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Cómo resistir al gran temporal

El cambio climático ya no se discute: las cuestiones ahora son el modo de enfrentarlo y qué hacer para mitigar sus efectos.

Inundaciones, un problema que se repite cada vez con mayor frecuencia.
Inundaciones, un problema que se repite cada vez con mayor frecuencia.
En un día tormentoso, hasta resulta difícil cruzar la calle.
En un día tormentoso, hasta resulta difícil cruzar la calle.
Destrucción en las zonas costeras (Foto: Marcelo Bonjour)
Destrucción en las zonas costeras (Foto: Marcelo Bonjour)
Son frecuentes los daños a la propiedad.
Son frecuentes los daños a la propiedad.
Otra cara del cambio: las sequías (Foto: Daniel Rojas)
Otra cara del cambio: las sequías (Foto: Daniel Rojas)

LUIS PRATS

Malhaya con este tiempo/ si andaremos mal con Dios/ primero nos mandó seca/ y después inundación.
Cuando Tabaré Etcheverry compuso La cueriada, nadie hablaba del cambio climático, sino de la consuetudinaria locura del clima uruguayo, capaz de albergar las cuatro estaciones en un solo día. Varias décadas más tarde, una larga sequía concluyó abruptamente hace un par de semanas con lluvias tan copiosas que originaron inundaciones en varios puntos del país. Y la explicación más a mano fue el cambio climático.

Los expertos consultados no pueden asegurar que, puntualmente, ese fenómeno haya sido responsable de la drástica alteración del rumbo meteorológico. Sin embargo, alertaron que el cambio climático está aquí, ya manifiesta sus consecuencias y que aunque hoy mismo cesaran los factores que lo originaron, seguirá en este planeta al menos por medio siglo.

"Uruguay es particularmente sensible al cambio climático en este momento y puede serlo todavía más en el futuro", asegura Ramón Méndez, coordinador del Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático, un ámbito creado en 2009 donde intercambian estudios y propuestas una veintena de organismos estatales.

Esta sequía.

"Las sequías seguidas de inundaciones son típicas de la variabilidad climática que siempre caracterizó al Uruguay, uno de los países con mayor variabilidad aun si no existiera el cambio climático", explica Walter Baethgen, director del IRI para América Latina, un organismo de la Universidad de Columbia (ver recuadro). "Una de las consecuencias típicas y lógicas del cambio climático es que aumenta esa variabilidad".

"Es imposible decir que el fenómeno puntual de estos días se produce por efecto del cambio climático, porque se da en escala de días y el cambio muestra sus efectos a largo plazo", aclara.

"En nuestra región, las sequías se asocian generalmente a los fenómenos del Niño y la Niña, pero este año eso no se dio. Esta sequía no fue resultado del Niño. Además, se trató de un fenómeno bien uruguayo, porque en ese mismo período hubo lluvias intensas en el Sur de Brasil o en Argentina, pero no aquí", asegura en tanto Agustín Giménez, coordinador de la Unidad de Agroclima y Sistemas de Información (GRAS) del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).

Por el efecto invernadero, que en su origen es natural, el calor que se genera en la Tierra se encuentra en la atmósfera con gases como el vapor de agua y el dióxido de carbono, que mantienen ese calor, como si se tratara de un invernadero con techo de cristal, y lo vuelven a irradiar hacia la superficie del planeta.

"Las emisiones humanas en los últimos 200 años han hecho más grueso ese techo de vidrio —indica Baethgen—. Es lógico entonces que las temperaturas hayan ido aumentando. Tiende a haber menos heladas, que son menos fuertes y empiezan más tarde en el año. Claro que aquí también existe la variabilidad, porque pese a todo eso un año pueden registrarse heladas muy severas".

El especialista advirtió que es importante pensar en el cambio climático cuando se elaboran las políticas de desarrollo agropecuario. Además, considera que el país tiene "ventajas comparativas" para producir alimentos de manera amigable con el ambiente.

"Si Uruguay va a apuntar a nichos de mercados dispuestos a pagar un precio adicional por no tener residuos de agrotóxicos o no utilizar hormonas, es altamente probable que esos mercados en poco tiempo quieran comprar carne con una huella de carbono baja o arroz con una huella de agua baja. ¿Qué significa esto? Carne producida con menor emisión de gases de invernadero o arroz producido con un mejor aprovechamiento del agua. Esto tiene una dimensión comercial también", explica.

