ARTE Y FÚTBOL

Qué pintura ese jugador

Dos pasiones se cruzan: cuando Nacional, Peñarol, la Celeste o simplemente una pelota se vuelven una forma de expresión.

Ignacio Iturria con su obra donada a Nacional (Foto: Ariel Colmegna).
Ignacio Iturria con su obra donada a Nacional (Foto: Ariel Colmegna).
Gabriela Acevedo en plena creatividad (Foto: Ariel Colmegna)
Gabriela Acevedo en plena creatividad (Foto: Ariel Colmegna)
Carlos Seveso y su homenaje a Joya (Foto: Ariel Colmegna)
Carlos Seveso y su homenaje a Joya (Foto: Ariel Colmegna)
Daniel Supervielle con dos de sus trabajos (Foto: Martín Silva Quartino)
Daniel Supervielle con dos de sus trabajos (Foto: Martín Silva Quartino)

LUIS PRATS

De ciertos futbolistas se dice cada tanto que son talentosos y creativos, y que han convertido goles que son "obras de arte" o, al menos, "una pinturita". En cambio, nunca se calificó a un retrato o una escultura como "un golazo", ni se afirmó que un artista destacado "gasta" sus pinceles o "rompe" los lienzos. Sin embargo, los caminos del fútbol y el arte se han cruzado varias veces en el Uruguay, y no solo porque la palabra cuadro identifica tanto a una pintura como a un equipo de fútbol: numerosas obras se inspiraron en el devenir de la pelota, porque sus creadores sienten la misma pasión deportiva que oficinistas, obreros, amas de casa o periodistas.

Ya en los tiempos de la primera Copa del Mundo, en 1930, Guillermo Laborde —pintor, escultor y diseñador de nota— ganó el concurso para el afiche oficial. Su imagen de un arquero estirándose para atajar la pelota en el ángulo de su arco se convirtió en una pieza clásica de art decó, que sigue hoy acompañando toda reseña sobre la historia de los mundiales y llegó a la casa de subastas Christies, en Londres, en 2011.

Casi ocho décadas después, en ocasión del Mundial de 2006, El juego de los milagros, también conocido como "el futbolito de Federico Arnaud", compartió una muestra en Berlín con creaciones de Andy Warhol y otras celebridades. Sin olvidar los equipos de fútbol de los tiempos pioneros que pintó Alfredo Zorrilla de San Martín, en los cuales los bigotazos son el único trazo inconfundible en los rostros.

"El fútbol y el deporte en general han sido siempre temática artística", señala Emma Sanguinetti, gestora cultural y especialista en arte. "Desde los griegos que convirtieron el cuerpo en un conjunto de valores y lo representaron como tal, el deporte —que es cuerpo— fue siempre un tema clásico en el arte".

Sanguinetti destaca que hubo artistas que hicieron específicamente del fútbol un tema de búsqueda, como el francés de origen ruso Nicolas de Stael, autor de una serie "fantástica" de jugadores de fútbol. También cita a los futuristas italianos, que como artistas de vanguardia, convirtieron las escenas del fútbol en un campo de experimentación de la dinámica y el movimiento.

"En Uruguay también hay ejemplos, como es el caso de las deliciosas escenas de Carmelo de Arzadun de chiquilines jugando al fútbol. El fútbol es pasión, pero en esencia es cuerpo y movimiento. Y solo por eso va a ser siempre un lugar de encuentro entre el arte y la pasión popular que despiertan los colores", explica.

Arnaud confiesa que no es fanático, pero admite que el deporte tiene un imán poderoso. "El fútbol me interesa como espectáculo social, donde la sociedad descarga toda su ansiedad y sus esperanzas. Es un fenómeno súper interesante", asevera.

Ese cuadro.

Cuando se habla de arte contemporáneo y fútbol en el Uruguay, el primer nombre que suele aparecer es el de Ignacio Iturria. Y con él, el cuadro que donó al club de sus amores, Nacional. El título de la obra es Hay un solo equipo en la cancha y se encuentra en la sala de la directiva, allí en la sede de la avenida 8 de Octubre.

"Cuando lo había terminado, un amigo y mi hijo Nacho entraron al estudio y al unísono dijeron: Este cuadro va para Nacional. Cosa que se hizo inmediatamente", recuerda. "Esa obra debe ser lo único que le envidio a Nacional", comenta por su parte Sanguinetti.

Cuando estuvo radicado en España, Ignacio fue el primer extranjero en defender al Cadaqués en la segunda categoría regional: era el centrodelantero del equipo. "Soy hincha de Nacional pero no fanático, no entiendo de fanatismos... Antes era posible tener un poco de pasión, porque los equipos permanecían varios años y uno conocía a los jugadores. Ahora, en cada partido tengo que preguntarles a mis hijos cómo se llama ese nuevo que entró. El sentimiento hacia Nacional me fue trasmitido por mi padre que, como casi todos los españoles, cuando llegaban se hacían de Nacional", relata.

