PAOLA BIANCO

"Quería volver a la televisión en el rol de conductora"

Creció en los pasillos de Canal 12 y empezó su carrera con 10 años, pero nunca se creyó “la de la tele”. Ahora al frente de Master Class, dice que el humor es su salvación.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Los niños y la música son las dos cosas que más me gustan en el mundo", dice la conductora. Foto: Ariel Colmegna.

La cuenta regresiva para el estreno de Master Class, el domingo próximo, hace que el movimiento en el Estudio C de Canal 12 sea continuo. Por primera vez las butacas de la tribuna se forraron con tela de distintos colores. Los ladrillos de la escenografía, idéntica a la de la versión original, se pintaron uno a uno y a mano. Casi todos los focos en altura ya tienen su correspondiente celofán. Detrás, una parte del estudio de transformó en una amplia aula donde además de sillas y un pizarrón hay un piano y las paredes están empapeladas con pentagramas. En todos esos ambientes, además de en los patios y pasillos, Paola Bianco (41), que tendrá a cargo la conducción del ciclo, se mueve como pez en el agua. Saluda, hace chistes, responde con morisquetas, saca fotos, ríe.

Es que para Paola, Canal 12 es su casa. Allí se crió desde que tiene memoria. Y allí también empezó a trabajar, con apenas diez años. Su madre, Ana, cantaba en el coro de El Show del Mediodía y de Cacho Bochinche. Su padre, Jorge, escribía para El Show... y era letrista de Los Gabys y La Escuelita del Crimen. Un día necesitaban una niña que cantara una voz aguda en el coro de Cacho Bochinche y Leslie Muniz, director musical, le dijo a su madre: Che, ¿tu nena canta, no? Vamos a llamarla. Por aquel entonces Paola, de una timidez extrema, solo mostraba su voz en el Coro del Sodre. Aparecer en televisión era otra cosa. "Pero era tarde y solo podían llamar a alguien de confianza... Yo me moría de la vergüenza, para mí Cacho (de la Cruz) era Cacho Bochinche, pero una vez que lo hice me sentí muy cómoda. Empecé grabando eso y terminamos haciendo todas las voces entre mi mamá y yo. Me decían ahora hace de varoncito, ahora hacé de gordito...".

Para quienes solo conocen a Paola de verla en la tevé o escucharla en la radio, resulta raro pensarla como una persona tímida. "Me escudo en el humor y en ser payasa, pero todavía hay una tímida adentro", asegura. Para ella, "el bachecito" que le impedía ir a cumpleaños o hablar con un volumen audible se lo sacó la Escuela Nacional de Danza. A los 8 le dijo a su madre que quería ser bailarina. Ana, que había estudiado allí, quedó descolocada. Pero la niña estaba convencida; tanto, que dio la prueba y, contra todos los pronósticos, quedó. "Ese fue mi primer casting. Era la más chica del grupo y tenía que romper mi timidez o no podía ser bailarina". Con la Escuela también debutó sobre un escenario. Y lo disfrutó. "Empecé a despojarme de lo que me trancaba, que en realidad era miedo".

Por esa época empezó a bailar con Laura Martínez y las Chin Chin. Y de a poco, la televisión dejó de ser solamente el lugar de trabajo de papá y mamá. En los pasillos, detrás de escenografías y cámaras, conoció a Maxi de la Cruz, quien con el tiempo se convirtió en su amigo incondicional y socio televisivo. "Se dio natural, él me dijo una pavada que yo cacé al vuelo, así empezamos. Y nunca fuimos pareja, siempre amigos, hermanos", dice y muestra que, justo, Maxi le acaba de mandar un video por WhatsApp. Mejor no abrirlo, advierte, nunca se sabe qué puede haber detrás.

Juntos y en el 12, Paola y Maxi presentaron Las Tortugas Ninja e hicieron diez temporadas de Maxi Animados. Además, condujeron Maxi Dibujos en Canal 5 y recorrieron el país con obras de teatro y shows infantiles. "El tiempo pasó, empecé a salir en cámaras, vino Maxi Animados, hice varias cosas acá y después me fui. Y volví al canal hace un tiempo con Me resbala, un proyecto que me divertía porque estaban Maxi y Coco (Echagüe, con quien condujo Loco de Vos en Canal 10). Pero no era lo que yo quería, no me quería dedicar a actuar en televisión. Para volver tenía que ser en el rol de conductora".

Por eso, no dudó en aceptar la propuesta de Master Class, un formato nacido en Israel en el cual cuatro profesores trabajan junto a 16 niños para explotar su potencial artístico. "Dije que sí al toque porque une niños y música, las dos cosas que más me gustan en el mundo". Si conducir era uno de sus sueños, grabar un disco para niños es el otro.

En equipo.

La casa de los Bianco quedaba a solo tres cuadras de Canal 12. Más de una vez ofició de oficina de producción o comedor. Paola fue a la Escuela N° 77, al Liceo N° 21 y después al Miranda. En ninguno de ellos, dice, se sintió que era "la de la tele". O al menos nunca se dio cuenta. Fue una adolescente tranquila, no muy salidora y completamente abstemia, rasgo que conserva hasta hoy. "El hecho de estar en la televisión me hizo salir menos, hay gente a la que le pasa al revés. Me daba vergüenza que me reconocieran", recuerda.

Sus fines de semana, además, estaban cargados de trabajo. Durante diez años —entre los 17 y los 27— cantó en la orquesta del maestro Raúl Medina. Antes, también lo hizo con su madre y Leslie Muniz. De todas esas experiencias, lo que Paola más destaca es el trabajo en equipo, una dinámica que sigue disfrutando. "Me gusta mucho el grupo, estar sola en un escenario como que no me entusiasma". Por eso, entre otras razones, hizo teatro pero nunca stand up. Y por eso, la dupla con Maxi se prolongó por más de una década.

