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Una pasión que se hereda

Los padres hablan de orgullo y los hijos de admiración: comparten la misma vocación. Este es el homenaje de Domingo en su Día.

Diego y Pablo Forlán compartieron las camisetas de Peñarol y Uruguay. Foto: Darwin Borrelli.
Diego y Pablo Forlán compartieron las camisetas de Peñarol y Uruguay. Foto: Darwin Borrelli.
Nelson y Nicolás Mendiburu son contadores. Foto: Fernando Ponzetto
Nelson y Nicolás Mendiburu son contadores. Foto: Fernando Ponzetto
Héctor Guido y sus hijos, Andrés Guido y Federico Guerra. Foto: F. Ponzetto
Héctor Guido y sus hijos, Andrés Guido y Federico Guerra. Foto: F. Ponzetto
Alberto, Yanina y Martín Kesman comparten la pasión por la comunicación. Foto: Archivo El País
Alberto, Yanina y Martín Kesman comparten la pasión por la comunicación. Foto: Archivo El País
Sofía y Francis Ford Coppola y la pasión por la gran pantalla
Sofía y Francis Ford Coppola y la pasión por la gran pantalla
Luis Alberto Lacalle y Luis Lacalle Pou: la política de generación en genearción
Luis Alberto Lacalle y Luis Lacalle Pou: la política de generación en genearción

"Es mi referente, pero no solo como profesional, sino también como persona", es una frase que, de una u otra manera, todos repiten. No importa a qué se dediquen, cuántos años tengan o cómo sea su relación. No importa si es futbolista, actor, periodista o contador. Todos ven a sus padres como un ejemplo y, aunque se diferencien de ellos en muchos aspectos, la sangre siempre tira. Un gesto, el tono de voz, la apariencia, la forma de caminar o de patear la pelota, todos tienen algo que hace que cuando se los vea, cualquiera sepa que son sus hijos.

¿Cuánto influyeron sus padres en la elección de su profesión? ¿Qué tan identificados se sienten? ¿Intentan imitarlos? ¿En qué se diferencian?.

Estas son historias de hijos que, con o sin motivo aparente, eligieron compartir la misma vocación que sus padres. O, en realidad, son historias de hijos que admiran a sus padres y de padres orgullosos de sus hijos.

Las mismas camisetas.

Cuando Diego Forlán (38) era un niño, siempre le pedía a Pablo (71), su padre, que lo llevara a las cenas que tenía con sus amigos, todos futbolistas, exfutbolistas o gente vinculada al fútbol. "Yo me volvía loco por ir a las comidas con mi padre, pero eran de noche y al otro día tenía colegio", dice Diego. "Me acuerdo una vez que me costó mucho despertarme y estaba en la cocina de casa sentado antes de ir a clase — no me olvido más de esa imagen — y mamá me dice: Si no te despertás no vas más a las comidas. Me incorporé rápido y me fui al colegio, ni loco me las perdía".

"Diego era muy inquieto, pasaba jugando a la pelota en la calle con su hermano y sus primos, los vecinos", cuenta Pablo y dice que primero empezó a llevar a las cenas con sus amigos a su hermano mayor, Pablo, y después a él. "Era una cosa linda que pudieran ir y escuchar a gente con experiencia, ya que tanto les gustaba el deporte y el fútbol en especial".

Las camisetas. Eso era lo que más le gustaba a Diego de poder acompañar a su padre cuando había partidos internacionales. "Cuando los equipos venían a jugar la Libertadores o la Súper Copa que se jugaba en ese entonces, papá siempre tenía algún conocido. Nunca fui de sacarme fotos con los jugadores, pero me gustaba tener las camisetas para después entrenar con ellas".

—¿Hubo alguna especial?

—Hubo muchas. Pero ahora que lo pienso, la más especial de todas, que la seguimos teniendo guardada, es la de Pelé, que papá cambió con él cuando jugaba y me la regaló para el Día del Niño.

Diego cree que patea la pelota igual que Pablo, que fue figura en Peñarol, São Paulo FC y la Selección. "Yo no lo vi jugar mucho, lo vi más de grande en partidos que hacíamos o algún torneo, pero creo que mi estilo en la pegada es muy parecido al suyo". Pablo admira cómo Diego patea igual de bien con las dos piernas. "Por algo hizo los goles que hizo".

