Aldo Silva

"Cuando se prende la cámara soy feliz"

De la música al periodismo y del aprendizaje del oficio en duras coberturas a la conducción de Telemundo: “Todos los días tenemos un reto nuevo. Y a mí no me asusta”, afirma.

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Aldo Silva en Canal 12 (Foto: Marcelo Bonjour)

LUIS PRATS

La memoria de Aldo Silva guarda algunos momentos breves, una suerte de flashes informativos pero de su pasado. Por ejemplo, cuando era muy joven y le tocó hablar en una reunión a través de un micrófono. Alguien lo escuchó y le dijo: "Vos tenés que ser locutor de radio".

También recuerda cuando oyó en la radio el anuncio de un curso de periodismo y locución. Corrió a presentarse. "Era un curro infame. Pero ahí conocí a gente que fue importante en mi vida. El que alquilaba el piso era Elías Turubich pero los profesores no iban. Era algo horrible. Un día Elías dijo que necesitaba a alguien que le atendiera el teléfono para su programa en el Sodre. Éramos cinco ahí, fuimos los cinco, pero a los 15 días dejaron de ir todos salvo yo", cuenta.

Imposible olvidar cuando decidió renunciar a su empleo en la distribución de facturas en UTE. "Ahí conocí gente maravillosa. Pero estaba ocho horas sentado, terminaba mi trabajo en dos y pasaba seis sin hacer nada. Era como estar preso. Renuncié y mi papá casi se muere, no podía entenderlo. Éramos una familia donde no sobraba nada, aunque vivíamos con gran dignidad. Y él no podía entender cómo había renunciado a la UTE. Recién estaba empezando en la radio y para hacer lo que quería tenía que liberarme", explica.

De la misma forma, le quedó grabado el día que Alexandra Morgan, que lo conocía de Emisora del Palacio, lo convocó para una prueba en Telemundo. "Me paré frente a una cámara y fue impactante porque me sentí tremendamente atraído. Una cosa muy mágica", asegura. Terminó superando en la prueba a los periodistas profesionales.

Y otro momento inolvidable fue cuando le anunciaron que conduciría la edición central del informativo. "Me llamó Néber Araújo, que ya no estaba en Telemundo. Y me dijo: Te van a hacer una oferta muy grande del canal, tenés que decir que sí. Y me dio una serie de consejos personales muy fuertes sobre la profesión, que todavía llevo conmigo. Cuando llegué al canal me dijeron: te llaman de arriba. Y ahí me lo comunicaron. Fue muy fuerte. Enseguida llamé a mi mujer, a mi mamá y a Alexandra, en señal de agradecimiento. Fue una época muy emotiva pero también muy dura porque el país estaba en la peor crisis de su historia. Era setiembre de 2003", repasa.

Aprendizaje.

Entre todos esos momentos hubo una larga etapa de aprendizaje. Después de abandonar el sueño de jugar en Peñarol o en Aguada, pensó en vivir de la locución en radio y de pasar discos. En el comienzo, allá por 1987, fue el asistente de Turubich en América del Sol, un programa de canto popular, aunque no era su género musical. Luego tuvo su programa, Poster musical. Pasó a Emisora del Palacio, con Otros latidos y el rock nacional. También llevó adelante Ruta 66, con Alfonso Carbone, y Sálvese quien pueda.

En Telemundo hizo de todo, desde producción hasta ayudar con las luces. Un día salió a una cobertura de varias notas en la calle con Nazario Sampayo. Y otro día se dio cuenta de que ya era periodista cuando le tocó informar sobre el incendio del Palacio de la Luz y su labor fue elogiada.

Claro que el episodio le enseñó también las múltiples facetas de la realidad: "Veníamos muy entusiasmados con la cobertura, fuimos los primeros en llegar, teníamos imágenes increíbles y cuando estaba amaneciendo me enteré que hubo cinco muertes. Fue un golpe...".

También fue manager de Buitres Después de la Una, luego de cumplir esa tarea con otras bandas (Metamorfosis y La Trampa). "Mi tarea era conseguir lugares donde tocar, ir a la prensa a llevar material. No había muchas posibilidades y yo no era un buen empresario. Pero conocí gente muy valiosa de la música nacional", asegura. Un día, de Buitres lo convocaron para discutir un disco que estaban por lanzar pero al mismo tiempo surgió la posibilidad de una entrevista para el canal. Los horarios coincidían, por lo cual tomó una decisión: "Buitres siguió su camino y es la banda más grande del rock uruguayo. Y yo hice mi camino en el periodismo", afirma. Lo curioso es que hoy ni siquiera recuerda qué nota era: era más importante el camino que esa primera escala.

La televisión.

"En la televisión hice un camino larguísimo. Estuve a prueba meses, ufff... Quedé impactado por el nivel de profesionalismo que había. Yo venía de un lugar donde a veces se cobraba y a veces no. Pasé a una empresa formal, estaba a prueba y me pagaban un salario respetable. Y al poco tiempo de estar acá me di cuenta que era una gran oportunidad, pero también me di cuenta que no sabía nada. Metí la pata, cometí errores de todo tipo, pero fui creciendo con un tremendo apoyo de mis compañeros", confiesa. Y destaca una larga lista de gente que lo ayudó, entre ellas Alejandro Etchegorry, hoy coordinador periodístico del canal, o Alfonso Lessa, el respaldo de un colega con trayectoria para lanzarse a un periodístico propio como Código País, otro anhelo cumplido.

