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El retiro más rápido y temido

La vida después de ser un crack del fútbol puede ser ingrata. Un grupo de Facebook ayuda a aquellos que están en situaciones difíciles..

El retiro del fútbol es una jubilación temprana y complicada. (Foto: Fernando Ponzetto)
El retiro del fútbol es una jubilación temprana y complicada. (Foto: Fernando Ponzetto)
Nelson Marcenaro, de "Nostálgicos del Fútbol del Uruguay", y Juan Vicente Morales, que se las vio feas. (Foto: Darwin Borrelli)
Nelson Marcenaro, de "Nostálgicos del Fútbol del Uruguay", y Juan Vicente Morales, que se las vio feas. (Foto: Darwin Borrelli)
Juan Martín Mugica, una leyenda de Nacional. (Foto: Marcelo Bonjour)
Juan Martín Mugica, una leyenda de Nacional. (Foto: Marcelo Bonjour)
El Zurdo Ricardo Viera, hoy en Melo. (Foto: Néstor Araújo)
El Zurdo Ricardo Viera, hoy en Melo. (Foto: Néstor Araújo)

En algún momento, Juan Vicente Morales, el Lagarto, el excampeón de todo con Peñarol en 1982, el internacional celeste en los ’70, sonríe. No es fácil notarlo: habla bajo, habla muy poco y un virus le ha provocado una parálisis facial temporal. Pero se entusiasma recordando viejas batallas. Cuenta la vez que en un clásico sacó de quicio a su tocayo Julio César Morales, notable puntero de Nacional. Dice, y coincide con él Nelson Marcenaro, dueño de casa y compañero suyo en la izquierda de la defensa aurinegra entre 1978 y 1982, que los rivales más difíciles que enfrentó fueron Antonio Alzamendi y el argentino Ernesto Mastrángelo.

El Lagarto Morales clausuró el lateral izquierdo de Peñarol de 1977 a 1983. Con Uruguay, ganó el Sudamericano Juvenil 1975; debutó en Cerro y jugó 15 partidos en la selección. Con el Manya salió campeón uruguayo cuatro veces, y obtuvo la Libertadores y la Intercontinental en 1982. Supo de gloria y de flashes. Tuvo un muy buen pasar, casa en el Prado y auto, una camioneta Grumet. Se lesionó la rodilla jugando por la Libertadores 1983 ante el Atlético San Cristóbal, en Caracas. Eso fue el comienzo del fin de su carrera en el fútbol. En 1984 jugó en Argentina, pero la pendiente lo devolvió al país y a clubes del Interior.

Hoy tiene 59 años; parece mucho mayor. Tiene problemas cardíacos y la movilidad deteriorada por una severa artrosis en la rodilla. Y si no hubiera sido por un grupo de excolegas, integrantes de la cuenta de Facebook Nostálgicos del Fútbol del Uruguay, podría haber muerto de frío en este invierno, olvidado y sin un peso.

En sus inicios, Nostálgicos…, creada en enero de 2014, surgió con el fin de recordar a los jugadores de épocas en que los clubes uruguayos pisaban fuerte en el mundo y concretar algún encuentro entre viejos conocidos. Muy pronto derivó en una cuenta donde se ayuda a colegas en la mala.

El año pasado se había difundido la versión de que el viejo campeón había sido encontrado en la esquina del BPS, tapado por un cartón y con problemas de alcoholismo. "Nada de eso era cierto", dice Marcenaro, un exzaguero de Progreso, Peñarol, Cerro y de la selección uruguaya, que creó la cuenta. Él averiguó su paradero: el Lagarto vivía en los galpones de una compañía de transporte junto a un hermano que trabaja ahí . "A las siete de la mañana los empleados entraban a trabajar y él se tenía que ir", dice Marcenaro. Morales asiente. "Y en invierno, con tres grados bajo cero, se iba a caminar por todos lados, con la rodilla así como la tiene, hasta la medianoche". En julio lo internaron en la Asociación Española, donde estuvo 15 días. Ahí le detectaron afecciones cardíacas.

"El doctor nos dijo: cinco días más en la calle y se moría", cuenta Marcenaro.

