DE PORTADA

El renacer de Medellín

La ciudad más violenta del mundo en los ‘90 pasó a ser una capital moderna y segura para los turistas, que cada vez la prefieren más.

Stefanía Jiménez, guía de Revista Domingo en la Comuna 13
Las escaleras mecánicas cambiaron la dinámica de la Comuna 13.
El tango es muy popular en la ciudad donde murió Carlos Gardel.
Las esculturas de Botero son visita ineludible en Medellín.
Los mil colores de las flores que engalanan esta ciudad.
La Feria de las Flores recibe miles de visitantes por día.
José Ángel Zapata, silletero, orgulloso de sus flores.
La primera ciudad con este sistema de transporte público. 
El desfile de silleteros cumplió 60 años y convocó miles de personas.

"¿Puedo sacarte una foto?" "Sí, pero espera que me pongo bonita", dice Stefanía Jiménez mientras acomoda su cabello. Está de pie frente al primer tramo de escaleras mecánicas de Comuna 13, un barrio de Medellín que supo ser centro y símbolo de la guerrilla. Tan símbolo como la misma Stefanía, que con 19 años y una sonrisa recibe a los visitantes dispuesta a contar su historia, aunque le duela y mucho. Porque para ella nada es más importante que las 4.500 personas que los visitan cada mes sepan que se puede. Quiere, necesita decirle al mundo que ella, que tenía un año y medio cuando las FARC asesinaron a su padre, está pudiendo. Pudo.

Stefanía Jiménez
Stefanía Jiménez

"El 8 de enero de 2000 mi padre cae al frente de la casa. Yo no tengo memoria de ese día, pero obviamente crecí con la imagen de un padre, sabiendo que por la violencia no está. Un conflicto que no era de él ni mío, pero que estaba ahí siempre", dice. Dos años más tarde, octubre de 2002 quedaría para siempre en la memoria de Medellín. Entre el 16 y el 19 de ese mes se desarrolló la Operación Orión, una acción militar que expulsó de la zona el último bastión de las guerrillas urbanas (FARC, el ELN y los Comandos Armados del Pueblo), que operaban en la comuna 13 desde los 90 y se dedicaban a secuestrar, extorsionar, reclutar y asesinar. Dejó más de 70 muertos y cientos de desaparecidos, pero a la interna del barrio, señala Stefanía, la sensación no cambió.

Stefanía creció jugando a las escondidas, pero de las balas. Los simulacros en el colegio eran sobre qué hacer ante los tiroteos. A veces, directamente, no podían ir a estudiar. "La violencia no solo te quitaba la familia, sino también la posibilidad de aprender". Así fue hasta 2011 cuando la Alcaldía de Medellín llegó a la zona con un proyecto para muchos "loco" y para todos inesperado: en ese barrio repleto de callejones, túneles, recovecos y subidas interminables —que fomentaban los bandos y las "barreras invisibles", como ellos le llaman—, colocar escaleras mecánicas.

La iniciativa, que parecía una simple acción de movilidad, estaba lejos de serlo. Era una estrategia para cambiar en profundidad la dinámica de esa zona, una lógica que Medellín aplicó también con el metro y con el metrocable —transporte por teleférico— en varias partes de la ciudad, y que explican buena parte de la exitosa transformación que la segunda ciudad de Colombia vivió en los últimos 15 años.

La dinámica consiste en un profundo trabajo social antes, durante y después de un plan urbano. El metro, por el que circulan 1.100.000 pasajeros por día, consiguió que Acevedo, una comuna a 2.000 metros de altura, donde hasta 2004 no se podía ingresar —directamente no había institucionalidad ni subían proveedores de alimentos— se integrara al resto de la sociedad. El desafío requirió de ingenio —es el primer sistema de transporte por teleférico masivo del mundo— y también de la llegada de ayuda social, servicios, centros de justicia y oferta cultural.