Sin embargo, aunque Diego siempre haya tenido la ilusión de jugar al fútbol, no fue sino hasta su adolescencia cuando Pablo le dijo que si se quería dedicar profesionalmente, tenía que empezar a pensarlo con otra cabeza. "Él tenía muy buenas condiciones para el fútbol y para el tenis. Siempre andaba con los zapatos de fútbol y la raqueta. Pero lógico, hay una edad en la que hay que decidir, porque tenés que empezar a meterle horas, eso es fundamental". Incluso ahora, Diego entrena todos los días a las 6 de la mañana.

Diego no solo tiene el ejemplo de su padre, sino también el de su abuelo materno, Juan Carlos Corazzo. Entre los tres, consiguieron tres títulos de América con la Selección. Además, algo similar lograron con Peñarol, cuadro del que son hinchas: "Salimos campeones uruguayos Pablo, mi hermano, papá y yo". Y eso, en el mundo del fútbol, es hacer historia.

Por el camino de los números.

Nicolás Mendiburu tiene 25 años y a principios de 2015 se recibió de contador en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. Ahora, le faltan tres materias para recibirse de economista. Nelson, su padre, también es contador y no pudo seguir economía porque empezó a trabajar muy joven, aunque le hubiese gustado hacerlo.

Nelson (55) es de Guichón, Paysandú. Aunque siempre le gustaron las matemáticas — y era bueno para los números — recién decidió seguir la carrera de contador cuando estaba en "cuarto o quinto de liceo". Nicolás, por el contrario, desde niño supo que iba a perfilar para los números: "Me gustaban. Además, que papá fuese contador, sin dudas, influyó en mí". De todas formas, dice Nelson, en su familia la política siempre fue que Nicolás y Joaquín, su otro hijo, tuvieran libertad de elegir lo que quisieran. "Lo importante es que lo hagan con pasión, sea lo que sea".

Padre e hijo, terminaron por compartir la misma vocación. Nelson es socio fundador de CPA Ferrere y Nicolás trabaja en el Departamento de Auditoría de Deloitte. "Es nuestra competencia", aclara Nelson. "Por contrato, acá no pueden trabajar los hijos de los socios. Nos consideramos una firma muy meritocrática, entonces que trabaje un familiar directo dentro, por más que sea un muy buen profesional, siempre genera sospechas".

—Entonces siempre supiste que trabajar acá no era una opción...

Nicolás: Claro, nunca estuvo sobre la mesa la posibilidad.

Nelson: Al menos no mientras yo esté en el estudio. Cuando me retire no habría ningún problema si él quisiera. De todas maneras, estoy muy contento con que trabaje en Deloitte, son colegas, competidores y amigos y sé que va a aprender mucho allí.

Más allá de la profesión, Nelson y sus hijos comparten varias pasiones. El deporte es una de ellas. Por eso, el club funciona como lugar de encuentro casi todas las noches. Además, los tres son hinchas de Peñarol, por lo que cada fin de semana ir a la cancha es una actividad asegurada. "También somos muy de hacer asados — bueno, el que hace soy yo, ellos comen— y cuando podemos nos vamos a Guichón a ver a mis padres", cuenta Nelson.

—¿Qué consejo le dio a su hijo como profesional?

—Nelson: Yo no creo que le haya dicho mucho, porque en estos temas en casa estaba todo dicho. Pero sí le dije que cuando asume la responsabilidad de trabajar, tiene que realmente asumir ese compromiso, tiene que poner las mejores ganas y la mejor actitud para responder a quien confió en contratarlo.

Nicolás cree que a nivel profesional su padre es su referente. "Es incuestionable lo que logró y el éxito que ha tenido. Él se hizo de la nada, vino de un pueblito chiquito a vivir solo a Montevideo, y logró tantas cosas". Mientras su hijo habla, Nelson mira hacia abajo. "Mi papá es mi ídolo —dice Nicolás—, admiro todo de él".

Relatos de a tres.

"Yo en mi casa siempre vi a un hombre que disfrutaba mucho lo que hacía, que la pasaba bien, que era feliz con su trabajo y yo quería lo mismo para mí", dice Yanina Kesman (40) sobre su papá, Alberto (66). Fue por eso que nunca se imaginó haciendo algo que no fuera similar al trabajo de su padre. "Él nunca se quejó de su trabajo, era un hombre feliz y, por ende, a mí me parecía que las personas que trabajaban en los medios eran felices, se divertían, la gozaban".

Para Martín (34), el menor de los Kesman, ir a la cancha a acompañar a su padre desde chiquito fue algo que lo marcó. Aún hoy tiene un recuerdo muy presente. Él tenía siete años y Alberto estaba en Italia cubriendo el mundial del 90. "Yo estaba mirando el informativo y veo que aparece mi viejo. Le di un beso a la televisión, me dio corriente y me caí para atrás; yo quería saludarlo". A los 15 años, después de varios partidos, varias canchas y varios relatos, Martín decidió que se quería dedicar a lo mismo que su padre.