Lo peor parece haber quedado atrás. Después de su internación, Morales se fue a vivir con su hermana, a quien está muy agradecido. Es amable pero poco generoso con sus recuerdos. Por el fútbol dejó los estudios. Había ido a la UTU, le gustaba la electricidad. "Me tocó a mí, mala suerte… podría haber tirado tres o cuatro años más", reflexiona sobre su retiro prematuro de una profesión que hace veteranos a hombres de más de treinta. Dice que no se fue pobre del fútbol, que se separó de su esposa, que tiene dos hijos, que uno de ellos vive en España e insiste en que se vaya para allá, que no tiene ningún ingreso pero no le falta nada porque su hermana "se portó y se está portando recontra bien". No larga mucha más prenda. Cada tanto sonríe.

Extrañar.

El futbolista profesional se retira cuando aún se es joven en cualquier otra actividad. "Los poquitos que hicieron dinero extrañan las horas de entrenamiento, estar con sus compañeros, prepararse para la competencia, el estatus social, ser mencionados en los medios. Se enfrentan a muchas horas sin hacer nada o poco y tienen que buscar otra actividad. Y en la mayoría que no hizo plata esto se agrava por tener que pensar cómo mantenerse", dice el psicólogo Jesús Chalela, presidente de la Sociedad Uruguaya de Psicología del Deporte. El cuerpo pide un entrenamiento y el bolsillo un ingreso que ya no existen. Hasta los "amigos del campeón" echan a volar. En 2011, un estudio de la consultora alemana Schips Finanz dijo que el 50% de los futbolistas en el mundo termina en la ruina.

"La mayoría no hace la diferencia económica", subraya Fabián Pumar, vicepresidente de la Mutual Uruguaya de Futbolers Profesionales. Es muy difícil "salvarse": según la Organización Nacional del Fútbol Infantil (ONFI), semillero de todo el balompié nacional, solo 1% de los chicos que juegan "baby" debutarán en Primera División y solo 0,14% logrará un pase al exterior. Aquí se lograría la ansiada "diferencia" que permita vivir con cierta tranquilidad los años dorados del retiro; aunque desde Alcides Ghiggia a Fabián O'Neill, se sabe que esto no es ninguna garantía. "El no habernos preparado, no haber estudiado, no tener un oficio, hace que perdamos el norte cuando estamos jugando. Luego chocamos con la realidad", añade Pumar.

"A mí me costó largar… extrañaba entrenarme, estar bajo la ducha, ese cansancio que te hacía sentir bien". Ricardo Viera (55) lamenta que en su época el estudio no fuera importante para los técnicos. Debutó a los 15 años en Danubio sin haber podido hacer el liceo. La Libertadores 1987 con Peñarol —donde fue gran figura— es su logró más recordado. Pero luego de salir campeón sudamericano juvenil con Uruguay en 1979 emigró a Colombia, donde hizo 85 goles y fue elegido el mejor extranjero tres años seguidos. También jugó en México. Con su pase a Nacional de Medellín compró casa en Buceo. "La gente piensa que soy de Melo, pero soy de Montevideo". Pasa que Viera se fue a Cerro Largo en 1998, llevado por el entonces intendente Villanueva Saravia. Desde entonces ha sido empleado municipal, director técnico en el fútbol del Interior, representante de juveniles —junto a un socio— y padre de dos chicos.

El Zurdo Viera no tiene más remedio que seguir peleándole a la vida. "Tengo que laburar… no estoy salvado, tengo un ingreso que no me permite comprar una casa pero sí pagar un alquiler". Le parece fantástico que hoy se exija sexto de liceo para hacer el curso de entrenador en el Instituto Superior de Educación Física y poder dirigir en el profesionalismo; le da pena que él no haya tenido esa suerte.

Cifras.

