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Una pasión que gana la calle

Correr se ha vuelto una adicción para miles de uruguayos.

El running tiene cada vez más adeptos.
El running tiene cada vez más adeptos.
Yamandú Boni junto a sus medallas (Foto: Marcelo Bonjour)
Yamandú Boni junto a sus medallas (Foto: Marcelo Bonjour)
La rambla montevideana es uno de los lugares preferidos para correr. (Foto: Darwin Borrelli)
La rambla montevideana es uno de los lugares preferidos para correr. (Foto: Darwin Borrelli)
Jorge Xavier durante la carrera Trasalpina.
Jorge Xavier durante la carrera Trasalpina.
En tiempos recientes ha crecido mucho el número de mujeres que corren
En tiempos recientes ha crecido mucho el número de mujeres que corren
Largada multitudinaria de una prueba del club Malvín (Foto: Ariel Colmegna)
Largada multitudinaria de una prueba del club Malvín (Foto: Ariel Colmegna)

Gabriel es trasplantado, pero desde que corre se siente mejor que nunca. Sofía miraba de reojo a las personas que trotaban por la rambla; hoy es una de ellas y asegura que se ha convertido en su pasión. Yamandú empezó para dejar atrás sus adicciones y puede mostrar ahora con orgullo las medallas conseguidas. Jorge corrió 268 kilómetros entre cuatro países en ocho días. Stephanie decidió su vocación de nutricionista gracias al deporte.

La fila de runners se extiende cada vez más, como se puede ver en la foto de la largada de cualquier competencia callejera, como si el desafío de llegar fuera un imán irresistible. Hay publicaciones y webs especializadas y ahora también una app uruguaya, Go Run. El calendario de carreras, identificadas por su distancia, abarca prácticamente todas las semanas y todo el país, movilizando a miles de deportistas. Algunos lo harán por moda, otros se arrepentirán a poco de largar, pero los más tienen una historia que contar.

El trasplantado.

Gabriel Suárez recibió un trasplante de riñón en 2007. La operación salió bien, por lo cual lleva una vida normal, aunque los medicamentos lo acompañarán siempre. Pero venía de años de diálisis, sin hacer deportes, luego de haber practicado fútbol y atletismo de muy joven. Por eso decidió ir hasta la Pista oficial y preguntar cómo empezar.

"Lo primero que hice fue caminar alrededor de la pista y correr un poquito. Me costaba mucho, pero poco a poco empecé a aumentar la intensidad", recuerda.

A través de una amiga se acercó a la Agrupación de Atletas del Uruguay y le atrajo la posibilidad de participar en carreras de calle. "Los médicos me alentaban a hacer ejercicio pero a la vez veían con un poco de desconfianza mis planes", cuenta. A pesar de todo, a los diez meses del trasplante y a tres de haber empezado a entrenar, disputó su primera competencia.

"Fueron nueve kilómetros y medio, puse una hora y cuarto y no paré. Claro que llegaba a los puestos de hidratación cuando ya los estaban por levantar. Y mi señora se asustaba si escuchaba una sirena. Pero la adrenalina me ayudó", asegura.

"Hoy tomo el deporte como forma de vida —indica—. Corro cinco días por semana, sigo en la Pista y hago desde 400 metros hasta maratones de 42 kilómetros".

Precisamente, participó en la maratón de Buenos Aires en 2014. "No está muy recomendado, pero por los vínculos que fui haciendo con otros trasplantados en el mundo me enteré de otras experiencias y sabía que se podía". Admite que sintió algo de miedo, pero largó y llegó. "Ya llevo unas 300 carreras corridas, soy un atleta de intermedio a experimentado. Pero la sensación de miedo, de tensión ante las carreras, no se disipa nunca. Y creo que está bien que sea así. Con esa sensación uno se potencia".