Mientras hicieron Maxi Animados, los dos entonces adolescentes eran productores, editores, conductores e, incluso, alguna vez les tocó hacer cámara y sonido. "Teníamos un vínculo súper fuerte. Yo lo maquillaba en los exteriores. Tuvimos 12 años de vernos todos los días. Yo me iba de vacaciones a Solís y él venía conmigo como si fuera mi hermano. Cuando terminó Maxi Animados hicimos un duelo y estuvimos un mes sin hablarnos. Para mí fue horrible". Hoy, que Maxi vive en Buenos Aires y se ven poco, Paola sigue teniendo siempre un sí incondicional para él.

Con el fin de Maxi Animados Paola dejó Canal 12 y pasó al 10. Allí tuvo la posibilidad "de aprender y crecer". Hizo "de todo", desde conducción hasta actuación, desde Loco de Vos hasta En su salsa (con Sergio Puglia), el programa con el que se despidió (hace cinco años) de la pantalla chica.

—¿Qué te llevó a dejar la tele?

—Cuando nació Martina, mi primera hija, a los 20 días ya estaba cantando y bailando en Loco de vos como si no hubiera parido. Tenía mi propio camarín, iba con mamá y la beba para todos lados. En las giras, en vez de viajar en el ómnibus iba con mi marido en el auto y Martina en su sillita. Incluso hice Mi bella dama, con Omar Varela, una obra muy exigente porque actuaba, cantaba y bailaba. Cuando nació Fede, el segundo, hice Hogar Dulce Hogar, pero grababa dos veces por semana y lo llevaba, igual que con Martina. Cuando quedé embarazada de Guillermo empecé a dudar de cómo iba a hacer con tres, porque cada uno necesitaba su espacio. Y cuando estaba de siete meses se muere mi padre de un día para el otro. Yo soy bastante presente en mis trabajos, no me gusta llegar y ver qué tengo que decir. Ahí me di cuenta de que necesitaba dedicarme a estar en mi casa dando la teta tranquila. ¡Porque además a todos les di teta hasta los dos años!

Su hija más pequeña, Rocío, completa el clan y "nació sin pantalla". En 2015 Paola se casó con Darío Sisiasvili, su pareja desde hace 23 años, aunque tuvieron un impasse de tres años en el medio. "Por suerte en aquel momento nos separamos, teníamos que vivir otras cosas para después volver. Ahora ya hace 12 años que estamos juntos". La boda fue a pedido de los niños, que querían ver a su madre "vestida de princesa".

Hincha de Peñarol y fanática de las pilchas, hoy su día se reparte entre grabar en el canal, hacer el "servicio de taxi" para sus hijos y salir a correr. También la apodaron "la reina de Twitter", aunque dice que los posteos en las redes no le insumen mucho tiempo. Y en todos esos espacios, siempre hay un factor común: el humor.

—¿Qué lugar ocupa en tu vida?

—Es mi escudo, mi salvación, todo… A veces te escapás de la realidad haciendo humor. Mi padre era muy chistoso, escribía humor, yo mamé eso y el humor lo uso para todo. Si estoy triste igual, no sé de dónde lo saco. Me río mucho de mí, y cuando uno se ríe de uno mismo se puede reír de cualquier cosa.

Escuela sin notas bajas.

En plenas vacaciones de verano, en la calle Enriqueta Compte y Riqué se formaron largas filas de niños que llegaban para presentarse al casting de Master Class, el talent show que Canal 12 estrenará en su pantalla el próximo domingo. "Fueron 40 horas de casting y mil niños, pero lo que más me quedó son las historias de esa gente. A cada uno lo escuchamos como si fuera el único", recuerda Paola Bianco, a cargo de la conducción del ciclo. Finalmente, la producción eligió 16 participantes, de entre 7 y 12 años, que durante tres meses recibirán las enseñanzas y evaluaciones de los cuatro maestros: Laura Canoura, Gonzalo Moreira, Victoria Ripa y Guillermo Freijido. Es la primera vez que el formato, que surgió en Israel, se realiza en español. Se trata de un show de talentos en el cual no hay eliminación ni críticas negativas. De hecho, en esta escuela de música las notas van desde bueno hasta excelente. Además, los estudiantes podrán interpretar temas de artistas internacionales. Aunque esta propuesta ocupa todo el tiempo profesional de Paola, no descarta armar algún proyecto propio en radio, otro medio que le "gusta mucho".

SUS COSAS.

Correr.

Para Paola correr es hacer "meditación en movimiento". Cuando empezó a entrenar no llegaba a los 400 metros. Hoy ya es experta en media maratón: 21 kilómetros. La primera vez que corrió tanto fue para su cumpleaños de 40; en la meta la esperaban sus cuatro hijos. "Es una prueba contra uno mismo. Cuando salgo me oxigeno, pienso y vuelvo a casa en estado zen.

Judaísmo.

Paola se siente judía, colectividad a la que pertenece Darío, su esposo. Siempre que puede celebra shabat, ayuna en el Día del Perdón e incluso se quiere convertir al judaísmo. "No voy a creer en el Mesías, pero es una cuestión de tradición". Uno de sus últimos tatuajes es una jamsa, que también incluye un ojo turco y un jai.

Solís.

Después de un paréntesis que la llevó por Punta del Este, La Paloma y Punta del Diablo, hace tres años que regresó a Solís, el balneario de su infancia. "Sigue manteniendo eso de ir a hacer los mandados en bici y me fascina. ¡Además me reencontré con amigas que hacía 20 años no veía!".

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