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Con perfil bajo y talento en alto

Ubicados y solidarios, los bajistas ponen el hombro para unir ritmo y armonía y permitir que otro se luzca. Ya llegará su turno.

Popo Romano. (Foto: Darwin Borrelli)
Popo Romano. (Foto: Darwin Borrelli)
Federico Righi (Foto: Marcelo Bonjour)
Federico Righi (Foto: Marcelo Bonjour)
Shyra Panzardo (Foto: Ariel Colmegna)
Shyra Panzardo (Foto: Ariel Colmegna)
Francisco Fattoruso (Foto: Fernando Ponzetto)
Francisco Fattoruso (Foto: Fernando Ponzetto)
Nacho Mateu (Foto: Fernando Ponzetto)
Nacho Mateu (Foto: Fernando Ponzetto)
Mateo Moreno (Foto: Gerardo Pérez)
Mateo Moreno (Foto: Gerardo Pérez)

LEONEL GARCÍA

Nadie que entra a un edificio se fija en los cimientos. Ves los detalles del exterior", escribe Popo Romano (59) desde bien al Norte. El bajista, ciudadano ilustre de Montevideo desde el año pasado, está de gira por los países escandinavos. Vía email describe una función: la suya. Es un músico ampliamente reconocido en el instrumento, paradójicamente, condenado a ser el menos reconocido. "Pero sin buenos cimientos, por mejores muebles, revestimiento o decorados que tenga, una construcción se desmorona".

Shyra Panzardo (49), exalumna de Popo, parece aún más talibán de las cuatro cuerdas: "Modestamente, soy la parte más importante de una banda. Sostengo toda la parte rítmica y también la armonía", dice quien integra un dúo con Walter Bordoni y está por editar su segundo disco solista. "Yo también canto, así que no soy la típica bajista quieta. Pero sí, lo habitual es que en una banda pasemos bastante desapercibidos. Es obvio: el común de la gente no percibe al sonido del bajo". En todo caso, añade, podría llegar a sentir su ausencia.

"También le quiero agradecer a mis amigos por finalmente recordar mi número de teléfono", bromeó filosamente John Paul Jones cuando su vieja banda, Led Zeppelin, ingresó en 1995 al Salón de la Fama del Rock. Pese a su talento, su capacidad de tocar casi cualquier cosa que cayera en sus manos y su influencia en el sonido de tamaño grupo, el silencioso Jones siempre fue opacado por sus excompañeros, a cuál más macho alfa: el cantante Robert Plant, el guitarrista Jimmy Page e incluso el ya fallecido baterista John Bonham. El caso suyo es el típico: puentes entre el ritmo y la armonía, hombros en los que descansa el peso sonoro, los bajistas suelen pasar desapercibidos pese a su rol fundamental en la estructura musical. Y como si fueran una extensión de su instrumento —al que no pocos confunden con una guitarra eléctrica, al que no siempre apelan a la hora de componer, al que por lo general llegan porque... bueno, ¡porque en una banda alguien tiene que hacerse cargo de él!—, suelen desarrollar un perfil, valga la redundancia, bajo.

"Hay veces que para que la gente entienda lo que hago, le quito los graves a un equipo de música. ¡Se dan cuenta más cuando no suena que cuando suena!", dice Nacho Mateu (35), quien además de tocar con Ruben Rada, Julieta Rada o Cantacuentos, y de ejercer como docente, grabó cuatro discos propios de música instrumental (Bajo candombe, el último, es de 2015) con su banda. Llegó al bajo a los 11 años, cuando quiso formar un dúo con un amigo y este —unilateralmente— decidió que la guitarra era suya. Había muerto Freddie Mercury y la música de Queen se escuchaba hasta el hartazgo; imposible no quedar subyugado con las líneas de bajo de Another one bites the dust. "Debo ser el tipo que más veces tocó esa canción luego de John Deacon (bajista de Queen, hombre de perfil subterráneo en comparación con sus excompañeros), claro. En perspectiva, creo que fue el registro y la presencia del bajo lo que me enamoró. No salta a primera vista, pero cuando lo reconocés te copás".

Ese amor a segunda vista es compartido por Francisco Fattoruso (36), notable ejecutor e hijo de una familia musical como pocas. También empezó de niño, viviendo en Brasil y porque en su bandita de amigos era lo que faltaba. Su hermano mayor Alex le regaló su primer instrumento, un Fender Bullet, con el que debutó en un toque callejero por Joaquín de Salterain, a los 12 años. Al principio, no quería saber nada con el bajo; pero terminó metido de lleno. "No sé exactamente qué me atrajo. Es algo que se siente. Las secuencias graves resuenan en el cuerpo. No es solo lo que se escucha sino también lo que te genera".