"El fútbol está muy presente en nuestra idiosincrasia", sostiene. Y en su caso, eso se refleja en numerosos cuadros de goles de los antiguos artilleros tricolores Julio Dely Valdez o Luis Artime. También pintó el Estadio Centenario o futbolistas celestes, más algunas escenas de clásicos. Además, recientemente hizo una escultura en hierro de Sebastián Abreu. Cuando River argentino salió campeón de la "B" lo dibujó festejando en una cancha chica. Y pintó futbolitos. "¡Sería interminable describir cuán presente está el futbol! Hasta inventé una camiseta que dice Uruguay nomá", enfatiza.

Para inspirarse en un personaje o situación, le alcanza que esté pensando en ello por esos días, según explica. Ahora no prepara obras vinculadas al fútbol, pero siempre está haciendo recortes de jugadores en chapitas, con un pie que los sostiene, tras lo cual le pinta la camiseta.

Pese a su partidarismo, admite haber hecho cuadros donde aparecen futbolistas de Peñarol. "Pero creo que no los he puesto en situaciones muy heroicas", admite. Hace poco se remató en Christies un trabajo suyo de la década de 1990 con jugadores aurinegros que se balanceaban dentro de una caja compartimentada.

"El cuadro de Nacional me creó una responsabilidad tal, que además de ser una de mis obras más conocidas, hace que cuando pongo un amarillo en un cuadro, mis amigos fanáticos de Nacional me preguntan por qué lo puse...", cuenta.

Bienal aurinegra.

Un episodio significativo en esta historia fue la Bienal de Arte Peñarolense, convocada en 1999 por el club. Se presentaron alrededor de 500 trabajos, muchos de los cuales se exhibieron en el LATU. Y entre los expositores hubo nombres relevantes.

"Tengo un recuerdo muy vívido de la Bienal del 99, por la cantidad de artistas que se presentaron y que no sabía que eran de Peñarol. Y también por la cantidad de gente que fue, el LATU estaba colmado. Creo que nunca en la historia hubo tanta gente en una exposición de arte, en las que mal que bien, siempre somos los mismos", comenta Emma Sanguinetti.

"Era muy estimulante ver gente que no está acostumbrada a participar en este tipo de eventos, mirando las obras, descubriendo nuevas formas de entender la pasión del fútbol. Creo que fue una experiencia fantástica en la que se reunieron dos mundos que generalmente no caminan juntos y que demostraron que sí pueden ir unidos. Sería fantástico que se reeditara. Además, ver todas esas obras inspiradas en los colores, esos colores que uno siente bien adentro, fue una experiencia aparte", añade.

Uno de los artistas premiados en la Bienal fue Ricardo Lanzarini, quien si bien ha trabajado poco en la temática deportiva, no pudo quedar indiferente ante esa muestra. "Fue muy emocionante participar en la Bienal Peñarolense, cuadro del que soy hincha. Y, además, que mi obra haya sido premiada, se convertía en un homenaje en dos direcciones: hacia los jugadores que construyeron la gloriosa historia de Peñarol y del cuadro hacia esos hinchas que ya no estaban", recuerda.

Lanzarini explica el dibujo que presentó entonces, que pretendió vincular además con el drama de las personas desaparecidas: "Es un grupo de hinchas en un estadio y en el centro un cuadro de fútbol borrado, como una parte de la identidad uruguaya, algo en la esencia de nuestra sociedad que había desaparecido. El fútbol era metáfora y el cuadro de jugadores que ya no estaban y que se proponía homenajear era también una representación de todos aquellos que estaban ausentes y cuyas presencias anhelábamos".

Otro de los premiados, Pedro Peralta, destaca la presencia constante del fútbol en su vida. "Siempre tuve una discrepancia grande con esa gente para la cual el fútbol es la anticultura. Algo muy de intelectuales, que lo ven casi como el opio de los pueblos", sostiene. "El fútbol siempre inspira, lástima que ahora lo están destrozando con tanta violencia", comenta.

Tiempo después hubo una segunda convocatoria, destinada a la creación del monumento a Pablo Bengoechea, símbolo del segundo Quinquenio del club. El entonces presidente José Pedro Damiani llamó además a los hinchas a donar elementos de bronce para su realización. El artista elegido fue Heber Righetti y la obra fue colocada en la concentración de Los Aromos, con una ceremonia muy concurrida.