Riesgos.

Ramón Méndez señala el riesgo de que el país deba afrontar "sobrecostos enormes" en caso de sufrir fenómenos extremos debido al nuevo comportamiento del clima. "Una sequía prolongada puede costar mil millones de dólares al sector agropecuario y cientos de millones al sector energético", dice.

El cambio climático también aumenta la probabilidad de inundaciones, que además de su incidencia en la salud pública y en el desplazamiento de población, provoca daños en la infraestructura y pérdidas en la producción, comenta.

Otros escenarios potenciales son: cambios en los sectores costeros, con incidencia en el turismo; tormentas fuertes que produzcan daños materiales y afecten a poblaciones; el aumento de las temperaturas y su repercusión en la salud humana y animal; y olas de calor que traerán problemas en el agua potable, desde la disminución del volumen hasta el aumento de la presencia de algas y microorganismos.

"Lo más dramático es lo que podría suceder si no se mantiene el cambio climático por debajo de cierto nivel: habrá daños muy grandes para todo el sistema productivo, que es la base de las exportaciones del país. El sector agrícola ganadero es muy sensible", comenta Méndez.

Curiosamente, un aumento moderado de la temperatura puede ser positivo para algunas actividades agropecuarias, pero siempre con un límite. "Eso ocurriría si la temperatura aumenta hasta un grado y poco más. Ya estamos en 0,8 grados. Pero si el aumento llega a tres grados sería muy grave", alerta.

El funcionario explica que el país se viene preparando desde hace tiempo para enfrentar el problema. Por un decreto del presidente Tabaré Vázquez en 2009 se creó el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático, una instancia de coordinación entre ministerios, intendencias y otros organismos públicos, que también tiene un espacio para actuar con privados.

"Se definió el Plan Nacional de Respuesta al Cambio Climático, que es un marco general de la estrategia. Además, hay planes específicos o sectoriales. Para citar uno, en materia energética se formuló un plan en 2008 que abarca hasta 2035, centrado en la reducción de emisiones. No solo debemos trabajar para adaptarnos al cambio climático sino también colaborar en el control y la reducción de las emisiones", indica.

"Además de las políticas sectoriales, se están tomando decenas de medidas concretas. Por ejemplo, la transformación de la matriz energética para reducir la utilización del petróleo, a través del sistema eólico o la regasificación. En 2017 Uruguay tendrá en su sector energético, sobre todo el eléctrico, un 5% de las emisiones promedio en el mundo. O sea, un nivel de emisiones 20 veces menor al promedio mundial, lo cual convertirá al país en referencia en control de emisiones", agrega Méndez, director Nacional de Energía entre 2008 y 2015.

El campo.

El clima desveló a los productores mucho antes de que se hablara de este gran cambio. La variabilidad vinculada al problema es el gran fantasma ahora. Se estima además que habrá más lluvias en primavera y verano, aumentarán las temperaturas medias todo el año y que las heladas tendrán menor duración.

Si bien la intensificación de las lluvias y el aumento de las temperaturas, dentro de cierto margen, no serán perjudiciales para la agropecuaria en general, podrían favorecer la aparición de plagas en animales y plantas.

"Desde el año 2000 el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca se embarcó en políticas de Estado para prevenirse y adaptarse al cambio climático", indica Agustín Giménez. En particular, el INIA realizó investigaciones con apoyo del IRI y el Banco Mundial, además de talleres con productores para que contaran su problemática. El resultado fue una serie de recomendaciones para evitar o limitar los perjuicios de la nueva situación.

"La primera recomendación —señala Giménez— es tener buenas prácticas de manejo de pasturas para estar preparados para cuando llegue la sequía. Por ejemplo, hacer reservas de forraje. La producción lechera lo hace y la ganadería empieza a hacerlo".

"También aconsejamos no sembrar una misma variedad en toda el área. Un momento crítico es la floración, entonces se trata de diversificar el momento, para que si hay seca no afecte a todo el cultivo, sino que se vaya escalonando", añade.

Otra propuesta es el mejoramiento genético de los vegetales, para que se adapten mejor a las condiciones de estrés hídrico (sequía) o el exceso hídrico. Se aconseja además mejorar el manejo del riego y la acumulación de agua para el ganado. También se plantea la transferencia de riesgos, a través de seguros, fideicomisos o fondos de emergencia.