Ritmo y poder.

"Qué rara la guitarra que tenés, pero qué lindo suena", le dijo una señora a Federico Righi (44), luego de una actuación junto a Sara Sabah. A sus sobrinos les tuvo que explicar "al menos 150 veces" que lo que el tío tiene en la casa no es una guitarra por más parecida que sea. "Al principio me calentaba, ahora no más", dice quien integrara aquel interesante proyecto de rock-fusión llamado Pepe González (junto a Nicolás y Martín Ibarburu y Gustavo Montemurro) y ha aportado su buen hacer a artistas como Ruben Rada, Larbanois-Carrero, Ana Prada y Fernando Cabrera. Todo bajista tiene que saber que el público no iniciado puede que no aprecie lo que hace.

Oscar Dotta, músico ("¡Bajista!"), docente y uno de los autores de Barullo, el libro de Educación Musical y Sonora para liceales, tiene una explicación gestáltica: "En el concepto de figura y fondo, el cerebro siempre trae algo al primer plano y manda algo hacia el fondo. Eso cobra importancia a la hora de definir los roles de los instrumentos. Y al bajo, un instrumento con cierta regularidad, que une la parte rítmica con la armonía, uno tiende a ponerlo atrás, como algo que sostiene a otros instrumentos que se destacan más".

Sin embargo, buena parte de su atractivo y valor radica en lo que se siente y lo que genera más que lo que se escucha. Un estudio de 2014 de la Universidad McMaster de Canadá reveló que la gente registra mejor el tiempo de una canción con los tonos bajos, cruciales para percibir el ritmo. Mediante encefalogramas, científicos de esa institución descubrieron que el cerebro respondía mejor detectando desfasajes temporales de hasta 50 milisegundos en notas de baja frecuencia que en alta. Otra investigación realizada en ese mismo año, en la Universidad Northwestern de Estados Unidos, reveló que las personas que escuchaban canciones en las que el bajo estaba muy presente experimentaban sentimientos más ligados al poder. Ideal para poner en un vestuario antes de un partido clave.

De acuerdo con el sociólogo Gustavo Barone, terapeuta corporal y director del centro multidisciplinario Somos Sonido, los tonos de un bajo potencian sentimientos de arraigo, fuerza y poder. Quizá todo eso llevó a Fattoruso a engancharse primero, sumergirse en todos los estilos después (tocando para Luis Salinas, Charly García, Fito Páez, Illya Kuryaki, Milton Nascimiento o Mo Pleasure) y haber presentado el miércoles en La Trastienda su cuarto disco, Kronos (2015).

Popo quedó flechado a los 14 años. Su primer grupo no tenía bajista. "Para una fiesta de 15 se nos sumó el Beto, un veterano de 18 años que tenía más conocimientos musicales. Viendo que yo punteaba bien me sugirió pasarme de la guitarra al bajo. ¡Yo, ni idea! Me prestaron un instrumento 100% artesanal y me enamoré". Su carrera, que comenzó en 1975 con Los Campos, lo llevó a ser considerado, "tal vez, el mejor bajista" que dio Uruguay, como consignó en 2003 la revista Rolling Stone. Entre sus doce instrumentos destacan un Fender Jazz Bass, junto a él desde sus inicios, un Yamaha TRB6P de seis cuerdas y un contrabajo utilizado incluso por el legendario Ron Carter cuando visitó Montevideo.

Shyra se encontró con un bajo la primera vez que fue a una academia a aprender guitarra. Tanto le gustó que quiso cambiar en el momento. "Mirá que tiene las cuerdas muy gruesas para los dedos de una mujer", le dijo el profesor, que nunca habría escuchado ni siquiera nombrar a Suzi Quatro. A los tres años ya le sobraba trabajo. "No tuve que abrir puertas. ¡Como no había mujeres bajistas y eso llamaba la atención me llamaban todos, no importaba cómo tocaba!", admite. Luego, por años, acompañó a Eduardo Darnauchans.

Perfiles.

"No soy una persona que se pare adelante, no es mi fuerte. Me siento bastante feliz en el fondo junto a los tambores, donde pertenezco", dijo en 2015 Bill Wyman, bajista de The Rolling Stones entre 1962 y 1993, al portal Examiner. Si bien colegas suyos como Paul McCartney, Sting o Roger Waters han estado en los primeros planos de sus bandas (The Beatles, The Police y Pink Floyd, nada menos) como cantantes y compositores, Wyman representa para muchos el prototipo de los suyos en casi toda música popular: introvertido y discreto (y a veces, como en su caso, ninguneado). En el jazz, la música fusión y la instrumental se manejan otros parámetros; por eso, muchos bajistas terminan liderando proyectos en esa línea.