De esta forma, la comunicación es algo que unió y une a Alberto, Yanina y Martín. Sin embargo, como dice Alberto, siempre le dio libertad a sus hijos de que hicieran lo que quisieran. "Incluso cuando le dije que iba a estudiar comunicación, me dijo que comunicar es algo que se lleva adentro, que estudiara otra cosa si quería", cuenta Yanina. Pero, claro, la admiración hacia su padre pudo más.

Cuando terminó el liceo, quiso irse de mochilera con sus amigas pero su padre no la dejó. "Me dijo que viajara para estudiar, para formarme". Así que se fue a la Universidad de Boston a hacer un curso de verano de publicidad y cuando volvió se inscribió en la ORT para cursar Analista en Marketing y en la Universidad Católica para hacer Comunicación. "Cuando tuve que elegir, elegí periodismo", dice, aunque reconoce que, a diferencia de su padre y de su hermano, nunca le interesó demasiado el fútbol. Hoy se dedica a la producción independiente de contenidos audiovisuales.

Yanina y Martín admiran a su padre y Alberto los admira a ellos. "Las charlas con él siempre me ayudaban, su ética periodística, el no aceptar nada de nadie, el tener tu camino y ser transparente, el tener cuidado con la información, verificarla", resume Yanina. "Mi papá tiene 40 años en el canal (Teledoce) y muchos más como relator y sigue disfrutando de su profesión como si fuese el primer día, él en cada partido que relata se entrega por completo", agrega.

Alberto cuenta que siempre le pide opiniones y consejos a sus hijos. "A Yanina especialmente, porque yo soy autodidacta, ella tiene una formación que yo no. Tengo a mis hijos como libro de consultas". Para él, su hijo ya lo superó y lo va a seguir superando. Martín, por su parte, es contundente: "Para mí, mi viejo es el mejor en lo que hace. Yo aprendí admirándolo a él".

Bichos de teatro.

Los tres son distintos. Los tres llegaron por caminos diferentes. Pero, cuando de entender la vocación se trata, los tres creen lo mismo: al teatro hay que entenderlo con responsabilidad.

Héctor Guido (63), Andrés Guido (28) y Federico Guerra (32) — que lleva el apellido de Martín, quien lo crío — son actores, pero, además, son padre e hijos que no solo comparten profesión, sino también, camarines y escenarios. Es que, en este momento, Héctor es compañero de elenco de sus dos hijos: con Federico está en Incendios, producción del teatro El Galpón que dirige el brasileño Aderbal Freire-Filho, y con Andrés está ensayando La resistible ascensión de Arturo Ui, de Bertolt Brecht.

Cuando Andrés era niño y le preguntaban si quería ser actor como su padre, decía que no, aunque le gustaba mucho ir al teatro. "Si podía iba a ver obras todos los fines de semana". Cuando egresó del liceo, probó con estudiar física, comunicación y cine, hasta que a los 20 años se inscribió en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) para hacer Diseño teatral. "Un día Levón, que era nuestro docente, me preguntó por qué no actuaba y me metió en una muestra de fin de año de tragedia griega". Mientras estuvo en la EMAD, empezó a sentir que la actuación le gustaba pero se resistía a hacerlo porque no quería que lo compararan con su padre. Así que se anotó en un taller en el INJU sin contarle a nadie. En la muestra de fin de año, unos amigos que fueron a verlo lo felicitaron y entonces, por fin, decidió ingresar al Teatro Circular para hacer la carrera de actuación.

En el caso de Federico, ingresó a El Galpón a los 18 años a hacer un trabajo puramente administrativo. "Empecé ensobrando revistas de Socio Espectacular, porque había terminado el liceo y como cualquier estudiante quería hacer unos pesos, unas changas". Fue allí, institución de la que actualmente es actor, donde conoció "el potencial" que podía tener el teatro: "Me di cuenta que era la herramienta artística con la que me sentía más cómodo para expresarme y expresarme era una necesidad".

Ambos recuerdan a El Lazarillo de Tormes como la primera vez que vieron actuar a Héctor. "En ese momento papá tenía pelo, fue hace como 20 años", dice Andrés.

Si bien Héctor está orgulloso de sus hijos y de sus valores éticos, admite que en ocasiones siente "una gran impotencia". "No puedo evitarles lo que ya sé que les va a pasar: el teatro, es un medio muy hostil, no está dentro de las políticas públicas, no tiene una contención que les permita un desarrollo como jóvenes, como ciudadanos. Es una lucha muy difícil que yo no puedo evitarles. No sé cómo van a evolucionar, pero yo veo hoy que los dos son bichos feroces de teatro".

