VIAJES

Un recorrido por el mágico Sur de Francia

Las carreteras en perfecto estado hacen del país galo una zona ideal para un viaje en auto. Aquí, una propuesta que recorre varias localidades con un mix de historia, arte, paisajes y gastronomía.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Un recorrido por Toulouse es también un encuentro mágico con la Historia.

Es hora de salir de París a buscar la esencia francesa. Y para eso no hay nada mejor que las tierras del Sur, la región Midi-Pyrénées, que guarda todo el encanto de las planicies verdes, pequeñas montañas, pueblos que cuentan historias del medievo y ciudades que sorprenden.

La propuesta es tomar un vuelo hasta Toulouse, capital del departamento del Alto Garona, y desde allí recorrer por tierra. La carretera, sobra decir que en perfecto estado, atraviesa campiñas, villas, poblados, bosques, planicies y puntos claves de la ruta de peregrinaje de Santiago de Compostela.

Toulouse, tradición e innovación.

Toulouse es una ciudad que habla mucho del pasado pero que piensa todo el tiempo en el futuro. Es la cuarta en importancia de Francia, después de París, Marsella y Lyon, y hoy acoge a los más innovadores desarrolladores de nuevas tecnologías y se ufana de ser la sede de importantes empresas de la industria aeroespacial como Airbus.

Lo ideal es conocerla desde su corazón antiguo, patrimonio de la humanidad. El punto de partida es la plaza del Capitolio, edificio construido en el siglo XVI. Desde allí, el plan es perderse por sus angostas callejuelas y recovecos para buscar la Basílica de Saint Sernin, construcción románica del siglo XI, considerada la más grande del mundo occidental, esencial en la ruta de Santiago de Compostela.

Dentro de su patrimonio arquitectónico no se debe dejar de visitar el Convento de los Jacobinos, la Catedral de St-Étienne (San Esteban) con su mezcla de estilos y materiales, la Basílica de la Dorada de Toulouse, en la que destaca su Virgen Negra, el Convento-museo de los Agustinos y la Capilla-hospital de la Grave.

No se puede ir de esta ciudad sin internarse en los canales de Midi, Patrimonio de la Humanidad (vía navegable que une al río Garona con el mar Mediterráneo). ¿Qué tal un paseo en ferry, mientras almuerza o cena con un delicioso vino? Y no olvide caminar por las orillas del Garona, que atraviesa la ciudad y le da buena vida.

La bicicleta es otra excelente opción para recorrer esta metrópoli, se puede alquilar por horas o por día, o las dos líneas de metro y el tranvía que va hasta el aeropuerto.

Más allá de las huellas de su pasado, en Toulouse la primera actividad económica es la industria aeronáutica y del espacio. De hecho, allí está la fábrica de aviones de Airbus, e importantes empresas de tecnología. El segundo renglón lo ocupan el sector de la salud y las investigaciones médicas. Además es una ciudad universitaria (la tercera de Francia), y gracias a eso, entre un millón de habitantes, cuenta con 100 mil estudiantes que le dan mucho movimiento y vida a la antigua ciudad romana y medieval.

Su gastronomía ofrece desde restaurantes con estrellas en los que se puede saborear un buen pato armagnac (cazuela de barro en la que se cocina pato con porotos blancos), hasta los mercados cubiertos o al aire libre como el de Víctor Hugo, con su ambiente muy local.

Rumbo a Tarn y Sorèze.

Cumplida la misión en Toulouse, la ruta va rumbo a Sorèze. En un poco más de una hora se llega a un pueblo en el que imperan la calma y la tranquilidad en medio de la campiña francesa. Allí hay dos visitas infaltables: la Real Escuela, un viaje al prestigioso pasado de la escuela de Abbaye. En el camino de Santiago de Compostela (Camino de Arles), esta antigua abadía se convirtió en escuela militar real. Hoy el conjunto arquitectónico es monumento histórico. Lo integran la Cour des Rouges, el claustro, la sala de los bustos y el parque.

