piezas hizo que surgieran distintas ferias que disponen una mayor variedad de discos y a mejores precios. "El público es transversal. Va desde jóvenes que juntan dinero para comprarse su vinilo, hasta gente profesional que trabaja", cuenta Fabián Vega, uno de los anfitriones de tienda Sonar.

En La revancha..., Sax plantea que la segunda generación de música digital ha sido una época horrible para aquellos artistas que esperan ganar dinero por sus grabaciones. En ese contexto, el vinilo emerge como un negocio rentable: en el 2015, las industrias discográficas de Estados Unidos y Gran Bretaña reportaron que se había ganado más dinero con las ventas de vinilos que por la publicidad en servicios de streaming. "En servicios como Spotify y Apple Music, el gasto es mínimo, porque la gente no puede pagar mucho dinero por algo que no se puede tocar", dice al autor. "Pero si les das un disco de vinilo nuevo, pueden pagar 20 dólares sin pensarlo, porque es un artefacto y tiene un valor de verdad".

Un fenómeno similar se da en el sector de los libros. Con la aparición de Amazon y, luego, del libro electrónico, muchos pronosticaron el fin del papel y miles de librerías se vieron obligadas a cerrar. Pero contra todo pronóstico, el número de librerías independientes tuvo un incremento en Estados Unidos en la última década. Según datos de la Asociación Estadounidense de Vendedores de Libros (ABA), estas aumentaron de 1.650, en el año 2009, a 2.227, en 2014. La mayoría de ellas apunta a ser una alternativa más acogedora y placentera que Amazon, con un inventario refinado y un personal experto, capaz de recomendar títulos o sostener una buena conversación con el cliente. 

El regreso a la vieja cámara de fotos.

A comienzos de la década pasada, con la quiebra de Polaroid, Ferrania y Agfa, las cámaras análogas parecían condenadas a desaparecer ante las ventajas que ofrecía el formato digital. Sin embargo, ocurrieron dos fenómenos inesperados: la nostalgia de muchos por el carácter físico de una fotografía y la aparición de una nueva generación que decidió abrazar la imprevisibilidad del rollo antes que la perfección digital.

Un ejemplo emblemático es la foto de portada de 1989, el disco de Taylor Swift, tomada con una película de The Impossible Project, una compañía que refaccionó las antiguas Polaroid y hoy vende más de un millón de paquetes de películas anuales, con ventas que crecen a un 20% anual.

"Con el boom de lo digital, lo análogo bajó y muchas marcas dejaron de hacer rollos. Pero ahora, Kodak anunció el relanzamiento de Ektachrome, una película diapositiva que la gente pedía mucho", cuenta Wilda Farías (27), laboratorista.

"Puede tener una parte de nostalgia, pero también pasa lo mismo que con el vinilo. Los resultados que uno obtiene de lo análogo son distintos a los que uno obtiene con lo digital".

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