MOMBRES

El periodista del imperio de vinos

Después de quedarse sin trabajo en un periódico, James Suckling se reconvirtió en uno de los catadores más famosos del mundo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Viaja con cuatro copas y prueba más de 9.000 vinos por año. Foto: Google

Alos 22 años, James Suckling pensaba que sería un gran periodista de política. Era el comienzo de la era Reagan en Washington y aún en las redacciones de los diarios existía el espíritu de Watergate. Eso hasta que se encontró sin trabajo y debió partir de vuelta a su Los Ángeles natal. Como su padre era un amante de los vinos y algo sabía de mostos, al poco tiempo ingresó a la revista Wine Spectator en San Diego. Ahí de a poco comenzó a ponerles nota a las diferentes botellas que le llegaban (calificadas del 1 al 100) y a hacerse un nombre en el mundo vitivinícola. No pasaría mucho tiempo para que fuese trasladado a las oficinas de la publicación en París, en donde estuvo años probando lo mejor de Bordeaux y la Toscana.

Tras casi tres décadas escribiendo para la revista especializada renunció con bombos y platillos para crear su propio sitio, jamessuckling.com, una publicación sobre puros cubanos —su otra gran pasión—, y pasar el año probando la friolera de 9.000 vinos mientras divide su tiempo entre sus casas en Hong Kong, Italia y California.

Suckling, actualmente es editor del área de vinos de la revista de lujo Asian Tatler, se rió al enterarse del comentario de un prestigioso enólogo francés que recientemente dijo que los puntajes de los vinos no tienen futuro. Su vida es puntuar vinos. Lleva más de 30 años viajando de un país a otro con un maletín de cuero verde que contiene cuatro delicadas copas de cristal Lalique —"degusto siempre con las mismas copas", —; cada año pasan por esas copas vinos de todo el planeta.

Vive en Hong Kong, desde donde hace pie en una de las regiones más pujantes de esta industria, pero este año abrirá en Buenos Aires una oficina para expandir sus actividades en América.

Amante y defensor de los vinos chilenos —dice que en Asia son de los que más toma junto con su mujer coreana—, Suckling ha sido el único crítico que le ha dado 99 puntos a un mosto de ese país, reconocimiento que recayó en el vino Seña Chadwick Family 2013, perteneciente a la viña Errázuriz, el que en su momento alabó por su "profundidad frutal, estructura e intensidad".

Por estos días el periodista y crítico mantiene un aire que lo hace verse por sobre el resto. Quizás es su pelo largo, sus lentes onderos, la bufanda colgando o sus jeans ajustados, pero él sabe su importancia, una que lo ha hecho codearse con músicos famosos, crear un vino para la visita del Papa Benedicto XVI a Inglaterra y tener su propia línea de copas.

En resumen, James Suckling es su propia corporación, una hecha a pulso, nariz y boca. Consultado por qué cosas lo siguen emocionando sobre una industria en la que ha trabajado por 35 años, dice que todos los días ve diferentes historias. "Así como cada persona tiene una historia, cada botella posee la suya".

—¿Y qué historias le está contando por estos días el vino chileno?

—Para mí, la mejor historia que actualmente me está contando el vino chileno es la del Pinot Noir, el que es fantástico y que compite con los mejores del mundo. La otra historia que me cuenta es que los productores de vino chileno se subestiman al poner el precio de sus vinos muy por debajo de lo que hacen. Yo pruebo 9.000 vinos al año, ahora vengo directamente de Bordeaux donde probé Petrus, Margaux y lo mejor del mundo, y puedo comparar sus vinos con ellos y les digo sus vinos están a ese nivel.

Mensaje en una botella.

Cuando Suckling cata vinos lo hace sin mirar la marca. Para eso necesita tener su memoria sensorial afilada, pero también tiene ayuda de cinco personas que viajan con él, "así que es como la banda de James Suckling", dice. "Ellos organizan todo muy bien, por lo que parto catando alrededor de las diez de la mañana. Al final del día pruebo cien botellas, pero tengo 58 años y debo descansar".

Dentro de las características que más busca en un buen vino es que sea bebible, con armonía y balance. "No se trata de que sea poderoso o con mucha madera, sino que al probarlo den ganas de tomar una copa y si es muy bueno den ganas de tomarse la botella".

—¿Qué tan frecuente es en su trabajo cotidiano dar con un vino de 100 puntos?

—En Burdeos, por ejemplo, hay una excelente cosecha este año, y di 100 puntos a siete vinos. Es una locura, son vinos maravillosos. Hoy en día la calidad de la viticultura y de la enología son tan altas que realmente creo que hay cada vez más vinos perfectos.

—Se sabe que usted es amigo de músicos famosos que tienen una inclinación por el vino como Mike D, de los Beastie Boys, o algunos que tienen sus propios viñedos como Maynard James Keenan, de Tool, o Sting.

—Así es. Vi a Maynard como hace un mes porque él hace vino en Arizona. También soy muy amigo de Geddy Lee, de Rush, y cuando estoy en la Toscana veo a Sting que hace un muy buen vino biodinámico. Lo interesante es que esta gente que es muy creativa y hace distintos tipos de música al mismo tiempo aprecian otras formas de arte, ya sea en el vino o en la comida. Lo interesante es que tienen la misma sensibilidad, porque el tomar un buen vino es como escuchar música grandiosa. Mi hija también es música (es la cantante más joven en firmar por el sello Decca Classics), así que la música y el vino siempre van de la mano. EL MERCURIO/GDA, LA NACIÓN/GDA

Clientes en busca de experiencias.

James Suckling piensa que hoy los jóvenes están buscando una "experiencia única" al beber un vino. "Y tienen su mente más abierta a probar cosas diferentes, ya sea un malbec de la Argentina, un nuevo nero davola de Italia o un trousseau de California", señaló el experto a La Nación de Buenos Aires. "Lo mismo sucede con las cervezas artesanales, que están creciendo, y con los cócteles. De lo que se trata es de que las personas están buscando diferentes experiencias de degustación", agregó.

Según el experto, por otro lado, las generaciones más jóvenes son mucho más conscientes de lo que comen y beben, están interesadas en productos orgánicos, y tienen un mayor interés en lo que consumen. "E incluso en Asia, que es donde vivo, es ya una decisión de vida, más allá de sólo consumir", afirmó.

Además, cree que los puntajes, el modo de trabajo con el que él se maneja en vez de desaparecer, serán cada vez cobran mayor trascendencia. "Cada vez son más importantes, a medida que nuevos mercados comienzan a beber vino, como ocurre hoy en China, Tailandia o Corea. Todos estos mercados en ascenso necesitan de los puntajes porque les simplifican las cosas. Son una herramienta básica para los que quieren tomar una decisión informada de compra".

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