Suárez advierte que hay que estar siempre bien preparado. Y cumple controles de salud cada cuatro meses. "Me siento mejor que antes. El deporte me ayudó a mantenerme y no he tenido otras enfermedades. Tampoco ninguna dolencia crónica como hipertensión o diabetes. Lo más reconfortante es que me mantengo saludable. Tenemos un grupo de deportistas trasplantados (algunos son atletas, otros ciclistas) y tratamos de invitar a otros en esta situación, aunque no hemos tenido mucha suerte. A veces está la concepción de que cuidar la salud es estar en casa, bien guardaditos, abrigados. Y no es así".

El entrenador.

La cita es habitual cada tarde en la pequeña plaza de Ejido y la rambla: un grupo de personas con ropa deportiva trabaja con su entrenador. La escena se repite, antes y después, en otros puntos de la costa: Malvín, Buceo, Club de Golf. Se trata de uno de los varios "equipos" de Mauricio Ferreira, quien a la vez es uno de los muchos ejemplos de preparador de corredores.

Empezó en 1988, en una carrera barrial. "Y no paré más", asegura. Estuvo en todas las pruebas de calle en el país y llegó a competir internacionalmente. Fue funcionario de la Armada hasta 2014, lo que le permitió trabajar, correr y estudiar. Se recibió de técnico deportivo en atletismo en el ISEF, compartiendo salones con varios futbolistas que se preparaban para ponerse el buzo de DT. Y ahora se dedica exclusivamente a preparar corredores, con varios grupos y a toda hora, bajo la marca "El Cantero Entrenamientos". También organiza carreras, da charlas a entrenadores o viaja con sus atletas a pruebas en el exterior. "Y también hacemos reuniones sociales", apunta.

"La gran mayoría empieza por placer o por hacer ejercicio. Y el 80, el 90 por ciento termina compitiendo. El mismo grupo los impulsa a eso. Tenemos corredores de todo tipo y color. Desde 14, 15 años a los 70, hombres y mujeres. El 70% son mujeres y eso explica el gran crecimiento de la actividad. Hay empresarios, profesionales, empleados, profesores, funcionarios públicos, de todo. Por eso yo siempre digo que esto, más que plata, me da contactos", asegura.

Por una cuota mensual, Ferreira prepara a los deportistas, los asesora, les da implementos. En enero hace una pretemporada. También lleva un expediente de cada uno, pues les exige un chequeo médico previo. "Nunca les digo: Vayan hasta allá y vuelvan. Hay un trabajo especial", advierte.

"Para el que empieza es más personalizado, porque esto requiere mucha motivación. He visto pasar mucha gente que así como llega se va. Empiezan con el tiempo lindo y luego no siguen. O vienen asustados por algún examen médico y después se les pasa. Los que siguen se van poniendo metas, que cada tanto se ajustan. Cuando se nota una superación, la meta se vuelve más ambiciosa. Generalmente todo el mundo mejora. A veces se fanatizan, quieren ganarle al otro. La parte de la cabeza es importante", comenta Ferreira.

La nutricionista.

A Stephanie Piquerez, las carreras le mostraron el camino. Por tradición familiar se inició en el atletismo, compitió en medio fondo defendiendo a Defensor Sporting y llegó a hacer cross country. El interés por lograr una alimentación saludable y deportiva la llevó a realizar la carrera de Nutricionista.

"Siempre recomiendo que la alimentación vaya de la mano con la salud, que es algo que no se negocia. Lo ideal es una dieta balanceada, saludable, que permita obtener energía suficiente como para rendir en la actividad física y la tarea diaria y a la vez cuide la salud en el largo plazo, para evitar enfermedades crónicas", afirma.

En el menú deben estar los hidratos de carbono, las frutas, las verduras, el pescado, a contramano de una vieja tradición uruguaya inclinada a las proteínas y las grasas.

La experiencia le ha enseñado que no hay reglas fijas para alimentarse en lo previo a una prueba: "Algunos no pueden comer porque se sienten mal, pesados. Y otros pueden sentirse bárbaro. Eso sí, si no ingirió alimentos es recomendable hidratarse con jugos con azúcares para mantener el azúcar alta en la sangre durante la carrera".