"Es importante el desarrollo de un sistema de información para que todo el mundo sepa cómo evolucionarán las condiciones. Para planificar y gestionar el riesgo es necesario contar con perspectivas climáticas de fuentes confiables, para que no salga mucho bolacero a anunciar cosas. Hay muchos por la vuelta que buscan lucrar sin tener capacidad científica para predecir el clima", sostiene el experto del INIA.

La lista de potenciales efectos del cambio climático es larga. En el terreno de la salud pública, la amenaza es el incremento de los problemas respiratorios y cardiovasculares, la multiplicación de enfermedades transmitidas por insectos y roedores, la aparición de patologías de transmisión hídrica y los accidentes provocados por episodios meteorológicos extremos. Además, el mayor impacto se registraría en los grupos más vulnerables, como los niños y los ancianos, la población en situación de calle, los residentes de zonas costeras y asentamientos, los trabajadores que se desempeñan al aire libre y los sectores con menores recursos económicos.

También fauna y flora sufrirían con el cambio. Algunas especies podrían desaparecer pero otras podrían instalarse en el país, favorecidas por las nuevas temperaturas.

El primer estudio sobre los efectos en un grupo de animales fue divulgado este año por Carolina Toranza, licenciada en Ciencias Biológicas y diplomada en Cambio Climático. Se enfocó en los anfibios (ranas, sapos, salamandras), porque se trata de animales que dependen mucho de las condiciones climáticas. Su conclusión fue que el 45% de los anfibios no sufrirían los efectos del fenómeno y mantendrían su ubicación actual; el 39% se expandiría a otra parte del territorio nacional y el 16% se retraería. Alguna especie, como el sapito de Darwin, podría extinguirse. Otra de las posibles víctimas cuando se desate la gran tormenta.

Una amenaza a la estabilidad.

"Si no se actúa frente al cambio climático, es muy probable que la temperatura media mundial aumente 4°C. Esto acabaría con los beneficios del desarrollo y amenazaría de manera seria la estabilidad económica", aseguró la costarricense Christiana Figueres, secretaria de la ONU para el Cambio Climático, al diario El Mercurio de Chile. "Si no logramos una transición del modelo del crecimiento económico hacia una trayectoria baja en emisiones, entonces todo el crecimiento económico acabará siendo en vano", advirtió.

"El desarrollo y el cambio climático se pueden abordar a la vez, generando beneficios para todos", agregó Figueres.

El clima, el saber y las políticas.

El International Research Institute for Climate and Society (IRI) es un organismo privado dependiente de la Universidad de Columbia (Nueva York). La mitad de sus científicos investigan el clima desde el punto de vista físico y técnico y el resto procura que ese conocimiento beneficie a diferentes sectores, como la producción, la energía o la salud pública.

Desde hace un año, su sede para América Latina se encuentra en Uruguay y su director regional es el uruguayo Walter Baethgen.

"Buscamos conectar el buen conocimiento con prácticas estatales para desarrollar políticas sustentables que permitan, por ejemplo, llevar adelante la producción agropecuaria sin perjudicar al medio ambiente", señala Baethgen.

"En este aspecto trabajamos en lugares que pueden ser ejemplo. La ventaja de Uruguay es que es un país chico, donde es más fácil conectar los sectores que generan conocimiento, por ejemplo la Universidad, con los que generan las políticas, como los ministerios", destaca el funcionario.

ZONAS COSTERAS.

Pérdidas por 4.000 millones.

El cambio climático puede ocasionar pérdidas por casi 4.000 millones de dólares en la zona costera uruguaya, desde la destrucción de propiedades hasta la pérdida de ingresos por turismo, según un informe preparado por el economista Gustavo Sención Irazábal para la Cepal en 2008. Esos costos representaban entonces el 12% del PIB.

"Fue parte de un amplio informe sobre la economía del cambio climático en América Latina y el Caribe solicitado por Cepal. No hubo actualizaciones desde entonces, pero representa un esfuerzo enorme para avanzar en el tema", explica Sención.

La hipótesis adoptada para la investigación fue el aumento de un metro en el nivel del mar para el año 2100. Esa posibilidad encierra la amenaza de inundación permanente en algunas zonas de Carrasco, por ejemplo.

