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Ellas tienen la pelota

Las mujeres derriban prejuicios y ganan protagonismo en el mundo del fútbol. Estas historias lo demuestran y lo celebran.

Leticia y sus hijos, hinchas de Peñarol
Matilde es hincha de Nacional desde siempre
Fabiana no se pierde ni un partido de Defensor
Isabel, además de hincha, es presidenta de Rampla
Mariana sigue a Danubio a todas partes

"Explicame la ley del offside". Cualquier mujer que quiera tener una charla seria sobre fútbol tendrá que poder describir que un jugador está fuera de juego cuando se encuentra más adelantado que todos los jugadores oponentes menos uno —el golero, digamos —. Solo si es capaz de decir con lujo de detalles, dibujos incluidos, esta gran ley del fútbol, su conocimiento será legítimo.

"Yo creo que la relación entre las mujeres y el fútbol ha evolucionado así como lo ha hecho en otros terrenos de la sociedad. Pero todavía hay muchos mitos en torno al tema", dice Ana Gabriela Fernández, docente, investigadora, especialista en temas de género e igualdad. "Si estás mirando un partido por la televisión, enfocan a las mujeres por su belleza (como objeto de deseo), o solamente si está muy caracterizada de su equipo y es vista como un objeto más en lo que se llama la fiesta del fútbol. Esa distinción evoca distintas cuestiones que hace a los roles de género en otros terrenos", explica.

Es compleja la relación de las mujeres y este deporte, no hay dudas. Y es tan compleja que, incluso hoy, aún son muchos los prejuicios que hay que derribar. Sin embargo, son cada vez más las hinchas, las fanáticas, las que se animan a opinar, más las que están cada fin de semana en la cancha, con o sin remera, solas, en familia o con amigos, pero que están, siempre. Las historias de Fabiana, Leticia, Matilde, Isabel y Mariana quieren contar la pasión por su cuadro, pero también quieren reivindicar que el gusto por el fútbol puede venir acompañado de tacos, pollera y labios pintados.

Una herencia

Leticia Fernández (40) no se acuerda cuándo fue la primera vez que vio a Peñarol. Su padre era hincha fanático y, aunque su madre es de Defensor, uno de sus primeros paseos fue el estadio. "Tengo los olores, los sonidos de los vendedores, todo muy presentes. Me acuerdo de la cancha como un paseo que yo elegía sobre otras actividades y compromisos", dice.

Hincha y seguidora del fútbol en general, esta Licenciada en Comunicación organiza su vida en función de los partidos que haya cada día. En realidad, su vida está marcada por los hitos de su cuadro. No recuerda la fecha exacta, pero siempre se le viene a la cabeza un día que era muy chiquita y estaba en el estadio con su papá; en un momento las personas se pusieron de pie, aplaudieron. Leticia no entendía por qué su padre la hizo paRarse a ella también. Después le explicó que las personas se ponían de pie porque en la cancha estaba Fernando Morena, uno de los grandes ídolos aurinegros.

Otro partido que marcó su vida fue uno por la Copa Libertadores contra el América de Cali. Incluso, aunque fue en 1987, aún recuerda de memoria el relato de Carlos Muñoz del gol de tiro libre de Jorge el "Bomba" Villar. Es que, cuando un gol importante es bien relatado, se vuelve difícil de olvidar para cualquier hincha. "En ese momento todo el mundo llevaba la radio al estadio. Me acuerdo que papá y yo estábamos adelante de la cabina de Muñoz y cuando el Bomba va a patear, dice: Hay algunos que se paran y se sientan como yo por ejemplo. Uno de los que hacía eso era mi padre y yo estuve convencida toda la vida de que lo decía por mi papá". En ese partido, que habilitó a los uruguayos a jugar la final en Chile, Leticia sintió que se le "salía el corazón de alegría". Cuando terminó (2 a 1), miró a su papá y le agradeció por hacerla hincha de Peñarol.

Tiene las uñas pintadas de negro y una pulsera amarilla en la mano derecha. En su cartera siempre hay algo de su cuadro. Lo mismo que en su casa: en cada rincón se pueden ver el amarillo y el negro. "Yo no me imagino mi vida sin Peñarol", dice segura. Sus hijos, Guadalupe (6) y Luciano (9) la vieron llorar solamente dos veces: cuando Antonio Pacheco se fracturó y cuando volvió a jugar e hizo un gol. Ahora, Guadalupe y Luciano son tan fanáticos como su mamá. "Guada más que Luchi, ella es como yo".

