NOMBRES

La princesa ahora se ríe

Carrie Fisher, estrella de La guerra de las galaxias, habla de todo: desde sus éxitos hasta la difícil rehabilitación a las drogas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Un documental sobre su vida fue ovacionado en Cannes.

Es la hora del té con Carrie Fisher. La cita es en el restorán del hotel Majestic, en Cannes, el día siguiente a la presentación del último protagónico de la mujer que se hizo famosa hace cuatro décadas como la princesa Leia en La Guerra de las Galaxias. Bright Lights: Starring Carrie Fisher and Debbie Reynolds se llama el revelador documental de HBO, dirigido por Alexis Bloom y Fisher Stevens, que se ha presentado con una ovación en la sección Cannes Classics y que tiene a la actriz de nuevo en la palestra. Razones, hay varias. Primero, por el peso de su propio nombre: un ícono en la cultura pop que se ha revitalizado con las recientes secuelas de Star Wars: El despertar de la fuerza y la filmación en curso de Episodio VIII. Segundo, porque este documental muestra sin pudores la azarosa vida y carrera de esta artista de 59 años, con sus altos y bajos en el cine y con una arista subrayada con aguda y lúcida mirada por parte de los realizadores: la gravitante relación con su madre, la actriz del Hollywood de los años 50, Debbie Reynolds.

Rodeada de un bufé con dulces, pasteles, café y té, leche y crema, Carrie Fisher está sentada en una mesa recibiendo a reporteros de todo el mundo para tomar el té. Pero lo que hay en verdad son copas de champagne por parte de la prensa, y un vaso de Coca-cola para Fisher. La mujer que alguna vez sufrió de un uso abusivo del alcohol y las drogas, se mantiene abstemia y limpia. A su lado, sentado en una silla, la acompaña su fiel mascota: el bulldog francés Gary.

"Leí una de las críticas hoy del documental y decían que yo me veía exhausta. ¡Ambas, mi madre y yo nos veíamos exhaustas!", exclama Fisher, quien se hace cargo de los comentarios que critican su aspecto a los 59 años. "Me dan risa las libertades que toma la gente para decir cómo me veo", comenta de entrada sobre el paso del tiempo que ella se ha encargado de asumir sin el plástico de Hollywood.

Bright Lights: Starring Carrie Fisher and Debbie Reynolds es un estupendo trabajo audiovisual que siguió durante un año y medio los recientes caminos de Carrie Fisher después de haber saltado y sufrido el carrusel de la fama en Hollywood durante toda su vida. Nacida y criada en el seno de una familia de celebridades, el cantante superventas Eddie Fisher y la actriz de la era dorada de Hollywood, Debbie Reynolds, Fisher derrocha honestidad tanto en este documental como en esta hora del té para reflexionar sobre una historia personal digna de película.

De hecho, escribió el libro semibiográfico y luego el guión en que se basó el film Recuerdos de Hollywood (1990), con Meryl Streep y Shirley MacLaine interpretando justamente su intensa relación con su madre.

En este momento de su vida Fisher revela lo complicado que le resulta asumir la división entre persona y personaje cuando se ha crecido entre las cámaras. "El tener verdaderamente los pies en la tierra siempre me ha perturbado, el hecho de comportarte como un ser humano común y corriente... ¡No lo eres!. Entonces, siempre encontré eso extraño y siempre he sido mucho más observadora, porque había mucho que mirar de ese mundo y yo nunca me sentí parte de él. Pero sí lo fui".

En el documental hay material de archivo valioso donde ella y su hermano menor, Todd, aparecen desde niños siendo parte de la maquinaria de publicidad de Hollywood: portadas del corazón con sus famosos padres y luego formando parte de la historia cuando ellos se divorciaron porque Eddie Fisher prefirió los ojos color zafiro de Elizabeth Taylor en vez del candor de Debbie.

"Nunca fui cohibida con las fotos que nos tomaban, pero debería haberlo sido. Luego, me enojaba conmigo. Solo aprendí más tarde que cuando estás siendo fotografiada deberías hablar sobre tus reparos. Yo tengo 59 años y quizá debí aprenderlo antes".

Inevitablemente su madre, la octogenaria Debbie Reynolds, salta en la conversación: un producto del sistema de estudios, una actriz siempre en personaje y que incluso, a su avanzada edad, nunca ha dejado de mostrar la cara que los fans quieren ver: siempre lista para la foto perfecta. "Mi madre nunca aparece en las fotos sin un anillo. ¡Nunca! Vayan, busquen. Nunca la encontrarán, su vanidad es demasiado intensa. Pero yo sí lo hago y luego me enojo conmigo cuando veo fotos mías terribles y me parece que me van a perseguir para siempre. ¡Y odio que me importe!", dice.