La plata que se manejaba antes también era otra. Viera dice que en México le quedaron debiendo 70 mil dólares, casi un vuelto según las cifras actuales. Marcenaro dice que por salir campeón del mundo en 1982, los jugadores de Peñarol recibieron 5.000 dólares por cabeza; por ganar el Mundialito con Uruguay en 1980, US$ 3.000. Los sueldos promedio de aquel plantel aurinegro, agrega, eran dos mil dólares. También eran otros los costos: su casa de La Teja, que hace las veces de sede de Nostálgicos… y donde hoy funciona un cibercafé, le costó diez mil dólares. "La plata te daba para vivir bien o muy bien, pero no para ahorrar. Poné que terminabas el mes y te sobraban 300 o 400 dólares, ¡no te daba para la gran inversión! Quizá no pensamos en eso, los pocos pesitos que te quedaban lo tenías que mover con tu gente… Y de pronto te separabas, ponías algo y te cagaba un socio…".

En enero de 2012, el gobierno solicitó al Parlamento una pensión graciable a Juan Martín Mugica (71) quien, según el texto de la solicitud, atravesaba "una difícil situación económica extrema". Es el único uruguayo campeón local, de América y del Mundo como jugador y como técnico en un mismo club: Nacional. Jugó en Francia en los años 70 y participó del Mundial 1970. Como técnico, dirigió en Colombia en los 80. "Era otra época, mi compañero (Luis) Ubiña, que era un hermano mío, decía: Nosotros debimos haber nacido veinte años después. Ahora hacen un pase, ganan fortunas y se salvan. Nosotros ganamos todo con Nacional, pedías aumento, no te lo daban, ¡y nos tuvimos que ir!".

Mugica, ya retirado como entrenador, vive en una linda casa de dos pisos en el Cerro, la misma que se compró en 1970. Es tajante al afirmar que, pese a lo que dice el texto ingresado al Legislativo, no pasa penurias ni solicitó la pensión por motivos económicos. "Lo hice porque me pertenecía, porque salí campeón de la Copa América con Uruguay en 1967. Si no lo hiciera, estaría traicionando a mis compañeros, Forlán, el Pepe Urruzmendi, Techera. ¡Yo estuve ahí!". Dice que supo invertir bien lo que ganó: "En los estudios de mis hijos". Una es médica, la otra maestra y el varón trabaja en una tabacalera.

Pero incluso ganar vagones de plata no significa garantiza nada. Fabián O'Neill se retiró en 2003, ya en la era moderna del fútbol negocio. Paseó sus grandes condiciones en Nacional, Cagliari y Juventus. Fue parte de la selección uruguaya que jugó el Mundial 2002. El libro Hasta la última gota, de Federico Castillo y Horacio Varoli, registra en 200 páginas que por su enorme apego al alcohol, sus divorcios, los miles de dólares tirados en cantinas, burdeles y remates ganaderos, además de una dañina generosidad con los aprovechados que sobrevolaban en torno a él, terminó quemando toda su fortuna como con un soplete. No es un caso único. La Mutual y la gente de Nostálgicos del Fútbol del Uruguay saben bien que un compañero de O'Neill de aquel plantel mundialista, también figura en un grande y también con un periplo europeo, vive una debacle muy similar.

Ayudas.

Todas las semanas, la gente vinculada a Nostalgicos... reparte dos surtidos completos de alimentos no perecederos (donados por particulares, no pocas veces jugadores o exjugadores de buen pasar) a quienes solo les quedan los jirones de la gloria; uno de ellos es un excrack de Nacional y Peñarol que hizo época en los 70 en un país del Mediterráneo. La Española también les donó diez asociaciones. "Nosotros las cuidamos y se las damos a quienes más las necesitan… hoy solo nos quedan dos o tres", dice Marcenaro. Hoy tienen más de 6.300 miembros virtuales y proyectos de convertirse una organización con personería jurídica que incluya una suerte de refugio personal para aquellos que hayan corrido peor suerte. Este tendría por nombre La Casa del Deportista y ya se han contactado con tres municipios montevideanos para buscar un lugar adecuado.

La Mutual también está proyectando la construcción de viviendas para aquellos exfutbolistas que estén más necesitados y no tengan —como sí tuvo Morales— a quien acudir. Esas casas, entre 15 y 20, se levantarán en un terreno en El Pinar, asegura Fabián Pumar, vicepresidente del gremio: "Obviamente, se hará un estudio de tipo social para ver a quiénes se le adjudicaría".