"Hay que hacerle caso a la sed de cada uno, beber cuando el organismo lo pide, por lo cual varía mucho entre cada personas. También influye el tipo de competencia, la temperatura, las condiciones. Es tan riesgoso no hidratarse como sobrehidratarse, con lo cual el sodio queda demasiado diluido en la sangre, lo que se denomina hiponatremia", explica.

El ultramaratonista.

El padre de Jorge Xavier competía, y él, de jovencito, lo acompañaba. En realidad, se aburría: "No entendía cómo alguien podía estar una hora corriendo", comenta hoy, y se ríe, porque es ultramaratonista. Ha corrido más de un día entero, casi sin parar. Hace un año estuvo en la Transalpina: 268 kilómetros en total durante ocho días, atravesando Alemania, Austria, Suiza e Italia, con un total de 16.300 metros de desnivel acumulado. A veces con 30 grados de temperatura, en otro momento bajo una granizada. "Fue lo más largo que hice. En total puse 60 horas 3 minutos. Si al principio alguien me decía que iba a estar corriendo esas distancias y en sus lugares, le hubiera dicho que estaba absolutamente loco, que era impensable. Pero se puede", afirma.

Profesor grado 5 de la Facultad de Ciencias Económicas y gerente de Sistemas de Pagos del Banco Central, Xavier es conocido entre sus colegas atletas como "el que se pasa sacando fotos". Siempre lleva una cámara a las competencias y anota tiempos, distancias, fechas en una planilla de Excel.

El colesterol algo elevado lo convenció de salir a correr hace once años. Ahora, con 56, define al running como "una pasión que se ha transformado en un modo de vida". "Me considero una persona afortunada —dice— porque disfruto de todo lo que hago en el ámbito laboral, educativo y corriendo. La gente que uno conoce y con la cual comparte estas experiencias es absolutamente increíble. Pese a las diferentes formaciones, capacidades y orígenes, nos transformamos todos en hermanos que compartimos esta pasión".

La solitaria.

Sofía Carrasco representa otro tipo de runner: no le interesan las competencias ni forma parte de grupos, sino que lo toma como un desafío y una satisfacción personal. Hace diez años que corre, sola, diez kilómetros por día, de lunes a viernes.

"Antes iba a un gimnasio y me parecía aburrido eso de correr tanto. Un día me encontré con que el gimnasio estaba cerrado. Y me fui a correr por la rambla. Me empezó a gustar. Y se me fue creando una necesidad. Me falta algo si no corro. Correr crea una adicción", comenta.

Puntual en su rito diario, de siete a ocho de la mañana, se cruza siempre con la misma gente. "Y los saludo, aunque la mayoría no sé ni cómo se llaman", asegura. "No escucho música mientras corro porque prefiero tener todos los sentidos en alerta. En cambio, pienso. Así he resuelto problemas, he planificado el día o preparé algunos trabajos", cuenta.

En diez años de actividad no ha tenido una lesión. Y sale siempre, salvo que haya un temporal. "La lluvia no es lo peor, sino el viento. Y el frío se va corriendo", dice.

El que empezó de nuevo.

La vida de Yamandú Boni era "sexo, drogas y rock and roll", según él mismo la define, charlando en su sastrería de la calle Bacacay, entre finos casimires y un montón de medallas deportivas. "Salíamos de noche, nos acostábamos tarde y al otro día no podía hacer nada. Uno le echa la culpa a todo, pero el culpable real es uno. Hasta que un día te preguntás: ¿Esto es lo que quiero para mí?. Y empezás a cuestionarte. La contención de la familia es importante para salir", asegura.

"Tuve la suerte de que un día me levanté, me miré al espejo y me dije: Nunca más, anoche fue la última. Pero queda tiempo libre y uno se pregunta qué hacer. Y me propuse empezar a correr", relata. Más que un deseo era una aspiración: no llegaba de una columna a otra de la rambla, se ahogaba. Se anotó en algunas pruebas, pero más que correr, caminaba.