Andrés dice que no fue necesario que su padre le dijera lo duro que era el teatro: "Cuando era niño él tenía giras de dos meses igual, y cuando llegaba yo no lo saludaba, no había regalo que me sirviera para devolverle el beso". A Federico, que va a ser padre de Joaquina en noviembre, eso es algo que le preocupa: "Yo ensayo todos los días hasta las doce de la noche, a mi mujer casi no la veo".

Más allá de lo difícil de la profesión, los tres la disfrutan a su manera. "Federico es un desprolijo, él va, prueba, le erra, le decís que no y sigue intentando. Andrés tiene otro mecanismo: la necesidad del método y del estudio para evitar el margen de error", define su padre. Para ellos, Héctor, además de ser un gran actor y tener un talento natural, es un luchador del teatro. "Y consigue, no sé cómo ni con qué, todo lo que se propone", señala Andrés. Y eso es lo que sus dos hijos admiran de él: el nunca rendirse. Feliz Día del padre.

Sofía y Francis, una pasión a lo grande.

La primera vez que Sofía Coppola fue al Festival de Cannes, tenía 8 años y lo hizo acompañando a su padre, Francis Ford, que estaba nominado por su película Apocalipsis ahora. No hay dudas de que la pasión por el cine en la familia Coppola se ha transmitido de generación en generación. Así, su padre la tuvo en cuenta para el elenco de la primera de El Padrino, cuando Sofía apenas tenía unos meses. Ahora, la cineasta hizo historia al ganar el premio a Mejor Director en Cannes por La seducción. Aunque es evidente que padre e hija tienen estilos distintos, la pasión se repite.

También se hereda en la política.

En el mundo de la política no faltan los ejemplos de padres e hijos que comparten y han compartido la misma vocación. Ese es el caso de los presidentes Julio María Sanguinetti y su hijo, Julio Luis Sanguinetti, y Luis Alberto Lacalle y Luis Lacalle Pou. También Álvaro, hijo de Tabaré Vázquez, quien es militante del Partido Demócrata Cristiano, y hace poco anunció que no descarta ser candidato a la Presidencia.

Pero más allá de los mandatarios hay numerosos ejemplos de que la política se lleva en la sangre. Solo por nombrar algunos: Wilson y Juan Raúl Ferreira, del Partido Nacional, Zelmar, Rafael y Felipe Michelini, del Frente Amplio y Luis Hierro Gambardella y Luis Hierro López, del Partido Colorado.

Lo que ellos dicen sobre sus hijos: admiración y orgullo.

Héctor Guido: "Además de Andrés y Federico tengo una hija que es doctora en Ciencias y otra que estudia Ingeniería. Jamás hablé con mis hijos sobre lo que deberían seguir como profesión. Quizás sí hablamos el cómo y el cómo es el camino del sacrificio, del estudio, del esfuerzo y de la ética. Por supuesto, pertenecemos a contextos diferentes, ellos nunca van a habitar mi pasado y yo nunca voy a habitar su futuro".

Pablo Forlán: "Los logros de Diego fueron muy lindos y nos acordamos de cada momento, tanto en el Manchester United, en Villarreal o en el Atlético de Madrid; fueron momentos muy buenos. Salir dos veces Bota de Oro y primero en un equipo que venía de la segunda como el Villarreal, no es lo mismo que lograrlo en el Real Madrid. A todo eso lo vivimos muy cerca de él. Y bueno, lo del Mundial 2010 fue espectacular".

Nelson Mendiburu: "Yo soy un gran admirador del discurso de Steve Jobs cuando dijo que cuando uno se levanta de mañana se tiene que mirar al espejo y si en una semana todos los días dice no quiero ir a donde estoy yendo, es porque tenés que cambiar. Por eso, lo que uno haga lo tiene que hacer porque le gusta y elegir una carrera es clave, porque pasás gran parte del tiempo vinculado a eso. Eso es lo que le digo a mis hijos".

Alberto Kesman: "Cuando se trata de una persona pública, siempre van a creer que sus hijos están donde están porque el padre los colocó. Mis hijos lograron todo por ellos mismos. Obviamente como padre los he ayudado, le exijo más que a los demás, pero es porque quiero que brillen. ¿Qué padre no ayuda a sus hijos? Ellos me ayudan mucho a mí. Martín en especial me ha acompañado un montón, hacemos un buen equipo".

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