FANNY BERGER I EL PERSONAJE

"El problema es que hoy los vínculos son descartables"

Desde niña tuvo vocación de servicio, y por eso eligió la psicología como profesión. Con los años plantó un árbol, tuvo una hija y escribió varios libros, siempre sobre crianza.

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"Las terapias eternas generan dependencia emocional", dice. Foto: Darwin Borrelli

A Fanny Berger le encanta caminar. Vecina del barrio Pocitos de toda la vida, su auto pasa en el garaje de su apartamento. Caminar la despeja, le da tiempo a reflexionar y sensación de libertad. Así va a Pocitos Beach & Resort, como le dice a la bajada de Pagola y la Rambla, donde se junta con otra decena de "locatarios" como ella cada fin de semana. A pie visita amigos y hace los mandados. Pero también, a veces, camina ida y vuelta al Centro sin sentir el peso de las cuadras. Quizás, dice buceando en una explicación más racional, es porque pasa muchas horas dentro de las cuatro paredes de su consultorio, también en Pocitos, claro.

Allí Berger empezó como psicóloga de niños y adolescentes, pero hoy se reconoce mucho más terapeuta "de padres". En el luminoso departamento hay pocos juguetes, alguna pizarra blanca y un par de sillones. Sobre la mesada de la cocina —que evidentemente no se usa más que para un café— descansan sus libros, los que hablan de las relaciones de familia, de los divorcios, de la tecnología y de los abuelos. "Cada vez vienen más padres y me gusta mucho trabajar con adultos. Con los niños tenés que darle más al cuerpo y yo ya estoy en otra etapa", dice esta pisciana de 61 años con el calendario pisándole los talones. "Además, cuando son chiquitos un cambio en el padre ya puede cambiar la relación", completa.

Con ese combo entre padres e hijos, Berger no solo tiene la consulta llena, también se hizo un lugar en el mundo editorial (tiene ocho libros publicados y uno más en camino) y en los medios, donde tuvo un pasaje por la televisión, es columnista de Eme de mujer y desde hace siete años tiene un espacio en radio Sarandí.

Eso sí, lo único deliberadamente planificado fue cumplir con su vocación y estudiar la carrera de psicología. Del resto, las vueltas de la vida se hicieron cargo. Sin antecedentes familiares pero fanática de los libros de Sigmund Freud, con la Universidad de la República cerrada por la dictadura militar, se anotó en la Católica. Por aquel entonces todavía le gustaba el psicoanálisis. "Hoy no pasa tanto, pero en los años 60 y 70 se confundía psicoanálisis con psicología. ¡Y el psicoanálisis es una de las tantas técnicas! ¡Pero hay muchísimas!". Recién a fines de los 70, con la reapertura de la facultad pública, algunos profesores empezaron a hablar de conductismo y existencialismo, recuerda Berger.

Sin embargo, a ella le tomó un tiempo más alejarse del complejo de Edipo y el diván. Fue en Israel, adonde llegó para hacer un máster en psicología educacional. "Ahí por primera vez escuché hablar de otras cosas", recuerda. Entre esas otras cosas apareció la palabra "eclecticismo". "Si vos querés ayudar a alguien tenés que saber técnicas, teorías y métodos distintos, porque no todas las personas responden a los estímulos cognitivos-conductuales, o al psicoanálisis… Hay que saber de todo un poco".

Después de estudiar hebreo durante un año y mejorar sus habilidades de comunicación, allí también fue donde atendió a un niño por primera vez. "Pero además veía a las madres... y se juntaban tantos problemas que me pasaba tomando mate", dice entre risas. Estudio y trabajo se volvieron una unidad indivisible. Al principio, cuenta, "estaba furiosa", pero con el tiempo le agarró el gusto. "No era que no me gustara, pero yo estaba cerrada a lo que había aprendido acá en la facultad, venía con una formación rígida de los años 70. Y allá era otro mundo. Hoy agradezco, porque ahí aprendí a trabajar". En Israel estuvo 13 años, se casó con un rumano y tuvo a su hija Daniela. Después, eligió volver.

Vínculos.

El aterrizaje en Uruguay no fue sencillo. Le llevó varios años tener una consulta estable. Pero, una vez más, los hechos la fueron llevando. "Como hice el posgrado en el Centro Gestáltico, empecé a trabajar en el servicio social y ahí llegaron los pacientes. Pero nadie te golpea la puerta...".

—¿Por qué elegiste la gestalt?

—Un día, todavía en Israel, una asistente social me contó algunas técnicas gestálticas por primera vez. Ahí me di cuenta de que eso era lo mío, incluso me di cuenta de cosas propias que me descolocaron. Y así empecé a indagar en la gestalt.

Berger habla de Salomon Perls, "el padre de la gestalt", y se le enciende la mirada. Lejos de ser un hombre modelo, Perls era considerado un loco. Médico, psicoanalista y actor, había vivido desde en un kibutz hasta en un convento japonés. "Y de todos esos lados fue tomando elementos, incluso estudió con el creador del psicodrama, entonces te leía el cuerpo", explica.

"La gestalt tiene una concepción totalitaria, holística, del hombre. El hombre tiene una parte mental, donde hay creencias fijas y de donde salen los pensamientos, y una parte espiritual, emocional, que están interconectadas. Y nosotros las tratamos todas juntas, nos importan mucho las vivencias y los pensamientos". Además, en su consulta la psicóloga toma del existencialismo la importancia del "aquí y ahora" —o sea, hacerse cargo y responsable— y de la fenomenología, el método. "El psicoanálisis es interpretativo, la fenomenología mira el comportamiento y te pregunta sobre eso. En lugar de hacer como el psicoanálisis, que te interpreta, la gestalt te sacude".