En la Comuna 13, en tanto, comenzaron con talleres y con actas de vecindad, una suerte de acuerdos que establecían cuestiones impensables hasta ese momento, como trabajar con el otro. "Había que entender que el vecino no era un enemigo", sostiene Stefanía. Lo primero que hicieron en común fue una jornada de limpieza. Después vinieron otras instancias, una en especial que ella recuerda. "Me preguntaron qué quería ser cómo persona", algo que ni siquiera se le había pasado por la cabeza. "Yo no me soñaba nada, a duras penas pensaba en terminar el año que estaba cursando". En el medio eligieron a los niños como "embajadores" del proyecto de movilidad. "Tenía 12 años, nos empezaron a decir que nosotros éramos dueños del barrio y que nosotros tomábamos las buenas o las malas decisiones. Que éramos nosotros los que poníamos esas barreras invisibles, que le dábamos o no continuidad a una violencia que no queríamos".

Hoy, cuatro años más tarde, se ve poca gente una mañana de agosto por el barrio. Dos niñas juegan en la fachada de una casa, pintada con el dibujo de un rostro en tonos de azul, blanco y negro. Un joven enciende un cigarrillo mientras arranca su moto, bien cerca de una especie de mirador donde media decena de turistas registran una de las mejores vistas de Medellín. Cerca, un par de escolares intentan no caerse de su skate y una mujer disfruta su mango biche, un helado "palito" con trozos de esa fruta, que se come con sal y limón, refrescante para ese día agobiante. Muy pero muy cada tanto, uno se cruza con un policía.

Los seis tramos de escaleras mecánicas, que permiten adentrarse en el barrio, lucen impecables. Tan impecables como todo el resto de la ciudad. Porque si algo llamará la atención a un uruguayo —especialmente a un montevideano— en cuanto pise Medellín es que, esté donde esté, no verá absolutamente nada tirado en el piso. Las autoridades creen que esa característica de la ciudad se explica porque consiguieron que la gente se apropiara de ella, un punto que dista de estar ajeno a su última transformación.

Es que Medellín pasó de ser conocida durante gran parte del siglo XX como la capital industrial de Colombia a convertirse durante los 80 y los 90 en la ciudad más violenta del mundo, apodada "Metrallo", y centro de operaciones del capo narco Pablo Escobar. Ahora, la casa donde cayó el líder del Cartel de Medellín es un centro de enseñanza de español para extranjeros.

tres cifras importantes

Parte del cambio de la ciudad expresado en números

—Del año pasado a este, la cantidad de turistas creció en un 24 %
—Los homicidios en la ciudad disminuyeron en 90% en el período que va de 1991 a 2016.
—Por $ 150 se puede almorzar un menú al plato con bebida y café incluido en el centro de Medellín.

La ciudad busca posicionarse con el rótulo "Medellinnovation", denominación que sintetiza la apuesta por una urbe que conjuga lo moderno y el sentido social. Y lo logra. De hecho, en 2013 le ganó a más de 200 ciudades, entre ellas Nueva York y Tel Aviv, y fue catalogada como City of The Year, en un concurso en que Wall Street Journal y Citi Group premian la innovación.

Dentro de esa apuesta de crecimiento, el turismo tiene un rol clave. La ciudad —sin playa ni un centro histórico como atracción central— se posiciona con éxito con destino de reuniones y eventos: en 2016 recibieron 702.000 turistas extranjeros —Estados Unidos, Panamá, México, Venezuela y Perú están primeros en cantidad de viajeros—, 24% más que el año anterior. Además, tuvieron la ocupación hotelera más alta de la última década, señala a Domingo Juliana Cardona, subsecretaria de Turismo de la ciudad.

luz

Cultura, memoria y compras

Lo primero que conquista de Medellín es su luz, al menos si uno llega al atardecer, porque los distintos tonos que bañan el valle se parecen más una pintura que a un paisaje. Lo segundo quizás sea su topografía. Si ingresa por el aeropuerto José María Cordova va a ser bien notoria mientras se dirige a la ciudad, ubicada en el centro del valle de Aburá, ya que la zona tiene unos mil metros de diferencia entre el sitio más bajo y el más alto. Después, posiblemente se dará cuenta que las previsiones climáticas de su smartphone —más allá del proveedor— indicarán un clima bastante distinto del que finalmente se presentará. Es que la Ciudad de la Eterna Primavera, como se la solía conocer, también sufre las consecuencias del cambio climático y por su ubicación, los errores en los pronósticos, que indican que por ejemplo lloverá todo el día cuando habrá un simple chaparrón, son moneda frecuente.