Para tomárselo bien en serio, buscó un entrenador. Lo conectaron con Mauricio Ferreira. Le contó su historia y le dijo que quería correr. Y empezaron: tres veces por semana, los lunes de noche, los martes y jueves a las siete de la mañana. Y poco a poco llegó a la segunda columna, luego a la tercera, al kilómetro, a dos, hasta hacer diez kilómetros en una hora, que era uno de sus objetivos. "Lleva su tiempo. Siempre intentando, buscando metas, porque si no tenés metas, no sirve", asegura.

"Hasta que un día se hace la carrera del colegio Maturana y Mauricio me dice: Andá a correr, dale. Empecé. En la mitad de la competencia apareció a rescatarme. Me levantó en el aire, fui corriendo con él. Creí que me moría, pero llegué. Y puse 55 minutos. Fue la mejor carrera de mi vida", sostiene Boni, hoy con casi 70 años.

"¿Que siente al correr? Me voy puteando, me pregunto qué hago acá, por qué corro, por qué no me quedé durmiendo... Pero cuando veo la meta digo: No, este es el lugar donde tenía que estar, con los compañeros. Con los corredores hay una comunión muy grande. Te apoyás en ellos, te hablás. Parecería que son amigos de toda la vida, aunque los conozca solo de la otra carrera, porque todos tenemos algo en común, que es eso de querer superarnos".

Un día entero casi sin detenerse.

En 2013, Jorge Xavier (56) corrió 100 kilómetros alrededor del Mont Blanc, en Francia. El tiempo máximo estipulado era de 27 horas; a él le llevó 25 y pico. Prácticamente no se detuvo, salvo en los puestos de hidratación. Sabía que una de las claves era no interrumpir demasiado. No se sentaba, comía parado, reponía algo de líquido y seguía. "Me sorprendí porque comparativamente terminé bastante bien. Es un tema mental más que físico, aunque obviamente se necesita estado físico y control médico". Para entrenar, subió y bajó el cerro Pan de Azúcar varias veces con sus "hermanos corredores".

LA VISIÓN PROFESIONAL.

Beneficios físicos y mentales.

Correr tiene una larga serie de beneficios para la salud, asegura el médico deportólogo Gastón Gioscia. "Están los beneficios generales de toda actividad física. Para empezar, disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Desde el punto de vista metabólico, mejora el nivel de glicemia y, por lo tanto, baja el riesgo de enfermedades vinculadas a la diabetes. Y hay beneficios a nivel óseo, del sistema endócrino y sicológicos".

La actividad puede tener sus riesgos, advierte, pero "un buen chequeo médico previo los minimiza". En estos casos, son frecuentes las lesiones microtraumáticas, los traumatismos por cargas repetidas, como la tendinitis o dolor de rodilla (síndrome femoropatelar). En verano puede haber otro riesgo vinculado al calor, que con una hidratación adecuada se minimiza. "Pero siempre serán más los beneficios que los costos", asegura.

El profesional brinda un orden de prioridades para el nuevo deportista: "Primero hay que plantearse objetivos realizables. Segundo, mantener la continuidad en el entrenamiento. Tercero, aumentar las cargas progresivamente. Y quienes piensen en una media maratón o una maratón tienen que hacer una ergometría previa como precaución".

Gioscia recuerda que la recomendación de la OMS es de por lo menos media hora de actividad física moderada por día. Para competir en pruebas más largas, se requerirá entrenar tres veces por semana o más.

El psicólogo deportivo Jesús Chalela también puede hacer una larga lista de los resultados provechosos de correr: "Gran motivación por realizar una actividad al aire libre, control del estrés diario, placer por correr, ansias de superación, retos realistas, estar en grupo y correr con amigos", afirma. Y agrega que este último punto "genera aportes al proceso de socialización".

"Destinar dos o tres días para entrenar ayuda a generar instancias de procesar el estrés del día", dice. En cambio, si se busca alto rendimiento, la historia es diferente. "La responsabilidad allí es ganar, rendir con un objetivo de triunfos y en las carreras que nos convocan, para la mayoría es llegar, sin tener en cuenta el tiempo. El alto rendimiento es generador de estrés", puntualiza.

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