Aún hoy, empero, la gran mayoría de los pacientes que llegan a su consulta no saben que es gestáltica. "Algunos sí porque me vieron en alguna charla o en los colegios. Y a los que ya tuvieron alguna terapia les llaman la atención algunas cosas", cuenta. ¿Qué cosas? Que Berger no apunta mucho y habla bastante, interroga e, incluso —si cree que aporta al tratamiento— es capaz de compartir alguna experiencia personal. Con los años, dice, los uruguayos le fueron perdiendo el miedo a la terapia. "Ahora no es tan elitista, está más extendida a todos los niveles socioeconómicos. A la consulta hace 20 años venían ocho mujeres y dos hombres, hoy son seis y cuatro, está más equilibrado".

Con el tiempo, Berger se convirtió en especialista en padres e hijos, sus vínculos, sus luces y sus sombras. "Es de los grandes temas y lo que más trabajo yo". En sus charlas, columnas y libros aparecen los conflictos, las aspiraciones, las adicciones, las peleas entre hermanos, los celos y una larga lista de temas que siempre dan material para un encuentro más.

—¿Cuál es el principal problema en el vínculo entre padres e hijos?

—El gran problema es que en esta época los vínculos entre padres e hijos no escapan a lo descartable. Y muchos padres no se posicionan en el rol de padres, que es un vínculo vertical. Que me perdonen, yo soy horizontal en el trabajo con gestalt, pero el vínculo padres e hijos es vertical: hay un adulto que tiene experiencia y un niño que está aprendiendo. Entre ambos tienen que tratarse bien y con respeto. Es igual que entre el maestro y el alumno, el problema es que no se posicionan en su rol y así aparecen los que son amigos de sus hijos, los que les preguntan a los nenes todo, los que los quieren complacer, los que hablan en plural tipo nos sentimos mal... Al adulto le cuesta ejercer la paternidad y la maternidad.

—¿Por qué creés que pasa esto?

—Porque sentimos culpa y porque los vínculos hoy son descartables. La salida de la mujer al mercado laboral evidentemente ha cambiado los modelos. Yo no termino de asombrarme con las cosas que me cuentan los pacientes.

—Los niños de hoy tampoco son los de antes...

—No, es cierto, pero es el huevo o la gallina. Los niños de hoy son más inquietos, más impulsivos, con más habilidades motrices, pero siguen siendo niños e inmaduros. Son así por la sobreestimulación, pero también por la actitud de los adultos. Los niños dicen algo y los padres los aplauden. Si a mí me aplauden siempre, entonces hago lo que quiero. Ningún extremo es bueno. Los padres tenemos que cambiar, permitir que nuestros hijos se hagan cargo. Estamos siendo muy débiles emocionalmente.

Berger no es partidaria de las terapias eternas. "Porque eso es generar una dependencia emocional", advierte. "Se puede ir a una psicóloga, cumplir un ciclo y cerrar". Y después, siempre hay tiempo para volver. Porque lo que cura, dice convencida, es el vínculo con el otro.

Ocho libros y contando.

Durante sus 13 años en Israel, Fanny Berger había plantado un árbol y tenido una hija. A su regreso a Uruguay, una amiga le hizo dar cuenta que solo le faltaba escribir un libro. "Tanto me manijeó, que me empecé a automanijear yo. Y así nació el primero". Ese se llamó Papis miren qué me pasa, de 2005. Después llegaron Entre padres e hijos. En busca del vínculo perdido (2012), Ser abuelo hoy (2013), Hermanos, vínculos que dejan huellas (2014), El desafío de ser padres (2015) y Padres e hijos ante el divorcio (2016). "Los primeros me salieron más desde el intelecto, en cambio los últimos salieron más desde el corazón, sobre todo porque los hice más desde la experiencia", distingue. Sin embargo, todos tienen en común su voluntad de ayudar. El más reciente, sobre el divorcio, es una orientación para hacer menos doloroso el proceso, pensado tanto para padres que están comenzando la separación, como para parejas ya distanciadas. Después de que termine el verano, se pondrá a trabajar en un nuevo libro, una versión actualizada de uno de sus primeros textos. De su experiencia íntima y mediática, Berger nota que la gente cada vez consulta más "para prevenir problemas".

SUS COSAS.

La playa.

Le encanta la playa y no precisa mucho más de lo que encuentra en las arenas de Pocitos. En su WhatsApp tiene un grupo llamado Pocitos Beach & Resort que comparte con varios vecinos del barrio. Los fines de semana, mensaje va mensaje viene, llegan a ser 30 personas.

Cabalá.

Se podría decir que Fanny Berger nunca dejó de estudiar. Cuando no está trabajando en el consultorio o dando una charla, la psicóloga aprovecha para participar en algún grupo de estudio. Hoy, los que la tienen más ocupada son uno de cabalá y otro de psicoastrología. De paso, advierte que es "pisciana, medio bruja e intuitiva".

Youtube.

Últimamente, la computadora le gana la pulseada a los libros. Para la lectura, Berger elige textos de psicología o historia, su otra gran pasión. Sin embargo, cada vez pasa más tiempo en YouTube mirando las charlas a las que no pudo ir. "Aprendo pila, sobre todo de la gente que viene del exterior".

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