El Poblado, uno de los barrios más elegantes, tiene un aire a Punta Carretas, y es un buen lugar para alojarse. Lo atraviesa el Paseo Urbano Avenida El Poblado, conformado por un corredor peatonal entre la calle 10 y el parque De La Presidenta. Si la idea es hacer algo de compras, allí se encuentran dos shopping center, Santa Fe y Oviedo, bien distintos, pero ambos con precios convenientes, tanto en ropa —una remera 300 pesos uruguayos y un buzo deportivo 600 como, en juguetes —los mismos productos hasta la quinta parte que en Montevideo— , cremas cosméticas y accesorios.

Por esa vía se llega también al Parque Lleras, que de noche se convierte en un plan ideal. A su alrededor hay decenas de restaurantes, cafés y sitios de rumba, que eligen tanto los antioqueños como los turistas. Un público, en general joven, camina por las calles que rodean el paseo, mientras Spiderman, Iron Man, Capitán América y otros personajes al estilo colsplay, se mezclan entre la gente en busca de un minuto de fama, de una selfie o una foto y unos dólares a cambio.

Ya de día, quizás convenga empezar por lo más internacional: Fernando Botero. Así se llama la plaza más concurrida y más interesante, una suerte de museo al aire libre cuyo principal atractivo son 23 esculturas gigantes de bronce que el artista colombiano donó en 2002. Una tradición que puede seguir es tomarse una fotografía con cada una de las obras.

Allí, mismo en la plaza, bien vale la pena ingresar al Museo de Antioquia, donde Botero también es la principal atracción, en especial Pedrito, pintura en honor de su hijo muerto a los cuatro años y que ahora, que pasaron décadas, continúa siendo su favorita. Hay otras obras para no perderse como Horizontes, la icónica pintura de Francisco Antonio Cano y las más de 1.500 piezas de arqueología indígena, artefactos líticos (como puntas de flechas) y textiles.

Desde ese punto se puede caminar hasta la catedral, y de paso pasear por el pasaje Junín y detenerse en Versalles, un café fundado en 1961, que se volvió punto de encuentro de escritores y futbolistas argentinos y antioqueños. Ahora es conocido también por, según los locales, tener el mejor jugo de mandarina de la ciudad. Además, por la música que suena y varias fotografías, es una interesante primera aproximación a otro de los atractivos de Medellín: el tango. La ciudad que vio morir a Carlos Gardel tiene pasión por el dos por cuatro, que se escucha y se baila durante todo el año, y que tiene su máxima expresión con el Festival Internacional de Tango que se realiza todos los años.

Una vez afuera, se puede aprovechar para hacer compras en un paseo que está justo en frente o en alguno de los numerosos locales ubicados en esas cuadras. Y basta caminar unos pocos metros hacia la izquierda para llegar al Parque Bolívar, donde el primer sábado de cada mes decenas de artesanos exhiben sus productos en el mercado de San Alejo. Además, en un costado se encuentra la Catedral Metropolitana, según varios expertos locales, la iglesia más grande del mundo construida con ladrillo cocido: usaron más de un millón. Del otro lado está el teatro Lido, por donde han desfilado lo mejor de la danza, el cine y el teatro, y es patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad.

En este punto quizás es momento de una parada para comer, sin dudas uno de los puntos fuertes de Medellín. La recomendación va a ser unánime: hay que probar la bandeja paisa, un plato que combina 15 ingredientes, entre ellos frijoles, chorizo, chicharrón, huevo frito, plátano maduro y arepa de maíz. La otra recomendación unánime —en especial para los extranjeros— es, por lo contundente de la preparación, no comerlo de noche. Otros platos bien típicos son buñuelos, mondongo y sanocho, una sopa con caldo de pollo y plátano. Una característica, de estos platos y de otras preparaciones de gastronomía más internacional, son los precios, sensiblemente más económicos que la oferta promedio uruguaya. Incluso, se puede disfrutar de un menú turístico —plato, bebida y postre— por unos 150 pesos uruguayos.