"A mí no me gusta figurar, soy una persona de perfil bastante bajo. Y se ve que me enamoré del bajo por la función que tenía, sin saber...", indica Gerardo Alonso (35). Este minuano acaba de presentar su primer disco de música instrumental como líder de su propia banda, luego de haber tocado con medio mundo (de Rada a Jaime Roos, Hugo y Osvaldo Fattoruso, Pablo "Pinocho" Routín y Edu "Pitufo" Lombardo, Ana Prada y Rossana Taddei, y un largo etcétera), de dedicarse a la docencia y haber participado en unos 50 discos. Llegó al bajo en 1994, sin saber qué era y porque alguien tenía que tocarlo (y van...). No hubo para elegir: el único a la venta en su ciudad era un Samick celeste de cinco cuerdas. "Horrible".

Para él, ser bajista es una cuestión de ubicación, algo que le recalca a sus alumnos. "Vos, junto a la batería, formás la parte rítmica, aunque también seas el nexo con la armonía. Y siempre hay que saber ubicarse: si nuestra función es estar en segundo o en tercer plano, hay que estar. Ya llegará tu momento para improvisar, tenés que tener la perilla pronta".

Federico Righi —que también empezó por descarte a los 14 años porque "no daba" que en su grupo hubiera tres guitarristas— subraya que lo suyo es una cuestión de actitud, pero una actitud humilde. "Vos tocás atrás, abajo, para que otros —guitarra, saxo o teclado— puedan tocar otra cosa. Mi concepto, que yo recalco mucho en mis clases, es que tocás para la música, no para vos. Si tenés que tocar una misma nota por veinte compases lo vas a hacer, porque la música te lo pide. O sea, te tenés que quitar el ego de encima".

Más allá de mantener el ego a raya, Federico, que comenzó fijándose en lo que hacía Renzo Teflón en Los Tontos, se terminó de entusiasmar con su instrumento cuando en el ensayo de una banda de amigos, le hicieron escuchar en un cassette a Jaco Pastorius, un norteamericano ya fallecido inclinado hacia el funk, la fusión y el jazz que no por nada era apodado "el Jimi Hendrix del bajo". Sí, era posible hacer solos en cuatro cuerdas, ¡y qué solos! En definitiva, además de ubicación y humildad hay que tener paciencia. "En un proyecto de jazz o similares, ahí podés tener tu lugar, un solo, pasar al frente. Yo tengo un disco (El Fondito), donde puse solos y toco melodías con el bajo". Como ejemplo de lo que se puede hacer, pone a Francisco Fattoruso: "Es un solista exquisito, llevó el bajo a un lugar muy alto, es como si fuera otro instrumento".

Hace falta ubicación, humildad y, como agrega Nacho Mateu, solidaridad. Ser los cimientos significa sostener a los compañeros y gozar con que ese otro (cantante, guitarrista, saxofonista y todo aquel músico ubicado lo más lejos posible de los 20 Hz que representan la frecuencia más grave que puede percibir el oído humano) se lleve los aplausos. "Claramente, el tuyo no es el instrumento que más se destaca. Pero lo que nosotros disfrutamos es hacer de soporte para que otro se luzca. Este es un instrumento muy solidario en su función. La solidaridad se ajusta mucho a lo que hacemos", señala Nacho, otro gran admirador de Pastorius (como son todos ellos, bah).

¿Y todas esas características del instrumento también corresponden al músico? La música, como toda expresión artística, refleja la personalidad del individuo. Pero así como del cantante y el guitarra líder se admiten —y hasta se esperan— arrogancia y poses de divo, del bajista se exige mantener el pulso firme (el baterista estará siempre solo y atrás, pero de dementes parapetados detrás de los parches está llena la historia). Federico Righi se define como un tipo "más tímido que tranquilo, aunque calentón". Gerardo Alonso se reconoce en el estereotipo del bajista perfil bajo. Francisco Fattoruso, con varias bandas arriba, y generaciones de grandes músicos atrás, prefiere no jugarse: "Nunca pensé en eso de la tranquilidad de los bajistas. Eso sí, en un grupo los que dan más problemas son los bateristas. Luego de los cantantes, claro".