Para ese escenario hasta fin del presente siglo, los costos en inmuebles—terrenos, viviendas, obras públicas e infraestructuras— por inundación urbana o suburbana se estimaron en casi 1.600 millones de dólares. Los efectos en los puertos, sobre todo el de Montevideo, ascenderían a 342 millones. Los daños en grandes obras de saneamiento de Montevideo y Punta del Este determinarían una pérdida de activos por unos 60 millones. Las vías de tránsito sufrirían daños por 190 millones. El desplazamiento y atención a la población afectada en esas zonas costaría otros 3,2 millones.

La erosión de las zonas costeras afectaría a más de 11.000 hectáreas, con una pérdida estimada en 1.194 millones de dólares. El impacto en el turismo sería también enorme, ya que el estudio tomó como base el dato de que el 80% de los ingresos del sector se generan en la costa: la pérdida de playas por la inundación y la erosión determinaría un menor ingreso de 438 millones de dólares acumulados a 2100. El posible impacto sobre los ecosistemas fue estimado por Sención en 75 millones de dólares.

El perjuicio total para la economía del país por daños en las costas ascendería a 3.885 millones de dólares.

"Es importante analizar las medidas de adaptación que pueden tomarse para minimizar los riesgos, lo que evitaría los mayores costos", comenta Sención.

Existe consenso científico internacional sobre el problema.

Si bien la inmensa mayoría de los científicos coincide en que la amenaza del cambio climático es real y que la acción humana tiene mucho que ver con el problema, existe un pequeño grupo de escépticos. Algunos admiten el cambio climático, pero sostienen que es un proceso de origen natural, que el planeta ya vivió en otras épocas.

Este debate, que generalmente llega a las portadas cuando se produce en las instancias diplomáticas que discuten soluciones al problema, tiene vinculaciones con posiciones políticas y económicas en varios países, especialmente en Estados Unidos, el segundo emisor mundial de gases de invernadero (hasta hace pocos años era el primero, pero lo desplazó China). En ese sentido, no faltan las denuncias sobre que algunas industrias contaminantes, como la petrolera, financian a científicos y políticos opuestos a las medidas de control de emisiones.

"Sigue existiendo gente desinformada que duda sobre el cambio climático y si es obra humana. En 1988 la ONU creó el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, el IPCC por su sigla en inglés, que reúne a los principales expertos del mundo para analizar lo vinculado al cambio climático y sus repercusiones en todos los ámbitos. Cada tanto sus científicos hacen un informe. Y llegaron por unanimidad a la conclusión de que hay un cambio climático como no se había registrado antes en la historia por su velocidad. Y también concluyeron que el 97% de las emisiones son de origen humano. Lo mismo dicen las academias de ciencia del mundo", afirma el experto Ramón Méndez.

"Ese debate es de poca importancia práctica. Es evidente que el clima está cambiando y que el ser humano tiene que ver con eso. No importa si la acción humana causó el 40% de ese cambio o el 80%. Es una discusión infértil. Lo que importa es qué hacer para evitar esa influencia humana sobre el clima. Lo que es seguro es que cuando más gases se emitan, más se verá afectado el clima", comenta en tanto el ingeniero agrónomo Walter Baethgen.

Las sequías, el gran problema para el sector energético.

Una de las mayores preocupaciones que provoca el cambio climático en el área económica de los sucesivos gobiernos nacionales ha sido la posibilidad de que se originen sequías más frecuentes, con repercusiones inmediatas en los costos de la energía, comenta un funcionario técnico del Ministerio de Economía.

Por ejemplo, la magnitud de la sequía registrada en 2008-2009 alcanzó el 1,6% y el 1,2% del PIB respectivamente. En el primer semestre de 2012 se verificó nuevamente una baja generación hidráulica de energía por falta de lluvias. Sin embargo, se mitigó el efecto en las cuentas fiscales por la implementación del Fondo de Estabilidad Energética, por 150 millones de dólares. Aun recurriendo a este instrumento, el impacto fiscal de la sequía alcanzó al 0,7% del PIB adicional, indica el funcionario.

En un régimen normal de precipitaciones, más del 80% de la energía eléctrica del país fue tradicionalmente de origen hidráulico. Una fuerte caída en los niveles de embalse, como los observados cuando hay sequía, obliga a generar electricidad por métodos térmicos basados en combustibles fósiles, que además de emitir gases de invernadero, tienen sus costos directamente vinculados a los precios internacionales de estos combustibles. Para solucionarlo, además de instrumentos financieros como el Fondo de Estabilidad Energética, se busca modificar la matriz energética a través del impulso de otras formas de generación, como la eólica.

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