Cerca del Parque Bolívar, a unos diez minutos caminando, el Museo Casa de la Memoria es el sitio concebido para el diálogo y la amplificación de las voces de las víctimas. Dos salas son de especial interés: la que alberga la muestra Medellín: memorias de violencia y resistencia, en la que paneles interactivos permiten conocer los impresionantes datos de la violencia, y otro espacio a oscuras, con destellos de luz, donde aparecen y desaparecen imágenes de afectados por conflicto. En el museo hay muchos espejos donde reflejarse, algunos de ellos con frases de víctimas, como una de Rubiela que dice: "Qué pesar que la tierra donde uno nació, donde creció, donde tuvo sus hijos le traiga tan malos momentos".

En la Comuna 13, Stefanía, prefiere concentrarse en "poder levantarse" y enfatiza que "la violencia no puede primar en ninguna parte". Respira hondo, y concluye: "Que las personas que lean esta historia entiendan que la violencia, por más que sea algo que deja mucho dinero, es algo pasajero. Que si tomamos la decisión, sin tomar un arma, dando amor, podemos cambiar el mundo. Somos la Comuna 13 de Medellín, miremos la historia que contaban y la que podemos contar ahora".

TRADICIÓN

Católica, turística y con flores

La mujer reza en el avión que pronto aterrizará en Medellín y le enseña a hacerlo a su hija, que no llega a los dos años. Colombia es el séptimo país con más católicos en el mundo, y fue elegido por el Papa Francisco para visitarlo en setiembre.

Desde la anterior visita de un Papa a Medellín —Juan Pablo II— pasaron 31 años y varios cambios: reducción en más de 90% de la cifra de homicidios (más de 6.300 en 1991 a 534 registrados durante 2016), incremento de 247% en la llegada de extranjeros en los últimos nueve años y el crecimiento poblacional, de 1.630.009 habitantes (1993) a 2.486.723. Lo que sí conserva Medellín es su tradición, que se luce en la Fiesta de las Flores con los "silleteros".

Fiesta de las Flores
Una mirada a la Fiesta de las Flores
TIPS

Atractivos para no perderse

Además de la Plaza Botero, los Museos de Antioquia y de la Memoria, el Parque Bolívar y la Catedral, hay otros sitios para no perderse: el Acuario Parque Explora — que alberga la mayor variedad de peces de agua dulce de toda Latinoamérica—; el Planetario de Medellín y el Parque de los Pies Descalzos, cuya idea es entrar en contacto con la naturaleza, justamente, sin utilizar zapatos.

EVENTO

Flores: una tradición que se hace fiesta e integración

En la finca silletera El Pensamiento, José Ángel Zapata, dueño y anfitrión, recibe de impecable traje blanco a los turistas que se acercan en la previa de la Fiesta de las Flores, celebración que es orgullo de Medellín y que año a año suma más turistas. Zapata es silletero, campesinos que heredaron ese título de sus antepasados y que protagonizan el desfile, que este año celebró su 60° edición y que es el evento central de la Fiesta. La celebración cuenta con varios escenarios donde hay desde exposiciones de flores, mercados campesinos, exhibición de autos clásicos y antiguos, presentaciones musicales con artistas en vivo, humoristas, teatro, danzas, trovas, bicicletas antiguas, juegos y deportes. El 99% de las actividades son con entrada libre. De pie en medio de su plantación, Zapata explica orgulloso que planta entre 60 y 70 variedades de flores, que utilizará para crear su silleta, una especie de asiento de madera repleto de flores, cuyos increíbles diseños compiten ante decenas de miles de personas. "Anteriormente al campesino no lo visitaba nadie. Para mí es un orgullo que la gente se acerque y venga hasta aquí a visitarnos", dice.

*Invitada por ProColombia a Medellín

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te puede interesar
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)