PABLO LECUEDER

"En la radio podés tener ideas locas y realizarlas"

Es el creador de la Noche de la Nostalgia, pero lejos de quedarse anclado en el pasado mira el futuro de su emisora pensando en Internet como un medio nuevo.

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"Si no se lidera una categoría hay que buscar otra", sostiene.

LUIS PRATS

El 24 de agosto es desde hace años una fecha clave para Pablo Lecueder (59), pero su creación —la Noche de la Nostalgia— ya tiene vida propia. Lecueder hizo, antes y después de aquella idea, una trayectoria en los medios que supo de éxitos, sueños cumplidos y también algunas caídas. Y sigue alentando proyectos, aunque parezcan descabellados. Por ejemplo, lo desvela la posibilidad de traer a Montevideo al mítico Cat Stevens, hoy llamado Yusuf Islam. Lo vio hace poco en París y fue como regresar a los años 70: las mismas canciones en la misma voz.

La radio es su pasión y eso queda claro ya al principio de la charla, en su oficina de Océano FM frente al puertito del Buceo. Incluso se anticipa a las preguntas para hablar dos horas sobre las comunicaciones, desde la curiosidad de las primeras visitas a una emisora hasta la era de Internet.

"Todo empezó casi de casualidad —cuenta Lecueder—. Un día conocí a Daniel Leal, el disc jockey y relacionista público de Zum Zum, que tenía El Dr. Ruido y su show los domingos en Panamericana. Visité el programa y me fascinó todo. Enseguida pensé en poner un programa de radio. Mis padres me apoyaron. No tengo vergüenza en reconocerlo, es un orgullo. Compré el espacio, que me cobraron carísimo, y me rompía la cabeza para vender publicidad".

Su programa se llamó Old Hits y pronto logró repercusión. Por esos días, Carlos Scheck quiso comprar CX10 a Heber Pinto con la idea de una programación futbolera dirigida por Jorge Da Silveira. Pero Pinto pidió mucho dinero por su emisora. También se vendía CX32 radio Sur, que estaba llena de deudas y con una programación anticuada. Luis E. Lecueder, padre de Pablo, se interesó e invitó a Scheck para que lo acompañara en la empresa.

"Mi padre estaría preocupado con el hijo que volaba, que hacía cosas raras como tener un programa de radio. Y por eso pensó que podía ser un desafío dedicarme a ese hobby y levantar una radio fundida", asegura.

Así, la vieja Sur se convirtió en Radiomundo, con una doble cabeza: la dirección deportiva a cargo de Da Silveira y Pablo Lecueder, entonces de 20 años, en el resto de la programación. El fútbol, sin embargo, no duró mucho. Y el joven quedó al frente de todo, allá por 1978.

No era juguete.

"Con 20 años uno puede tener ideas sobre programación de radio, pero es difícil manejar una empresa. Uno siempre puede ser el nene que se divierte con el chiche. Todos los que trabajaban en la radio eran mayores que yo", recuerda.

En ese momento entró a jugar uno de sus mentores, según lo define: Goar Mestre, el empresario cubano-argentino de las comunicaciones, que era inversor de la empresa inmobiliaria de su padre. Mestre le dibujó una grilla con los horarios de una radio y a quién iban dirigidos cada uno de sus programas. Luego, giró el papel para decirle que en el futuro, cada emisora atendería a un público diferente: le habló de la segmentación, 30 años antes que el término se popularizara. Lecueder quería una radio musical para jóvenes y su mentor le dijo: "Tirate, que ese es el camino". El mismo respaldo encontró en Scheck.

"Hicimos muchas cosas. La Noche la Nostalgia fue una. Tuvimos campañas publicitarias muy jugadas para la época. Cada vez que venía algún artista importante a Argentina, tratábamos de traerlo", dice. El primero fue Paul Williams, en los tiempos del Fantasma del paraíso. "Hicimos dos funciones con lleno total en el cine Plaza y con el producido se levantó el último vale del banco. La radio quedó totalmente saneada, equipada y con una programación exitosa. Y eso nos llevó dos años y medio, casi nada", enfatiza.

Entonces, Radiomundo se sintió con autoridad para "blanquear" la música en español, aprovechando el boom del rock argentino. Se dio el lujo, por ejemplo, de reunir a Sui Generis en el estadio Franzini.

Tiempo después se produjeron las licitaciones para nuevas emisoras de FM. Lecueder se presentó a todas y no obtuvo ninguna. "Siempre digo un poco bromeando que ningún gobierno entendió que yo era apto para dirigir un medio de comunicación. Eso nos atrasó, porque salieron las FM y nos mataron... Morimos con los ojos abiertos. Era como si llegara la televisión color y a los canales ya existentes los obligaran a seguir en blanco y negro", asegura.

Sin embargo, cuando en 1992 Rodolfo Gioscia vendió Emisora del Palacio, prefirió la propuesta de Lecueder porque pensó que iba a querer a la radio tanto como él, cuenta. "Había llegado a la FM, tarde pero llegué. Ponerle nombre fue difícil, como elegir el nombre de los hijos. Océano era una radio que había pensado para Punta del Este. Océano, fonéticamente es muy cerrado, pero remite a algo grande. Y quedó".