Cuando dejó de ir al estadio con su papá, empezó a ir con amigas o sola. Pero Leticia nunca sintió miedo en una cancha. Incluso, va sola a partidos que no son de Peñarol: "He ido a ver a Nacional si tiene un partido interesante". Cree que, en cierta medida, tiene algo de impunidad en la cancha por ser mujer. Pero a su vez, dice, la distinción siempre se siente. "Ya me acostumbré a que piensen que porque soy mujer no sé de fútbol. Igual, la discriminación va hasta donde vos te lo propongas, hay que pararse firme. Suena feo, pero, a veces pienso: "¿Cómo me vas a discutir algo a mí que tengo más años de Amsterdam que vos de vida?", dice Leticia como disculpándose y suelta una línea que propone el cierre perfecto para esta historia.

Todo por la camiseta

La única vez que dejó de ir a un partido importante de Defensor fue por un parcial de la facultad. Y se arrepiente. Su equipo jugaba por la Copa Libertadores contra Boca, en la Bombonera. "Fue una locura. Mi padre y mi hermana estaba ahí y me contaban que fue increíble. Diego De Souza hizo un gol y calló a todo ese estadio. A Boca le servía el empate para clasificar y quedaron afuera por ese gol nuestro".

Como todo hincha, Fabiana Sabaj, 24, socia de Defensor desde 2008, habla en primera persona cuando se refiere a su equipo. Y, en ese "nosotros", incluye a Jack, su padre y a Carolina, su hermana, que son quienes la siguen en esta locura violeta. "Fue papá el que me hizo hincha", cuenta.

El estadio Luis Franzini, dice, es como su segunda casa. Incluso, está pensando en tatuarse las coordenadas del lugar. Los fines de semana, el fútbol es actividad obligatoria. Su única cábala es estar siempre en el mismo lugar y, en el entretiempo, cambiarse para el otro extremo, siempre siguiendo el ataque de su equipo. Aunque en su ropero tiene una pila de camisetas y prendas violetas y blancas, nunca lleva nada a los partidos. "Una vez me compré una de manga larga y la empecé a llevar. Tuvimos una racha muy mala. Después de eso nunca más la llevé".

¿Qué es Defensor para vos?

Para mí es... no sé, una pasión. Es como... me hablás de Defensor y está demás, me encanta que me hablen de Defensor, para mí es un orgullo. Mientras esté en el Franzini estoy bien. Es eso, es mi pasión.

En 2014 Fabiana viajó 25 horas en ómnibus para ver a su equipo por un partido de la Libertadores contra el Nacional de Paraguay. Esa vez perdieron. Al otro día, 25 horas en ómnibus para volver. "Fue agotador pero increíble. Yo lo volvería a hacer mil veces".

Cuando su papá o su hermana no pueden ir a la cancha, ella va sola. Siempre hay alguien conocido, dice. A Fabiana nunca le pasó nada en ningún estadio y nunca tuvo miedo. Eso sí, más de una vez tuvo que explicar que sí, que sabe la ley del offside. "Si sos mujer, siempre te están tomando prueba a ver si sos digna de... si de verdad sabés algo y se puede hablar contigo". Recuerda una discusión con un señor que estaba mirando un partido al lado del alambrado, junto con ella. Ese día arbitraba la jueza Claudia Umpiérrez y el señor en cuestión le gritó, en determinado momento, que fuera a lavar los platos. "¿Por qué no va usted a lavar los platos, señor?, le dije. Le podés gritar lo que quieras al juez, todo el mundo lo hace, aunque no digo que esté bien, pero justo eso... me dio bronca lo que quiso decir", cuenta. "Hoy en día está mucho aceptado que las mujeres vayamos al fútbol", dice. Y después se corrige: "En realidad, nadie tendría que aceptar nada. La mujer tiene el mismo derecho que el hombre, y listo".

A primera vista

El padre de Matilde Reisch fue jugador de Peñarol. Su familia entera, en realidad, era aurinegra. Así que, desde chiquita frecuentaba el estadio. "Al principio me aburría un poco", recuerda. Pero todo cambió cuando Matilde vio su primer clásico. Y no fue, justamente, por el interés del partido. Es que ese día, se enamoró. "Vi a un rubio esbelto, alto, que cabeceaba como nadie. Era Emilio Santamaría, que era divino". Ese día, Matilde, que tenía 8 o 9 años, no lo recuerda, le dijo a su madre que a partir de entonces, iba a ser de Nacional. "¿Quién te dijo que fueras de Nacional?, me preguntó mi madre. Y yo le dije que nadie, que lo había resuelto sola. Y no me olvido más de su respuesta: Si lo resolviste vos, entonces está bien, no hay problema".