De celeste

De niña, el padre de Gabriela Acevedo la llevaba al estadio. Ella miraba los partidos, pero también se llevaba sus colores: dibujaba a los jugadores mientras, sin darse cuenta, incorporaba las dos pasiones al mismo tiempo. "Dibujé toda la vida y al fútbol siempre lo seguí, las dos cosas fueron juntas. A los diez años hice mi primera muestra en el Subte Municipal", cuenta.

"Mi padre era fanático de Peñarol y no faltaba nunca. Luego empecé a ver a Nacional junto a amigos. Así que tengo mi corazoncito repartido (se ríe), aunque yo digo que soy de la Celeste", afirma. Y precisamente, mientras la Selección uruguaya recuperaba en Sudáfrica 2010 la mística que parecía perdida, ella se hacía conocer como artista. Bajo el lema "Tango, candombe y fútbol", la Embajada uruguaya en aquel país organizó una serie de presentaciones itinerantes y Acevedo expuso algunos cuadros que había realizado sobre el equipo celeste.

No solo tuvo gran éxito, sino que terminó pintando cuadros a solicitud de varios jugadores: Suárez, Cavani, Muslera, el Ruso Pérez. "A pedido de la señora del Ruso, le hice uno con su gol a Argentina para el Día del Padre, cuando Uruguay ganó la Copa América 2011. Y pinté junto a Cavani murales en el cuarto de su hijo Bautista", cuenta.

Además, realizó un mural con 80 obras individuales sobre la Selección y el Mundial, que unidas formaban el Escudo Nacional, que ella se pintaba en la cara cuando iba a ver al equipo en el Mundial. Su vinculación con el fútbol incluye cuadros sobre el Maracanazo, que se entregó como regalo a Alcides Ghiggia y Aníbal Paz, o la pintura de la escenografía del programa Sin límites para Tenfield, con 12 murales. "Me apasiona la temática deportiva. También pinto otros temas, como caballos o desnudos, pero por lo que más me conocen es por el fútbol", asegura. No se pierde un partido: "Hay que involucrarse con la temática", asegura.

Energía.

Diego Masi no se suele inspirar en el fútbol ya que sus trabajos se encuentran en una etapa abstracta, donde la figuración ha ido desapareciendo. Pero no descarta la atracción por la pelota: "Es un tema bien interesante de tratar y se puede abordar por muchos lados y con muchas situaciones reflexivas. En algún momento me vi tentado de incorporarlo en alguna de mis instalaciones electromecánicas", cuenta.

Por lo menos una vez cedió a esa tentación y se presentó a la Bienal de Peñarol. Para aquella obra, que resultó premiada, tomó tres pelotas de cuero con pentágonos en blanco y negro, que desarmó y después unió en una especie de bajorrelieve. "Fue como una búsqueda de un sentido de la geometría futbolista popular, que a su vez para mí tenía un contenido irónico y encaminado hacia el terreno de los opuestos en muchos sentidos", comenta.

Esa vez decidió invitar a su padre para ver Peñarol-Rampla en el Centenario y a la vez inspirarse. También, con afán perfeccionista, quería comprobar cuál era el tono de amarillo más usado por el equipo y en las tribunas.

"Fue una gran tarde, pero recuerdo que salí más confundido que cuando entré —afirma Masi—. Me di cuenta de la intensidad que tienen las hinchadas y cómo lo viven. Es un fenómeno tremendo, muy violento, muy intenso. Es como que toda la energía que le falta a Montevideo un domingo de tarde está concentrada, explotando ahí dentro".

El futbolito más famoso del país

El Juego de los milagros es la obra más conocida del salteño Federico Arnaud. "Usé el fútbol como metáfora. Se combina el futbolito con imágenes religiosas, la Sagrada Familia, para mostrar la incertidumbre del juego", indica. Y admite: "Sí, fui el primero que puso a Jesús de golero".

El futbolito, realizado en 1998, participó en dos muestras muy importantes en Berlín y Monterrey. En la primera oportunidad figuró junto a obras de Andy Warhol y Anri Sala, entre otros. Ahora está en venta en la galería Marte de Carrasco, gestionada por una asociación de artistas. "Es una obra que quedó asociada al fútbol y al arte. Y es mi trabajo que ha tenido más difusión por Internet. Fue tapa de la revista cultural alemana Humboldt. Me ha dado muchísimas satisfacciones", asegura Arnaud.

Tiene otras obras relacionadas, como El estadio bañera o Libro mágico, un libro en molde de cemento con una cancha de fútbol. Y ahora prepara algo sobre el Estadio Centenario.

Artistas en la cancha global

El juego de los milagros, el futbolito de Federico Arnaud, estuvo en dos importantes exposiciones internacionales. La primera tuvo lugar en el museo Martín Gropius Bau de Berlín, con motivo de la Copa del Mundo de Alemania 2006: ofreció una colección de 200 piezas de 74 artistas procedentes de 20 países. La otra fue Fútbol, arte y pasión, organizada en 2013 por el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, con más de 100 piezas de 70 artistas. La iniciativa fue presentada como "una muestra que incita lecturas más allá del aspecto lúdico, diseccionando este deporte desde el punto de vista ontológico, antropológico, físico y de mercado".