Llega al canal temprano en la tarde, porque considera que el conductor del informativo tiene que saber todo lo que saldrá al aire. Ve todos los tapes que se pasarán y escribe su propio guión, para lo cual cuenta con entera libertad. "No puedo venir a las siete de la tarde, ni a las seis. Cada vez que yo me equivoco estoy perjudicando a un periodista que trabajó muchas horas en el tema. Yo también busqué noticias en la calle, escribí un cabezal y tuve que ver cómo lo que yo había dicho alguna vez no fue bien interpretado al aire".

—Alguna vez comentó que los informativos tienen que reinventarse. ¿De qué forma?

—Por la inmediatez. "Está pasando, está en Telemundo" es la frase que me gusta, ese tratar de estar en los lugares donde ocurren las cosas. Más que nunca la certeza. Hay que mejorar cada vez más el manejo del lenguaje: corto, contundente pero no vacío. Y el lenguaje visual, que es una eterna pelea. Telemundo creo que está haciendo un trabajo muy fuerte en eso. Todo pasa por contar una historia, pero contarla bien. En estos tiempos hay una competencia gigantesca. Cuando entré, la competencia estaba entre el 4, el 10 y el 12. Hoy se puede ver todo en el celular. Y yo estoy al aire y está Homero Simpson en la Fox.

—¿Los informativos no son demasiado largos?

—En una época pensé que era una locura un informativo de una hora y media, pero funciona. Gente que sabe mucho más que yo en eso me lo ha demostrado. Mirás los ratings y los informativos siempre están, porque la gente los elige como principal forma de informarse. El poder de la palabra escrita es sobresaliente, las redes sociales aparecen por todos lados, pero el informativo central de los canales privados está siempre. Por ahí el programa más visto fue la pelea de Pacquiao contra Mayweather pero eso fue una vez. Nosotros estamos todos los días del año. Es un despliegue de trabajo muy, muy grande.

La exigencia.

El informativo, más Código País, más Fuentes confiables, su programa en radio Universal por las mañanas, implican un gran desgaste. "El periodista trabaja todos los días. Voy a cumplir 50 años en abril y este fue el primer verano que yo recuerde que al otro día de estar de vacaciones me olvidé de todo. Pude apagar los dos celulares. Usualmente necesito 15 días para desenchufarme y los otros 15 días son de vacaciones plenas. Martha, mi mujer, no podía creerlo. Sí, nosotros vivimos atados. Si vas a la playa y pasó algo, tenemos que actuar. Todo periodista hace esto. Tengo que tomar el teléfono y avisar. Y hoy incluso sirve para filmar".

Esa presencia diaria en la pantalla significa, claro, pérdida de privacidad. Silva dice que no le impide tener actividades públicas, pero se siente limitado. "Todos los días alguien me dice que estoy más gordo, más flaco o que soy más bajo de lo que imaginaban. Siempre me lo tomé como algo natural. El tema es que ahora voy con mis hijos. El otro día una persona me dijo que estaba gordo. A mí me entró por un oído y me salió por el otro, pero a Enil, mi hijo, no le gustó. Y esas son las cosas que me molestan".

Otra vez llevó a su hijo a Defensor Sporting, donde el niño practica básquet. Aldo se puso a conversar con gente que le preguntaba cosas y el chico quedó a un costado. "Con once años y medio, me dijo: Papá, no vengo más contigo. Ahí es cuando me duele haber perdido esa privacidad. O cuando voy con Julieta, mi hija de 15 años a mirar discos", asegura.

Es común que le pregunten por qué en el informativo tratan tal tema y no tal otro. "A veces los atiendo y a veces no, porque veo que es difícil explicar a la gente que nosotros buscamos equilibrio en todo. Damos noticias y a veces el televidente no lo entiende".

Pese a esa exigencia diaria, asegura que para el conductor no hay rutina. "Todos los días tenemos un reto nuevo. Y a mí no me asusta. Soy feliz cuando se prende la cámara. Más allá del contenido de las noticias, por supuesto, cuando empieza Telemundo hay una parte de mí que está celebrando".

SUS COSAS.

Un disco.

"Es difícil elegir un disco", dice Aldo Silva y enfatiza el "un". Piensa unos segundos y elige: Canción de cuna para vidas en jauría, de Buitres. "Es el disco que más me gusta de ellos. Quizás porque mi hija, cuando empezaba a estar más cercana a la música, me lo pedía. Me hace muy feliz escucharlo", explica.

Sus colores.

No tiene problemas en decir que es hincha de Peñarol y Aguada, pero mantiene bajo siete llaves su voto. "Sería terrible andar blandiendo banderas políticas, al menos desde mi punto de vista", enfatiza. No le gusta que se lo pregunten. "Se ha llegado al colmo de preguntarle a mis hijos a quién voto yo. Ellos están educados desde chicos para evitar eso", afirma.

Una cobertura.

Para Silva, el día de las elecciones "es como el Día de Reyes". "Estoy cinco años esperando ese día maravilloso para poder decir el nombre del nuevo presidente de la República. Y si hay balotaje, mejor", sonríe. La clave, "sin apurarlo ni adelantar el reloj", es esperar el pronunciamiento de Luis Eduardo González y su equipo.

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