Eran otras épocas, dice Matilde, que, a los 77 años, hace ya un largo tiempo que prefiere mirar los partidos desde la tranquilidad de su casa, con un café o un "vinito". Recuerda que en su adolescencia Nacional y Peñarol "eran rivales pero no enemigos": "Yo iba al estadio con una barra que era de Nacional, de Peñarol y de Defensor. Íbamos todos juntos a la Olímpica". Incluso, fue a ver el partido de los aurinegros contra el Real Madrid: "Fuimos todos a gritar por Peñarol, que era el equipo uruguayo".

Uno de los partidos más especiales que tiene en su memoria fue en el que Nacional festejó sus 100 años, frente al PSV. El estadio, dice Matilde, "estaba divino, era una cosa impresionante". Si bien el tricolor cumple años el 14 de mayo, los festejos se realizaban el 29. "Estaba Dante Iocco (dirigente) en el estadio y yo le digo: Don Dante, sabe que hoy es mi cumpleaños, y él, no me olvido más, me dice: discúlpeme, Matilde, más que esto no le pude hacer". Pero también se acuerda del partido de la final de la Libertadores del 88, cuando Nacional le ganó a Newells Old Boys: "Era un delirio aquello".

Durante la Intendencia de Tabaré Vázquez, Matilde fue una de las encargadas de crear el Área de Deportes. En 1996, llegó la orden de FIFA de que era obligatorio "poner fútbol femenino en la AUF". Desde entonces y hasta 2003, Matilde estuvo al frente de esa división.

Prefiere pensar a los prejuicios sobre la mujer y el fútbol en pasado. "Cuando empezamos con el fútbol femenino hacíamos fútbol 5, en una cancha en el Prado. Las cosas que le gritaban a las chicas cuando jugaban... vayan a lavar los platos era lo menos que les decían".

Más allá de sentirse deslumbrada con Santamaría, recuerda a Luis Artime como uno de los máximos jugadores de Nacional. "Era una excelente persona". Cuando nació Gonzalo, su segundo hijo, estaba jugando el tricolor. Su ginecólogo era fanático y sabía que Matilde también lo era. "Me preguntó si quería que llevara la radio así no nos perdíamos el partido", recuerda. "Mientras nacía mi hijo, nosotros, mi ginecólogo y yo, gritábamos un gol de Artime. Después me retaron por no haberle puesto Luis".

La rubia del estadio

Cuando Danubio salió campeón en 2007, Mariana Malek (28) fue al kiosco y se compró todos los diarios que encontró. Lo hizo, claro, porque en cada portada había una foto distinta de su cuadro.

A Mariana le gustan las cosas rosadas y brillantes. Le gusta arreglarse, vestirse bien y andar de tacos, siempre. "Hay muchos prejuicios por mi aspecto, como que si me gusta lo rosado no puedo ser hincha de Danubio". Creció con una idea que después ella misma se encargaría de desmentir: el fútbol no es para nenas.

Su abuelo materno fue dirigente de Danubio y su mamá una gran hincha. Mariana recuerda a Jardines del Hipódromo como uno de sus primeros paseos. "Los domingos siempre eran y son de fútbol, de familia", dice. Cuando era chiquita se "colgaba" al alambrado de la cancha y gritaba "meta pata Danubio, meta pata". Pero en su familia había una idea: el fútbol no es para nenas.

Se acuerda, Mariana, que una vez los Reyes Magos le trajeron a su primo, un año más chico, la camiseta, el short, las medias, el equipo entero de Danubio. Ella se puso a llorar y su abuelo le explicó: el fútbol no es para nenas. Después, le preguntó a su mamá por qué Danubio no podía tener una camiseta rosada, que fuera para nenas. "Cuando yo tendría unos 20 años, el cuadro tuvo una remera así, que era la del arquero. Nunca la logré conseguir, pero me cumplieron el sueño de la camiseta rosada".

Mariana sabe la ley del offside, aunque más de una vez tuvo que explicarla. Mariana sabe, en definitiva, que el fútbol no es cosa de hombres. A su abuelo le costó entenderlo, pero cuando lo hizo le consiguió la camiseta firmada de Nacho González, su ídolo futbolístico. "Después, cuando Danubio cumplió 75 años, en 2007, le hicieron un homenaje y él fue conmigo". Hace mucho tiempo que en la familia de Mariana ya no se cree que el fútbol no es para mujeres. Ella, con sus tacos y sus brillos, desmintió esa idea.