Pero no fueron las únicas muestras que combinaron la pasión deportiva con la expresión cultural. En 2014, el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles albergó Fútbol, el hermoso juego, destacable además por tener lugar en Estados Unidos, un país donde el fútbol recién comienza a volverse popular. El Centro Cultural Brasil-México de la capital mexicana, con motivo del Mundial 2014, tuvo su muestra En las redes del arte.

Daniel Supervielle

Todo por el gol de Ghiggia

Un caso particular es el de Daniel Supervielle. Periodista, escritor, incluso director de prensa de campaña electoral, nunca pensó en dedicarse al arte, si bien la pintura le gustaba desde su infancia, cuando concurría al Taller Montevideo en Pocitos. Al mismo tiempo, siempre fue un apasionado del fútbol: hincha de Wanderers y la Selección uruguaya, también jugó, dirigió y hasta fundó equipos; relató fútbol y viajó por América Latina para preparar un documental sobre la pelota.

"A los 19 o 20 años volví a pintar y llegué a exponer cuadros en un boliche en Manantiales. Después pinté esporádicamente. Hace tres años volví a pintar, pero le mostraba los cuadros nada más que a mis amigos. Un día, una persona que sabe mucho de arte me compró tres cuadros de sobrepique. Me dije entonces: Esto viene en serio. Y empecé a comprar más pinturas, pinceles, a encararlo de forma más profesional".

Como temas eligió los que él prefería, paisajes y fútbol. Y en particular se inspiró con la hazaña de Maracaná. Uno de sus trabajos, que reflejaba el gol decisivo de Alcides Ghiggia a Brasil, tuvo gran repercusión, lo empezaron a llamar para compráselo y finalmente lo vendió.

"El retorno fue buenísimo. No puedo creer la repercusión que encontré. He vendido, y bastante bien, todos los cuadros de fútbol que hice", asegura.

Supervielle afirma que cuando pinta logra "una paz interior" que lo hace feliz. "No me considero un virtuoso, pero sí partidario de la expresión y del acto bruto, casi anárquico, de dejar salir lo que siento y aplicarlo en el cartón o la tela", agrega desde Lima, donde fue observador de las elecciones peruanas del domingo pasado, para cumplir otra de sus actividades en la política.

Con motivo de la despedida de Álvaro Recoba, hace pocos días un grupo de hinchas de Nacional le compró un cuadro con el gol de tiro libre del Chino a Peñarol en 2014, para colgarlo en su palco del Parque Central. La producción de pinturas futboleras sigue, en diciembre realizará una muestra en un hotel de Punta del Este y tiene una propuesta para exponer tres cuadros en París.

"Siempre creí que la expresión artística estaba dentro mío. A los 45 años me llegó la hora de dejarla salir y disfrutarla", señala.

Once artistas, once obras para el estadio Campeón del Siglo

Carlos Seveso, artista de importante trayectoria y profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, tuvo una idea: que once artistas realicen once obras para el Campeón del Siglo, el nuevo estadio de Peñarol. "La iniciativa se está procesando. No es fácil. Es como armar un equipo, hay que decidir quiénes juegan y que nadie se queje por quedar afuera. Por eso se busca un director técnico que elija a los artistas", explica.

Para cuando se lleve adelante la idea, él ya tiene su plan: "Yo trabajo mucho con lo abstracto y quería presentar la camiseta original de Peñarol, mitad negra, mitad con rayitas aurinegras, dentro de algo abstracto, algo que simbolizara la primera camiseta del club".

En 1996 hizo una obra en papel (56 por 76 centímetros) sobre Juan Joya, el gran puntero peruano del Peñarol de la década de 1960. "Tomé una foto de Joya y la procesé para una obra de técnica mixta, con un impreso y pintura sobre papel. Joya era uno de mis ídolos junto a Spencer. Todavía recuerdo el triunfo de Santiago en 1966. Con un amigo quisimos llegar hasta al aeropuerto el día que volvían, pero era un gentío impresionante por la avenida de las Américas, por todos lados. Lo admiraba porque era un excelente jugador y también por su personalidad humilde, algo que no es muy común entre los futbolistas de hoy".

La figura de Joya regresó cuando falleció su padre, gran hincha del club. "Me vinieron a la mente una serie de recuerdos y decidí hacerle ese homenaje a Joya. A menudo trabajo con fotos que me sugieren cosas", indica Seveso, que trabaja con diferentes técnicas en pintura, grabado y dibujo.

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