TENDENCIAS

Pequeños placeres de la vida

La tendencia de unir en un mismo espacio el gusto por el café y la moda ya llegó a Montevideo, que tiene varios ejemplos exitosos, sobre todo en Punta Carretas.

Ximena Torres y Caro Criado comparten local desde este verano en Punta Carretas. Foto: Fernando Ponzetto.
Ximena Torres y Caro Criado comparten local desde este verano en Punta Carretas. Foto: Fernando Ponzetto.
Anna, café abajo y diseño local en la planta alta. Foto: Fernando Ponzetto.
Anna, café abajo y diseño local en la planta alta. Foto: Fernando Ponzetto.
Credo Café, para amantes de las motocicletas y mucho más. Foto: Darwin Borrelli.
Credo Café, para amantes de las motocicletas y mucho más. Foto: Darwin Borrelli.

Entrar a un café con antojo de capuchino liviano y salir de allí con un par de botas nuevas. Terminar un almuerzo de trabajo y dedicar unos minutos para recorrer los percheros de varios diseñadores nacionales que no conocías. Ir a comprar un par de guantes para hacer más llevaderas las salidas en moto en invierno y aprovechar la tarde para juntarse a merendar con amigos. Esas escenas —e infinitas combinaciones y variantes de ellas— son cada vez más frecuentes en Montevideo, donde a la tendencia de los multiespacios, con La Pasionaria como precursora en Ciudad Vieja, ahora se sumaron los locales que combinan exclusivamente cafetería y moda, nucleados sobre todo en Punta Carretas.

Mientras que algunos ya bautizaron a estas iniciativas con el rótulo de food & fashion, para sus impulsores no es otra cosa que unir bajo un mismo techo todos sus intereses. O, aun más simple, transformar locales exclusivamente comerciales en una experiencia gratificante, dándole cabida a los pequeños placeres de la vida.

Hacía tiempo que la chef patissier Ximena Torres tenía ganas de expandir La Dulcería. Incluso había recibido varias propuestas para "juntarse" con otras marcas de indumentaria u objetos, pero ninguna la convencía. Con la diseñadora Carolina Criado, en cambio, la unión se dio tan natural que no precisó pensarlo demasiado. "Cuando busco un compañero de ruta intento que funcione a nivel de piel y de química mucho más que a nivel de números o escribanos", argumenta. "Y con Caro sentí que todo se dio muy fluido". Desde que surgió la idea hasta que la concretaron, apenas pasó un mes. "Eso fue un indicio de que estábamos yendo por el camino correcto".

Antes de ser "socias", Xime y Caro tenían más de un "círculo" en común, sobre todo en el ámbito emprendedor. Para la última caminata de Voces Vitales —organización que busca fortalecer el liderazgo de las mujeres—, por ejemplo, la cocinera invitó a la diseñadora. Y ella aceptó. "Nuestra amistad se basa en eso, en compartir en áreas distintas experiencias similares". Poco tiempo después Carolina se dio cuenta de que "apretando un poco sus percheros", lejos de restar calidad a la propuesta, podía ser una oportunidad de sumar. Y allí entraba a la perfección La Dulcería, que ya funcionaba en Pocitos.

Hoy, su amplio y blanco local sobre la transitada Solano García, fusiona ambos emprendimientos con estilo. En este proceso, mientras el aroma a café y croissants que se mete entre las blusas bordadas y los sacones, sus impulsoras se dieron cuenta de que tenían públicos similares. "Me refiero al público femenino que no se conforma con lo de siempre, que ha viajado o está conectado con lo que pasa en el mundo, que quiere un gustito más, un sabor nuevo, que cada tanto lo sorprendas con algo diferente", opina Ximena. Pero a la vez, de la fusión surgieron nuevos públicos. "Yo ya tengo clientes que no eran de la tienda de Pocitos y que nos conocieron porque entraron a comprar un vestido. Y también hay clientes míos que se terminan probando un vestido en lo de Caro".

Algo similar le pasó a María Eugenia Benenati, Federico Sacarelo, Álvaro Cáceres y Carlos De Franco con la apertura de Credo, en Punta Gorda, que une café, tienda y taller de motos en una casa que mira hacia las mejores puestas del sol del Río de la Plata. Allí hay una marca propia, pero sobre todo un estilo de vida. "Cuando creamos Credo sentimos que no iba de la mano con nada o iba con todo a la vez", dice María Eugenia. "Somos fans del diseño, de la tendencia y lo que se viene y lo llevamos a todo lo que tenemos en el espacio. Pensamos en la ropa que usaríamos, lo que nos gusta comer y todo lo que disfrutamos".

Abierto al público desde fines de 2016, en la dinámica cotidiana el café es el que convoca más cantidad de público. Sin embargo, la sinergia ocurre. "La gente viene a disfrutar del café y pasa a la tienda... O vienen por una moto y se copan con el café o se lleva alguna prenda. Y todo aporta mucho a la marca, es positivo", cuentan.