—Si su vida fuera una película hollywoodense, ¿qué conclusiones haría de ese film?

—Bueno, pienso que fui un personaje muy, muy extraño que fue criado delante de la cámara, así que tuve que evitar sentirme observada. No me gusta lo que eso provoca. O sea, soy un producto de Hollywood pero he estado en las sombras, pero nunca percibí ese lugar como glamoroso. Jamás, jamás, jamás. Mis padres, las carreras de ambos, empezaron a ir no muy bien cuando yo era adolescente y lo sentí como un rechazo intenso y me rompió el corazón y por eso nunca quise entrar al show business. Luego, hice una pequeña parte en una película y de pronto estaba en el show business. Y quedé pegada.

Una de las cosas reveladoras sobre Fisher que muestra el documental son viejas filmaciones suyas cantando, con una gran voz por lo demás y por petición de su madre, en los shows que hacía Debbie Reynolds en la época.

"Mi voz es como la de mi padre. Y no convertirme en cantante fue mi gran rebelión. No lo era probar drogas ni nada parecido, sino que no hacer un show de club nocturno. No lo hice, me asusté. Esa fue la única vez, la del documental, que no tuve tanto pánico escénico. Mis piernas temblaban y me molestaba mucho cuando me equivocaba, me castigaba mucho, así que de verdad no quería hacer eso. Las películas eran distintas, pero de nuevo, me enfoqué en mis errores. La mejor parte del show business son los viajes, el pago y la gente que uno conoce. Uno conoce gente increíble, pero el arte en sí... ¡Amo las películas! Pero no me veía metida en ese mundo, no pensaba cuando veía una película podría haber actuado yo esa parte, me hubiese encantado hacerlo".

Pese a su deseo de nunca ser parte del negocio del espectáculo, se sumó y lo hizo con una inmersión que incluyó un cóctel de excesos de drogas y alcohol que, después de un tiempo, tuvo una dura resaca en su vida. Terapias de rehabilitación, incluso electroshock, fueron parte de un plan de ruta doloroso y del que habla sin tapujos.

—¿Cuánto de esos tiempos se acuerda?

—Me acuerdo. Sentís que te van a interrogar más tarde y vas a tener que responder: "No estoy drogada, estoy bien". En esos tiempos todo estaba tan abierto y la droga estaba tan a la mano... Y estaba dando entrevistas en todas partes, entonces nunca realmente entendí lo que era la privacidad. Sentí de alguna forma que era como mentir. Me di cuenta más tarde de qué tan raro era eso, que esa no era la reacción normal al hecho de no tener una vida privada. 

DE PRINCESA A GENERAL

"Muchos hombres me dicen que fui su primer amor"

—¿Cómo ha trabajado el humor en usted para catalizar las crisis?

—Es la única forma. Siempre digo que si mi vida no fuese chistosa, simplemente sería verdadera. Eso es inaceptable. O sea, podemos ser verdaderos, pero démonos una mejor perspectiva y lleguemos ahí lo más rápido posible, si no, sientes lastima por ti. Yo suelo decir que mi abuela le quitó todo el charme y romance a la autocompasión. Es decir, es lo peor y lo menos atractivo que uno pueda hacer: la autocompasión y perderse en ese tipo de cosas. Y sin humor, yo no hubiese sobrevivido todas esas cosas. Ni lo hubiese aguantado.

—También escribir le ha ayudado...

—Siempre he estado inclinada hacia lo verbal y tenía que escribir, porque me ordenaba la mente. Escribo a mano, sé tipear, pero es una cosa muy organizada, y me satisface escribir en el rincón de la página. Y también me fascina observar las cosas, encontrar palabras únicas para algo. Estaba pensando, y no lo he hecho aún, pero nadie ha escrito mucho sobre cómo es estar en un set, ser filmada, ser observada y observar ser observada. No estoy cómoda con mi aspecto físico, me identifico mucho con mi yo interior, y esa parte de la industria me perturba. Y mucho.

—¿Cuál es su versión favorita de la princesa Leia?

—Me gusta El imperio contraataca. El vestuario era práctico, pero a la vez asentador. El bikini metálico me gusta verlo porque me veía fantástica en El regreso del jedi y no lo sabía en ese momento. Fui una pin-up y no me di cuenta. Ahora hay hombres diciéndote que fui su primer amor, no entendía hasta hace poco la profundidad de esas confesiones. Y cuando voy a Comic Con y cosas parecidas, están todos ahí con sus pequeñas niñas vestidas como princesa Lela.

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