Pero, por supuesto, los prejuicios están. "Creo que la discriminación por ser mujer se vive siempre, no hay manera de zafar a eso, por lo menos acá en Uruguay que el fútbol es de hombres y forma parte de la construcción de la identidad masculina", cuenta Mariana, que forma parte de un grupo de investigadores del fútbol. "Cuando vos sos mujer y te metés en el fútbol, es como que le generás un conflicto, porque se considera que solo podemos estar como adornos".

La gente de Danubio ya la conoce. "Nos conocemos todos, nos cuidamos entre todos, somos muy unidos", dice sobre la hinchada de su equipo. Sin embargo, más de una vez tuvo que explicar que no iba a Jardines porque le gustaban los jugadores, que iba porque era hincha. "Una vez un policía me vio y dijo ahí viene la botinera". Contra el estigma de botinera, dice, hay que luchar mucho.

Mariana pensó en hacer el curso de técnico de fútbol para "respaldar" sus conocimientos. Desistió porque había una prueba física demasiado exigente. "Te piden que hayas jugado, tenés que saber jugar bien".

Durante parte de 2016 y 2017 vivió en Barcelona, España. fue al Camp Nou, vio jugar a Suárez, Neymar y Messi. Sin embargo, para Mariana no es lo mismo. "Es una linda experiencia, pero es un espectáculo, la hinchada son turistas con cámaras de fotos". No hace falta decir que lo primero que hizo cuando llegó a Uruguay fue ir a Jardines. No hace falta decir, a esta altura del partido, que el fútbol no es solo cosa de hombres.

Isabel, la hincha de Rampla que marcó la historia nacional

Isabel Peña (70) es una presidenta orgullosa de su club. Vivió en el Cerro toda su vida, a cuatro cuadras del Olímpico, el estadio de Rampla Juniors. Pero, además de presidir, Isabel es una gran hincha. "Mi familia siempre fue de Rampla, mi hermano mayor fue jugador. No sé, desde que me conozco soy de Rampla", dice.

Estuvo en todos los partidos importantes, en los más lindos y "en las tristezas también". Recuerda dos en especial: en 1980, cuando después de estar diez años en la B, Rampla ascendió a Primera División. "Otro partido especial fue hace dos años, cuando ascendimos otra vez. Íbamos perdiendo 3 a 0 con Cerro Largo en el Olímpico y la gente se empezó a ir. En el alargue terminamos ganando 5 a 4 y con los gritos y los festejos todos volvieron".

Isabel nunca soñó con ser presidenta. Incluso, cuando Juan Castillo un día fue a su casa y le dijo que quería que fuera la vicepresidenta de su lista, se sorprendió mucho. Asumió el cargo tras la renuncia de Castillo, en junio. "Al principio me daba miedo de lo que fueran a decir, pero después todo el mundo me llamó por teléfono para apoyarme", dice Isabel, que ya quedó en la historia del fútbol uruguayo.

Una abogada que rompió la regla

Claudia Umpiérrez es una abogada de 34 años que marcó la historia del fútbol uruguayo. El 3 de setiembre de 2016, Claudia fue la jueza del partido entre River Plate y Boston River, y se transformó en la primera mujer en arbitrar en la Primera División del fútbol uruguayo. Previo a eso, había arbitrado partidos de la B y estuvo en el torneo de fútbol femenino de los últimos Juegos Olímpicos.
"Algo que me destacan en el arbitraje es que leo bien el juego", dijo Claudia a Ovación después de ese primer partido, en el que hubo felicitaciones por parte de ambos equipos.

El fútbol y la identidad nacional

"El fútbol es parte de la identidad masculina, en Uruguay y en muchos lugares del mundo", explica la docente, investigadora y especialista en temas de género e igualdad, Ana Gabriela Fernández. La especialista dice que tanto Uruguay como otras naciones "han construido su identidad con las mujeres ausentes. En general, no formamos parte de los mitos fundacionales de las sociedades". Y, en el caso de Uruguay, el fútbol es parte de la identidad nacional. Así explica Fernández el hecho de que este deporte sea un terreno hegemónico por excelencia de los hombres. "Sucede lo mismo en otros ámbitos de la sociedad, solo que en el fútbol" es muy notorio, aclara.

Es cierto que las mujeres se han abierto camino en el mundo del fútbol: hay hinchas, jugadoras, árbitros y periodistas deportivas. "Yo nací en el 71. Cuando era niña decía que quería ser varón para poder jugar", cuenta Fernández. Si bien la situación ha cambiado, cree que esa idea aún está presente, aunque en menor medida.

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