Los estudios de mercado, que Lecueder consulta periódicamente, le indicaron que era el momento de cambiar de rumbo. "Ya había otras radios musicales, muy al estilo de lo que habíamos sido. Nos metimos al principio en ese nicho pero vimos que habíamos llegado tarde. No era mala la radio, pero nos costaba mucho. Y si uno no es líder en una categoría, hay que buscar otra categoría para ser líder. Ya la gente de la FM quería otra cosa, no solo la música y que le dieran la temperatura", indica.

Entonces regresó a la radio "hablada". Comenzó con Gustavo Rey con Caras y más caras en la noche. Luego, el Licenciado Orlando Petinatti por la tarde. Y, en una tormenta de ideas, se les ocurrió contratar los servicios informativos de Nuevotiempo para que sus periodistas les contaran las noticias, en forma de charla.

"Son esas cosas divertidas que salen. Esto te mantiene en estado físico, tenés que estar pensando siempre en cosas nuevas. Lo lindo de la radio es que podés tener ideas locas y realizarlas", enfatiza. "Y tuve la suerte de trabajar con gente buena y muy talentosa, a la que ahora se sumó mi hija".

Las comunicaciones están cambiando "a pasos agigantados", advierte. Todavía le "rompe la cabeza" que en una radio ya no exista una sala destinada a la discoteca y que allí en cambio haya jóvenes trabajando en el área digital. "No terminamos de conocer Internet y ya cambió. Océano de entrada apostó a eso, pero no queremos la radio en la web sino considerar a Internet como un nuevo medio. Es fácil decirlo pero difícil de realizar", asegura.

"Hoy en día estamos produciendo Océano en Internet pero con otra cabeza, como primera etapa. El contenido ya está, con muchos temas visuales y también auditivos. El concepto es Mirá Océano", dice. Y señala que se cambió el logo de la radio. "Para unificar todo había que dejar de ser 93.9 FM para transformarnos en algo que pudiera abarcar todos los distintos sistemas donde podemos estar. Costó trabajo. Así llegamos a Océano solo, que parece muy fácil pero no lo fue", comenta.

Nostalgia.

Lecueder se resiste inicialmente a hablar de la Noche de la Nostalgia, por "pudor", según dice. "No quiero aparecer todos los años hablando de lo mismo", explica. Pero enseguida el tema lo entusiasma y anticipa todo lo que habrá en la fiesta que Océano organizará el 24 en el LATU, con varios juegos de láser, livings, seguridad y más.

La idea nació en 1978 para difundir a la naciente Radiomundo. Se hizo en vísperas del feriado por la independencia debido a que los boliches no se alquilaban para el fin de semana. Y la fecha pegó, porque es un feriado inamovible. La fiesta tuvo éxito, nuevas ediciones e imitadores. Y la Noche hasta tiene una ley que la consagra.

"Me parece brutal que cada uno disfrute su fiesta. La Noche de la Nostalgia es de la música que cada uno recuerda. ¿Por qué a un chico de 25 años le voy a pasar música de los 80, si no tiene ni idea de eso? Mi hija se juntará con amigas y pondrá la música de su cumpleaños de 15, de hace diez años, y para ella eso es recontra nostálgico. Eso es lo bueno de esta fecha, que cada uno se divierta".

La mudanza a Zum Zum.

Océano funciona en la antigua discoteca Zum Zum, junto al edificio Panamericano. La mudanza, según Pablo Lecueder, fue "otra idea loca, con algo mágico también". Durante algunos años, allí organizaba la fiesta de la Noche de la Nostalgia, alquilando el espacio. Pero cuando se enteró de que vendían la discoteca, decidió comprarla. "Una vez, estando en Zum Zum, pensé: Qué lindo lugar para poner una radio. Nosotros nos íbamos a instalar en el World Trade Center, pero el tiempo pasaba y casi ni había pisado el lugar. Nunca hice nada. Algo me decía: Esperá, esperá…", recuerda. "Como en el caso de Emisora del Palacio, me encontré con gente que valoraba más el sentimiento que el dinero", dice. Fue una apuesta grande, pero valió la pena, dice. "En los cursos de marketing siempre decían que los servicios son intangibles, el desafío es hacerlos tangibles, que tomen cuerpo en la mente del cliente. Y si hay algo intangible es una radio. Pero este local es como la embajada de Océano. La gente pasa y ve el estudio funcionando. Y nos permite hacer muchas cosas en el lugar", explica. Hubo que remodelar a fondo, pero hay detalles que se mantienen casi intactos de los viejos tiempos de la discoteca.

SUS COSAS.

Su hobby.

A Lecueder le gusta bucear, aunque últimamente tiene pocas oportunidades de practicar ese deporte. "Lo mejor es el Caribe. Aquí el mar no es tan claro y además es frío", explica el empresario. Hizo el curso con la Armada y tiene brevet de buceador, aunque aclara que su equipo es "muy amateur".

El shopping.

"Cuando me preguntan si soy dueño del Montevideo Shopping, digo que tengo 20 o 30... ladrillos", bromea. En realidad, integra el Estudio Luis E. Lecueder, fundado por su padre, que se dedica a administrar y asesorar shoppings y proyectos inmobiliarios. "Voy a las reuniones y aporto ideas en temas de marketing", cuenta.

Un músico.

Sin dudarlo, Lecueder elige a Paul McCartney, mientras señala la foto que tiene junto a él (que se repite como fondo de pantalla de su computadora). "Gracias por ser la banda de sonido de mi vida", le dijo entonces al Beatle. Y, para mayor alegría, este lo saludó por su nombre de pila.

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