A pocos pasos está el museo que abrieron el año pasado en honor al monje Dom Robert, artista de los tapices y quien dejó un impresionante legado de su producción a esta región. El trabajo del monje benedictino, que murió en 1997, es todo un homenaje a la naturaleza.

El camino sigue rumbo a Les Cammazes, un pueblo de la Montaña Negra, en el Suroeste de la región de Tarn. Es una escapada con todo el sabor rural. En este punto vale la pena cruzar el Canal de la montaña, alimentado por el estanque de agua de Saint-Ferréol y el Canal de Midi. Fue construido en 1666 y pasa por debajo de la Bóveda Vauban —construida en 1686—, un largo túnel de 122 metros; el reto es atravesarlo caminando.

Allí está el sitio ideal para un buen almuerzo francés en Le Salon de Vauban con un suculento menú de comida orgánica, sin gluten, sin azúcar, sin lactosa… y con muy buenos vinos.

La inolvidable Albi.

Los siguientes 66 kilómetros (aproximadamente una hora en auto) llevan a una de las ciudades más hermosas de esta ruta, y sin temor a equivocarme, una de las más bellas del mundo. Albi, declarada Gran Sitio de la zona de Midi-Pyrénées, es una ciudad episcopal Patrimonio de la Humanidad. Su enorme riqueza la hace merecedora a múltiples apelativos: Crisol de ladrillo, Fortaleza de la fe, Ciudad italiana.

Es un placer perderse entre sus calles viejas para ir en busca de su famosa trilogía: la catedral de Santa Cecilia, el Palacio Berbie (que alberga el museo Toulouse-Lautrec) y el Puente Viejo.

Sus casas de madera, pasajes estrechos, calles adoquinadas y edificios medievales transportan a un pasado próspero y vibrante en su vida cultural. Sobra la brújula, mejor ir sin Norte y sin prisa y dejarse tragar por sus callecitas pues todas esconden un tesoro: el hotel Reynes con su extraordinaria galería, construido por un comerciante en 1530, el claustro de Saint-Salvy (siglo XIII), con su césped triangular y sus columnas.

Una de las escenas más inolvidables para cualquier viajero es ver la puesta del sol desde el Puente Viejo (uno de los más antiguos de Francia).

Conques, joya del arte románico.

Esperan una hora 40 minutos en carro, 106 kilómetros, para alcanzar uno de los principales monumentos del patrimonio arquitectónico y cultural que se alinean en la ruta a Santiago de Compostela. Conques, una antigua comuna francesa de la región de Occitania, departamento de Aveyron.

Es uno de los puntos de peregrinación más importantes de Francia gracias a que allí se encuentra la Abadía de Sainte-Foy, una de las primeras mártires cristianas, cuyas reliquias fueron entregadas a los monjes de este lugar en el siglo XI.

Hacen parte de sus tesoros el Tímpano del juicio final y los capiteles figurados, las vidrieras de Pierre Soulages, los relicarios de oro o plata adornados con esmaltes, camafeos antiguos, entalles y piedras preciosas, todos artesanía medieval.

Toda esta riqueza se sitúa en torno al monasterio rodeado de montañas y ríos y que está catalogado como uno de los pueblos más bellos de Francia. Desde entonces es parada dentro del Camino francés de Santiago.

Rodez y su museo Soulages.

Muy cerca, a solo 50 minutos en auto, está la ciudad de Rodez. Allí los pasos se dirigen rápidamente a la catedral gótica y su magnífico campanario y desde allí se despliegan todas las calles que llevan por su centro histórico.

En medio del pasado, a escasos metros de la ciudad antigua, un edificio moderno llama la atención y se roba (con razón) un par de horas del viajero. Se trata del Museo Soulages, que le hace honor a un hijo de Rodez: Pierre Soulages, pintor contemporáneo de reputación internacional, nacido en 1919. Allí se encuentran sus más importantes obras y exposiciones temporales de alcance nacional e internacional. 

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