Si bien no apunta "a un público de motoqueros", advierte María Eugenia, el origen de Credo tiene un espíritu más masculino, lo que lo diferencia del resto de las propuestas de la ciudad. En su tienda, los productos son mayoritariamente para hombres (remeras, guantes, botas, cascos, lentes) y de grifas nacionales. "El hombre, que suele ser medio reacio a salir de compras, se copa con encontrar un lugar donde hay cosas para ellos, acá se sienten contenidos". Ahora, la apuesta es desarrollar más opciones para ellas. Hoy en Credo se venden prendas Black & Liberty y cada vez más algunas confeccionadas por ellos mismos o importadas de Argentina y China. También hicieron alianzas con marcas como Boho, Indie y Capita, grifas con las que comparten su filosofía de vivir y hacer.

Aunque el café fue su última unidad de negocios —empezaron con remeras y siguieron con la customización de motos—, fue éste el que logró unir todas sus pasiones en un solo lugar. "No queríamos captar al público solo de la moto ni que unos corrieran a los otros. Hoy todos conviven en armonía, señoras, familias y amigos".

Anna es el emprendimiento de las hermanas Denise y Mariana Weissman. Cuando Denise, que es nutricionista, empezó a pensar en abrir su propio salón de té, a Mariana, diseñadora y productora de moda, le dieron ganas de sumarse. "Yo se lo cambié por un café y sumé mi contacto con las marcas", recuerda. Así nació este proyecto que, al conjugar ambas pasiones, las potenciaba a ellas y al lugar. La casa que encontraron en la esquina de Guipúzcoa y Joaquín Nuñez se adaptó a esas necesidades: la cafetería funciona en la planta baja y la tienda de ropa y accesorios en la alta.

Si bien las marcas de indumentaria son independientes, hay un espíritu en común: son todas firmas uruguayas y de autor. Allí conviven con sus percheros y mostradores Damen (Claudia Rivas e Inés Montoro), con ropa casual y una apuesta fuerte en camisería y jeans; los zapatos y botas de Lucy in the Sky (Fiorella Corbellini); y Mariana Prado con sus trajes de fiesta. "Lo que tratamos de hacer es que el fuerte de cada una de las marcas fuera en rubros distintos y se complementaran más que competir. Y funciona bien como plan y paseo".

Más recientemente, las hermanas Weissman decidieron ampliar un poco su propuesta y sumaron productos "de almacén", como aceites de oliva, miel y frutos secos, también de industria uruguaya. Si bien Mariana evaluó seguir creciendo hacia el rubro decoración, por ahora esa idea quedó en el camino.

En su local, próximo a Punta Carretas Shopping y en una zona repleta de hoteles, es frecuente cruzarse con algún turista en busca de un souvenir local. Y, en ese sentido, la dupla café-tienda funciona a la perfección. "A los extranjeros les gusta comprar productos uruguayos, entonces el local es un llamador", dice Mariana.

Más allá de los diferentes estilos y perfiles, todas estas propuestas tomaron como referentes locales en Buenos Aires, Estados Unidos o Europa, donde esta tendencia está instalada desde hace varios años. Además, la experiencia viene demostrando que en este tipo de cafés la dinámica es más mixta que puramente femenina. "Vienen muchas parejas, porque el hombre se puede quedar tomando un café o leyendo el diario mientras su pareja se prueba o compra ropa y también está disfrutando de un momento para él", dice Ximena Torres.

Café, ropa y mucho más que motos.

A diferencia de lo que suele suceder en los locales que reúnen gastronomía y moda, en Credo Café la mayoría de los clientes de la tienda son hombres, muchos de ellos amantes de las dos ruedas. En la parte de café, en cambio, la clientela es más variada, desde familias con niños hasta grupos de mujeres o parejas que pasan del té de la tarde a la picada con cerveza sin complejos.

Preservar la esencia y la convivencia.

Para que cada espacio dentro del local mantenga su esencia, Mariana Weissman opina que es fundamental cuidar los detalles. En Anna, por ejemplo, no hay frituras y se evita cualquier preparación que pueda generar olor. "Este tipo de concepto existe cada vez más pero es difícil de lograr... por eso Anna no es un restaurante, es un café", explica la diseñadora y productora de moda. Así como en el café la consigna es cocina saludable, en la planta alta lo es el diseño local.

La moda está de moda.

Para la asesora de moda e imagen Debbie Goldfarb, esta tendencia de unir dos mundos "en un mismo escenario" responde a varias causas. La principal, quizás, es que todo lo relativo a "la comida y su arte" está de moda. Pero además, Goldfarb entiende que "está vinculado a la crisis económica", que hace que "los costos operativos sean cada vez más altos y por ende se busquen las salidas más convenientes al respecto".

Apuntando a un mismo "consumidor final", ese que disfruta de las cosas buenas de la vida, Goldfarb señala que estos espacios suelen ofrecen "una estética particular" tanto en su ambientación como en las cartas y platos. "Tanto el diseño del local como la carta toman en cuenta las tendencias", dice. Y agrega: "La moda es una sola".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)