Marcenaro no oculta su malestar por el olvido institucional de los clubes a los futbolistas que forjaron su gloria (ver aparte). Con la Mutual, en cambio, tiene una postura más comprensiva. "Ellos me han dicho, y con razón, que si ayudan a uno tienen que ayudar a mil. Una vez le dieron una mano a un par y enseguida apareció otro a pedirles que le dieran un auto para hacer repartos… un atrevido. Este tipo de ayudas habría que organizarla de otra manera". A veces el aporte es un surtido de alimentos, contactar una mutualista, o simplemente visitarlos. "Es dedicarles un minuto, darles afecto".

"No pienso mucho en mi suerte. O lo pienso… pero para mí", remata Juan Vicente Morales, quien según Hugo Bagnulo, su técnico de entonces, fuera el mejor jugador de la cancha en la última final mundial que ganó Peñarol. Acaba de pasar un rato distendido entre colegas: el anfitrión Marcenaro, Ángel Brunell (70, ex gloria del Nacional de los 70) y Carlos Iglesias (56), un entrenador retirado, todos integrantes de lo que empezó siendo apenas un grupo de Facebook. Con ayuda, lo llevan al vehículo que lo transportará a su casa. Pide una última palabra al cronista: "Por favor, no te olvides de poner que estoy muy agradecido a mi hermana. Cecilia se llama...".

ENTORNO QUE NO COLABORA

"A nosotros nos resulta muy difícil preparar a los jugadores a la hora del retiro", dice Fabián Pumar, vicepresidente de la Mutual de futbolistas. "Lo que luchamos, y logramos, es por la posibilidad que los aportes jubilatorios que hacen los profesionales sean reales". Elogia a proyectos como Gol al Futuro, pero señala que no se puede obligar a un juvenil a pensar en un futuro ajeno a la pelota. "El sueño de los futbolistas de ser Luis Suárez lo tienen todos y no lo manejamos nosotros sino su entorno —familia, representante, dirigentes— que a veces no ayudan".

"NO SE SUBAN AL CARRO..."

"Lo que los jugadores le dieron al club nosotros ya lo retribuimos en su momento", cuenta Nelson Mercenaro que le respondió un dirigente de Peñarol cuando le planteó la posibilidad de una asistencia a Juan Vicente Morales. "Esa es la postura que hay acá", dice el creador de Nostálgicos del Fútbol del Uruguay con una mueca irónica.

¿Los clubes tienen algún tipo de deber moral de asistir a las viejas glorias en bancarrota? Para Marcenaro, debería haber una consideración. "Campeones de América y del Mundo con Nacional y Peñarol deben quedar 50, no más. La mayoría debe tener 70 años, la mayoría estarán enfermos, quizá solo diez o veinte precisen ayuda. Quizá en cierto sentido no tendrían que darles nada, pero... que no vayan a aplaudir al estadio cuando se mueran. No ayuden, pero no se suban al carro".

UN MOMENTO YA DE POR SÍ DRAMÁTICO QUE ESTÁ EXACERBADO

La jubilación es un momento "dramático" en la vida de un ser humano, dice Jorge Delgado, psicólogo deportivo y entrenador de fútbol. Y en los jugadores de fútbol, que muy rara vez llegarán a los 40 años en actividad, esto se ve exacerbado, agrega. No hay en Uruguay nada que los prepare para esta instancia. Y si este ocurre prematuramente, por ejemplo, por una lesión, la situación es aún peor.

Este psicólogo afirma que "la falta de preparación del futbolista hace que muchos al retirarse caigan en la depresión y las adicciones, fundamentalmente el alcohol. La frase más oída es: Lo único que supe hacer en mi vida fue patear una pelota. La falta de preparación se agudiza en una realidad socioeconómica a la cual no puede y no sabe cómo enfrentar".

Delgado agrega que solo un pequeño porcentaje sigue ligado al deporte, ya sea como entrenadores, representantes o periodistas deportivos. Para quienes permanecen por fuera de ese mundo, el conocido, el shock es mayor. "Para no sentirse frustrados y deprimidos, muchos de ellos se gastan lo ahorrado para mantener una posición que es imposible de sobrellevar".

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