Cabeza de Turco i Washington abdala

Pornografía

Yo tuve mi primer contacto con la pornografía viendo en el cine Luxor aquella película Emmanuelle con Silvia Kristel (lamentablemente ya no está con nosotros). La vimos 300 millones de personas en el mundo, más todos los que ahora la descolgaron de la red.

WASHINGTON ABDALA

Los franceses junto a los italianos siempre fueron líderes en esto de mostrarnos el cuerpo de manera osada mucho antes que los chicos de Los Ángeles. Claro, lo hacían con argumentos livianos y aquello era más erotismo que pornografía. El erotismo nunca es explícito, más bien insinúa, incita y al final puede "excitar" pero su recorrido es necesariamente sinuoso porque apela a la imaginación dentro de la actividad sexual. La pornografía ofrece al espectador un escenario explícito de sexo a la vista, puede tener algún hilo argumental menor, pero es frontal y no anda con vueltas: lo que muestra (aunque sea actuado la mayoría de las veces) es lo que se ve. Punto. Son dos asuntos distintos.

La pornografía desde Internet a la fecha aumenta de manera exponencial. De los que me están leyendo en este momento más del ochenta por ciento alguna vez miró algo de pornografía en las redes sociales (aunque lo nieguen) y si tienen menos de cuarenta años, el universo total ya vichó mucho más. Hombres más, mujeres menos, pero todos miraron algo de pornografía en el cine, en la tele o en alguna revista de otrora. Ahora, además, WhatsApp se nos impone, y allí cualquier idiota manda un videito de sexo explícito y podemos estar siendo testigos de algo que no tenemos voluntad de ver y caímos en la redada siendo parte de una red viral (o miramos de cotelete, no me mientan por favor.)

El asunto de ver al cuerpo desnudo con alguna connotación erótica es algo que llamó la atención desde siempre. Las "Majas" de Goya (la vestida y la otra), La escuela de Platón de Jean Delville (¿ya había "trans"?) o los desnudos de Michelangelo Buonarotti, en fin, todas las épocas tuvieron cuerpos al viento irrumpiendo en escena desde hace unos cuantos siglos. No estamos en el "infierno" del Dante. No somos tan importantes los del 2016 aunque nos la creamos porque es nuestro tiempo de vida.

Lo podrán negar los más dogmáticos pero casi todos —de alguna manera— han pasado por la experiencia pornográfica (en fija que al escribir esto me van a saltar a montones diciendo que nunca vieron ni un pelo de nadie…ta bien, me como el chuco, ¡be happy!). Conozco hasta casos de dependencia a ese tipo de películas. Allí sí hay un problema, no el que dicen los estudios que cuentan que "se achica el cerebro", pero puede ser una adicción, y como todas hace mal y aliena porque aleja de la realidad.

El mundo —que es deliciosamente cínico— acaba de producir en Las Vegas una feria de tecnología y ya está preparando una de "tecnología para pornografía" porque es un mercado que no se detiene. Es lo que más se mira en Internet. Lo repito una vez más por si no lo entendiste: la pornografía es lo que más se observa en Internet. ¿Está claro?

Imagine el lector ahora que se va a masificar el lente tridimensional (en Davos mostraban con ellos un lugar precioso de Australia, ¡angelitos!) y donde la interacción con las imágenes cada vez son mayores. Imagine ahora, querido lector, si los deseos de tener una aventura con Brad Pitt o Angelina Jolie se pueden concretar a través de lentes de alta definición y percepciones sensoriales de precisión casi real. En fin, va a estar bravo no tentarse de pegar una vichadita. Estamos ante un mundo casi loco. Imagine, adorada lectora, si usted pudiera soñar lo que quisiera en materia sexual con esos lentes tridimensionales y esa percepción fuera de la misma intensidad de la que vive en la vida real (¡mejor, bah!). Insisto, la tentación será enorme y eso ya llega. En poco tiempo se venderán en los shopping: "¡Sueñe con la China Suárez, hágale el amor a Fatmagul o duerma su siesta con Cristiano Ronaldo!" (no falta nada para esto, ya lo verán).

El mundo que viene es este que tenemos donde lo que antes era inimaginable ahora se masifica sin trancas morales demasiado rígidas. No es sencillo pararse en esta globalización que todo lo ofrece y donde la imaginación al servicio del poder del deseo está presente a toda hora. Ni para grandes, ni para chicos es clara la cosa, pero es lo que nos tocó vivir, administrar y soportar.

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