Y siempre habrá obreros dispuestos a sacrificarse por la música, a unir el ritmo y la melodía, a cimentar. Nacho —que estudió con Popo, Andrés Ibarburu y la escuela Berklee de Buenos Aires— nota cada vez más interés en estudiar bajo, gracias a YouTube. "Ahora se ve la música y se ve qué puede hacer un bajista". Federico, que da clases hace 24 años, coincide: "Me vienen niños de ocho o nueve años, cuando preferís guitarra o batería, y te dicen que quieren aprender bajo porque les gusta. Varios, ¿eh?". Popo, quizá el gran referente uruguayo, básicamente un autodidacta, ya tiene a quién pasarle la posta. A su admiración por Pastorius, McCartney, Sting, Ron Carter, Avishai Cohen y a uruguayos como Urbano Moraes, Francisco Fattoruso y Andrés ibarburu le suma su nieta, Julieta Taramasso, que a los 13 años ya ha demostrado su talento tocando con su abuelo y con Los Casal.

NO TODOS PASAN DESAPERCIBIDOS

No todos los bajistas pasan desapercibidos. Algunos de ellos, ya sea por que canten o compongan, dejan huella donde caminan. Nadie puede decir que Paul McCartney (The Beatles), Sting (The Police, foto), Roger Waters (Pink Floyd), o Gene Simmons (Kiss) sean tipos discretos. John Entwistle, fallecido bajista de The Who, era apodado "El buey" por su carácter apacible, pero dada su maestría era el solista en su grupo. Igual pasa con Flea, de Red Hot Chilli Peppers, aunque de un perfil más alto. En el jazz, en cambio, abundan virtuosos como Victor Wooten, Marcus Miller, Richard Bona, Abraham Laboriel o Alphonso Johnson, quien tocará el 28 de julio en el Teatro Solís.

MÁS CARO QUE LA GUITARRA

Un bajista no solo será menos reconocido que sus primos violeros; también deberá invertir más.

"Un bajista puede equiparse completamente (instrumento más amplificador) desde 400 dólares en adelante. De arranque tiene que invertir más que un guitarrista, un amplificador chico te sirve solo para tocar en tu casa; uno barato de guitarra ya lo podés usar en algún toque", dice Shyra Panzardo, quien también trabaja en Palacio de la Música.

EN EL INCONSCIENTE COLECTIVO URUGUAYO

Haberse criado en el Buceo (el mismo barrio que Popo Romano) fue fundamental para su formación musical, opina Mateo Moreno (38), bajista fundador de No Te Va Gustar, banda que integró hasta 2007, cabeza de su propio proyecto con tres discos editados desde entonces. "Ahí estuve en contacto permanente con la percusión, los tambores de candombe y la batería de murga, siempre en la vuelta. Empezar con la percusión y luego pasar a un instrumento armónico es lo mejor. Ahí está el secreto, la base de todo, el origen", dice desde Buenos Aires, donde reside desde hace algunos años.

Eso no es algo menor. Cuando Moreno vino en abril a presentar Meridiano, su último disco, se le preguntó por qué se daba tanto eso de bajistas liderando sus propios proyectos (Popo, Fattoruso, Righi, Mateu, Alonso), muchas veces instrumentales. "(Uruguay) Es un país muy rítmico. Ahora estoy viviendo en Argentina y veo que hay muy buenos percusionistas pero los instrumentistas de cuerdas no tienen la rítmica y el tempo de los uruguayos que crecemos entre tambores. El bajo es un instrumento que está en nuestro inconsciente colectivo con su mezcla de guitarra y tambor", le dijo en esa ocasión a El País.

Mateo comenzó con el piano a los 7 años, pasó a la guitarra a los 12 y en un ensayo con amigos pasó lo habitual: no había bajista. "Me pasé y fue natural... y ahí me enamoré".

Todo lo relativo al "origen" está muy presente en su propuesta. La africana le parece la mejor música del mundo (con su herencia en forma de reggae, funk, jazz o rhythm & blues) y los bajistas africanos (como Richard Bona) están entre sus favoritos junto al norteamericano James Jamerson, símbolo de la Motown.

En sus discos, el bajo no siempre es el instrumento solista; simplemente, está al servicio de la música, a veces en primer plano y en otras simplemente uniendo ritmos y armonías.

"Del bajo a mí me gusta su función, generosa, de atravesar todos los estilos y amalgamar lo armónico con lo rítmico. Es una cuestión de amor, totalmente subjetiva por otro lado, de autodefinición y de aprendizaje. Es el instrumento a través del cual uno se busca a uno mismo", explica.

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